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domingo, agosto 02, 2020

Charles W. Bergquist, historiador estadounidense. Colombianólogo (1942-2020). Obituario

Su partida deja un sabor amargo

Armando Moreno Sandoval

En este siglo XXI donde la post verdad, más las intolerancias de cualquier cuño, que están tomando las riendas de este mundo, la partida del historiador colombianista Charles Bergquist deja un sabor amargo.

Cuando mi amigo, el historiador hondano Tiberio Murcia me informó que Charles Bergquist había muerto me remonté a mis años de estudio en la Universidad de Valle cuando cursaba la Maestría en Historia Andina. Uno de mis profesores era, este otro gran historiador ya olvidado, Germán Colmenares. Gracias a él, que nos puso a leer Café y conflicto en Colombia 1886-1910. La Guerra de los Mil Días sus antecedentes y consecuencias, pude apreciar además de la rigurosidad de su método para escribir historia, que la historia bien investigada y escrita daba luces para entender cómo es que se ha tejido esta sociedad colombiana.

En noviembre de 1992, como ponente en el VII Congreso de Historia que realizó la Universidad Industrial en Santander, pude enterarme de que Charles Bergquist había estado en Ibagué, en noviembre de 1987 en el VI Congreso de Historia celebrado en la Universidad del Tolima. Congreso que, en ese entonces, reunió a un selecto grupo de historiadores que por boca de Germán Colmenares los llamaba colombianólogos. Ellos fueron Catherine Le Grand, Charles Bergquist, Frank Safford y Cristopher Abel.

1987. VI Congreso de Historia. Universidad del Tolima. Ibagué.

El profesor César Fonseca quien en esa época era estudiante, y que estuvo metido de cabeza en la organización del Congreso, el recuerdo que tiene de Bergquist era el de un ser humano humilde, buena gente y despreocupado. Tan así que sintiéndose abrumado de tanta generosidad y atenciones, prefirió optar por una estancia sencilla y sin tantas atenciones.

Sí me desconcertó que, en las memorias del Congreso realizado en la Universidad del Tolima, y que habiendo sido invitado como conferencista central su ponencia no la hubiesen tenido en cuenta en la publicación. Haberla omitido me lleva a pensar que el editor era un profundo desconocedor de los aportes historiográficos de Charles Bergquist.

Si menciono este hecho escabroso obedece porque dos años después del congreso en Ibagué, es decir, en 1989, la revista de Estudios Sociales de la FAES sorprendería con un ensayo corto de Bergquist titulado La historia laboral latinoamericana desde una perspectiva comparada. Observaciones acerca del carácter insidioso del imperialismo cultural. Este texto que en este 2020 cumple 33 años parece haber sido olvidado en los cursos de los programas de Historia.

Personalmente el ensayo me llama la atención porque para esa época, por lo que concierne a Europa, la Historia estaba presa de nuevas formas narrativas. El renacer de la narrativa de Lawrence Stone que decía que había que reinventar la escritura de la historia parecería ser cosa del pasado.  

Recuerdo que en la venta de libros del viejo Berna a la entrada del edificio de Sociología de la Universidad Nacional los beltseller era El Queso y los gusanos de Carlos Ginzburg, El año mil de Georges Duby, Montaillou de Emmanuel Le Roy Ladurie, entre otros. Ni hablar de El regreso de Martín Guerre de Natalie Z. Davis. La historia narrada de Natalie Z. Davis que fue llevada a la pantalla grande, al ser presentada en las salas de cine de Bogotá, los mismos profesores que me daban clase solían decir, sin una palabra más o una palabra menos, que así era que se debía de contar la Historia. ¡Eso si era Historia! ¡Lo otro era enredijos!

Mientras todo esto pasaba, Charles Bergquist seguía produciendo historia de los obreros, pero, sobre todo, seguía fiel a su método de trabajo. En el ensayo mencionado criticaba que los historiadores al hacer historia cayeran presos de teorías eurocéntricas pues habían sido creadas para otro devenir histórico. Sin embargo, cuando estuvo en boga la “nueva” historia social y cultural que daba cuenta de los estudios laborales de los países europeos, no tuvo reparo en criticar que en nada había servido que los historiadores se hubieran alejado un poco de los paradigmas eurocéntricos ortodoxos si habían caído atrapados en un nuevo embrujo teórico. Se refería, nada más, ni nada menos, que a Edward Thompson y a su monumental obra La clase obrera en Inglaterra.

Aunque Bergquist reconoció el aporte de Thompson para estudiar los obreros, en cuanto se refiere a la cultura, en sí lo que decía era que esta forma de hacer historia debía también estar sometida a la crítica. La razón, que la historia de los obreros de los países subdesarrollados no se podía hacer recurriendo a las mismas herramientas teóricas que los historiadores europeos o norteamericanos utilizaban para leer la clase obrera de sus respectivos países.

Ojalá que en las universidades colombianas y sus programas de Historia les dé por crear la cátedra Charles W. Bergquist. El conjunto de su obra da luces para entender qué nos pasó. Es posible que su historia académica, la que obedece al rigor del método y de sus fuentes, no guste a muchos sectores radicalizados de la política. En estos momentos que Colombia necesita nuevos aires para construir un país diferente que bueno retomar sus ideas.

Si hay algo que tenía Bergquist era su capacidad de síntesis para hablar de lo que ha sido Colombia. Nadie como él, es lo que yo creo. Y que mejor que la entrevista que dio para El Espectador en junio de 2014. Él nos dice que el gran fracaso de no haber construido una republica en el siglo XIX obedeció a que el liberalismo no pudo imponer su visión liberal. De ahí las guerras civiles que azotaron el siglo XIX. Y que solo la visión liberal se aceptó a partir de 1910.

Ojalá la izquierda leyera a los académicos y que dejaran de pensar que la felicidad se puede bajar de los cielos a punta de balas y berrinches.  Su lectura sobre la izquierda es esclarecedora. Hermoso cuando afirma que si ésta no ha prosperado es porque siempre ha estado un poco equivocada en cuanto a la manera de comprender a los obreros. La razón: la izquierda cree en la existencia de una clase obrera parecida a los países del Atlántico norte. Cree en el obrero de Carlos Marx. Si hubiese entendido que el obrero era otro, seguramente hubiese optado por una izquierda democrática y se hubiera evitado el error de haber creído en la lucha armada.

El otro gran error de la izquierda fue creer en la Violencia como una revolución abortada, cuando la realidad era otra. No entendieron que la contienda era entre godos y liberales.

En fin, así se haya ido para siempre, tenemos Charles W. Bergquist para rato. Nos quedan sus libros, sus ensayos, entrevistas, artículos. Y que mejor que leerlos en estos tiempos tan obscuros.


domingo, julio 12, 2020

Luis Arturo Castaño Ocampo: La vida de un médico en 60 historias

Armando Moreno Sandoval

Publicado en El Puente, marzo de 2015, p. 6

Un hijo de Casabianca, municipio al norte el Tolima, hace muchos años se radica en Mariquita para ejercer con vocación su profesión de médico. Recientemente hizo  el lanzamiento de su libro  “La vida de un médico en 60 historias” 

No recuerdo cómo surgió la amistad con el médico Luis Arturo Castaño Ocampo. De eso ya bastantes años. Lo que si recuerdo fue una amistad de esas que surgen alrededor del intercambio de libros, del comentario del libro, del dialogo, pero, sobre todo, de expresar ideas diferentes, así se esté en desacuerdo.

Más allá de los libros, en una sociedad como la nuestra donde el pan de cada día es la intolerancia, es difícil encontrar a alguien con valores y, lo más difícil, que haya cultivado la moral y la ética. Estos dos rasgos tan difíciles hoy en día, y sin temor a equivocarme, están en este hombre maravilloso y humano.

No basta que yo exprese estas ideas. La inmensa solidaridad que ha expresado el pueblo de Mariquita por estos días hacia el médico Castaño es una demostración fehaciente que a él se le quiere por lo que en sí representa como persona. Los adjetivos cargados de cariño para con él han sido  infinitos y, ni hablar del dolor y la tristeza, que han sentido las mismísimas personas.

