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viernes, marzo 18, 2005

Arthur Miller

Ésta es la intervención íntegra de Arthur Miller, fallecido recientemente a los 89 años, en el acto de entrega de los premios «Príncipe de Asturias» en 2002, cuando recibió el galardón de las Letras. El autor de Muerte de un vendedor viajero habla de su relación con España, del tomar conciencia del mundo que supuso la guerra civil española.

La concesión de este gran premio a mi obra me trae a la memoria mis lazos con España y su cultura. Nunca he vivido aquí ni he pasado, a lo largo de los años, más que unas pocas semanas en mis diversas visitas con mi mujer, Inge Morath, ya fallecida. Sin embargo desde mi juventud España ha ejercido sobre mi conciencia efectos especialmente importantes e incluso dramáticos.

Acababa de cumplir veinte años cuando estalló la guerra civil, con el alzamiento encabezado por Franco contra la República. No hubo ningún otro acontecimiento tan trascendental para mi generación en nuestra formación de la conciencia del mundo. Para muchos fue nuestro rito de iniciación al siglo XX, probablemente el peor siglo de la historia. La agonía española se convirtió en clásica, el modelo de otros muchos gobiernos democráticos derrocados por fuerzas militares que predicaban la vuelta a los valores cristianos. Dos de mis compañeros universitarios marcharon para luchar con la Brigada Abraham Lincoln; uno, Ralph Neaphus, nunca volvió. Durante casi cuatro años lo primero que buscábamos en los periódicos de la mañana eran las noticias procedentes del frente español.

La palabra España en los años treinta era explosiva, el emblema esencial no sólo de la resistencia contra un retroceso obligado a un feudalismo eclesiástico mundial, sino también contra el dominio de la sinrazón y la muerte de la mente. Para muchos, incluso en aquel entonces, la guerra civil, con los nazis y las tropas de Mussolini apoyando abiertamente a Franco, fue la primera batalla de la II Guerra Mundial.

A la vez, se asociaba a España con Picasso y su «Guernica». Sí, resultaba difícil creer que un piloto militar, aunque fuera de las fuerzas aéreas nazis, pudiese hacer vuelo rasante por encima de una plaza abierta y soleada y bombardear a civiles. Con el paso del tiempo, España pasaría a ser ejemplo de las luchas de muchos otros pueblos por alcanzar la modernidad, dejando atrás el oscurantismo y la inutilidad de contumaces instituciones feudales. A menudo se recordaba a España en China durante su lucha por librarse de hábitos y maneras de pensar feudales. España venía trágicamente a la mente en Chile, donde Pinochet había derrocado a otro Gobierno surgido de las urnas.

Más recientemente, Inge Morath me reveló otra faceta muy diferente de España, la España que ella había llegado a querer, el país donde creo que más a gusto se encontraba. Era el país de grandes pintores y de su amigo Balenciaga, pero también de campesinos y gente del pueblo y toreros, a quienes le encantaba fotografiar. Veía en el carácter español cierta aspiración a la nobleza que yo creo que reflejaba la que ella misma tenía. A comienzos de los años cincuenta, cuando España despertaba poco interés en el mundo de la cultura, hacía fotografías del medio siglo con un amor y un respeto manifiestos por el alma de la gente, el verdadero tema de su obra.

Ante su dominio absoluto del idioma, de las costumbres y de la historia de España, yo no podía más que observarla maravillado.

Nuestra vivencia española llegó a su punto culminante hace aproximadamente año y medio, cuando la acompañé en una visita al pueblo de Navalcán. Había en aquel momento una exposición de sus fotografías en Madrid, entre ellas una serie que había sacado en los años cincuenta en un pueblo entonces remoto y apenas visitado.

Ahora, cincuenta años más tarde, había llegado a Navalcán la noticia de que el pueblo había adquirido cierta fama. Un autocar lleno de gente fue a Madrid para ver por sí mismos el aspecto que tenían hace tanto tiempo. Estaban en la galería, gente ya de mediana edad, supervivientes observándose jóvenes y lozanos en sus cumpleaños, bodas, sus campos y sus casas, rodeados de amigos ya ancianos o fallecidos. Volvieron a Navalcán e hicieron llegar a Inge una invitación, insistiendo para que volviera a visitarlos.

