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domingo, junio 06, 2021

La tiranía del mérito

Armando Moreno Sandoval

En este siglo XXI, la llamada Generación Ni-ni (los que ni estudian, ni trabajan) poco le importa los diagnósticos de los gurús que dicen entender la economía, la política, la sociedad. La realidad les dice otra cosa. Tampoco creen en quienes dicen ser portadores de la verdad.

Este escepticismo de las nuevas generaciones es comprensible. Con la ausencia de un discurso a la vieja manera de los movimientos que sacudieron el mundo durante el siglo XX, llámense fascismos, nazismos o comunismos, la Generación Ni-ni ha entendido que lo que existe en este mundo perverso son unos acomodados que poco les importa la suerte de su generación.

Algunos trinos de la Generación Ni-ni que se mueven por las redes sociales acusa a las generaciones del siglo XX ser las causantes de todas sus desgracias. Es solo un botón de muestra de que estas generaciones no están muy conformes con los progenitores que los parieron.

Mientras la izquierda con sus ideas trasnochadas heredadas del siglo XX cree en su ingenuidad entender a la Generación Ni-ni, la derecha reparte caramelos creyéndose el cuento que los tienen ganados para su causa. Que no se confundan. Esta generación es libertaria en la mejor versión de los anarquistas del siglo XIX.

Que unos pocos confundidos sigan creyendo en los cuentos que les echa la izquierda y la derecha para ganárselos, lo cierto es que la Generación Ni-ni tiene muy en claro  que todas las narrativas heredadas del siglo XX como son la cultura del mérito, la mantra de que todo el mundo puede triunfar si lo intenta, el rollo de quienes  tienen éxito son los que logran un título universitario, o aquel otro de que la movilidad individual se puede lograr a través de la Educación Superior, son eslóganes que no dejan de ser embustes.

La Generación Ni-ni ha entendido que la retórica del ascenso, como actualmente la siguen pregonando la izquierda y la derecha (la mejor versión es la matricula cero) son trampas para que una minoría en el poder siga acomodada, mientras que la gran mayoría (hombres y mujeres) siguen en el asfalto.

Increíble que quienes pregonan la política progresista no se hayan dado cuenta del resentimiento social que han venido generando. La desigualdad social y el atasco de la movilidad social que se traga a Colombia y al mundo no son un pajazo mental. De qué sirve un título universitario si el trabajo a destajo impide tener una vida digna o tener que llegar a la vejez con desesperanza.

Lo que se ha enquistado es una cultura del matoneo y manoteo entre quienes han triunfado a través del Estado asaltándolo, apropiándoselo o beneficiándose de el. La jactancia es tal que ven a todos los demás como perdedores, como miserables. Estas minorías están convencidas que si llegaron “arriba” es por el esfuerzo de ellos mismos y que los demás si son pobres es porque se lo merecen.

¿Pero qué ha hecho la juventud del siglo XXI para merecer esta suerte?

Todo arranca con la globalización neoliberal que en Colombia llega a través de la Constituyente que parió la Constitución del 91, y con los gurús que echaron el cuento que el libre mercado y un Estado que se hiciera el de la vista gorda ante las necesidades de la gente lo resolvería todo. Cierto es, que el efecto generado fue todo lo contrario: engrosar las desigualdades sociales, la pobreza, el desempleo y el hambre.

A cambio del desmonte del Estado de Bienestar los gurús de la globalización neoliberal optarían por adoptar los discursos “de las minorías” que habían surgido en las universidades anglosajonas y aceptadas en los ambientes académicos y en el mundillo de la política del Tercer Mundo. El reconocimiento “del otro”, como pomposamente lo dicen los intelectuales y profesores de las universidades, sería aceptado y decretado por ley. Un ejemplo es la Constitución del 91 que inscribe al pueblo colombiano como pluriétnico, multirracial y otros tantos pluri y multi.

Entre tanto la metáfora que los ricos tenían que ser más ricos, porque al tener los bolsillos rebosantes de dinero podían caerle migajas a los más necesitados y así sacarlos de la pobreza, fue un embuste que se tragó la derecha y la izquierda.

Ante este desmadre la respuesta fue el surgimiento del populismo autoritario de derecha e izquierda y por esa vía una puñalada trapera a las democracias liberales que, por ahora, la tiene en cuidados intensivos. Cómo explicarlo.

El reciente libro la Tiranía del mérito de Michael J. Sandel da algunas luces para entenderlo. Aunque el libro no es una receta para Latinoamérica, si deja entrever que los sectores populares al dejar de creer en los partidos y movimientos políticos tradicionales, o, al comprender que lo que le ofrecían eran solo promesas y embustes, optaron por abrazar las ideas de quienes vendían el cielo y la tierra. Poco les importa que sea otro engaño más.

Sugiere que, si los populistas están triunfando sin tanto bombo y retóricas, es porque están entendiendo mejor el momento actual.  Incluso usan un lenguaje diferente, a diferencia de la derecha e izquierda que, por lo desgastado, ya no convencen. Y lo que parece más interesante, están explotando mejor los resentimientos que ha dejado la retórica del ascenso, del sacrificio, ¡del mérito!

Es más, otra cualidad de las tantas que tienen los populistas es que, sin ningún empacho, se ven así mismo como los Mesías que pueden salvar a la humanidad de la hecatombe.

viernes, mayo 21, 2021

La farsa de la matricula cero

 Armando Moreno Sandoval


A la gente no les gusta que le contradigan lo que su ideología le dice. Este ha sido el motivo por el cual, desde los tiempos bíblicos, les han echado candela a los pueblos. Un caso que está generando piquiña, es quienes han empezado a cuestionar la farsa de la matricula cero.

Desde que ganó el Brexit en el Reino Unido los expertos valen un cero a la izquierda. Con esta campaña de salón fue que ganó Boris Johnson el Brexit. Ahora son pocos los que se atreven a opinar. Mi abuela materna, que fue una empírica, y como si se hubiera adelantado a la era de la postverdad, para burlarse de los estúpidos, decía que la lengua y el papel podían con todo. Sino que le pregunten a quienes se están saliendo de los chiros con la matricula cero. No soportan que se les lleve la contraria.

