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jueves, diciembre 26, 2019

Fortuna esquiva

Armando Moreno Sandoval

Hijo…. hijo…! se ha acabado el aguardiente! corra al Estanco y traiga una botella para vender por copas — fueron las palabras de su abuela Ana a su nieto.
Como un buen muchacho obediente salió hacia el Estanco.
Mirando hacia los lados, y silbando de vez en cuando, al llegar frente a la agencia de loterías de repente miró hacia el umbral de la puerta principal. Un billete de lotería era sacudido por el viento tenue de finales de diciembre. Hojas de matarratón, mangos y aguacates cubrían ligeramente cinco quintos de la Lotería del Tolima.
Doblando la cérvix, despejó las hojas, alzó el billete de lotería, lo miró, lo dobló y lo guardó en el bolsillo trasero del pantalón.
Frente al mostrador, y mientras acariciaba el billete de lotería, con su voz imberbe le ordenó al estanquero:
—Manda a decir mi abuela que le mande una botella de aguardiente.

De regreso encontró de visita a Luz de Restrepo. Luego de contar con una sonrisa el hallazgo, y sin decir palabra rasgó un quinto de lotería. Alargándole el brazo, Doña Luz lo tomó y lo guardó.
Aun desvelado por el fortuito hallazgo del billete de lotería, al promediar la mañana del día siguiente tomó camino hacia la peluquería de Julio César Patiño. Ojeando el periódico llegó a la sección de loterías.
Leyó que el premio mayor era idéntico al que albergaba su memoria.
Embriagado de alegría corrió hacia su abuela.

Minutos más tarde en la agencia de loterías relató el por qué de su alegría. Con un mezquino que le colgaba del mentón, frunciendo el entrecejo, la señora del Estanco movió los labios. Señalándolo con el dedo, y después de una cantaleta, le gruñó:
—“…no se le puede pagar…. hay un denuncio por perdida”.
Acongojado por la fatal respuesta, el trayecto de regreso a casa lo acompañó una saliva amarga.

Encontró a la tía Toña soplando el fogón de leña de tres piedras. De los leños cruzados flotaban brazas. Con la voz entrecortada contó su infortunio. Mientras observaba a la tía, la mirada chamuscada por las palabras de la señora del mezquino se fijó en las llamas azuladas. Con sigilo sacó los quintos restantes del bolsillo trasero. Haciendo una bellota del tamaño de la mano, miró fijamente al centro de las llamas. Desde el umbral de la puerta de la cocina, alzó el brazo y lanzó la bellota de lotería. Tras hacer una parábola, rebotó entre las piedras y cayó en el centro de las llamas crujientes.
Mientras los números del premio mayor se consumían por las llamas, una lagrima rodó por las mejillas hasta la comisura de los labios. Un sabor indescriptible bajó por la garganta.

Media hora más tarde llegó la señora Dominga Zabala, la hermana del lotero. Llegó jadeante. Tras cruzar el umbral de la puerta gritó:
—Vamos… vamos…! que le pagan todo…!
Boquiabierto y sin coordinar palabra señaló el fogón.
La tía Toña, aturdida y consternada, señaló de nuevo el fogón. Le narró a Dominga lo acontecido.

Muchas décadas después, botado en el andén de la casa, desvencijado por el paso de los años y la enfermedad que lo arrincona entre las cuatro paredes de su casa, tras narrarle a su amigo y contertulio Heiner Montes el relato, Orlando Velásquez con los ojos llorosos observó una mujer arrugada y encorvada por el paso de los años que, alzándole el brazo, con una voz gangosa y entrecortada, le dijo:
—Feliz Navidad!
Era Luz de Restrepo.
La mismísima del quinto de lotería.