Aunque su faceta más conocida es la del médico, pues la ha ejercido en su vida diaria como un apostolado, el lado humano que él ha cultivado en esa profesión se puede apreciar también en su reciente libro: “La vida de un médico en 60 historias”.  Seguramente lo que más entusiasma a la gente es el de haberle ido descubriendo poco a poco otras facetas que, para algunos, seguramente habían pasado desapercibidas. Y lo que la gente ha descubierto es a un ser polifacético que, con el mismo esmero que cultivó su profesión, también lo tuvo para con la música, la poesía, la prosa y, por qué no, como él mismo lo reconoce, su gusto por el aguardiente cuando podía saborearlo.

De su prosa están sus textos que, a manera de relatos, dan cuenta de  lo que es  la mentalidad rural o urbana de una sociedad. Son textos con una gran factura antropológica. Aunque inéditos, he tenido la oportunidad de leerlos y, ojalá, en una mañana no tan lejano, otros ojos tenga la oportunidad de reflexionarlos, ya que en ellos está más que reflejado lo complejo que son los entresijos de la condición humana.

Tampoco podríamos pasar por alto, como él mismo lo reitera, su pasión por la música y el labrar de los versos con la paciencia del escultor. Sin olvidar, por supuesto, el oficio de hortelano, que no es más que un regreso a las raíces de su niñez y juventud.

Alguna vez hablando del tiempo antropológico en los seres humanos, le comentaba que cuando se es niño las distancias generacionales son abismales. Para un niño de 10 años alguien de 15 o 20 años es demasiada distancia. Pero con el correr de los tiempos, a medida que ese niño va envejeciendo, esa distancia generacional se van acortando. E inclusive llega un momento es que las fronteras generacionales prácticamente desaparecen.

Sin embargo, ello tiene una paradoja. Por mucho que las distancias se acorten o desaparezcan, el choque generacional ha de persistir. No basta el peso de los años para posesionarse frente al otro. El choque de edades solo se puede superar si las generaciones anteriores logran trasmitir experiencia, sabiduría, y si enseñan la tolerancia a las ideas,  la diferencia y el respeto al otro.

Todas estas cualidades que son propias de la modernidad  y de un pensamiento libre de ataduras y de imposiciones las he encontrado en el médico Castaño. Cuando habló con él dejó a un lado  mí experiencia y  formación académica y me convierto en su discípulo. Hace rato que vi en él no a la persona a quien le puedo “robar” una idea, si no que he encontrado en él a un maestro.

Con él me siento a gusto por lo que trasmite. Una catarata de conocimiento, de aprendizaje y de experiencia que sale a flote no solo cuando habla sino que están también en sus textos escritos publicados e inéditos.

Comparto con él la idea de que el paso por este mundo es efímero y partimos de el, el día menos pensado. “Esa es la realidad”, me lo ha dicho varias veces. Estoy seguro que, además de sus amigos, de su familia, de los muchísimos conocidos que tiene, o, para aquel que sabe quién es pero que aún no ha tenido la oportunidad de compartir un saludo, anhelan con mucho cariño tenerlo, como ayer, recorriendo de nuevo las calles, sonriendo, visitando a sus enfermos y amigos, pero, sobre todo, compartiendo un nuevo día con todos aquellos que lo quieren  y lo aman.

Fuerza… maestro! Aun no  es hora de partir..!


viernes, julio 27, 2018

Henry Patiño Pulido: fundador y militante del Movimiento Revolucionario Liberal en el Tolima. ideas y sueños tropicales.

Armando Moreno Sandoval
De Henry Patiño Púlido no puede decirse cualquier cosa. Patiño estuvo al frente del Movimiento Revolucionario Liberal (MRL) dominando con sus ideas el escenario político del Tolima hasta que apareció Alberto Santofimio Botero. Su rebeldía política fue heredada seguramente de su abuelo, aquel viejo radical liberal de la Guerra de los Mil Días, muerto por un pelotón de fusilamiento en la plaza principal de Mariquita.
Es a Mariquita, el pueblo de sus ancestros, por el año de 1946, que su padre llega huyendo de la violencia de Pensilvania para salvar la vida de su familia y la suya. Fue una huida a lomo de burro. El reloj marcaba las tres de una madrugada fría y lluviosa. Una huida para nunca más volver.
Hugo Viana, amigo y compañero de muchas batallas y luchas ideológicas, lo recuerda como modesto, pobre y autodidacta. Con los Hermanos Cristianos de Pensilvania aprendió a garabatear las primeras letras, de los ingleses el manejo de la pipa, la picadura, los buenos modales y consejos pero que nunca puso en práctica.
Ingrato sería pensar que solo fueron los Hermanos Cristianos y los ingleses quienes influirán en su formación. En el colegio que había fundado en Mariquita un expárroco de la iglesia católica, Isaías Díaz Quevedo, aprendió la contabilidad que le valió para hacer parte del cuerpo administrativo de los talleres del ferrocarril que regentaban los ingleses.
De su padre, carpintero de profesión y por añadidura borracho consuetudinario, heredó el gusto por fumar pipa y el apetito voraz de la lectura. Esta herencia le permitió en su juventud beber en las fuentes del liberalismo radical. Tan así que como un gesto de lealtad a sus ideas liberales, no tuvo ningún empacho en marchar a la fría Bogotá para asistir al sepelio del más grande estadista que dio el siglo XX: el hondano Alfonso López Pumarejo.
Mariquita a mediados del siglo XX
El refugio en las ideas liberales que había buscado su padre daría sus frutos en Henry Patiño, pocos años después de haberse establecido en su nueva morada. Era la Mariquita de la primera mitad del siglo XX, de calles destapadas, inmensos potreros y exuberantes rastrojos; de frondosos mangos, palmas, aguacates, mameyes y almendros por doquier. Era la Mariquita de los apellidos Treffy, Hotter, Díaz, Andrade, Galvis, de la Roche. Época aquella en que un cable unía a Mariquita con Manizales y, para mejor señas, el pueblo de un hombre que las generaciones posteriores lo recordarían como el “Robín Hood” mariquiteño: Reinaldo Aguirre Palomo. Era un ambiente de ideas prácticas y sueños tropicales.
Su inicio en la política no fue fugaz: 25 años, más o menos, fue el tiempo que duró en ella, coinciden sus amigos. Todo comenzó con la lealtad que le confieren los viejos a los jóvenes cuando se trata de que le sigan las huellas. De la mano de Cristóbal de la Roche y Ricardo Galvis, liberales de traca mandaca, lo hacen nombrar secretario del concejo municipal. Corría el año de 1957. Entre 1958 y 1959, en un congreso de Juventudes Liberales del Tolima, lo eligen directivo. Lo que nunca imaginaron los patriarcas del liberalismo es que el mozalbete, luego de un fugaz paso como directivo de las juventudes, terminaría liderando la disidencia liberal del Frente Nacional. Era el inicio de una meteórica carrera política que lo llevó a permanecer por diez años en la Asamblea Departamental del Tolima y dos periodos consecutivos  a la Cámara como representante del Movimiento Revolucionario Liberal de Alfonso López Michelsen.
Su coqueteo con las ideas liberales revolucionarias viene desde cuando López Michelsen, en su exilio en México, dirigía y editada Postdata a la Alternancia. Una crítica mordaz al endoso de la presidencia entre liberales y conservadores y que se conocería como el Frente Nacional. Significaba que cada  cuatro años se turnaban los partidos tradicionales para gobernar, haciendo de las elecciones una pantomima para justificar la democracia. Las ideas rebeldes de López Michelsen lo llevaron a ser admirador de su movimiento  Renovación Liberal que fundara este en 1958.
Henry Patiño (de bigote ralo) al lado de Fidel Castro
El triunfo de la revolución cubana dirigida por Camilo Cienfuegos, El “Ché” Guevara y Fidel Castro, y aprovechando la oleada de entusiasmo desatada en el mundo y que se desataría como un volcán en erupción por toda América Latina, le dan a López Michelsen el ánimo e impulso necesario para fundar el histórico —MRL—: Movimiento Revolucionario Liberal. Era el inicio por parte de Patiño de su militancia en el movimiento.
Coincidiendo en las ideas, Hugo Viana, Henry Patiño, Hernando Yepez Santos, Artemio Cabiedez —líder de los zapateros—, Germán Gutiérrez Arroyo, todos ellos pertenecientes a las juventudes liberales y entusiasmados por las ideas de López Michelsen, fundan y difunden la plataforma ideológica del Movimiento Revolucionario Liberal en el norte del Tolima. Viana y Patiño plasmarían sus ideas fundado y dirigiendo el periodico Revolución, editado, impreso y distribuido desde el norte del Tolima (Honda, Armero).
Era el primer año de la revolución cubana, el MRL también estaba en auge. A mediados de 1960, un homenaje y apoyo a la revolución cubana los entusiastas Patiño, Viana y Gutiérrez Arroyo en representación de las juventudes liberales estarían junto a los invitados Plinio Apuleyo Mendoza, Carlos Villar Borda, Luis Viera y Alfonso López Michel en la Plaza de Bolívar. La fuerza de la oratoria de Viana y Patiño entusiasmaría al representante de Cuba, al señor Clergé. En medio de abrazos y apretones de manos en las escalinatas del Capitolio Nacional, y como un gesto de admiración al comandante Fidel, le enviaban de regalo las ediciones del periódico Revolución. Henry Patiño, de su mano y pluma, le enviaba una dedicatoria al comandante en jefe y a la revolución. Meses después, merodeando en la plaza principal de Mariquita, por los lados del obelisco construido con las ruinas de la casa donde vivió Gonzalo Jiménez de Quesada, un marconi les llegaba a las manos de Viana y Patiño. El comandante Fidel invitaba al cuerpo directivo del periódico Revolución a la isla donde había triunfado la revolución: Cuba.
Después de una semana de contacto con la revolución, deleitándose con un buen habano, suspirando de amor con los boleros de Benny More, catando el sabrosongo coctel daiquirí, el encanto de sus playas y del mar, regresan al norte del Tolima. Hugo Viana, quien no había podido viajar a La Habana, el día que llegaban Patiño y Gutiérrez preparaba en Honda un nuevo número del periódico Revolución. Patiño y Gutiérrez traían en las maletas la Primera Declaración de La Habana, algo así como un manifiesto comunista para América Latina, el sumo ideológico que luego daría origen a todos los movimientos revolucionarios armados del Tercer Mundo. En un cerrar y abrir de ojos ordenan parar las máquinas, recomponen de nuevo la edición y el periódico Revolución se constituye en el primer medio escrito en América Latina en haber impreso la  Primera Declaración de la Habana.