Quienes no están interesados en el poder han llegado al consenso que la matricula cero poco va a ayudar.  En primer lugar, porque esta iniciativa ya muchos departamentos y ciudades la habían asumido. En sí lo que se hizo fue que el costo de la matricula que la pagaba cualquier miembro de la familia ahora lo asume el Estado. Lo otro que es una medida que apunta a quienes ya están incluidos en el sistema educativo. ¡No se ha ganado nada!

Si ello es así, entonces cuál es el problema de estos aguafiestas que no le ven nada bondadoso a la matricula cero. Los expertos plantean que el problema verdadero es cómo ampliar los cupos ya que los estratos del 1 al 3 son muy pocos los que llegan a la Educación Superior. El ejemplo de Bogotá, y que se puede extender para el resto del país, es que, de 771.000 matriculados en las universidades, 524.184 estudiantes (el 70%) se encuentran en el sector privado. En las universidades del Estado que están registrados 229.129 estudiantes, no todos son del estrato 1, 2 y 3.

Lo que dicen la cifras es que los estratos del 1 al 3 no tienen chance de educarse. Se dice que el problema de acceso a la Educación Superior de dichos estratos no es el pago de matrícula, ya que su costo es bajo, sino de cupos, de cobertura. Y el ejemplo más patético es el de la Universidad Nacional que reciben menos del 10% de quienes se inscriben. Y eso mismo pasa con en el resto de las Universidades estatales.

En la Constitución colombiana está establecida la mentira que la educación es un derecho. Bajo este argumento todos tendrían la misma posibilidad de ingreso, pero lo cierto es que en la práctica lo que se presenta es un problema de inequidad. Ya que solo podrían ingresar los egresados de los colegios con mejores puntajes y que en Colombia corresponde a los colegios privados donde van los estratos 4-5-6, y algunos colados de los otros estratos. Con una educación de garaje, como es la educación pública, de nuevo los estratos 1, 2 y 3 tendrían poco chance de competir con los colegios privados de dedo parado.

Y entonces dónde está la solución.

Quienes solo están pensando en el billete la solución que presentan es que quienes no pueden ingresar a la universidad por falta de dinero, esto se resolvería con subsidios como los que se dan a través de Ser Pilo Paga, o, la actual Generación E. El problema es que no todos serían beneficiados. Por tanto, seguir con este embeleco es otra farsa.

Por otro lado, están los expertos que sugieren que la ampliación de la cobertura podría darse si el sistema educativo comienza a revisarse. Pasar de una universidad congelada que está diseñada para unos pocos cupos, a una universidad por demanda donde el modelo curricular sea flexible. Un estudiante que construya su propio plan de estudios acorde a sus necesidades, con planes de estudios más cortos y menos engorrosos. Y no como sucede ahora que el estudiante está a merced de un plan de estudios que le genera pereza porque los contenidos de la asignatura no están acordes con lo que está soñando.

Pero para ello la universidad tendría que pararse en el siglo XXI. Preguntarse si los contenidos que se imparten en las asignaturas están en sintonía con lo que el estudiante está buscando. Por qué como dice los expertos, la deserción obedece más al hastío que siente el estudiante al enterarse que lo que se imparte en el aula no corresponde con sus propios deseos.

Así como está el modelo educativo para lo único que sirve es para sacar un egresado mal educado, mal entrenado y mal ocupado (es decir, que se va a emplear en algo para lo cual no estudió) y, en el peor de los casos, endeudado.

Pero una revolución en la educación superior se necesitaría del concurso de los expertos. Y no de los pelafustanes de salón.

Así suene feo pareciera que en tema de educación los que salen a las manifestaciones no tienen idea qué es lo que están exigiendo. Y los pocos que lo saben están defendiendo lo que ya tienen.

La inmensa mayoría de jóvenes que están saliendo a la calle, son los que llaman la Generación ni-ni (ni estudian, ni trabajan). Ellos son los que están por fuera del sistema educativo y los está moviendo es la desesperanza, el no futuro. Ellos no tienen nada que perder. Y en eso se parecen a los anarquistas de finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX.

Que la izquierda y la derecha no se equivoquen. Las masas rebeldes no buscan amos. Ellos, los de la Generación ni-ni, son libertarios. O como decía el benemérito anarquista Mijaíl Bakunin: “Sin Dios y sin Estado”.

miércoles, mayo 19, 2021

El Covid juega contigo

 Raúl Ramírez 

Raúl Ramírez
El pánico me perseguía con obsesión. Un pariente cercano murió irremediablemente dejando dos pequeñas niñas huérfanas. ¡Que dolor!   ¡Que impotencia! El paso demoledor de ese maldito virus nos ataca a todos. Lo más incomprensible es que ya le perdimos el temor. Andamos sin conciencia pavoneándonos en todos los sitios como retándolo a que nos atrape. Eso somos, así somos, desafiando la tragedia.

Vemos y escuchamos las terribles historias del covid-19 como si fueran películas y no vivencias. Todos revueltos, tal vez inducidos por la necesidad o tal vez por la negligencia, abarrotamos los supermercados, los centros comerciales y las calles del comercio. Hasta armamos fiestas familiares donde todos se contagian.  No solo es Colombia, así es en todo el mundo.

De repente una tos premonitoria altera la tranquilidad de mis días, en casa me dicen: “pilas que esa tosecita es sospechosa”. Yo me hago el de las gafas y digo: con pastillas de miel me la quito. Y me chupé dos sobres seguidos y nada. Desde aquel 28 de abril la preocupación crecía; el 1 de mayo me agarró en la calle un aguacero y me “lave” antes de conseguir un taxi. Obviamente la cosa se puso peor, llamamos al médico familiar y ordenó exámenes que me tomé al día siguiente y listo, nada que hacer. El médico anunció: “tienes Covid-19 SARS-CoV-2; aíslate inmediatamente”!