jueves, diciembre 19, 2019

Un enano con barbera

Armando Moreno Sandoval
twitter: @amoreno_s
M
ariquita se ha vuelto tan imprevisible en la gobernabilidad que es lo más parecido a un enano repartiendo barbera en un ascensor.
Entrar a evaluar la gestión del casi exalcalde Alejandro Galindo no tiene sentido. Solo basta decir que fueron 4 años que el municipio de Mariquita se devaluó, 4 años perdidos. Pero pensar que el desmadre solo fue culpa del alcalde Galindo tampoco. Con la crisis de gobernabilidad que se presentó se descubrió también que a los mariqueteños poco les importó lo que estaba aconteciendo.
Fue tal la desfachatez de los mariqueteños que la pereza mental los doblegó. Pocos fueron los que se preguntaron qué estaba pasando. Dejaron el municipio al garete. Todos se quedaron de brazos cruzados amasando la idea que el tiempo lo arreglaría todo. Y, efectivamente eso fue lo que pasó.
Una prueba contundente de lo que señalo fueron los innumerables candidatos a la alcaldía y al concejo que surgieron en las elecciones del 27 de octubre de 2019. Que se sepa a nadie de ellos se les vio ejerciendo de líderes sociales para enfrentar los innumerables problemas que se estaban (y que se están) tragando a Mariquita.
Hay que dejar en claro que el único municipio del norte del Tolima que se estancó fue Mariquita.
Basuras, casetas, parqueos indebidos
Decreció en todo. No obstante, como siempre, todos los alcaldes creen que una gran gestión es echarles cemento a unas cuantas calles o solucionarle el desempleo a alguien.
La verdad es que Mariquita como pueblo carece de tejido social. Se ve en el desprecio por ser ciudadanos. Importándoles un bledo la norma es normal ver cómo el habitante se ensaña con el pueblo para hacer de el un pésimo vividero. Comportamientos como botar caca humana en bolsas plásticas en las calles es un buen ejemplo para entender que es eso del desprecio. La gente le chifla a la luna con tal de que la bolsa con excrementos no le llegue al frente de su casa.
Amén de la mierda de perro que se pasea por las calles entre las suelas de los zapatos de la gente encopetada. O de la coreografía que hace mi amigo Orlando Velásquez, que casi parapléjico, arrastrándose a gatas todas las mañanas le tocar recoger los bollos de los perros del vecino.
Invasión de espacio público
Ni hablar de las basuras por doquier. No es que las escobitas de Espumas no hagan la limpieza de las calles. La gente sin ningún empacho las ha convertido en un muladar permanente. Un ejemplo es la carrera 4 transformada en un basurero donde los mendigos junto a los chulos pelean las sobras de las basuras. Amén de los kotex, el papel higiénico cagado, las tripas de gallina, la mierda de cerdo, la cascara de banano o la caja de dientes abandonadas que sonríen al transeúnte. Y éste como si nada mastica la empanada en medio de olores nauseabundos. Fuuuú!
Ohhhh! qué decir de los cinturones de miseria que rodean al pueblo, sin que ningún alcalde (hasta ahora) haya pensado en cómo devolverles la dignidad de vivir con decoro. La cuestión es pensar en la niñez, el futuro de la sociedad.
Lo otro es que el pueblo se ha convertido en una gran cantina a cielo abierto. Todos se quejan y farfullan, pero nadie, empezando por la mismísima administración municipal, se toma la molestia de aplicar las normas de convivencia ciudadana.
El precepto del filósofo Kant de la mayoría de edad heredado del siglo XVIII, base de toda la filosofía liberal y del Estado de Derecho, de que la libertad del individuo termina cuando se vulnera la del otro, parece no tener cabida en Mariquita. Contrasta Mariquita con la convivencia que se respira con los pueblos de colonización antioqueña, los llanos orientales o los del macizo colombiano. Pareciera que los habitantes calentanos mariquiteños fueran amigos de la bullaranga, el desorden, el caos y el despelote.
Como si lo dicho no fuera suficiente para salir corriendo, hay quienes señalan que la alcaldía de Alejandro Galindo fue una bendición de Dios. Afirman que gracias a sus líos judiciales y personales el elector por fin despertó. Jajajajá! Una quimera engaña bobos.
Las estadísticas poco mienten. Una mirada a los votos del 27 de octubre para alcalde se deduce que lo que hubo fue un descalabro electoral. El aburrimiento por el pasado reciente llevo al elector a renegar de la democracia. La mayoría de los candidatos sacaron una votación pírrica.
Un ejemplo es el caso de Carlos Julio Díaz que, tras casi 20 años como concejal, y de haber recogido más de 11 mil firmas, pasó aullando los 500 votos.
Ni hablar de Álvaro Bohórquez que después haber obtenido más de 8 mil votos en las elecciones del 2012, más del 50% de los electores le dieron la espalda.
De Juan Carlos Castaño se puede decir que ganó perdiendo votos. No superó la votación de las elecciones pasadas. La operación avispa lo favoreció.
Quienes afirman que el gran triunfador de las elecciones fue Oscar Javier Segura están equivocados. El elector hastiado optó por votar en contra de, y lo hicieron porque no creían ni en Carlos Julio Díaz, ni en Juan Carlos Castaño, ni en Álvaro Bohórquez.
Tras 4 años perdidos algunos tienen una sonrisa de oreja a oreja. Añoran unas nuevas elecciones. No hay derecho que quienes perdieron la alcaldía en las urnas la quieran ganar en las barandas judiciales. Al alcalde Juan Carlos Castaño los perdedores (o el perdedor) ya le clavaron una demanda. Si ésta prospera Mariquita será un infierno.
A pesar de que el alcalde Castaño ha salido a aclarar y a explicar su situación jurídica, sus enemigos políticos lo ven como un tramposo.
Virgulilla. Algunos están criticando que el alcalde Castaño ya empezó a rodearse mal. Lo dicen por algunas caras que llamó para el empalme. Si prometió cambio no le de miedo, rodéese de caras nuevas que no hayan pelechado de administraciones anteriores.