Mientras tanto, en Mariquita, el MRL no triunfaría en unas elecciones al concejo. El Partido Liberal llevaba a cabo los principios que promulgaban el MRL y la revolución cubana. En plena violencia, cuando los liberales huían de la carnicería  propiciada por los conservadores, el directorio Liberal, protegía, albergaba y daba de comer a sus copartidarios.
—Doy una arroba de arroz de  mi molino para los copartidarios— así hablaba Cristóbal de la Roche dirigiéndose a los demás miembros del Directorio Liberal.
—Doy una res semanal— respondió el ganadero más acaudalado de Mariquita. Y así sucesivamente todos los miembros se comprometían aportar a la causa.
—Esta y no otra, la razón principal del por qué nunca el MRL ganó las elecciones en Mariquita— palabras exactas de Patiño en una tarde Sampedrina en el café Florida del año 2003.

El periplo que tuvo por la cámara comenzaría a tener fin en el año de la unión entre el MRL y el oficialismo Liberal. Saúl Pineda, jefe del MRL en el Tolima, logra meter a Patiño a la Cámara de Representantes y Rafael Caicedo Espinosa a Alberto Santofimio Botero. Con esta unión, rememoró con nostalgia Hugo Viana, el oficialismo liberal trituraría la disidencia en cabeza del MRL y los militantes que por convicción habían estado años en el MRL no volverían a tener chance en la política.
Corría el año de 1974, la ANAPO queriéndose reivindicar del fraude de las elecciones presidenciales frente al conservador Misael Pastrana Borrero, se lanza con algunos viejos militantes del MRL a la búsqueda de escaños. La falta de olfato político con la ANAPO llevaría a Patiño a cavar su propia tumba política. En una reunión para escoger candidatos al Congreso de la República, desdeñando el primer renglón para el senado, opta por ser suplente del primer renglón para cámara que encabezaría el lenguisuelto de Arturo Villegas. En su lugar el renglón al senado lo tomaría el hondano “Paco” Castro. Villegas no dejaría ir Patiño a la cámara poniéndole de este modo un adiós a la vida política.
—Todo fue una mala táctica política— comentaría Hugo Viana. Cuando López fue presidente, Patiño era simplemente  un recuerdo de un viejo amigo.
Lo que no estuvo de estatura, lo tuvo en su oratoria. Quienes lo conocieron y lo siguieron por sus ideas, lo recuerdan como una de las voces que se hizo sentir en el congreso por un lapso de casi un cuarto de siglo.
Abatido por la política, y con un guille barre que casi le pone punto final a su vida, su amigo López Michelsen no lo olvidaría. De gira el entonces presidente López por el Tolima, no tuvo reparo en visitar a su viejo amigo en la alcaldía de Ambalema. Fue un encuentro de viejos amigos que alguna vez profesaron las mismas ideas.

Una tarde ibaguereña, de aquellas que oscurecen al compás de las brisas que bajan por el cañón del río Combeima, en la esquina del Banco de la República, recordaba, como diciéndole al paso del tiempo cómo es la vida, lo desentendido que había sido con aquel consejo sabio  y práctico, y para más señas inglés, que de lo que se ganaba era necesario guardar algo para la vejez y los tiempos difíciles. Era, nada más ni nada menos, que el sentido del ahorro.
Hoy todo es recuerdo. La gente lo ve y pasa desapercibida. Es otra generación. Solo lo acompaña su bastón, la pipa y el aroma de la picadura Captain Black.


sábado, octubre 21, 2017

Gaseosas Glacial. Semblanza de uno de los socios y fundadores

Joaquín Arturo Paz MacCausland. Centenario de su nacimiento
Inteligente y autodidacta

Armando Moreno Sandoval

Arturo Paz Cuenca, luego de instalar molinos industriales a lo largo del río Mississippi en Estados Unidos,  regresa a Barranquilla, Colombia, con su señora esposa a bordo de un buque a vapor. Al tocar tierra, la esposa siente los dolores del parto y el pataleo de su futuro hijo en las entrañas de su vientre. Sin pensarlo dos veces a volandas llegan al hospital más próximo. Las enfermeras corren y los médicos se preparan para el parto de la futura madre. Horas más tarde nacería  un niño quien recibió el nombre de Joaquín. Era el 1 de diciembre de 1917. De chiripas no nació en altamar.

Su infancia y adolescencia transcurriría entre Sogamoso,  Duitama y las botellas de la fábrica de gaseosas de su abuelo paterno. La comodidad de un abuelo empresario y de un papá ingeniero empírico, y por demás socio del Molino Santa Clara, con toda seguridad le permitió a la familia Paz MacCausland llevar una vida hogareña, holgada y cómoda.    No obstante, con la muerte del padre el joven Joaquín entendió que el futuro tendría que reinventarse.

Joaquín Paz recibiendo el titulo de Bachiller
Tras la muerte del padre, el joven Joaquín asumiría el deber de llevar el pan a la mesa de la familia. Para llevar el pan se le ve por ese entonces trabajando como fogonero del Ferrocarril de Occidente.