Los síntomas tenían confundido al médico que no encontraba la simetría de las cosas. No me dolía nada, ni coyunturas, ni el cuerpo, ni la cabeza, ni perdí el olfato, ni tenía dificultad respiratoria; fue cuando concluyó que me había atacado tal vez otra variante. Me indicó un tratamiento intravenoso de tres medicamentos más vitamina C. Cinco días continuos. El apetito lo perdí y me acompañaron unas horribles nauseas permanentes y una repugnancia total a la comida, por lo cual duré seis días sin tomar alimentos tradicionales. Lo intente varias veces, pero no me bajaba, además de sentir todo muy salado.  Sentía que al masticar todo se me devolvía por el esófago y no podía comer. Luego al llegar la noche me di cuenta de que tampoco podía dormir, me dio insomnio. ¡Que desespero! La segunda noche igual y va uno perdiendo la paciencia y siente deseos de salir corriendo.

¡Llamé al médico y le dije: ¡ayúdeme, no puedo con esto! No quería hablar con nadie, ni celular, ni mirar televisión, nada.

Me sostuve con jugos de frutos rojos que el mismo Dr. me recomendó y que mi esposa y mi hija con toda la paciencia y el cariño me prepararon; además de brindarme todo su apoyo y su ayuda durante esos días infernales. Me sentía débil hasta para bañarme.

Al ver mi angustia el médico reforzó el tratamiento y comencé a dormir mejor y se fueron retirando las náuseas, ¡qué maravilla! Comencé a comer de a poquitos y a dormir despertando solo una vez en la noche.

Todo comenzó un 28 de abril y hoy 18 de mayo, aunque me falta recuperar toda mi vitalidad, siento una gran mejoría. Ahh! ¡No todas las historias tienen finales felices, cuídate! El virus te está buscando y si te atrapa juega contigo a la ruleta rusa… no sabemos qué pasará.

sábado, abril 24, 2021

La casona de los Tehuta

Raúl Ramírez                                                                                                                                   

Cabalgaba en el tiempo la década de los 70s, años dorados de la bonanza marimbera y antesala de la época de terror del narcotráfico en Colombia. Me encontraba estudiando en el colegio San Pio X con el cura Manuel Manolo Cardona; presbítero educador con mano de hierro del cual recibí un par de muendas por indisciplinado.

En la floreciente población de Armero había una vieja casona grande que albergaba a una familia en la que algunos eran hermanos casados con hermanas. A simple vista parecía una comunidad gitana por la algazara en que vivían. La casona había sido diseñada con los albores de la ciudad, que siempre mostró su liderazgo comercial en la región, y su estructura se distribuía en forma de U, con una batería de baños, lavaderos y sanitarios en el centro y amplios pasillos; además contaba con un patio enorme donde a veces jugaban los hijos grandes y pequeños. Yo andaba en los 14 años tal vez y vivíamos en la casa de enseguida, donde don Marcos, el papá de Orlanda la enfermera, una morena servicial de ademanes varoniles.

Al mirar de frente la casona de los Tehuta se destacaban sus tres escaleras piramidales debajo de sendas puertas para ingresar a las habitaciones que daban a la calle y un portón grande que permitía el acceso general. Estaba pintada de blanco con sócalo y puertas color azul cielo y sus pasillos tenían columnas de madera con pisos resquebrajados en cemento. Yo permanecía la mayor parte del día allí para jugar y hacer mandados; la mujer de Benjamín Tehuta, Cecilia, una cuarentona agraciada y peliteñida gustaba que yo le hiciera esos oficios porque no me demoraba.  Cecilia tenía dos hijos el pequeño Leonardo y Victoria una hermosa colegiala adolescente de 17 años que ya tenía de novio a un jugador del equipo de futbol Racing Club de Armero. Benjamín se desempeñaba como pintor latonero y tenía fama de buen trabajador, aunque “muy incumplido”, según decía Alfonso “El Burro”, antiguo administrador de la hacienda “La Vuelta” del millonario don Julio Rebolledo.

En una de esas habitaciones vivía Blanca Tehuta, de estatura mediana y tez blanca, prostituta de profesión, quien atendía un burdel en la salida del pueblo, donde se daban cita parroquianos campesinos para divertirse con el grupo de rameras que ella administraba.  Sus hijos eran Henry, German, Doris y la niña Liliana, muchachos que gozaban de la admiración de todos por ser los más educados y decentes del grupo, pues no se les oía ni una sola palabra soez en el trato con los demás habitantes de la casona; a pesar de que Blanca se destacaba por su lenguaje cotidiano obsceno y mordaz.  

Alberto Tehuta habitaba en otro cuarto, era el soltero de la familia, también pintor latonero que trabajaba al lado de Benjamín. Contiguo pernoctaba Martin Tehuta “El conejo”, quien en ese entonces había llegado de Venezuela donde había dejado su familia. Vaya Ud. a saber qué fantasmas perseguían a este pobre hombre. Él también tenía el mismo oficio que sus hermanos varones.

En el otro extremo de la casona ocupaban habitación Eduardo Tehuta con su mujer Martha “La negra” y sus hijos Marthica de 13 años y Miguel de 6. Igualmente, hacia parte del equipo de trabajo de Benjamín. Unos se movilizaban en motocicletas y otros en bicicletas. Allí se convivía en una rara armonía, que se podía palpar en los juegos y distracciones de los pequeños y los inconvenientes que por naturaleza ocurren entre los adultos. En épocas festivas toda la familia y amigos se aglutinaban para bailar alegremente, alrededor del viejo equipo de tocadiscos marca Sharp que tenía Cecilia en su habitación.

Mi amigo más próximo era Henry, el hijo de Blanca, con quien frecuentábamos las discotecas y bailaderos y compartíamos el juego a la pelota. Era un muchacho simpático buena onda que gustaba de estar a la moda con sus camisas a cuadros, pantalones de bota ancha en terlenka y zapatos de plataforma. En raras ocasiones nos íbamos de “gotera” con el gordo Danilo, un carnicero vecino que tenía fama de gustarle los hombres y gozaba repartiendo licor entre los jóvenes que departíamos con él en la “piscina playas marinas”, bailadero popular que se mantenía atiborrado todos los fines de semana.