Corruptos y ladrones

Armando Moreno Sandoval

E
n Colombia el Estado se ha vuelto un botín. Es el instrumento enmarañado de un concurso de intereses particulares que adulteran el sentido de lo público. La política ya no es la solidaridad, sino la complicidad. La adhesión de la gente ya no es a un partido, a una bandera, a una ideología, ni siquiera a un caudillo o a un movimiento, sino a una componenda, transacción, cuyos beneficiarios son los que quieren asaltar el poder.
Estas ideas no son mías, fueron del político e intelectual conservador Álvaro Gómez Hurtado y están en la biografía: Álvaro. Su vida y su siglo de Juan Esteban Constaín.
La desgracia de los pueblos es que el día de las elecciones algunos electores votan por el maleante, por el corrupto, por el descompuesto, por el inepto.  Así no se puede. Para qué elecciones?

Ha sido tan grande la equivocación al votar que un ejercicio simple y llano es preguntarse qué hicieron quienes hace cuatro años, o más, recogieron votos vendiendo ilusiones, prometiendo el cielo y la tierra.

El próximo 31 de octubre se elegirá concejo y alcaldía.
Siguiendo a Álvaro Gómez Hurtado, en Mariquita, desde un tiempo para acá, y lo dice la gente, ha sido tanta la desfachatez y la sinvergüencería que, desde que se instauró el voto popular, lo único que ha pasado por el Edificio del Mangostino, ha sido puro matoneo al erario público. Embelecos de administraciones.
Vasta consultar las bases de datos de las entidades del gobierno para darnos cuenta que en Mariquita no existen calles decentes, sino trochas, cantinas, bullaranga, desidia, ruidos, basura, olores fétidos, chulos con hambre, gente sin esperanza que deambula por las calles como zombis. Un hospital público a medias e inconcluso donde el usuario y el empleado se hacen los de la vista gorda ante un servicio de muerte. En fin, un municipio que se caracteriza por pelear los últimos lugares en salud, educación, infraestructura vial y otras necesidades insatisfechas, amén de la corrupción.

La estulticia de la gente se ha vuelto tan extrema que han olvidado que en los últimos 25 años los excaldes, en su mayoría, han salido derechito para la cárcel. Algunos le maman gallo a la cárcel. Otros se hacen nombrar en las mismas instituciones del Estado para burlar la justicia. Otros están en un peregrinaje permanente en las salas de los juzgados y contralorías.

Ni hablar de los concejales, ni de los aspirantes. Pueda que se salve alguno. Mejor callar. La desfachatez es total. A un aspirante al concejo, le pregunté cuál era el candidato a la alcaldía de su corazón. Prefirió guardar un silencio parecido a la estupidez. Tembloroso y sudando dio a entender que no había con quién. Sintió pena.

Preguntar en qué ha cambiado Mariquita es como hacer un chiste macabro. Igual al chiste que dice que si uno dura una semana para ir a Mariquita encuentra que todo ha cambiado pero que, si regresa a los 4, 8 o 20 años o más, todo sigue igual.  La misma novela de siempre: trata de blancas, violaciones de todo tipo, narcotráfico, balaceras, ruidos, cantinazos, secuestro, sicariato, ladronismo y todas las plagas malditas que la tierra ha parido.