Entretanto, atraídos seguramente por el ferrocarril y el cable aéreo que regentaban los ingleses, el linaje materno de los MacCausland ha echado raíces en Mariquita.

Una tarde obscura de esas que siempre suelen darse en la sabana de Bogotá como si fuera a llover, madre y abuela intuyen que el joven Joaquín lleva una vida desdichada y sin futuro. En busca de un nuevo futuro, le dice en el inglés de sus ancestros: “Let´s go to Mariquita”. Es hora de marchar a Mariquita.

Lo que nunca pensó el joven Joaquín era que algún día, por cosas del destino, seguiría los pasos de su abuelo y no de su padre, quien como ingeniero empírico, poco le importó el mundo de las gaseosas. Tan así que cuando murió el abuelo, seguramente que con el visto bueno de la familia, su padre, optó por desarmar la fábrica y llevarla a lomo de mula a Mariquita.

Ya instalados en Mariquita el  fruto que seguramente esperaba recoger la familia del joven Joaquín sería en vano. A Joaquín se le ve trabajando, tal vez en 1939 o 1940,  en la empresa de ferrocarriles Doradafer. Aunque el sueldo como trabajador del ferrocarril no tuvo que haber sido sustancioso, para mejorar la mesa de la familia se le ve alternando el trabajo en el ferrocarril con la enseñanza del inglés entre Honda y Mariquita.

El esfuerzo de viajar entre Honda y Mariquita  traería su recompensa: terminaría enamorado de Elisa Valencia Pardo,  una de sus alumnas. Con el paso de los días la haría su esposa. Mientras las vagonetas del cable aéreo seguían surcando las estribaciones de la cordillera central y los vagones del ferrocarril traían las gaseosas que se tomaban los habitantes del norte del Tolima, la fábrica de gaseosas del abuelo seguía intacta y arrumada pero no abandonada.

La vorágine de la vida por la que estaba pasando el ya adulto Joaquín y con la fábrica del abuelo que solo le traía recuerdos de su niñez, el día menos pensado le alumbró la idea del por qué no echarla a andar.

De nada servía tener un proyecto de empresa si el dinero en el bolsillo escaseaba. De tanto insistir el adulto Joaquín por aquí y por allá, llegó el día que algunos de quienes lo escuchaban lo acompañarían a hacer realidad sus sueños. La incertidumbre dio paso al optimismo.

Lucas Bernal, benefactor financiero de Glacial
Jaime Bernal, aseguró en vida que su padre Lucas Bernal fue el directo benefactor financiero de la empresa en ciernes.

Quienes dan cuenta de la vida cotidiana del ayer, afirman, que, sin los amores del auditor general del ferrocarril Lucas Bernal con Empera Rubio de Duque, seguramente, el apellido Duque nunca podría haber entrado en los anales de la historia de la futura empresa. La condición de Lucas como hombre separado había ayudado para que doña  Empera, en su papel de amante, hubiese amasado  una aceptable  fortuna; pues gracias a ese romance y alentado por su madre Empera  es que el ya crecido Humberto Duque Rubio, su  hijo,  aparece como el socio con pesos  para ayudar a echar andar la empresa.

Entre los  ires y venires para formalizar la empresa por fin llegaría el día del lanzamiento. Mientras en Bogotá el ministro de obras deliraba con construir un ferrocarril a lo largo del río Magdalena, en Mariquita, un municipio al norte del departamento del Tolima, un 17 de julio de 1947, se inauguraba una empresa de gaseosas que, con el pasar del tiempo, los colombianos y tolimenses conocerían como Glacial.

Don Francisco “Pacho” Gutiérrez, con sus 87 años, es uno de los pocos que pueden decir en Mariquita “yo fui testigo”. Recuerda él que a una cuadra de la llamada Plaza Armero, en la carrera 8 entre calles 9 y 10, una fábrica de pedal de fabricación alemana empezaría a botar a la calle las primeras gaseosas. Un carromato jalonado por un caballo llamado “Palomo” y operado por Francisco Flórez Gómez “Pachito” haría las primeras correrías por el caserío de Mariquita.

Una época de infernal lluvias le daría un golpe bajo a las ventas callejeras. El pesimismo de que los
Antigua instalaciones de Glacial
pesos invertidos podrían esfumarse de la noche a la mañana sacaría corriendo a Elio Rubio, otro de los socios. Un señor apodado “Perruncho” y de nombre Enrique Ávila compraría las acciones del pesimista Rubio, convirtiéndose en nuevo socio y superando así el primer tropiezo de decepción y desconfianza.

Mientras liberales y conservadores seguían matándose por un trapo de color azul o rojo, la empresa de gaseosas seguía avante. El consumo y aceptación del producto les permitió pensar en una nueva sede para la fábrica. Entre 1958 y 1960 la empresa hace su traslado a las afueras de Mariquita a un lado del tendido del ferrocarril y de la carretera que va hacia Honda. En mayo de 1964 llega Coca-Cola y consigo la época de esplendor y felicidad de la empresa.

Entre tanto el visionario Joaquín veía como el recuerdo de su niñez echaba raíces cada día más y más.

Los tropiezos que había tenido que enfrentar y superar de joven con la muerte de su padre serían cosa del pasado. Con la empresa dando frutos por doquier, le permitió en sus ratos libres alternar la escritura de la poesía con la política. Como militante del Partido Liberal se le ve, en 1957, haciendo campaña por el plebiscito para ponerle punto final al reguero de muertos que había dejado la violencia liberal conservadora tras la muerte del caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán en 1948.

Como si sus ocupaciones como empresario no le bastaran, en un gesto altruista para con el pueblo que lo había acogido, se le ve también como concejal y personero. No contento con los compromisos que tenía pensó de un momento a otro en hacerse bachiller. Sus aulas no fueron de ladrillo, tablero y tiza. Ya adulto, cruzando ya los cincuenta años de edad, se le ve recibiendo el grado de bachiller que le otorgaría Radio Sutatenza de las manos del entonces presidente Misael Pastrana Borrero y de su ministro de educación Luis Carlos Sarmiento Ángulo.

Un acto que seguramente le llenó de orgullo fue el que se llevó a cabo el 16 de diciembre de 1975. La calle, los bares, la plaza, los parques y los prostíbulos dejarían de ser los receptores y difusores de las noticias locales y nacionales. La modernidad entra a los hogares: se inaugura Radio Lumbí. De nuevo uno de sus gestores es el adulto Joaquín.

Joaquín Paz inaugurando Radio Lumbí
Con el paso del tiempo aprendió que con su autodidactismo e inteligencia sus sueños podrían hacerse realidad. Viendo que con el paso del tiempo las líneas de sabores de bebidas iban en aumento y cómo de las gaseosas uva y manzana iniciales se pasaba a la naranja, a la lima-limón, al tamarindo, a la limonada, a la soda y al caramelo, pensó que con su universo de soñador podría crear su propio sabor. Aprendiendo los vericuetos de los sabores de la mano del químico empírico Saturnino Rubio se aventuró a crear uno de los sabores insignes que haría distintiva a gaseosas Glacial: la conocidísima y rica cremasoda Glacial. Nunca pensó en patentarla.

Aunque hay quienes creen que los títulos académicos colgados de las paredes de las oficinas o de los consultorios no hacen el oficio, el adulto Joaquín atribulado porque la ciencia había desahuciado a su hija de caminar emprendería él mismo en su soledad el estudio de la química del cerebro. Aunque no dejó apuntes qué fue lo que investigó lo cierto fue que, gracias al conocimiento que había construido, logró lo que los médicos no pudieron: desarrolla un tratamiento para que su hija recupere el caminar. La dicha de ver su hija caminando duraría poco. Una meningitis la postraría por el resto de sus días. Moriría a los 24 años.