Una tarde solaz llego Henry para que lo acompañara en la moto de su tío Benjamín a comprar unos buñuelos, pero no pude ir porque me habían contagiado con paperas; fue el mismo día que me fui al apartamento del lado por el patio interior donde vivía don Marcos, a ver el “Llanero solitario”: Me lleve tremendo susto porque al sentarme silenciosamente en la puerta entre-abierta para mirar televisión, ya que nosotros no teníamos televisor, encontré a Orlanda la enfermera en agitada faena sexual junto con su amiga la profesora Ligia. Quedé impávido y sin saber qué hacer… al instante me descubre Orlanda al tiempo que estalla en sonora carcajada diciendo: ¡Ay Jueputa y de dónde salió este chino marica! Salí corriendo de allí envuelto con la misma cobija que llegué y no le dije nada a nadie.

Todos los Tehuta varones eran marihuaneros, menos Henry, a pesar de convivir en medio de ese ambiente de viciosos que se reunían en el taller de su tío, no solo a reparar carros sino, para compartir unas bocanadas del pestilente humo del cannabis.

Mercedes Tehuta, y su hijo Jerónimo Pinto vivían en otra casa cercana. En las largas y calientes noches de verano salíamos a jugar al frente en la calle, con el balón de Jerónimo, quien hoy me recuerda a “Kiko" el del "Chavo del Ocho”. Él decía quién jugaba y quién no; era el niño rico de toda esa manada de jovencitos que nos reuníamos a divertirnos. Siempre iba con su impecable uniforme, zapatos tenis costosos y su pelota de cuero. Los demás jugábamos descalzos y descamisados.  Pasábamos horas corriendo tras la pelota hasta que salían las mamás a llamarnos para que fuéramos a dormir.

Esta rutina se vivía todos los días; pero con Henry y otros grandecitos nos íbamos a rondar las discotecas y bailaderos los fines de semana, para bailar con las muchachas o simplemente a plantarnos a mirar el baile de los demás.

Era esa época donde yo hacía tránsito de la pubertad a la adolescencia y exploraba múltiples descubrimientos y experiencias que comenzaron a formar mi personalidad. Nunca quise fumar y cuando me daban aguardiente lo tiraba por debajo de la mesa sin que se dieran cuenta, motivo por el cual me mantenía sobrio mientras los demás se tambaleaban de la borrachera, así cogí fama de verraco para beber.

Disfrutamos de paseos de olla al rio Sabandija, a donde nos trasladábamos en un camión grande que se llenaba con toda la gente de la cuadra, en medio del jolgorio y la música de la grabadora gigante que Alberto se complacía en llevar.

Recuerdo que recién aprendí a montar en bicicleta, Cecilia me mando a llevarle el almuerzo a Benjamín, siempre fui a pie, pero ahora quería ir en bicicleta y a pesar de los cuestionamientos de Cecilia, agarré el portacomidas en una mano y con la otra manejaba. Lógico, no era muy diestro en ello, pero terco sí. Pues fue así como a las pocas cuadras de allí frente al hospital San Lorenzo, con la llanta delantera de la bici pisé una pequeña piedra y perdí el equilibrio cayendo aparatosamente con todo y el almuerzo, el cual quedo esparcido por toda la calle. Ese día por poco me linchan en la casona cuando regrese todo lacerado a contar lo que me había ocurrido.

De la casona de los Tehuta no sabía nada desde 1981 cuando salí del pueblo. No sé cuántos Tehuta se salvaron de la terrible tragedia que se llevó a Armero aquel 13 de noviembre de 1985, yo vivía ya en Mariquita donde trabajaba con la radiodifusora local. Después de varios años pasé a laborar con gaseosas Glacial, con una carta de recomendación de lujo que me dio mi exjefe Gustavo Garay. Desde que llegue hice grandes amigos como “El mono Jaramillo” y enemigos; entre ellos Orlando Valencia, su gerente, quien me despidió fulminantemente y sin justa causa, después que le pedí audiencia para contarle confidencialmente que un contratista publicitario amigo suyo se estaba robando descaramente y en cantidades alarmantes los materiales que se les daba para su trabajo.

Cuando estaba leyendo la carta de despido, aquel 13 de noviembre de 1993 a las 11:50 de la noche, después de llegar de una extenuante jornada de trabajo, razoné: ¡uy!  Le conté al mismísimo jefe de la banda.

Me fui a Cúcuta a trabajar con la competencia y obtuve muchos logros, tanto que me ascendieron como  jefe de ventas y me enviaron a la planta de Mariquita, a donde retorné cuatro años más tarde con el dulce sabor del éxito.

Fue en una salida de visita al mercado en la vecina población de Lérida, donde conocía a varios amigos, que me baje del Jeep de la empresa y camine donde uno de ellos para conversar sobre los viejos tiempos cundo estuve por esas tierras laborando con Glacial; al tiempo se acercaron dos personajes hombre y mujer harapientos, mendigos, malolientes y con fuertes rasgos de abandono. Interpelándome me dijo: “Uy!... Ud. es Raúl cierto?... le ha ido bien…, Venga pase pa´ la gaseosita”     

La mujer se quedó más distante desde donde me dijo con tono irónicamente cantado: “Qué hubo Raúl…ya no conoce!, ¡jueputa la plata jode!

Entonces interrumpí lo que estaba haciendo y me concentre en sus caras sucias haciendo un esfuerzo por descifrar esos rasgos que me eran familiares. Con algo de desespero y esforzándose por hacer creíbles sus palabras el hombre fijándome la mirada insistió:

“¡Soy Jerónimo, Raúl, Jerónimo Pinto y ella mi tía Blanca Tehuta!”