Viajábamos con nuestro amigo Derek Walcott, poeta laureado con el «Nobel» y un hombre de mundo con experiencia. Seguramente habían salido a la calle más de un millar de personas para saludar a Inge y celebrar su vuelta. La Policía y los Bomberos enviaron a sus representantes y se sirvió una comida en el Ayuntamiento para sesenta personas. Walcott nos acompañaba en medio de la muchedumbre, que no cesaba de regalar a Inge ramilletes de flores, de ofrecerle con insistencia vasos de vino y bebés para besar, a la vez que recordaban a voces su visita de hacía medio siglo. Ella no había hecho más que apreciarlos en un momento dado, y había otorgado un reconocimiento y un recuerdo públicos a sus vidas sencillas. El cariño en sus caras era palpable. Por casualidad miré hacia Walcott y vi lágrimas en sus ojos. «En mi vida he visto algo tan bonito», dijo. El momento culminante de la visita fue la presentación a Inge por parte del Alcalde de una nueva placa que decía «Calle Inge Morath». Iban a cambiar el nombre de una calle en su honor.

Por lo tanto, no vengo a ustedes y a la España moderna y democrática con las manos vacías, sino con mis recuerdos personales, unos trágicos, otros felices. Es éste el mismo espíritu con el cual quiero darles las gracias por su reconocimiento y este gran premio.

sábado, febrero 19, 2005

Mariquita

Benjamín Pereira Gamba

Hastiado de la monotonía de la calurosa Honda, resolví hacer un paseo a Mariquita, tanto por contemplar sus tristísimas ruinas, como por admirar la belleza del paisaje que la rodea. Dista de Honda como tres leguas y el cami­no es un continuado panorama. ¡Una sabana risueña entrecortada por verdes bosquecillos de majestuosas ceibas y flexibles palmeras se ofrece desde luego a los ojos del viajero, que siente ensancharse su corazón, largo tiempo oprimido en la tortuosa y lóbrega ciudad que acababa de dejar, a la vista de aquella pomposa y gallarda naturaleza que respira por doquiera animación y vida!

Mariquita fundada definitivamente en el ameno sitio en que hoy se halla, por el capitán Francisco Núñez Pe­droso, el día 8 de enero de 1553, con el nombre de |Mare­quipa, fue por largo tiempo una ciudad opulenta y rica, tanto por las abundantes minas que se trabajaban en sus cercanías, como por ser el entrepuente de una gran parte del comercio que la España hacía con sus colonias. Así es que a ella venían constantemente comerciantes perua­nos a hacer sus compras, y a fijar su residencia muchas familias de elevada condición y considerable fortuna. Tanto por esto, como por la suavidad de su apasible y fresco clima, fue escogida Mariquita por la noble juven­tud llegada de la Península, para el teatro de sus torneos, placeres y molicie. Allí se veían las fiestas más suntuosas, los saraos más bulliciosos y galantes, los más alegres y espléndidos festines; en fin, esta ciudad vino a ser la Cánua de tierra firme. Según refieren las crónicas, en un día de Corpus se vieron en su plaza doce caballeros cru­zados de la más distinguida nobleza española.

Más tarde, su alejamiento del río Magdalena fue un gran inconveniente para el comercio, y los principales negociantes se trasladaron a Honda; de suerte que su de­cadencia comenzó a fines del siglo XVII, época en que dejó de edificarse en su recinto. Después el abandono, la falta de industria y el coto acabaron de arruinarla

El mariscal Jiménez de Quesada, de vuelta de Europa, cual otro hijo pródigo lleno de enfermedades, desengaños y pobreza, buscó en Mariquita un asilo donde pasar con tranquilidad sus últimos días, y expiró en ella el 16 de febrero de 1579. Nada perpetúa su memoria; en vano busca el viajero su sepulcro para saludarlo. Los escombros de la casa que habitó y de la iglesia en que depositaron su cadáver son los únicos recuerdos de este célebre con­quistador, cuyas cenizas fueron trasladadas a la Catedral de Bogotá.