Las décadas de los años ochenta y noventa del siglo XX, son décadas de sangre, narcotráfico, violencia, bombas, guerrillas y paramilitares. La ética y la moral de los individuos que se dicen llamarse a sí mismos dizque, “gente de bien”, se postran ante el dinero fácil. Colombia, dicen los entendidos, es un Estado fallido. Pareciera que la empresa fuera inmune a la zozobra y al estercolero en que se encontraba el país. Pero el día menos pensado la empresa fue tocada por una sombra maligna que empezaría a empujarla poco a poco hacia un abismo sin fondo.

Como si la maldición hubiera llegado tocando las puertas de la empresa, esta aparece en 1984 cargando a las espaldas a un sujeto apodado “El Cenizo”. Llega como hijo y de la mano de uno de los socios. En 1991 algunos socios sucumben al poder del dinero vendiendo sus acciones. En 1993 la empresa está bajo el manto de un solo dueño. “El Cenizo es “amo” y “señor”.  Los años de gloria, de reconocimientos y de éxitos empezarían a ser cosa del pasado. La empresa se convierte en una caricatura irreconocible.

El golpe que deja grogui a la empresa lo da Coca-Cola en 1996. A Glacial le quitan la potestad de seguir embotellando la “Chispa de la Vida”. Durante los años siguientes un pleito entre el único socio apodado “El Cenizo”, Coca-Cola y los trabajadores terminaría a favor de Coca-Cola y los trabajadores. Al no obligar a Coca-Cola a reconocer el pasivo pensional y con una empresa ilíquida y en quiebra, y sin cómo responderles a los trabajadores estos terminarían como sus únicos dueños.

La profecía del comunismo, de que los medios de producción (léase empresas, tierras, etc.) son de quienes se emplean por un salario se haría realidad. Cierto es, que en Mariquita, ese experimento sería un desastre de proporciones diluvianas. La empresa en vez de salir adelante de las manos de los obreros terminó moribunda, en cuidados intensivos. Por muchos años la empresa Glacial estuvo agonizando. Así como el ave fénix que renace de las cenizas, otros dueños   la echaron a volar que, como paloma mensajera, llevaba la noticia de que una nueva empresa había nacido.

Don Joaquín no alcanzó a ver la caída en picada de Glacial. Pero sí estando ya setentón el destino le había dicho que no tenía por qué ser testigo de la catástrofe de la empresa. Sin embargo, sí alcanzó a intuir lo que se avecinaba. Cuatro años después de haber hecho aparición  “El Cenizo”, es decir, en 1988, una Junta de socios reunida en la ciudad de Pasto (Nariño)  para dar cuenta de los malos manejos que se estaban presentando en la sucursal de Glacial en esa ciudad le generó preocupación y disgusto. Seguramente lo que estaba aconteciendo iba en contra de su ética y de su moral.

Atrapado por la preocupación de lo que estaba pasando allá en Pasto llegó a Bogotá el viernes 21 de agosto en las horas de la noche. El aíre que arrojaba las hélices del avión hacía la noche más fría.  A su morada en Fusagasugá llegó atribulado. A la madrugada del sábado 22 de agosto de 1987 un infarto fulminante le segó la vida.

Juancho Halima, compadre de Joaquín, uno de sus hijos, y quien conoció en su juventud a Joaquín Arturo Paz MacCausland, dijo de él: “hombre inteligente y autodidacta por excelencia. Por eso hizo lo que hizo”. 

viernes, junio 30, 2017

Gonzalo Jiménez de Quesada, fundador de Bogotá, quizás su última carta: marzo 2 de 1577

Documento (transcripción): Armando Moreno Sandoval

1577, marzo, 2, Ríoseco. Nuevo Reyno de Granada. Carta de Gonzalo Jiménez de Quesada al Rey recordándole de los servicios prestados como conquistador.
Archivo General de Indias, Audiencia de Santa Fe, legajo 85





Católica Real Majestad

Yo he dado por mis cartas quenta algunas veces a Vuestra Majestad y a su real Consejo de
Yndias del estado de mis negocios  y gratificación que pretendo de mis servicios  y de la lastima
que Vuestra Majestad no debe permitir que me sería partir assi de esta vida ( de la qual partida
según mi hedad estoy bien cerca) sin que de mí quedase memoria del servicio que
a Vuestra Majestad hize quando descubrí, conquisté y poblé este Nuevo Reyno de Granada. Pues
Vuestra Majestad tan largamente gratificó a los dos marqueses del Valle y Pizarro. Sobre lo
qual va y envío personal particular en mi nombre a suplicado a Vuestra Majestad y a los de
su real Consejo de Yndias ya tomar resolución  en negocio que tanto me importa.
A Vuestra Majestad humildemente suplico se acuerde de estos servicios míos que las gentes
han tenido  por de alguna substancia  y que no tiene otra falta sino ser tan viejos,
y de ello yo tanto que no lo pueda ir a suplicallo en persona. Pero todo lo suple
averse hecho al mayor y más agradecido príncipe del mundo. Dios Nuestro Señor guarde
y prospere la Católica y real persona de Vuestra Majestad por muchos y felicísimos
años con el acrescentamiento de los Reynos y señoríos que sus humildes criados y
basallos rogamos a Dios y deseamos. De Rioseco en este Nuevo Reyno de Granada
a dos de marzo de 1577 años.

De Vuestra Carta y Real Majestad

Su humilde criado y vasallo
que sus reales pies y manos besa

El adelantado
don Gonzalo Jiménez de Quesada

Comentario

La carta está escrita en letra itálica, es de advertir que el cuerpo de la carta no corresponde con el final de la misma y la rubrica por parte de Jiménez de Quesada. Las abreviaturas son pocas Católica Real Majestad, Vuestra Majestad, Nuestro Señor, años. Los renglones y las palabras no superan lo ordenado, por tanto su secretario personal era un individuo conocedor de las ordenanzas de la época.
La carta la envía, según él, ya viejo y a la edad de 68 años. Jiménez de Quesada nace 1509  en Córdoba (España) y muere en Mariquita (Colombia) el 16 de febrero en 1579.

El facsímil fue facilitado por el autodidacta botánico mariquiteño José Orlando Velásquez

miércoles, junio 29, 2016

Milciades Garavito Wheeler: compositor prolífico

Armando Moreno Sandoval

Creador de la Rumba Criolla y autor de la Mariqutieña
Fresno (Tolima), julio 25 de 1901 - Bogotá, abril 23 de 1953

Ha llegado la hora que en el norte del Tolima, bien sea en el Fresno, Mariquita u Honda, erijan una estatua a uno de los más grandes compositores que ha dado Colombia y el Tolima: Milciades Garavito Wheeler.

Los datos biográficos sobre la familia Garavito es confusa. La mayoría de los escritos se reproducen sin aportar nada nuevo y, como si no bastara con lo anterior, también se contradicen.  Una corroboración a lo mencionado son los textos de Helio Fabio González Pacheco y la reseña  que se encuentra en el libro Músicos del Tolima Siglo XX editado por el escritor Carlos Orlando Pardo.

No obstante, de la familia de Milciades Garavito Wheeler se sabe que sus progenitores Milciades Garavito Sierra y doña Inés Wheeler vivieron en Fresno y Mariquita. En 1906 Garavito Sierra siendo personero en Mariquita es, junto con Carlos Arturo Hutchings —Superintendente de los trabajos del ferrocarril de La Dorada—, los gestores del actual ordenamiento urbano en Mariquita.

La otra familia Garavito Wheeler que vivió en Mariquita fueron Luis D. Garavito y su esposa Lila Wheeler, quienes en la década del 30 del siglo XX fundarían y dirigirían el Instituto Comercial ubicado en el barrio La Estación.

Milciades Garavito Wheeler
Milciades Garavito Wheeler nació en Fresno (Tolima) el 25 de julio de 1901. A los 19 años fue nombrado Director de La Banda de La Palma, (Cundinamarca). La agrupación más buscada, contratada y apetecida por la ejecución brillante de los aires más alegres de la época, como el bambuco y e1 pasillo.