 Ibagué, abril 19 de 2021

domingo, abril 18, 2021

NADIE SE MUERE LA VÍSPERA

 Raúl Ramírez


Fue durante un fin de semana, recién había sido arrasado el municipio de Armero por la avalancha del cráter arenas del volcán nevado del Ruiz aquel 13 de noviembre de 1985, promediando las once de la noche.  Había pasado tan poco tiempo, que la alegría parecía haber sido secuestrada por la soledad. No obstante, chispazos fiesteros parecían escaparse de una que otra cantina anhelante de los jolgorios del pasado reciente, que habían sido sepultados al tiempo que los 25 mil pobladores armeritas. Una brisa suave y fresca inundaba cada rincón de aquel pueblo vecino, que sentía la necesidad de levantarse nuevamente para recuperar el tiempo y las emociones perdidas. Mi amigo Arlid Rivera “Rivemar” y yo estábamos conversando en compañía de dos cervezas bien frías, en el bailadero “La Carreta”, ubicado en pleno centro de Mariquita, la cuna de la expedición de Mutis. Parroquianos trasnochadores subían y bajaban por el camellón del comercio como aplazando sin fundamento la hora de dormir; ya habían sonado las doce campanadas que daban la bienvenida a aquella madrugada.
Raúl Ramírez

El ambiente estaba amenizado por los aires tropicales de las orquestas amplificadas en los parlantes de “La Carreta” y los minutos transitaban sin afán ni novedades. Bailando sin cansancio estaba “Lito”, quien después de una ardua jornada transportando reses, había llegado en su pequeña camioneta Ford de estacas a la discoteca, para darse un toque de recreación que bien se lo merecía. Mas allá y bastante “entonado” se veía a Marcos el carpero, el hijo de doña María, que no le fallaba a la rumba y a la toma de cerveza junto a varios de sus amigos.

Raudo frente a nosotros paso en su motocicleta Yamaha Calicmatic 175“Estrada”, personaje que se destacaba por su desparpajo, pero también por su gran lealtad con los amigos. Marcos el carpero había llegado en su destartalado Renault 4, rojo descolorido, que le servía para sus conquistas amorosas; aunque para lograr la atención de las damiselas siempre se preparaba al tenor de unos tragos que le hicieran perder el pudor y la timidez que lo caracterizaban.

Estrellando las palmas de las manos “Rivemar” llamo la atención del mesero y ordeno otras dos cervezas bien frías, yo no tenía dinero para corresponderle la invitación, pero aun así “Rivemar” se complacía con mi presencia y yo, por supuesto con la suya. Aunque el pueblo dormía apaciblemente en la penumbra, la música y las luces psicodélicas entorpecían la tranquilidad que contrastaba en el sector residencial. Nadie se ocupaba de los detalles, cada uno vivía en su momento y el licor ya comenzaba a imponer sus alucinaciones.

Rivemar” y yo andábamos en su motocicleta Honda 250, pero no teníamos problemas de alcohol porque solo bebimos 3 cervezas cada uno en todo el rato que estuvimos allí. Un poco más tarde “Estrada” llegó cerca de donde estaba Marcos el carpero, quien de inmediato salió a recibirlo brindándole un trago de bienvenida. Después de cruzar unas palabras fiesteras y recordarle como lo hace todo borracho que “yo a Ud lo quiero mucho”, a la vez que le colgaba un abrazo fraternal.

Terminado el protocolo fiestero entre Marcos y “Estrada”, se pusieron de acuerdo en intercambiar los vehículos; “Estrada” le entrego la motocicleta a Marcos quien la dejó parqueada a un lado del sitio donde estaba y le dio las llaves del carro a “Estrada” que salió cual flecha sin destino.

Marcos Antonio Muñoz "El propio"

No habían pasado más de 10 minutos desde que “Estrada” deambulaba en el destartalado Renault 4 por las soñolientas calles de Mariquita, el reloj mostraba algo más de la una de la mañana. En un instante de euforia, Marcos el carpero corrió hasta la motocicleta y con cierta dificultad la aborda y de ipso-facto le da la primera patada de encendido, el ruido ensordecedor llamo la atención de quienes estaban en la calle disfrutando el sereno veraniego; de repente Marcos acciona la palanca de cambios y suelta de forma imprudente el clocht produciendo una estampida infernal que hizo a la motocicleta literalmente trepar por el grueso árbol de manga que estaba frente al bailadero. El efecto gravitacional hizo que la moto se devolviera con todo y Marcos jineteado cayendo violentamente de espaldas sobre el pavimento, a la vez que el aparato encima. Se sintió un golpe seco provocado por el choque de la cabeza de Marcos contra el piso. La gente quedo perpleja casi que petrificada, al observar cómo se expulsaba por la boca de Marcos el carpero, enormes borbotones de sangre que fueron inundando todo alrededor de su cabeza. La motocicleta se revolcaba a un lado del cuerpo moribundo, que convulsionaba como si estuviera danzando con la muerte.

Rivemar” y yo solo pudimos ponernos de pie y nos dijimos sin hablarnos, ese hombre no puede morirse ante nuestras miradas indiferentes y de una vez saltamos a la calle y convocamos el socorro entre los presentes.

¡Gritamos un carro! un carro! un carro!  Y nadie se ofreció. La escena macabra de Marcos seguía sin parar y sentíamos que los minutos que pasaban eran valiosos para poderle ofrecer una posibilidad de vida. De repente salió “Lito” y con gesto tosco pero solidario dijo: “yo presto el carro, pero échenlo atrás”.  Era la camioneta Ford de estacas cuya carrocería estaba llena de cascarilla de arroz y mierda, pues en ella se transportaban las vacas en el pueblo. “Rivemar” y yo corrimos y tomamos a Marcos de los pies y de las manos y balanceándolo varias veces para coger impulso, esperábamos que “Lito” abriera las compuertas y sin medir palabras lanzamos el cuerpo ensangrentado de Marcos sobre el planchón del vehículo. 

Salimos de inmediato al hospital que estaba a pocas cuadras del lugar del accidente, con el cuerpo de Marcos el carpero revolcándose entre la inmundicia, pero buscando esa ayuda que se anhela cuando no ha muerto la esperanza.  La camioneta ingresó con cierta dificultad al área de parqueo en las urgencias del hospital San José, por las condiciones del terreno ondulado en la portería; aquí dejamos a “Lito” con otros curiosos tramitando la asistencia humanitaria para aquel pobre hombre caído en desgracia.