Hoy Mariquita no presenta sino melancólicas ruinas, restos inanimados de su extinto poderío; templos derrui­dos, columnas destrozadas cubiertas de musgo y de hiedra, torres aisladas con alguna campana solitaria suspendida dela vacilante cúpula, pórticos y fachadas que se destacan de entre montones de piedras y de tierra, como queriendo desafiar la intemperie de los tiempos y el curso de los siglos, casas desiertas invadidas por el bosque o habitadas sólo por millares de murciélagos, cuyo lúgubre aleteo hacer crispar los nervios e inspira fatales presentimientos y por todas partes, la yerma y majestuosa soledad ... ¡Sublime espectáculo que convida al recogimiento y a la meditación!

La nada de las cosas humanas y la impotencia del hom­bre para perpetuar su efímera grandeza, están proclamadas elocuentemente por esas misteriosas ruinas vistas a la luz de la religión y de la filosofía. ¡En estos lugares santificados por la muda solemnidad del silencio, es donde el espíritu se aisla de la frágil y perecedera materia que lo rodea, y reconcentrándose en sí mismo reconoce a Dios, y le habla y en éxtasis divino lo contempla!

No quise separarme de Mariquita sin visitar la casa y el jardín del inmortal botánico Mutis. Todo está casi destruído; sólo se conservan la piedra en que él trazó un meridiano, y seis frondosos y lozanos canelos de los que él plantó y cultivó con tanto esmero. ¡Unicos monumen­tos elevados por la naturaleza a la memoria del sabio que le consagró su vida y sus estudios! ¡Bajo su sombra, lleno de admiración y de tristeza, evoqué su nombre, y trémulo de respeto, cogí algunas hojas y flores de esos árboles sagrados, que ni aun el hacha del ignorante leñador ha osado destruír!

Sin embargo, Mariquita parece levantarse de entre sus cenizas como el fénix y revive merced al cultivo del taba­co. Sus solares y casas están adquiriendo gran valor, los cotos han desaparecido, y una nueva generación sana, robusta y trabajadora se levanta. Además, su bellísima posición, su dulce clima (27° centígrados), refrescado por las puras brisas del Ruiz, el límpido Gualí, que én lángui­do y gracioso giro la rodea, y que por tantos años ha arru­llado su sueño de muerte, sus verdes y extensas llanuras, en fin, todo su poético paisaje hace amarla y convida a gozar en su seno las tranquilas emociones del estudio y de la meditación.

miércoles, enero 19, 2005

Revocatoria ¿Quién dijo miedo?

Armando Moreno

El año 2005 ha tenido un comienzo muy agitado. Está por un lado, la obligatoriedad de que en los centros de educación se imparta la urbanidad de Carreño. Este asunto será tema de otro artículo. La otra noticia, y que no es nada nueva, es la revocatoria del mandato al alcalde.

Para empezar es necesario recordar que a los mariquiteños le encanta ir a las urnas. En el referendo sobre el agua se obtuvo una votación nada despreciable de 5444 votos. Y en el referendo de Uribe, cuando ningún candidato al concejo y a la alcaldía le hacía propaganda, la gente calladita fue y depositó su voto. Estos dos referendos son los ejemplos más claros que en Mariquita, cuando se trata de ir a las urnas no hay poder divino que la distraiga.

Si miramos las estadísticas de las elecciones del 26 de octubre de 2003 de una votación total de 12.571 votos, 11.999 fueron válidos de los cuales el actual alcalde obtuvo 4.760, o sea el 39.67% votos y los demás la bicoca 7.239, algo así como el 60.33%. La pregunta que se tiene que hacer es si ese 60.33% está conforme con el alcalde y qué tanto de ese 39.67% que acompañó al alcalde están con él.

Viendo las cifras así, escuetamente, cualquiera pensaría que el referendo contra la cabeza del alcalde es pan comido. Sin embargo, a medida que avance el referendo nos vamos a dar cuenta que revocar un mandato no es nada fácil.

Los mariquiteños saben que Hernán Cuartas heredó una serie de anomalías administrativas que él, de alguna manera, ha tratado de subsanar y que revocarle el mandato teniendo como punto central el problema del agua suena como a revanchismo.