En 1921 la familia Garavito, en cabeza de su padre,  se traslada a Honda con motivo de su nombramiento como Director de la Banda de esa municipalidad. En Honda conforman el Cuarteto de Los Garavito. Con el padre en el piano, Milciades en la flauta, Alfonso en el violín y Julio en el contrabajo al poco tiempo darían paso a la afamada, por ese entonces, Orquesta Garavito.

Milciades Garavito Wheeler fue un compositor prolífico. Con la Mariquiteña acuñó el ritmo  la Rumba Criolla quien fue su inventor. Estando la Rumba Criolla en su máximo esplendor, en 1934 se trasladan a Bogotá.

La Mariquiteña por un Acuerdo del concejo municipal de Mariquita —el 014 de 1997 de junio 16— le dieron estatus de himno.

Respecto al origen de la Mariquiteña cada quien quiere dar su versión generando alguna confusión. Aunque sus críticos musicales no señalan las fuentes de dónde provienen sus afirmaciones, existe, eso sí, la versión de Henry Patiño Pulido mucho más creíble que lo que dicen sus biógrafos de tinta y papel.

La Rumba Criolla la Mariquiteña tiene que ver con Demetrio Viana llamado algunas veces, a consecuencia de una inyección mal aplicada, “El Cojo” y en otras ocasiones “Chispa”, seguramente por su forma de ser y por tener una lengua versátil en apuntes y de buen humor. Tal fue la amistad de Demetrio con Milciades Garavito Wheeler  que en honor a ese afecto le compuso “Chispa”.

Los lectores se preguntaran a qué viene el nombre de Demetrio Viana. La
Facsímil de La Mariquiteña
historia es esta: “El Cojo” Viana le relató a Henry Patiño,  su amigo íntimo de tragos y parrandas que, por los años de 1964-1965, en una tarde de esas obscuras que se dan en Ibagué, tomando tinto en un café de los alrededores del parque Murillo Toro, el entonces diputado Patiño le preguntó al “Cojo” Viana si él sabía algo sobre el origen de la Mariquiteña.

Relata Henry Patiño que la amistad del “Cojo” Viana con Milciades Garavito era tal que, una noche de esas que presagian aguacero, Milciades le dijo al “Cojo”: acompáñame  a darle una serenata a mi “traga maluca”. Compraron el aguardiente llamado “tapetusa” y juntos caminaron a la morada de la “traga maluca”. El “Cojo” Viana no tenía idea de lo que momentos después habría de suceder.

La vía hacia Armero, en vez de la actual carretera, salía por los sitios de Pantanogrande y La Puerquera. Era un callejón bordeado a ambos lados por árboles de matarratón. Caminando bajo goterones y entre trago y trago llegaron a donde la “traga maluca” en La Puerquera.  Milciades Garavito, en medio de un torrencial aguacero y con los tragos ya subidos a la cabeza, y mientras sus dedos rasgaban las cuerdas de su guitarra  iba entonando los versos de la canción que dice así:

“Eres mi princesita linda Mariquiteña
con hermosos ojos y garboso andar,
resaltan tus gracias como si fuera limeña
y eres tan picante, ardiente cual rayo solar.

No podré dejar de quererte con ardor
tu no sabes cómo despierta mi pasión
y si tu no quieres mirarme con amor
tus divinos ojos serán mi perdición

Eres mi princesita linda… (bis)!

Mientras tanto, la muchacha, al ritmo de la Rumba Criolla iba abriendo lentamente una de las hojas de la ventana.

Así fue naciendo la Mariquiteña, diría Henry Patiño. Y agregándole otro dato, señaló:

—“Él estaba enamorado de la muchacha, y la inspiración fue esa misma noche”.

Dice Patiño  que así fue como se lo relató el “Cojo” Viana.

Milciades Garavito Wheeler murió el 23 de abril de 1953 en Bogotá. Un aniversario más de su muerte que pasó desapercibido y qué bueno sería no volver a olvidar.

sábado, octubre 10, 2015

María Isabel Rubio Trujillo, la "Chava" Rubio Caracol Radio. Mariquita (Tolima) Junio 8 de 1915 - Bogotá, Mayo 23 de 1995

viernes, agosto 28, 2015

Orígenes de la Constitución de Mariquita de 1815

Armando Moreno Sandoval


Las efemérides de la Constitución de la Provincia de Mariquita de 1815 han generado simpatías y polémicas. Algunos se han preguntado si vale hacer tanta alharaca por algo que pasó hace 200 años. Por mi parte, me quiero sumar a la polémica, pues, al fin al cabo, lo hermoso de vivir esta vida es pensar diferente sin caer en la bellaquería de callar al otro con la bala, la diatriba y el odio.

Celebrar efemérides con caminatas, discursos, placas, ofrendas florales y lechona es sano y no tiene nada de malo. La cuestión es preguntarnos si nos dice algo; si tiene algún significado.

El significado, palabreja que ha tomado desde el último cuarto del siglo XX demasiada importancia en las Ciencias Humanas con el surgimiento de la filosofía postmoderna, ha hecho de la Historia una narrativa con múltiples interpretaciones. Esto nos lleva por una camino bastante lleno de espinas y trampas, y es el de preguntarnos si el pasado que queremos representar es el más indicado.

Filósofos como Gianni Vattimo creen que es imposible dar cuenta del pasado, pues, el pasado es una construcción que se hace desde el presente. Si la Historia es como nos lo dice Vattimo, el mensaje que nos está dando es que el pasado como algo acabado no existe. Por tanto, lo que se tiene que hacer es crear nuevas Historias.

Las efemérides de la Constitución de la Provincia de Mariquita como la están celebrando están dejando, a mi parecer, un vacío demasiado grande, pues, está huérfana de significado.

Un ejercicio para comprender la Constitución de 1815 es acercarnos al pensamiento de quienes la motivaron y por qué José León Armero es referenciado como el individuo que lideró la rebelión contra el centralismo gobernante de la época.

Los orígenes de la Constitución de 1815 datan desde el año de 1812 cuando el cabildo de Ibagué les propone a los demás cabildos de la Provincia de Mariquita la independencia absoluta del Gobierno de Cundinamarca. La idea fue aplaudida, pero el juego del poder y la diplomacia de la época hicieron fracasar la intentona separatista.

Dos años después, los cabildos de Espinal y de Ibagué, retomarían de nuevo la propuesta de Independencia. Esta vez se la plantean a Armero quien aprovechándose de las desavenencias entre el Gobernador de Cundinamarca (le decían Dictador) y el Congreso de las Provincias Unidas de la Nueva Granada, propone convocar unas elecciones para formar una Convención Electoral de la Provincia de Mariquita, con el fin único de decidir si seguían anexados a Cundinamarca o formar un Estado Independiente.

La Convención, con todos los cabildos de la Provincia de Mariquita, se llevó a cabo un 20 de diciembre de 1814 en Honda. Dos días después la Convención declaraba que la Provincia de Mariquita era independiente de España, de Cundinamarca o de cualquier otro gobierno que no fuera elegido y legitimado por los pueblos. Ese mismo día, José León Armero, era nombrado como gobernador interino del recién creado Estado Independiente.

En el bando, que ese mismo día fue leído y publicado, se lee explícitamente: “declarar el día veinte y dos del corriente, que la Provincia de Mariquita en adelante era un Estado libre e Independiente de la República de Cundinamarca, y como tal no reconocía sobre la tierra otra autoridad que la del Pueblo legal representado”.

El bando y el entrecomillado citado desgraciadamente han pasado desapercibidos en las efemérides a la Constitución de 1815. El bando del 22 de diciembre de 1814, y lo que dice, es mucho más significativo que la firma del 21 de junio de 1815 de todos los Diputados y el acto de promulgación del 4 de agosto del mismo año. Pues ese acto es el que da origen a posteriori a la Constitución de 1815.

Lo que interesa del acto del 22 de diciembre de 1814 es que ese hecho de rebelión contra la autoridad hegemónica sigue gravitando en los pueblos 200 años después. El referéndum en el municipio de Piedras (Tolima) contra la empresa minera Anglogold Ashanti, o, en el 2004 cuando varios municipios del Norte del Tolima pedían un referendo para anexarse a Caldas por el abandono que los tenía sometido el gobierno central del Departamento del Tolima, son ejemplos de cómo las voces subalternas cuando deciden construir nuevas alternativas de representación no hay quien las detenga.