Arlid Rivera "Rivemar"

Con “Rivemar” salimos en su moto a buscar una ambulancia para trasladar a Marcos para la capital, Ibagué, en vista de la gravedad de su condición. Con las pocas indicaciones sobre el lugar donde pernoctaba el conductor de ese vehículo, lo ubicamos y con nerviosismo y afán le dijimos que viniera para prestar este servicio, a lo cual respondió: “Esa ambulancia no tiene llantas buenas y en esas condiciones yo no voy a ningún lado”. Salimos sin perder tiempo y fuimos a buscar la ambulancia de la defensa civil y una vez en el lugar nos respondieron a nuestra solicitud: “Esta ambulancia está varada”.

Nuestra angustia crecía y no teníamos alternativas que pudieran solucionar esta necesidad de traslado a un hospital de mayor complejidad al agonizante Marcos. Ya eran cerca de las 2 de la mañana y resolvimos ir donde doña María, la mamá de Marcos, para ponerla al tanto de la terrible situación de su hijo. Nos sentíamos impotentes para comunicar esa desconsoladora noticia. Podíamos generar otra tragedia al decirle a doña María que Marcos estaba moribundo en el hospital y sin posibilidades de enviarlo a la capital para que lo auxiliaran con mejor equipo médico y quirúrgico.

No hay de otra, dijimos, la viejita tiene derecho a saber la verdad de una vez. Y llegamos frente a la casa de Marcos el carpero, acompañados por la soledad y el silencio de la noche. Con premura tocamos la ventana y al ver que nadie abría, voz en pecho dijo “Rivemar”: “Doña María, es que Marquitos tuvo un accidente y está muy grave, se está muriendo en el hospital… Y doña María con voz de matrona trasnochada respondió con fuerza: “Que se muera ese hijueputa que me tiene aburrida con su vagamundería” … Sorprendidos “Rivemar” y yo hicimos una mueca desconcertante acompañada de una macabra carcajada.

Regresamos de inmediato al hospital pensando que tal vez ya Marcos el carpero hubiese muerto, pero no, ya lo tenían afuera en una camilla, bañado, esperando un transporte para llevarlo al Hospital Federico Lleras de Ibagué. El médico que salía de turno era el Dr. Castaño, galeno de gran experiencia, y antes de irse a su casa después de cumplir su jornada lo miró y vio que de sus dos oídos corrían sendos hilos de sangre por lo cual dijo en tono pausado y pesimista: “Tiene fractura de cráneo, no creo que se salve”

La impotencia nos alcanzó a todos… El silencio se hizo sepulcral.

Repentinamente como caído del cielo llegó “El Tuso” en el Renault 4, que había recibido de “Estrada” hacía pocos minutos con el encargo de llevárselo a Marcos en la mañana siguiente; “El Tuso “que había vivido en carne propia la angustia de la muerte, pues en la historia de su vida registraba ocho impactos de bala en su cuerpo en circunstancias que pocos conocían,  y acabándose de enterar de la trágica noticia,  se bajó con desespero y al saber que no había ambulancias,  tomó a Marcos entre sus brazos y lo colocó en la parte trasera del vehículo sin ningún tipo de ayuda clínica como oxígeno o cualquier otro elemento que permitiera mantenerlo vivo.  El Tuso” salió como un bólido en el vetusto “cacharro” desde el hospital rumbo a Ibagué; con “Rivemar” salimos detrás corriendo a mirar cómo se perdía el carro entre la oscuridad y la distancia.  Bueno... dijimos. Hicimos todo lo posible.  Y con la sensación del deber cumplido bajamos por la motocicleta para regresar a nuestras casas. Al tomar la calle de repente la sorpresa fue aún más grande, “El Tuso” venia muy veloz de regreso con Marcos moribundo tirado en el asiento trasero del destartalado Renault 4.

¿Qué pasó? le gritamos desde la motocicleta cuando lo alcanzamos.

 Respondió sin bajar la velocidad y sacando la cabeza por la ventanilla: ¡Este hijueputa carro no tiene gasolina!!

Después de todas estas penurias, por fin “El Tuso” en medio de peripecias, pudo llevar a Marcos el carpero y dejarlo en Lérida, desolado municipio a unos 45 km al sur de Mariquita, donde encontró una ambulancia que luego lo trasladó al hospital más importante del Tolima.

Pasaron varios meses cuando una tarde de caminata por los lados del sector donde se parqueaban los transportadores de pasajeros; el negro Marulanda, aquel negrito buena gente que ronda las calles del pueblo como un fantasma, me llamó gritando y agitando sus brazos. Me acerqué y lo saludé, estaba con un amigo que sonreía alegremente. Entonces el negro Marulanda le dijo señalándome: ¿Marcos, conoce a este señor?  Le respondió con risa nerviosa y cogiéndose la cabeza: No, no sé quién es. El negro replicó: fue él con otro amigo, “Rivemar”, los que lo recogieron del suelo esa noche y le salvaron la vida.

Marquitos el carpero, a quien todos le dicen “El propio”, semanas después recobró su memoria y siguió trabajando muchos años como fabricante de carpas para vehículos en casa de su mamá, la matrona doña María.

Sentado a la orilla de estos recuerdos hizo eco en mi memoria un refrán del dominio popular que tiene más razón que un putas! Me dije: ¡nadie se muere la víspera!

Ibagué, octubre 26 de 2020

sábado, marzo 27, 2021

La masacre de Kronstadt

 Armando Moreno Sandoval

Este 2021, se cumple 100 años de la masacre de Kronstadt. Fue el primer crimen de la revolución a nombre de la revolución. Kronstadt ha sido silenciada por simpatizantes, militantes, grupos y partidos de izquierda. Es una vergüenza. Pero el problema no es ese. Lo que en un principio lo sería para dar cuenta de los crímenes de izquierda, con el correr de los tiempos, se fue convirtiendo como un símbolo para cualquier ideología. Hoy masacra cualquier sátrapa que esté en el poder.