Ya Crespo estando Hernán Cuartas posesionándose como alcalde dijo para ese entonces, sin pelos en la lengua, que al año, o sea este enero de 2005, le estaría armando la revocatoria del mandato. Y lo está cumpliendo. La pregunta es si lo que está haciendo es serio, porque cualquier ciudadano puede preguntarse cómo es posible que sin Hernán Cuartas haber empezado su gestión como alcalde lo haya descalificado desde el primer día de su posesión.

Fastidia que los promotores de la revocatoria del mandato sean los mismos que impulsaron el referendo del agua. Inicialmente decían que el referendo por el agua era eminentemente cívico, que la única preocupación era Mariquita. Sin embargo, sin excepción, quienes conformaban el equipo, cada uno por su lado, optaron por la política. De la noche a la mañana se convirtieron en candidatos a la alcaldía, al concejo, a la asamblea y hubo uno que promovió el voto en blanco. Hoy en día el grupo está hecho polvo. La pregunta ahora es para dónde van.

Lo único que quedó claro es que quienes salimos a votar por el referendo del agua fuimos asaltados en la buena fe.

Cierto es que desbaratar un contrato de derecho privado como el que tiene el municipio con la empresa que administra el agua no es nada fácil. Sin embargo, la gente no se explica cómo es que un movimiento, con 5.444 votos que obtuvieron en el referendo, no se haya constituido en una fuerza política capaz de disputar la alcaldía y que desde allí hicieran lo que le están pidiendo a Hernán Cuartas que haga. ¿Ausencia de liderazgo, de ideas, miedo?

Incapaces de haber sacado un candidato a la alcaldía, ahora le dicen al alcalde cómo hacer las cosas.

En fin, lo que si está claro es que para algunos exigir y criticar cuando no se tiene el poder es fácil, más cuando no se tiene nada que perder. Es el facilismo puro.

Sin embargo, no hay que subestimar a quienes están promoviendo la revocatoria. Todo ciudadano está en su derecho a demostrar su inconformismo. Lo peligroso de este referendo es que el alcalde no se de cuenta que muchos van a pescar en río revuelto y le cobren el año de desgaste que ha tenido la administración.

El alcalde está solo y no tiene equipo. Lo comenta el respetable público. Se demostró cuando unos funcionarios salieron por la radio a fustigar a los promotores de la revocatoria. No es con adjetivos de mal gusto que se va a ganar. Se necesita pensar con cabeza fría. Pienso que llegó la hora de que los funcionarios pongan sobre el escritorio del alcalde la carta de renuncia para que él, a su libre albedrío, sin presión de ninguna índole, conforme un nuevo gabinete.

Un funcionario debe saber que la democracia y la política son así, es necesario dar un paso al lado para que otros lleguen. Si creen que no es así, por favor dedíquese a otro oficio y busquen otro puesto.

Es cierto, a Mariquita le gustan las urnas, sospecho que esta vez a una nueva aventura no le van a jalar.

miércoles, enero 12, 2005

¿Existen Mariquiteños raizales?

Armando Moreno

Una investigación que estoy efectuando desde la Universidad del Tolima sobre la vida del bandolero “Palomo” Aguirre, me ha llevado a indagar los procesos judiciales de este singular personaje y, de paso a interpretar, sin habérmelo propuesto inicialmente, el proceso de migración del norte del Tolima.

Los pueblos del norte del Tolima, lo dicen quienes investigamos, ha sido el resultado de un proceso de conquista y colonización. El más estudiado ha sido el municipio cafetero de El Líbano, el menos ha sido Mariquita.

Ya lo dijo el poeta Rafael Pombo: Mariquita a finales del siglo XIX no era más que una “miserable aldea”. Juan Esteban Caicedo en su novela Julia lo que hace es describir lo que diría años más tarde Rafael Pombo.

Si Mariquita era una aldea rural en el siglo XIX ¿cómo explicamos su cambio en el siglo XX? La respuesta es sencilla: la migración. Esta respuesta aparentemente sencilla, pues tuve que leerme más de diez mil folios, va a acompañada de otra conclusión: en Mariquita no hay raizales.