Volviendo a Álvaro Gómez Hurtado, los municipios seguirán por las mismas si el elector acolita al inútil y eligiendo a los mismos. Si se elige gente de baja calaña, maleantes, golfos, rufianes, trúhanes o mangantes, lo cierto es, que con esta clase de gente, será un atentado a la razón, a la civilidad, al decoro.

Si la podredumbre se elige, la política seguirá presa de los corruptos y ladrones de cuello blanco y perfumado. La herencia politiquera del pasado seguirá vivita. Sus clones, estarán ahí.

Agosto, 17 de 2019

Elecciones entre el cansancio y el hastío

Armando Moreno Sandoval

S
i hay algo que está generando cansancio, hastío, son las elecciones del próximo 27 de octubre. Aspirantes a alcaldes asesinados, independiente de su manera de pensar, empañan la democracia. Asquiento que suceda.

Otra cosa es el malestar que le genera los malos gobernantes a la democracia. En Mariquita, después de más de 12 mil votos por Alejandro Galindo en las pasadas elecciones, y el balance de estos cuatro años, ha llevado a la gente a no creer en la democracia como si los errores de los gobernantes fuesen de ella.

No obstante, pese al desgano frente a estas elecciones, no hay candidato a la alcaldía con un discurso populista que hubiese capitalizado el descontento de los electores.

Al elector le importa un rábano la democracia. No obstante, gústeles o no, el 27 de octubre con los votos que se depositen en las urnas tendrá que salir un ganador. ¿La pregunta es quién?

Ha escaso un mes de elegir nuevo alcalde, algunos me han dicho que qué pienso. Qué diga algo.

Solo puedo decir a quien lea los siguientes renglones que, de todos los candidatos para la alcaldía de Mariquita, solo tres de ellos los electores saben quiénes son. Los demás tendrán una votación pingue.

Uno de ellos, el que se llama Carlos Julio —más conocido como “Caremamita”—, y si es cierto que recogió más de 11 mil firmas, tenía la posibilidad de haber conformado una alternativa diferente. Pero su ausencia de liderazgo lo llevo a desperdiciar semejante oportunidad y a malgastar las miles de firmas. Tenía que haber armado chipa, pero para eso tenía que convencer a los candidatos cuasi desconocidos para que lo acompañaran en la aventura de llegar a la alcaldía con la promesa, sencilla, por cierto, de repartirse el pastel de la alcaldía. No lo intentó y a estas alturas de la campaña armar chipa parece demasiado tarde ya que todos quieren ser cabeza de león y no cola de ratón. Es posible que un milagro lo salve.

El otro candidato y que es conocido por persistir en ser alcalde es Juan Carlos Castaño. Contra él juega la mala leche de los electores de los otros candidatos. Desde elitista hasta cobrarle su condición de ser el yerno de un exalcalde por haber prologando el servicio de agua a Espumas, hasta decir que es asquiento porque le niega un beso a un leproso. O, aquella otra, que dice, que si saluda de mano a un pobre la limpia con desinfectante y pañuelo. Campaña que juega en su contra. Si no es capaz de romperle el espinazo a semejantes habladurías seguramente que llegar al despacho del Mangostino le va a quedar difícil. El tiempo juega en su contra, la pregunta es cómo.

El tercer candidato es Álvaro Bohórquez. Ladra casi que echado. El que mejor entiende la idiosincrasia popular. Malicia que no la tiene ni “Caremamita”, ni Juan Carlos Castaño. En su contra juega el de haber sido ya alcalde y los que no dejó contentos a su paso por la administración. Tiene a su favor una parte de electorado que se clasifica entre los estratos cero y tres. Que es la mayoría de la población. Como también que al populacho y a los analfabetas con títulos académicos que poco les importa sí hizo buena o mala administración. Su baja comprensión de la democracia no les da para entender esa cosa que se llama “poder”.

Alguien preguntó que si había candidatos malos o buenos. Le dije que no los había, puesto que cada quien con su almohada decide quién es bueno y quién es malo. La explicación es simple: las ideas están muertas y no hay quién las resucite.  El pesimismo por la ausencia de ideas es tal que el elector cree que gane quien gane, todo seguirá igual.