Para entender lo dicho vale retomar al olvidado pensador liberal Karl Popper. Odiado tanto por la derecha como por la izquierda, solía afirmar que no se justificaba muerte alguna a nombre de ninguna ideología. El siglo XX sí que nos enseña qué es eso. Ahí están los totalitarismos fascistas, nazistas y comunistas. Sus nombres aun retumban en las mentes del pensamiento libre: Stalin, Mussolini, Hitler. Tras esa estela de nombres le siguen unos dictadorcitos y autócratas menores de sangre putrefacta y negra.

La primera vez que supe de Kronstadt lo leí siendo muy joven en las letras del historiador inglés Paul Avrich. Su libro Los anarquistas rusos, cuya edición en inglés data de 1967, tenía el privilegio de cuestionar la concebida mirada de la Historia desde los vencedores. En dicho libro se relata que los verdaderos protagonistas de las revoluciones de 1905 y la de febrero de 1917 (la llamada revolución de octubre o Bolchevique) fueron los anarquistas rusos, los llamados también libertarios.

Pocos meses después del triunfo de la revolución, el desorden y la guerra civil fue el pan de cada día. Entre tanto, los anarquistas al ver el desbarajuste en que se había convertido la Revolución, ellos por su lado tratarían de llevar su programa de acción directa por la que habían luchado y entregado sus vidas. Fieles al pensamiento anarquista empezaron a llevar a cabo la destrucción de las instituciones estatales, a exigir el traspaso de las tierras y de las fábricas a las manos de los trabajadores, a exigir el control de la producción a los obreros, a exigir la organización de las milicias populares y a exigir la creación de comunas en el campo y en la ciudad.

No obstante, a la par que los Bolcheviques iban haciéndose al control del poder sus dirigentes empezarían a relucir sus colmillos. Quienes habían contribuido con la Revolución comenzarían a presenciar cómo la policía política hacía de las suyas: encarcelamientos, represión y asesinatos de anarquistas y social- revolucionarios; el racionamiento de los alimentos apretaba el estómago del pueblo mientras la jerarquía gozaba de privilegios a sus anchas; la confiscación de cosechas y exacción de alimentos a los campesinos se hacía norma; el cañón frío del fusil en las espaldas era el encargado de recaudar los impuestos; el hambre y la desesperación eran escenas cotidianas. La Revolución por la que habían luchado era otra cosa. La Edad de Oro de la libertad y la igualdad plenas que habían soñado los anarquistas era reemplazado por el terror y el miedo.

¿Pero qué fue lo que pasó en la ciudad de Kronstadt? Entre el 1 y el 18 de marzo de 1921, los marinos de Kronstadt en la isla Kotli fueron masacrados por los líderes que habían ayudado a encumbrar. Los mismísimos Vladimir Lenin y León Trosky —este último que luego sería asesinado por orden de Joseph Stalin y su muerte silenciada por todos los Partidos Comunistas del mundo— habían dado la orden: ¡mátalos!

Los anarquistas rusos que fueron tildados de “contrarrevolucionarios” resistieron como pudieron. Pero la fuerza del Estado Bolchevique que los superaban en armas y en hombres terminarían venciendo. Fueron miles los muertos de lado y lado. Las palabras de León Trosky aun retumban, no por lo que dijo, sino por la hipocresía revolucionaria que encierra. Él sabía muy bien que el triunfo de la Revolución Bolchevique se debía a los anarquistas rusos. Aunque en 1917 lo reconoció al decir que “son el orgullo y la gloria de la revolución”, años más tarde, en 1921, diría: “Los cazaremos como faisanes”. Y así fue.

Alexander Berkman (1870-1936)
¿Pero por qué se dio la masacre? La respuesta está en las memorias La rebelión de Kronstadt del venerable anarquista ruso Alexander Berkman. En el se encuentra el pliego petitorio de 15 puntos que hacían los marinos. Todos giraban alrededor de un mismo tema: libertad. Algo que los intelectuales de izquierda le gustan callar de los socialismos cuando viven bajo el manto de la democracia liberal.

Así como se lee. Eran solo 15 puntos y en ellos los marinos solo pedían elecciones libres y secretas, libertad de manifestación, de reunión, de palabra, de prensa, liberación de presos políticos socialistas, alto a la confiscación de víveres, libertad económica a los campesinos para poseer tierras y ganado, libertad para crear pequeñas industrias domiciliarias, etc, etc.

Los áulicos de la Revolución Bolchevique, utilizando la máxima de que los vencedores tiene el derecho de escribir la Historia, dirían que los marinos buscaban volver atrás. ¡Nada más falso! Estaban lejos de proponer la vuelta al régimen que habían ayudado a derrocar. Lo que pedían era libertad dentro del socialismo.

El sociólogo estadounidense Daniel Bell quien conocería al venerable anarquista alemán Rudolf Rocker, este le contaría cómo los bolcheviques se habían apoderado del discurso anarquista para adueñarse del poder a nombre del pueblo. A la vez que usaban consignas anarquistas como “la tierra para el pueblo”, por otro lado, se dedicaban a destruir la esencia de la teoría anarquista: los sóviets, consejos libres de trabajadores y soldados.

En este siglo XXI donde la postverdad se ha instalado, es decir, de que la verdad no importa, sino lo que la gente cree, valga recordarles a las actuales generaciones (hombres y mujeres) que los hechos son unos y que la interpretación es otra.

Kronstadt existió y fue la primera matanza de proletarios ejecutada por un Estado que decía representar al proletariado.

Kronstadt también enseña que los simpatizantes de cualquier ideología deben quitarse las vendas de los ojos para confrontar la realidad de cualquier régimen. Aunque es irónico decirlo, muchos intelectuales de derecha e izquierda del mundo entero, pero sobre todo latinoamericanos, se niegan a quitarse las vendas.