Quien lea este escrito puede hacer un ejercicio simple, pregúntese de dónde son sus antepasados (abuelos, bisabuelos) y descubrirán que su raíces ni siquiera son tolimenses. Mariquita es una tierra en constante inmigración.

Este proceso de inmigración tiene una característica importante, que quienes hacen fortuna son, por lo general, la primera generación. La segunda, que son los hijos, la tratan de medio conservar o la desperdician y la tercera generación, que son los nietos, acaba con todo. Por eso es que en las sociedades se da la paradoja de que los ricos de ayer son los pobres de hoy y esa es la explicación del por qué, los pobres de hoy (los que llegan) son los ricos del mañana.

Si nos preguntamos quiénes eran los ricos de ayer en Mariquita, aquellos inmigrantes que hicieron grandes fortunas, veremos que sus descendientes de segunda y tercera generación están, o van a ser, pobres. Algunos están o van rumbo a la miseria.

Esta dinámica de constante inmigración es lo que hace a Mariquita interesante, un laboratorio social. Sin embargo, hay algo que choca en los descendientes de la segunda y tercera generación que se creen raizales, con raíces vernáculas, con identidad. Se creen que son los “mariquiteños puros”. Estos supuestos “mariquiteños puros” odian a una Mariquita moderna, sueñan todavía con el burro atravesando la plaza. Les fastidia que lleguen inmigrantes, o como algunos suelen decir, que lleguen “aparecidos”, que hagan dinero y que se vuelvan ricos.

No entienden que estos nuevos ricos, les va a pasar lo mismo que a los ricos de antaño, sus descendientes posiblemente van a ser pobres. Que no van a tener las fortunas de sus antepasados. Esto que estoy diciendo no es nada nuevo, la antropología ya lo había analizado, estoy corroborando la teoría.

El perfil del inmigrante es un individuo que llega pobre y que, sin nada que perder, se lanza a explorar el mundo de las oportunidades. Los que logran hacer fortuna, a la segunda generación la educan. Algunos se hacen profesionales y no vuelven. Vienen de paseo que no es lo mismo que regresar. Se olvidan del oficio y del entorno donde amasó la fortuna su antepasado. Otros fracasan en el intento de querer imitar a sus antepasados y algunos medianamente triunfan. Y los que se quedan son unos inútiles, por lo general pobres y con un titulo universitario que hoy en día todo mundo tiene y sin la fortuna de sus antepasados. Algunos de estos inútiles le ladran a la luna, soñando que la sociedad le reconozcan lo que ellos creen que son. En este esfuerzo de reconocimiento se olvidan que Mariquita es una tierra de constante inmigración. De la tercera generación, o sea los nietos, no hay nada que hablar. Sobreviven.

Otra característica de estos primeros inmigrantes fue que alternaron su poder económico con la política. Por lo general fue la primera generación que se interesó, sus hijos y nietos no se interesaron en ella. Prefirieron, o prefieren, saborear las mieles que deja o dejó el poder: puestos burocráticos, fortuna y la fama de sus antepasados pero con la desgracia que van en camino a ser pobres.

De estos inmigrantes hay un apellido interesante: el Halima. El primer inmigrante fue un comerciante palestino, no incursionó en política, pero, su segunda generación, uno de sus hijos sí lo hizo. Destronó a una generación de inmigrantes que además de haber hecho fortuna hicieron uso del poder político. El error de ellos fue que se creyeron imprescindibles.

En términos políticos, lo que a Mariquita le está pasando tiene que ver con los descendientes de las primeras generaciones. Hasta 1991 la política fue dominada por unos de sus descendientes, pero a partir de ese año hasta nuestros días se ha dado un fenómeno interesante, el poder se ha venido rotando por descendientes de las primeras generaciones que han venido llegando.

Una conclusión que se puede sacar de los alcaldes de estos últimos años, la que va de William Rubio a Hernán Cuartas, fue que no heredaron inmensas fortunas. Y es lo que explica también que estos alcaldes, a excepción de Hernán Cuartas, que queriendo emular a sus coterráneos de grandes fortunas hicieron del prepuesto municipal una especie de chequera personal. Despilfarraron el presupuesto al igual que los descendientes de las grandes fortunas. He ahí el por qué Mariquita viene arrastrando una deuda aproximada de quince mil millones de pesos y que hoy en día no termina de pagar.