Septiembre 30/ 2019

martes, octubre 29, 2019

La bagatela de la democracia en Colombia

Armando Moreno Sandoval
@amoreno_s

La democracia es un péndulo. El triunfo es engañoso y más en un país como Colombia que la tradición de adorar caudillos y jefes es de siglos. Amamos y odiamos. Es lo que explica por qué se sigue adorando a Simón Bolívar, a Francisco de Paula Santander, Jorge Eliecer Gaitán, Laureano Gómez o a Álvaro Uribe, sin conocer la procedencia de sus ideas.

Algunos están convencidos de que con la derrota del Centro Democrático que representa la extrema derecha, o, la de Colombia Humana que representa la extrema izquierda, la sociedad cambió. ¡Falso!

Una lectura a las elecciones del 27 de octubre, así se hayan dado palos electorales como los ganadores de las alcaldías de Medellín y Cartagena, lo cierto es que algunas castas caudillescas volvieron. Un ejemplo es el departamento del Valle o el mismísimo departamento del Atlántico.

No obstante, hay que hacer una advertencia. En Colombia pese a que se sigue imponiendo las maquinarias, a veces también se vota por caras ajenas a todo proyecto político o ideológico. Con la desideologización de la sociedad a veces poco importa las ideas, sino el deseo de votar por alguien porque me cae bien, o, en el peor de los casos porque me cae mal.

La gente a pesar del desencanto de la democracia aún guarda la esperanza de que el elegido trabaje para resolver los problemas de la gente. Otros hartos de que la democracia es una bagatela optan por el voto en blanco, algunos devuelven el tarjetón tal como se lo entregaron y otros a rabiar estropean el tarjetón con madrazos y tachones. Pero hay otros más radicales, quienes piensan que la democracia es una burla prefieren ver pasar el día de las elecciones frente a un televisor o comentando los chismes del día.

Así la gente celebre el triunfo o la derrota, el verdadero ganador es la rabia, es el desencanto, es la frustración, es el pesimismo. La gente cree que quien triunfó nunca, poco o nada se va a preocupar por los problemas de la gente. La gente del común ya sea en Chile, Estados Unidos, España, Hong Kong, Ecuador, Alemania, Francia o cualquier otro país, está pidiendo a gritos que la Democracia y el llamado Estado de Derecho ya no es representativo de los ciudadanos. Toca inventar algo nuevo.

Todo este desmadre se refleja de algún modo a nivel local. En Mariquita, un pueblo en el centro de Colombia es un buen ejemplo. En las elecciones del 27 de octubre de 2019 la votación fue exigua. Solo participó el 58.24% de un censo de 29.172 votantes. Tan así que el alcalde triunfador solo lo hizo con tan solo 4.696 votos, o sea el 28.82%.

Lo mismo puede decirse de la elección del concejo, que en Colombia es un órgano coadministrador. Solo participó el 58.25% de un censo de 29.172 votantes y el partido más votado solo obtuvo 2.423 votos, equivalente al 15.90% del censo electoral. Pero si se contrasta estas cifras con el voto en blanco, no marcado y nulo la sorpresa es que este elector rebelde fue el verdadero ganador, pues fueron 2.361 electores, equivalente al 17.57% del censo electoral, que no se inclinó por ninguno aspirante.  

La conclusión a que se llega es que quienes administrarán los dineros de los contribuyentes deben pensar en cómo resolver los problemas de la gente. ¡Lo demás es un pajazo mental!