¡Qué desgracia!


domingo, marzo 14, 2021

Estar enamorado

 Armando Moreno Sandoval

 Helen Fisher autora del best-seller El Primer sexo es en la actualidad la que más sabe sobre el amor. Así como lo lee: sobre el amor.

Me hubiese gustado escribir este texto con un lenguaje cursi. Algo así como si fuera la letra de un bolero. Pero la Fisher lo ha echado todo a perder. Ella es antropóloga con un doctorado en neurociencias. Con esta formación ha desestimado un poco el rollo de las humanidades para tratar de entender el amor por la vía de la ciencia.

Si nos volvemos un poco mundanos, la pregunta del millón, y que nos asalta a diario es por qué nos enamoramos. Por qué esa persona y no otra, respuesta difícil dice Fisher.

Hablar sobre el amor es muy cuqui para estos tiempos que nos asecha el coronavirus. Y que mejor que leer a Fisher para encontrar la respuesta.

Ella nos dice que no basta entender la cultura, la infancia, la experiencia, sino que también hay que entender la biología del comportamiento de cada individuo porque cada uno es un caso particular y así entender cómo ha sido construida la personalidad. Estamos determinados por la biología.

Y es que para explicarnos qué pasa con el amor no lo hace a través de los boleros de Armando Manzanero o de la poesía amorosa del chileno Pablo Neruda sino, quien lo creyera, utilizando máquinas muy sofisticadas y costosas como el escáner con resonancia magnética que desmenuza el cerebro.

Gracias a esas máquinas tan frías como un cubo de hielo, descubrió que en el cerebro existen circuitos cerebrales donde se aloja amor romántico, el deseo sexual y el apego.

De los tres sentimientos el amor romántico es el más guay porque es el que más le encanta a la gente. Si el deseo sexual lleva al Homo sapiens a buscar un abanico de compañeros, en el amor romántico se le gasta energía a una sola persona. Es cuando se resigna a quedarse con uno solo porque hay compromisos de pareja. Como ejemplo, educar a un hijo. O cuidar a la suegra así mate a un gato de un solo grito.

El amor romántico es por lo general empalagoso. Cuando se enamora las babas caen por las comisuras de los labios. Pero este amor es peligroso, se centra en lo que gusta. No tiene defectos. Todo es un encanto. Es obsesión pura. Es lo más parecido a tener mariposas en el estómago. Lo que dice la pareja es todo un suspiro.

Con el amor romántico todo marcha bien, todo es euforia. Pero cuando se acaba, vienen los problemas. Saltan los defectos y es cuando viene la bala, la puñalada trapera, la traición, el suicidio. El ya no te quiero.

La fuerza del amor romántico tiene una explicación en la teoría de la evolución de Charles Darwin. Que la búsqueda de pareja tiene como fin el de reproducirse para evitar su extinción. Si no es así, entonces, para qué el amor. Suena paradójico que así sea ya que el 97% de los mamíferos no se emparejan para criar sus hijos. Cosa curiosa que esto suceda en el Homo sapiens.

Para comprender a los enamorados, y aquí viene lo bueno, Fisher los ha venido sometiendo al escáner cerebral. Lo que en lenguaje coloquial llamamos el flechazo, la “química” de pareja. Ella afirma que en el cerebro encontró cuatro sistemas relacionados con los rasgos de la personalidad. Ellos son: la dopamina, la serotonina, la testosterona y los estrógenos.

Para explicar cómo se conectan los rasgos de la personalidad con la dopamina, la serotonina, la testosterona y los estrógenos aplicó una encuesta a más de 14 millones de personas en 40 países. A los que quienes tienen dopamina muy alta los llamó exploradores. Son personas que buscan novedades y corren riesgos, son curiosas, creativas, espontáneas, enérgicas, flexibles y que se sienten atraídas por personas como ellas. Las personas con serotonina alta, las denominó constructoras. Son tradicionales, convencionales, normativos, respetan la autoridad, planifican hasta los horarios y sus rutinas. Son religiosas y les atraen personas como ellas. A la gente con testosterona alta los denominó directores. Suelen ser analíticos, lógicos, directos, decisivos, tenaces, escépticos. Se les dan bien cosas como las matemáticas, la ingeniería o la música. Tienden a buscar a su contrario. A los de estrógenos altos los denominó negociadores. Tienen imaginación, piensan en contexto y a largo plazo. Por lo general se da entre las mujeres y buscan a su contrario.

Dos sentimientos relacionados con estos rasgos de la personalidad es el amor a primera vista y el amor ciego.

El amor a primera vista es muy difícil de explicar. La dopamina la encargada de este amor se activa fácil en el cerebro. Es una ruta muy primitiva que atraviesa el cerebro. La dopamina que da esa sensación está justamente al lado del circuito cerebral que produce el hambre y la sed y que curiosamente son los que lo mantienen a uno vivo. De ahí el por qué el amor alimenta la supervivencia del Homo sapiens. Si nos enamorarnos es porque queremos reproducirnos. Es lo que nos permite existir.

Otra cosa es el amor ciego. Está localizado detrás de la frente. Cuando se está en ese modo esa parte del cerebro se desactiva. Es cuando el enamorado no escucha a nadie y la gente dice: está perdido. O cuando la mamá le dice a la hija que el hijo del vecino no es un buen partido y calla como una tumba. La historia del morocho trompetista y la rubia en Ligia Elena del salsero Rubén Blades es un buen ejemplo. Es cuando toca darle tiempo al enamorado.

Cosa contraria sucede con los circuitos cerebrales del apego que tardan mucho más tiempo en asentarse. Es necesario conocer a la persona. Por algo será que la región cerebral relacionada con la sensación de apego no se activa en absoluto. Es lo que explica el rompimiento y el olvido fácil cuando al estar enamorado, él o ella, miente o engaña. Se puede estar loco por alguien y no sentir ningún apego.  El olvido es fácil y es cuando el vecindario se pregunta: acaso no estaban enamorados.

A pesar de que el amor es biología pura, quien mejor lo describió, según Fisher, fue el escritor Stendhal quien dijo: el amor es como la fiebre, va y viene.