Las voces y las ideas de quienes hicieron posible la independencia de la Provincia de Mariquita han sido invisibilizadas. José León Armero y los cabildantes de la época subvirtieron el poder hegemónico de la época. Algunos de ellos, empezando por el mismo Armero, que en marzo de 1815 hizo fusilar pública y solemnemente el retrato del rey Fernando VII, pagarían con la vida su acto de rebelión.

Aunque alguna voz hegemónica podría pensar que rebelarse no vale la pena, lo cierto, es que estos hechos hicieron posible la República de Colombia.

Un amigo al enterarse por mi boca cómo fueron los orígenes de la Constitución de 1815 me preguntó: ¿entonces, qué es lo que han estado celebrando?

jueves, marzo 05, 2015

José León Armero y la Constitución de Mariquita

Armando Moreno Sandoval

El norte del Tolima este 2015 está de efemérides con José León Armero, un prócer de la independencia nacido en Mariquita en 1775. A él se le debe la Constitución que fue promulgada el 4 de agosto de 1815.

León Armero fue un hombre que encarnó ideas antimonárquicas y antiesclavistas, siendo él mismo dueño de esclavos. Solo estas dos ideas son suficientes para que el norte del Tolima dé a conocer, además de la Constitución de Mariquita, su obra y su vida.

Pero más allá de estos encuentros que suelen ser académicos es necesario rendirle un homenaje que quede para la posteridad. Es necesario que su legado sea recordado permanentemente. Porque es muy posible que pasado el Bicentenario de la Constitución de 1815 ya nadie se vuelva a recordar y que solo haya sido un ladrar a la luna.

Y lo digo porque hace varios años cuando reorganizaron los centros educativos la tradicional escuela Carlota Armero fue borrada de un plumazo anexándola al colegio Santa
Ana. Cuando lo ideal debería haber sido dejar el nombre de Carlota Armero, como un legado a las generaciones venideras del papel que esta mujer desempeñó en los años de la Independencia.

Y el pasado no engaña. Igualmente pasó con la llamada Plaza Armero, llamada así como un homenaje a José León Armero, pero que, en años pasados, su nombre fue sustituido por el de Parque el Carmen.

Si las autoridades municipales —llámense Concejo, Alcaldía— u organizaciones civiles como el Centro de Historia o los centros educativos quieren en verdad rendirle un homenaje a León Armero, deben promover un Acuerdo para que le sea restituido al susodicho terreno su verdadero nombre: el de Plaza Armero.

Pienso que hay motivos suficientes para rescatar la Plaza Armero. En primer lugar, Colombia a raíz de la Constitución de 1991 se convirtió en un país laico. Ello quiere decir que todas las religiones e iglesias están en igualdad ante el Estado. Por lo tanto el Parque el Carmen con una virgen en el centro del mismo y de espaldas a la Iglesia Adventista va en contravía de lo que significa un Estado laico.

A la virgen del Carmen no hay necesidad de bajarla a mazazos, ni más faltaba. Simplemente es removerla y ponerla sobre un pedestal en el atrio del templo del Carmen. Y además, porque según dice la  tradición oral y la voz de Carlos “Tita” Hernández,  debajo de la mole de cemento en que está la virgen, hay una “pila” y bien vale el esfuerzo de rescatar ese  legado histórico.

Rescatar el nombre de Plaza de Armero y la “pila”, si es que existe, sería un aporte al legado y a la tradición de Mariquita. Porque a decir verdad su legado y su tradición solo existe en el imaginario de sus habitantes. Tan así que no ha sido ni rescatado, ni estudiado, ni comprendido. Un ejemplo es lo que se vive cada 28 de agosto. Una efeméride de corte moderna donde sus habitantes celebran su fundación como una feria cualquiera.

No solo es Mariquita el municipio que debe rescatar a este prócer de la Independencia, está Honda. Pues fue en Honda, en el Palacio de Gobierno, donde sancionó la Constitución de 1815. Y fue en la mismísima Honda, un 12 de diciembre de 1816, después de imputarle varios cargos, como, entre otros, de haber mandado a fusilar a nueve españoles y de haber ordenado quemar el retrato del rey de España, que lo ahorcan y lo decapitan en presencia de amigos y familiares. Y como escarnio, en la mitad de la Plaza del Alto del Rosario, su cabeza expuesta en una jaula de hierro.

Mariquita y Honda han estado en deuda con José León Armero. En 1930 los habitantes de San Lorenzo, con las autoridades municipales a la cabeza, resuelven cambiarle el nombre a su municipio por el de Armero. Muy contrario a lo que hicieron los mariquiteños con la Plaza Armero. En vez de perdurarla prefirieron borrarla de un tajo, optando por la mojigatería hidalga y confesional colonial heredada de los españoles.

Muchas décadas después,  la catástrofe sobre Armero ocasionada por el volcán Arenas del nevado del Ruiz en 1985 no logró borrar su nombre. Siguiendo el legado y la tradición, los habitantes de Armero-Guayabal, con el Concejo Municipal y el Alcalde a la cabeza, sancionan el Acuerdo 004 de 2013, que da origen a la “Condecoración José León Armero”. Condecoración que debe ser impuesta a personajes que marquen una profunda huella en el desarrollo de los pueblos, principalmente en los sectores de la educación, ciencia, tecnología, deporte, desarrollo socioeconómico y democracia.

Concejales como Esneda Bonilla Garibello que tuvo la iniciativa y alcaldes como Mauricio Cuéllar Arias, y por supuesto el Concejo del municipio, merecen un aplauso histórico. Por lo menos no tuvieron que esperar efeméride alguna para honrar la memoria de José León Armero Racines. Sino que, simplemente, para homenajearlo solo tuvieron en cuenta la herencia de la tradición y el legado. 

lunes, abril 09, 2012

Armero y el bogotazo del 9 de abril. Muerte del párroco Pedro María Ramírez

Armando Moreno 

Las ideas masonas, socialistas, del liberalismo inglés y del protestantismo entraron en Armero a comienzos del siglo XX. Uno de los motivos que tuvo el sacerdote Pedro María Ramírez —muerto el 10 de abril de 1948— para irse como párroco para Armero era de que allí había muchas iglesias protestantes. Según él, luteranas.

Un día después del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, en el campamento instalado en La Sierra, los obreros que trabajaban en el canal de irrigación de Lérida seguían sus labores rutinarias como si nada hubiese pasado. No obstante, las diversas versiones sobre el asesinato de Gaitán seguían de boca en boca.

Pedro María Ramírez
Gustavo Barragán, el ebanista de la compañía, había escuchado decir que de los pueblos cercanos al nevado del Ruíz bajaban conservadores. Al comentarle al inspector de la obra lo que posiblemente estaba aconteciendo, solicitó un mulo ensillado con el fin de llevar las noticias a la población de Armero.

Pasadas las dos de la tarde salió para Lérida. Llegó a la plaza del pueblo a todo galope. Quienes estaban al tanto de lo que podía acontecer, salieron al encuentro preguntándole que qué pasaba. Sin titubear respondió con un tono seco: “los conservadores de Santa Isabel ya vienen para Junín”.


 Mientras el ebanista Barragán seguía su camino, en el parque de Los Fundadores de Armero, desde el mediodía del sábado, algunos decían que los conservadores ya estaban en el caserío de La Sierrita. Otros que ya estaban por los lados de Junín. Pero lo que si causó furia fue la noticia de que un tal Benjamín Espinosa al frente de un pelotón, armado hasta los dientes, venía dispuesto a atacar a Armero.

El otro rumor era que en Lérida había un telegrama donde se informaba que los conservadores ya habían cruzado Río Recio y para evitar que se la tomaran esperaban la presencia y la ayuda de los liberales de Armero.