lunes, agosto 06, 2018

Mariquita: las mismas viejas nuevas noticias


Armando Moreno Sandoval
Aunque la doble moral hace chirriar los dientes de quienes así mismo se hacen llamar “gente de bien”, valga preguntarnos qué pasa cuando una sociedad hace de los niños/as, de la mujer, del sexo y del prójimo un objeto de uso y abuso.
Que Colombia está mal es decir cualesquier babosada para salir del paso. Pero lo que sí se puede afirmar es que no todos los municipios de Colombia, son como Mariquita.
A comienzos del año 2009 una noticia le dio la vuelta al mundo. Arcedio Alvarez Quintero, y que los medios lo apodaron con el alias del “Monstruo de Mariquita”, era denunciado por una de sus dos nietas-hijas que había tenido con Alba Nidia, su propia hija. Lo que causó conmoción era que también abusaba sexualmente de sus dos nietas-hijas.
La aberrante situación salió a la luz pública cuando Alba Nidia advirtió que ninguno de sus hijos estaba registrado ni bautizado y acudió a un comisario de familia, por cuyo conducto fue que trascendió el caso, sino el caso, seguramente hubiese pasado desapercibido.
Hay quienes compararon el caso de Alba Nidia con el de Josef Fritzl, el llamado ‘Monstruo de Austria’, condenado a cadena perpetua porque secuestró a su hija Elisabeth durante 24 años desde 1984, y tuvo con ella 7 hijos. En este caso no hubo secuestro, y como lo dijo la misma hija-esposa, desde los 12 años que su padre-esposo la convirtió como esposa, todo fue visto por el vecindario como un matrimonio común y corriente.
Lo chocante, propio de sociedades mojigatas y camanduleras fue la actitud de un pastor evangélico que conociendo la situación incestuosa a que había sometido Arcedio Álvarez a su hija Alba Nidia, calló como todo un hipócrita .
Ahora, ya no hay un monstruo, sino dos, dicen los medios.
Los últimos  tres días de julio y los tres primeros de agosto de este 2018, cuando todavía los cañones de las pistolas seguían echando humo, al mejor estilo de las balaceras que propinaba Al Capone, o los matones del viejo oeste americano,  Mariquita, de nuevo, era sacudida por las mismas viejas nuevas noticias. 
Walter Matiz Ramírez  un energúmeno que se pavoneaba por las calles de Mariquita con camuflado, además gritón y petulante al mejor estilo de "Ud no sabe quién soy yo", era arrestado el 1 de agosto de 2018 por el CTI colombiano. Entre los diversos cargos que le imputó la fiscal, aunque todos son aberrantes, está el de haber traído desde Santander con engaños a venezolanos y haberlos puesto a trabajar como esclavos en la finca “El Guayabo”, vereda Pueblo Nuevo; como también el de haber retenido a una mujer en una habitación de un hotel, haberla violado y haber hecho con ella, desnuda, sesiones de fotografía, pero, sobre todo, el de haber abusado y violado niñas.
La iglesia católica tampoco escapa a los abusos. El cura Luis Enrique Duque  que había estado de párroco en la iglesia El Carmen en Mariquita, y que luego sería trasladado al Líbano, en un fallo histórico en agosto de 2011 el Tribunal Superior de Ibagué condenaba a la Diócesis Líbano-Honda a pagar 430 millones a dos menores de una familia de desplazados por la violencia, los menores habían sido víctimas de abusos sexuales del cura.
Algo está pasando con los habitantes de un pueblo donde las iglesias, están proliferando por doquier. Pero el afán por salvar el alma ante Dios contrasta con el bajo mundo que todos ven y callan.
Mientras los mayores están rezando y pecando, los/as niños/as y su juventud está sin porvenir y al garete. Todos hacen mutis.


viernes, enero 26, 2018

La batalla de la "rusia"

Nota aclaratoria: 

Este relato histórico escrito en 1935 por el maestro Alberto Castilla trata de la gesta heroica de la Columna Ibagué comandada por el general Tulio Varón durante la guerra de los Mil Días en el Departamento del Tolima.

La batalla que da cuenta Alberto Castilla fue en los llanos de Doima en los alrededores del actual municipio de Piedras (Tolima).

Texto ha sido tomado de la revista El Bodegón, edición N° 247, serie Conciencia Nacional, diciembre 12 de 1935, pág: 51. La edición fue dedicada al departamento del Tolima.

Alberto Castilla fue el fundador y director del Conservatorio de Música del Tolima. Nació el 9 de abril de 1878 y murió en Ibagué, el 10 de junio de 1937.


Alberto Castilla Buenaventura

Cuando en 1899 se desató la guerra en Santander, el Tolima se puso en pie, buscó a sus jefes y entró en la lucha, lleno de coraje y bravura.

Son incontables los sufrimientos que soportó el soldado tolimense en los tres años de fatigas y batallas y no hubo lugar en el país a donde no concurriera en busca de la gloria o de la muerte.

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Llanos de Doima, monumento a Tulio Varón
El país conoce las hazañas guerreras del Tolima, cuyo relato produce escalofrió unas veces y otras indignación. El heroísmo, la audacia, la abnegación, la hidalguía, la crueldad, todos los atributos de la guerra alcanzaron en el Tolima su expresión más alta.