Pensando en el futuro, y con la conclusión que en Mariquita no hay raizales, lo más sano es que no se siga pensando en los descendientes de las primeras generaciones de inmigrantes para alcalde. Debemos pensar en un inmigrante pobre que quiera hacer fortuna social. No una fortuna para su propio bolsillo, sino la que Mariquita necesita: que sea un polo de desarrollo.

domingo, octubre 24, 2004

A Mariquita

Said Halima Peña Marquetones de atávicas memorias osados raizales con sangre describieron la gesta legendaria de las etnias secular ancestro legado de una raza Mariquita de evocaciones y leyendas en su flora solícitos botánicos con Mutis absortos esbozaron pletóricas estampas del boscaje innato Fueron sus callejas cortejadas de portales con zaguanes de añejas remembranzas, vestigios que coligen añoranzas incólumes santuarios regazos teologales Armero, Moreno y Escandón, nativos insignes prócer y erudito, sublimes gestores, indagaron las leyes y la ciencia exaltando la Provincia y la Cultura. De Mariquita, el Gran Gaspar de Figueroa fulge con sus óleos y esculturas; aquí, Jiménez de Quezada tuvo su hálito postrero cavilando trasuntos, relatos y aventuras. Una cruz divisa el horizonte esbeltas arboledas de extasiado néctar, despunta el llano con singular collado raudo El Gualí cual coreado cauce. Mariquita Se yerguen ante ti centurias historiales fundada por Francisco Núñez Pedroso; erigida con blasones y plegarias, labrado entre claustros y clásicas columnas, afloras prócera, próspera y gallarda.

jueves, septiembre 23, 2004

Francisco Antonio Moreno y Escandón

En veremos repatriación del padre de la biblioteca pública en Colombia Tomado: El Nuevo Día En veremos quedó la repatriación de los restos mortales del padre de la biblioteca Pública en Colombia, Francisco Antonio Moreno y Ecandón, nacido en Mariquita, Tolima. El trámite para su exhumación se venía realizando a través del director de Cultura del departamento, Alvaro Cuartas Coymat, quien a través de documentos y libros se enteró de que los restos de este importantes personaje y quien fuera el fundador de la Biblioteca Nacional de Colombia en 1777, se encontraban en Chile, más exactamente en la Catedral de Santiago. Cuartas Coymat hizo entonces una solicitud al Ministerio de Cultura para que se aprovechara el año del Plan de Lectura y Biblioteca y hacer la solicitud y en consecuencia repatriar los restos de este personaje al Tolima. El Ministerio de Cultura hizo la gestión a través del embajador de Colombia en Chile, Alberto Velásquez Martínez, quien a través de una carta recibida el 27 de agosto le dice a la ministra María Consuelo Araújo que: “Al respecto, me permito informarle que, realizada una visita a la Catedral Metropolitana de esta ciudad, se pudo establecer que los restos del señor Moreno y Escandón no reposan en el sitio señalado en la solicitud del Señor Director de Cultura del Tolima. Sin embargo, pudimos detectar con la colaboración de expertos conocedores de la Catedral, una placa pequeña en mármol, ubicada en un lugar de difícil acceso, con la inscripción del nombre de don Francisco Antonio Moreno y Escandón. Consultado al respecto el administrador de la Catedral, monseñor Damián Acuña, nos manifestó, que nada ni nadie puede garantizar la existencia de los restos en ese lugar, por cuanto la Catedral con 250 años de antigüedad, fue remodelada en 1896, habiéndose removido en aquella ocasión todas las fosas y lápidas existentes, a la vez que, depositados todos los restos en un solo lugar, por lo que resulta difícil ubicarlos en la actualidad”. Ante este nuevo hecho, se hace pues casi imposible la repatriación del ilustre colombiano, quien realizó en el campo de la educación una importante labor en la época colonial.

miércoles, septiembre 01, 2004

La revocatoría: un sueño

Por: Armando Moreno Sandoval

Por los comentarios que se escuchan en los bebederos de tinto y por las mismas declaraciones que ha hecho el alcalde Hernán Cuartas en torno al tema de la revocatoria, todo indica que existen personajes que quieren ver rodar el trono del alcalde.

