Armando Moreno Sandoval
El queridísimo Alex Rivillas, profesor de la Universidad del Tolima, tiene una máxima que dice, que, sin cifras no se puede hablar. Él sugiere que las cifras por si solas hablan.
En las redes sociales los anticapitalistas
y enemigos de la democracia, pero sobre todo los fans y la izquierda fanática y
reaccionaria de la Colombia Humana, gritan a todo pulmón que hubo fraude. En la
testa que tienen no entienden el por qué los votos para el Congreso no
coinciden con los de la consulta para presidencia.
Para empezar, es necesario
señalar que para el senado hubo ocho listas abiertas, o preferentes, y ocho
listas cerradas. De las listas abiertas, o preferentes, solo Fuerza Ciudadana
se quemó. Y de las listas cerradas solo la del Pacto Histórico ganó. Las demás murieron.
Toca decirles a las
generaciones actuales que en el siglo XX se luchó para que las listas cerradas
desaparecieran porque eran sinónimo de corrupción, gamonalismo y caudillismo.
La lista cerrada no corresponde a una sociedad libre, sino al chanchullo, al
bolígrafo, al amiguismo y al clientelismo. Molesta que hayan sido los sectores
de izquierda las que más berrearon para que se reviviera semejante monstruo paquidérmico.
La lista cerrada corresponde
al viejo país. Al país de la corrupción en la política. Pues en ella el
caudillo, el gamonal o el llamado líder del partido político le ponen en
bandeja al elector una encerrona. La lista cerrada es un gancho ciego donde el
elector no tiene idea por quién vota.
Y fue precisamente lo que
pasó con la lista del Pacto Histórico al Congreso. Para la lista del Senado,
solo para hablar de ella, colocaron gente indeseable que ya no gusta y que el
elector rechazó por tránsfugas, corruptos y que ideológicamente dan volteretas
como cualquier trapecista de gallera de mala muerte. Es el caso de Roy
Barreras, Piedad Córdoba y Mario Benedetti. Molesta que cierta izquierda por
estar alineados con sus intereses ideológicos los aplaude con furia y con
buenos ojos. Pero eso sí hacen mutis de los procesos judiciales y de los
escándalos que llevan a sus espaldas.
Tras el triunfo amargo de la
lista del Pacto Histórico al Congreso ahora sus fans quieren hacerle creer al
grueso de la sociedad colombiana que hubo fraude cuando, en realidad, ese
desface descomunal entre los votos de la consulta presidencial y del congreso,
lo que demuestra es la ausencia de organización política. O para decirlo con
palabras más elegantes: fueron victimas de su propio invento.
De los 15.292.653 votos
válidos para el senado, el Pacto Histórico le correspondió 2.085.937 que, en sí,
es una votación bajísima si se compara con la de la consulta presidencial de
Gustavo Petro (5.351.676). Este desmadre es lo que explica por qué la lista
cerrada, al igual que la tal “cremallera”, es un embeleco que no atrapa votos. A
no ser que la encabece el caudillo.
Sin ánimos de aguarle la fiesta a quienes creen que Petro podría ganar la Presidencia sobrado, las cifras como lo dice el profesor Rivillas dicen otra cosa. El enredo fue su votación tan disímil. Si se comparan los votos que sacó el Pacto Histórico para la consulta (5.351.676) frente a los votos de Equipo por Colombia más los del Centro Esperanza que suman (5.908.511) lo que se aprecia es un empate quizás técnico. En otras palabras: nadie tiene ganada la Presidencia.
Aunque sus votos parecerían
tener un techo y que solo tendrían que sumar, la pelea por la presidencia es
otro cuento. Nadie sabe cómo se va a comportar el elector pues este es como el
viento, cambia de parecer.
Pero hay otro peligro mucho
mayor. Y son sus fans recalcitrantes que creen que Petro gana solo. En las
redes sociales estos fanáticos ultras gritan sin pelos en la lengua que no
necesita alianzas de ningún tipo porque todo lo demás le huele a podrido y
ellos son los puros, los perfumados. Estas mentiras que solo ellos se las creen
se desmienten si se comparan los votos válidos con los nulos, en blanco y los
tarjetones sin marcar.
Si tenemos en cuenta los
votos nulos (790.220) mas los blancos (987.137) y los tarjetones sin marcar
(332.088), su suma da 2.109.445 votos y que supera la de cualquier lista para
el congreso. Amén de la abstención que de un censo electoral de 38.819.901
ciudadanos aptos para votar solo lo hicieron 11.260.187, o sea, el 29.01 %. Quien
realmente ganó las elecciones fue el ciudadano que aún no cree en el Congreso.
Es este ciudadano el que tal vez va a decidir quién se quedará con la
presidencia.
Solo los estúpidos creen que quien no vota, o el que tacha un tarjetón, o vota en blanco o quien entrega un tarjetón tal como lo recibió es un paparote sin oficio. Cuando deliran los enemigos de la libertad y de la democracia es este es el caballito de batalla que invocan para imponer el voto obligatorio.
Este ciudadano que se acerca
a la mesa es el más informado, es el verdadero rebelde. Pues tiene en mente que
la democracia en Colombia es un circo. Que quienes llegan allá solo se
representan a sí mismos y que lo único que les atraen del congreso es el
salario que devengaran en los cuatro años: $ 1.652.000.000
Y, por otra parte, las
cifras demuestran que así gane probablemente la presidencia Gustavo Petro, carece
de un partido organizado. Que lo que hay es una montonera de seres cansados de un
Estado y de una derecha reaccionaria y retardataria incapaz de resolverle sus
necesidades más elementales. En sí, lo que la gente siente es rabia y frustración.
En fin, la carrera por la
presidencia hasta ahora ha empezado.