Una mañana de junio de 1901 hallábase Tulio Varón acampado cerca de Piedras, cuando fue impuesto de que las fuerzas del gobierno habían establecido, en su busca, un cerco de hierro, alrededor de Doima, su campo estratégico, distante cinco leguas de allí, y que los jefes habían anunciado la inmediata captura del famoso guerrero ibaguereño, porque lo tenían cogido en su red de fuego.

Al punto concibió Tulio la más audaz de sus empresas militares. Pasó revista a sus tropas harapientas, contó por todo doscientos ochenta hombres, y al cacer la tarde se pasó en marcha hacia Doima.

El cerco establecido sobre este reducto revolucionario, lo formaban seis mil hombres comandos por los generales Toribio Rivera, Pompilio Gutiérrez y Aguilar. Rivera ocupaba “La Vega de los padres” y cubría todas las veredas que conducen a Doima; Gutiérrez era dueño de la llanura en una extensión de dos leguas; las tropas de Ibagué circundaban el paraje de Doima y sus contornos, y Aguilar, listo para la gran batalla, hallábase en el centro de aquella corraleja, en el campo de “La Rusia”, dividido su ejército en cuatro acuartelamiento, distantes entre sí doscientos y trescientos metros.      

El plan de Tulio consistía en meterse sigilosamente dentro de la terrible corraleja y asaltar la división de Aguilar que dormía tranquila, como que estaba rodeada por un ejército amigo de cuatro mil hombres.

Muy cerca del sitio por donde debía atravesar a furto las líneas enemigas, dispuso Tulio que sus soldados se quitaran la camisa para que la desnudes sirviera de signo de reconocimiento en la oscuridad de la noche. El que hiciera luz o produjera el menor ruido seria decapitado en el acto.

Ya dentro de campamento enemigo, dividió Tulio sus doscientos ochenta hombres en cuatro grupos, y a cada uno le señaló el lugar del asalto, reservándose el más lejano para el grupo que personalmente capitaneaba. No se haría sino un disparo de fusil, que lo haría el general en persona, como señal de ataque. El asalto seria con arma blanca.

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Monumento a Tulio Varón.
Carrera 5 con calle 15
Ibagué (Tolima)
Una hora más tarde, las cuatro de la madrugada, habían llegado los diferentes grupos a su sitio de ataque. En ese momento se oyó el disparo hecho por el general Varón, y estalló la más espantosa tragedia de que haya recuerdo entre nosotros. Todo ser humano que por desgracia llevaba camisa sobre el cuerpo, era partido en dos de un solo tajo por los machetes de los asaltantes.

En aquel campo no se oía sino el chasquido de las armas cortantes y los gritos momentáneos y pavorosos de las víctimas.

La escena duró apenas media hora. A las cinco de la mañana se pobló de luz la llanura con la llegada del día y el sol iluminaba mil doscientos cadáveres sobre el campo de “La Rusia”, entre los cuales se encontraba el del general en jefe (Aguilar).

Tulio había recogido su botín de armas y municiones y se preparó para romper el cerco que lo circundaba, escogiendo el sector cubierto por el batallón “Briceño”, el más numeroso y aguerrido del ejército enemigo.

La acometida fue terrible: aquello fue un huracán que pasa sin que haya poder humano que pueda contenerlo. Una hora después los asaltantes estaban fuera de todo riesgo y peligro.

A dos leguas de “la Rusia” paró el general Varón y ordenó a sus soldados que acampasen con absoluta tranquilidad y como uno de sus oficiales observase que estaban muy cerca del enemigo, que de seguro los perseguía con furia, Tulio le dijo poniéndole la mano en el hombro: “no tengas cuidado; esos no vienen hasta aquí porque los muertos de “La Rusia” los atajan” y así sucedió; las fuerzas del gobierno, diez veces superiores a las de Tulio, abandonaron el campo, después de darle sepultura al cadáver del general Aguilar.



jueves, octubre 20, 2016

El zaperoco del postplebiscito

Armando Moreno Sandoval

La democracia como el lenguaje es caprichosa. Es normal escuchar verbalizar un sustantivo sin que ningún profesor de español corrija el horror. Igual está pasando en estos tiempos con la democracia. Pues los gobernantes en aras de fortalecerla someten al veredicto del pueblo asuntos que competen a expertos, académicos o especialistas.