Ante semejantes rumores, el médico Luis Alejandro Parra Bonilla congregó a varios hombres en el parque de Los Fundadores y les preguntó quiénes estaban dispuestos a seguirlo. Al conformar el grupo salió para Lérida. Pero al llegar al reten cerca del río Lagunilla se topó con un camión medio destartalado. En él llegaba el ebanista Barragán. Al enterarse por su propia boca que los conservadores ya venían más acá de Lérida, prosiguió la marcha después de un apretón de manos y un hasta luego.

Iglesia San Lorenzo y casa cural
Un kilómetro después del puente sobre el río Lagunilla pudo percatarse que algunos que lo habían estado acompañando habían optado por abandonarlo. Se detuvo y consultó con sus cuatros amigos que quedaban qué hacer. Acordaron esperar.

Aunque la mañana del sábado había estado nublada, después del mediodía Armero fue abrazada por un sol canicular. Pero, al comenzar el crepúsculo de la tarde, quienes estaban en el parque lanzando arengas contra los asesinos de Gaitán, fueron alertados de que algo raro estaba pasando. Nicolás Izquierdo Cortés, casi que setentón, encorvado por el peso del trabajo como jornalero y cosechero de legumbres, y muy querido por el pueblo, pues era de los pocos que podían de decir, nací en Armero, al llegar al parque vio y escuchó cuando un tumulto de gente dijo: “vamos a registrar la iglesia porque el cura ha echado unos vivas”. Otro testigo ocular fue el albañil José Guillermo Sarmiento. Escuchó cuando algunos dijeron que había que ir a la iglesia porque habían sentido ruidos raros.

El boticario Luis Aguirre que había estado en su casa, al oír que la algarabía en el parque subía cada vez de tono, se salió para trasladarse a la casa de la esquina de Raimundo Melo. Se unió a quienes estaban en la esquina y desde allí alcanzó a divisar cómo un grupo de hombres encabezado por Mario Duran Calle, alias “El Corcho” se acercaron a la iglesia y miraron por debajo de la puerta. Estaban armados de cuchillos, machetes, palas, palos y piedras; y uno que otro fusil terciado a las espaldas.

El boticario Aguirre, aun sin entender qué podría estar ocurriendo, preguntó por si alguien respondía:

—Qué sucede.

—El cura está adentro de la iglesia y tiene bombas para tirarle al pueblo

El boticario Aguirre al mirar nuevamente hacia la iglesia, observó que el pelotón que estaba al frente de la puerta había desaparecido.

—Dónde están— preguntó.

—Están adentro— le dijeron.

Cinco minutos después se escuchó la detonación de dos bombas, una tras otra. Quienes estaban adentro de la iglesia salieron en estampida hacia el parque. “El Corcho” quien comandaba el pelotón ordenó la huída. Algunos corrieron despavoridos, otros se resguardaron tras las bancas y los árboles del parque, otros desenvainaron sus machetes de hoja ancha de sus fundas y quienes estaban con sus armas de fuego buscaron o hicieron sus trincheras. La seguidilla de bombas y el tiroteo de fuego cruzado habían empezado. Pese al torbellino de la gente inmensos grupos se apostaron frente a la iglesia y la casa cural. El comentario generalizado era de que el párroco Ramírez los había recibido con una bomba de dinamita tan pronto habían entrado.

El médico Parra Bonilla, aun seguía en el sitio de espera. Estaba decepcionado de la noticia que le habían dado. Media hora antes había pasado Luis Carlos Calderón, el diputado del Tolima nacido en Fresno, y al preguntarle si era cierto que las huestes conservadoras venían más acá de Lérida, éste le había respondido que nada había notado y que de eso nada se sabía. Al tomar la decisión de regresar comenzó a escuchar las detonaciones. Pensó él que sería por los lados de Armero y menos aun que fuera en el parque.

El alcalde Evencio Martínez Bolívar no estaba en su despacho. Se hallaba en una junta de ciudadanos, según él, con lo “más destacados de la localidad”. Estaban pensando cómo devolverle la tranquilidad a la población. Al llegar al parque se encontró que era un campo de batalla. Vio grupos de gentes portando machetes, cuchillos, palas, palos, fusiles, varillas y revólveres. El alcalde recordaría que había visto “más o menos, mil personas”. También había escuchado “detonaciones de bombas de dinamita y disparos de distintas armas de fuego. Pero por el humo no pude distinguir si contra el grupo de gentes se lanzaban las bombas o se hacían los disparos, o, si los del grupo lanzaban las bombas o hacían los disparos en dirección a la iglesia, o, a otra parte”.

Parque de Los Fundadores
Sitio donde cayó muerto el párroco
El boticario Aguirre marchó hacia la botica que quedaba en su casa. Se hizo detrás del almendrón que quedaba al frente de la botica. Desde allí siguió viendo cómo el gentío se seguía armando. Pensó en su casa, en su vida y en su familia. El alcalde Martínez Bolívar como pudo cruzó el parque en dirección a la alcaldía. Estaba acompañado del odontólogo Ramón Jaramillo. Al llegar a la esquina de la alcaldía se reguardaron tras un árbol. Se limitaron a contemplar el desarrollo de los hechos. “Las balas cruzaban —diría el alcalde— sin darnos cuenta qué personas eran las que atacaban en distintas direcciones”.

El médico Parra Bonilla prefirió dirigirse a su casa. Pensaba también en su familia. Estuvo encerrado hasta que se calmaron los tiros y las bombas. Le pareció que todo estaba aconteciendo en el parque.

Entretanto hombres armados de machetes, escopetas y revólveres seguían pidiendo a gritos dónde estaba el párroco Ramírez.

Mientras la muchedumbre enardecida recorría las calles con machetes, pistolas, revólveres, escopetas y palos gritando ¡Abajo el partido Conservador! ¡Muera Mariano Ospina Pérez!; un hombre blanco, de profesión carpintero, llamado Camilo Leal Bocanegra, de 38 años y nacido en Honda, con machete en mano y al frente de un grupo enfurecido, se dirigió hacia la tienda de Salvador Torres ubicada en la calle 11.

Después de buscarlo por varios minutos por las alcobas y el solar de la tienda lo avistó en el techo de casa cural. Al bajar al párroco Pedro María Ramírez al solar de la tienda empezó a buscar la salida hacia la calle 11.

Caminando hacia la puerta que daba a la calle, el párroco Ramírez le dijo al carpintero:

—“Llévame maestro a la cárcel porque allá quedo más seguro que aquí”.

Al cruzar la puerta una muchedumbre enfurecida los esperaba en la calle. Caminaron juntos unos pocos metros en dirección al Parque de los Fundadores. El carpintero llevaba al párroco tomado por el brazo. De un momento a otro y en un cerrar de ojos, voces con el grito al cuello le dijeron: “¡hijodeputa…! si no lo suelta lo matamos…”.

De repente brazos salidos de las entrañas de la tierra le arrebataron al carpintero Leal Bocanegra el párroco Ramírez. Eran pasadas las cuatro de la tarde. A empellones lo llevaron hasta la esquina del almacén del palestino David Jassir. Una voz fuerte se sobrepuso al griterío y a la algarabía. Esa misma voz pedía que le dieran por el filo del machete.

Un hombre que estaba en diagonal a la esquina de David Jassir vio cómo el filo del machete penetraba un poco más arriba de la nuca y que el médico legista en un lenguaje técnico llamó occipital. Cayó de rodillas. La sangre a borbotones recorrió las mangas de la sotana. El bonete rodó ensangrentado.

Al levantarse con esfuerzo, trastabilló al andar. Otra vez, otra voz, con rencor y odio gritó: “Denle de nuevo por el filo”. Estaba por llegar casi al borde del parque cuando un hombre en medio de la turba blandía de nuevo el filo del machete hacia la nuca. Fue un golpe certero.

El cuerpo del párroco caía moribundo en medio de la turba. La muchedumbre se desparpajaría minutos más tarde en medio de la indiferencia.