Fue lo que aconteció con el plebiscito el pasado 2 de octubre. Un asunto que era del resorte de expertos, de juristas, de conocedores de la materia fue preguntado a la masa, a la galería, a la guacherna para que se pronunciara de algo que solo conoce de oídas, porque se lo han contado o porque le parece que eso es así.

Cierto es que a la sociedad las Farc no les gusta. Más de medio siglo de conflicto con el Estado, y con una sociedad de por medio que ha tenido que pagar los horrores de la guerra, tiene que dejar muchas secuelas y odios.

Aunque en el plebiscito no se estaba preguntado por el odio, sino de la posibilidad de que la sociedad por más de doscientos años de guerra por fin tuviera un poco de sosiego, de tranquilidad, la democracia optó por el camino equivocado.

Pero más allá de lo planteado hay algo que en Colombia no está funcionando y la pregunta es sí a la sociedad colombiana podría dársele el calificativo de moderna.

Aunque Colombia ha avanzado en el papel, en las leyes, el problema fue que quisimos volverla moderna a las malas y no a través de la educación. Tan así que, pese a que el Estado colombiano es laico, la religión sigue teniendo el monopolio de la educación de los colombianos. Esta manera de educar a la sociedad es lo que permite que su mentalidad siga anclada al siglo XIX. Una sociedad premoderna como la nuestra es un peligro pues sería presa de populismos tanto de derecha como de izquierda.

Fue lo que aconteció el pasado 2 de octubre con el plebiscito para refrendar el Acuerdo de La Habana. El analfabetismo político del pueblo permitió que los comentarios ligeros cruzados por mentiras y engaños de cualquier pastor de iglesia calaran más que los infinitos artículos de jurisconsultos, filósofos e intelectuales expertos en asuntos jurídicos.

Una sociedad que es incapaz de reconocer a sus interlocutores válidos, es una sociedad que está condenada a vivir en el ostracismo, en el oscurantismo de las ideas. Esta es la tragedia por la que está pasando actualmente la sociedad colombiana que, atrapada en un relativismo exagerado de ideas, está convencida que tiene la patente de corzo para expresarse de cualquier modo.

Si así se comporta el pueblo analfabeto, otro es el comportamiento de las elites cuando se sienten excluidas.

Si Colombia no ha conocido la paz seguramente es porque el grueso de su sociedad poco le ha importado. Visto de este modo la paz sería tema del país político y no del grueso de la sociedad, así esta sea llamada para que se exprese en las urnas como sucedió el pasado 2 de octubre.

El siglo XIX  fue un siglo de permanente guerras civiles que nunca conoció la paz. Al grueso de la sociedad nunca le importó el devenir del país. La paz la hacían las elites políticas y guerreristas,  y cuando una fracción de ella no estaba de acuerdo con lo pactado, se armaban de nuevo hasta los dientes para emprender una nueva guerra. Esta fue la tragedia que vivió el siglo XIX.

Podríamos decir que el siglo XX y lo que va del siglo XXI ha sido, y es, un remedo del siglo XIX. Lo pactado en La Habana fue un acuerdo entre elites. Las Farc, por un  lado, y el gobierno, por el otro.

No obstante, diversos sectores sociales que se sintieron excluidos, movieron a sus bases para que se pronunciaran en contra del plebiscito generando más que una opinión jurídica un hecho político. Es decir, el pasado 2 de octubre, el pueblo se expresó políticamente más no jurídicamente.

Ahora bien, si los efectos de este hecho político  son contrarios a la sapiencia jurídica es un deber del Estado someterlo a lo que dice la Constitución. La explicación es muy sencilla. No estamos en los tiempos de Rousseau y de la Revolución Francesa donde la voluntad del pueblo era absoluta. Hoy en día no todo lo que dice el pueblo es palabra de Dios.

Por fortuna la jurisprudencia internacional ha sometido a los Estados a cumplir  con ese ordenamiento jurídico. El Acuerdo de La Habana, dicho por eminentes juristas internacionales, tiene esa virtud. Por tanto lo acordado por el gobierno y las Farc no se puede entender como un desconocimiento de ese orden internacional, sino que está acorde con el.

Por tanto, el Estado y sus poderes que lo conforman —incluyendo esas elites excluidas— deberían acatar y refrendar lo pactado en La Habana. Sin embargo, el hecho político podría dar al lastre con el Acuerdo de La Habana y volver de nuevo al infierno de la guerra.