A cuatro meses para terminar su primer año, me parece que quienes hablan de revocatoria están muy apresurados y confundidos.

Una inquietud que surge por qué tiene que ser Hernán Cuartas el primer alcalde en aplicársele la revocatoria del mandato. Da la sensación que quienes no quieren seguir viendo a Hernán Cuartas en la Alcaldía están completamente de acuerdo que las pasadas administraciones fueron uno A. Apoyar esta tesis es estar de acuerdo con la corrupción que nos llevó a una crisis fiscal difícil de superar a corto plazo.

A ocho meses de su gestión, y lo saben quienes entienden de política, que Hernán Cuartas lo que tiene son críticos más no oposición. Ni siquiera los siete concejales son oposición. Son críticos.

Las críticas más que al alcalde van dirigidas al equipo de administración. No obstante, se puede concluir que quienes quieren revocatoria lo que están pidiendo no es la cabeza del alcalde sino la de su equipo de administración.

Estas críticas tienen su explicación. Lo que pasa es que los mariquiteños, después de un poco más de una década de fracasos administrativos, están exigiendo administraciones más eficientes y que sean capaces de conducir a Mariquita por los senderos del progreso y el desarrollo. Eso es sano.

Como soy un convencido como muchos otros que Hernán Cuartas tiene las cualidades y la capacidad para hacer una buena gestión, encuentro razonable que por el bien de Mariquita muchas de las críticas deberían ser objeto de la controversia pública. Desgraciadamente Mariquita no tiene medios de comunicación donde se ventile la controversia, lo que la hace que sea presa más del chisme que del debate serio y juicioso.

Para empezar es necesario aclarar que lo que está sucediendo en Mariquita entre el concejo y la alcaldía es el resultado, no de Hernán Cuartas, sino de un fracaso electoral de un equipo de trabajo que supuestamente estaba al frente de la campaña y que fue incapaz de lograr las curules necesarias para formar mayorías en el concejo.

La lista del Partido Liberal solo logró tres escaños. Las demás listas fueron inexistentes para dicho equipo de trabajo.

Este desastre electoral por parte de un equipo que no supo impulsar las listas que apoyaban al alcalde es lo que ha permitido que surja una chipa de 7 concejales que, hasta el momento, le está haciendo las cosas engorrosas al alcalde para gobernar.

Si las cosas siguen así, es muy posible que terminen jugando con candela. Porque si bien es cierto que en este juego el que se está desgastando es el alcalde, porque el que está en la mira de la ciudadanía es el ejecutivo y no el legislativo, también deben entender sus críticos que el concejo también tiene su responsabilidad.

Porque también valdría la pena, antes de pensarse en la revocatoria, que se pensara en el concejo y que cada quien se pregunte qué ha hecho hasta ahora. Porque si es como dicen algunos que la actual administración no ha arrancado, la responsabilidad es de todos. Y en esto tenemos que ser claros.

Pregunto: por qué no rodear al alcalde? Si existe la sensación de que la administración actual no ha prendido motores, tenemos que pensar, sin lugar a dudas, menos en el Alcalde y más en su equipo de trabajo. Al Alcalde para que no se siga desgastando le va tocar que hacer a corto plazo cambios y poner en los cargos a individuos proactivos que sean generadores de ideas y propuestas.

A esta altura de su mandato, pienso, y así lo cree la gente que lo acompañó en la campaña a la alcaldía, que ya les cumplió burocráticamente a algunos. Tiene que convencerse que el inconformismo no es con la figura del alcalde sino con su equipo de trabajo que se desgasto en estos ocho meses.

Incluso a muchos nos parece chocante que individuos que no estuvieron en la campaña y que no creyeron en su programa gocen de prebendas burocráticas. Mala cosa,, porque el poder se gana es para ejercerlo con quienes lideraron una causa común y no con quienes fueron sus detractores.

Para empezar tendrá que reformular la razón de ser que tiene hoy en día los asesores. Para reformar ese esquema anquilosado de asesores es urgente constituir un equipo de expertos que en concordancia con el equipo administrativo tracen planes en salud, turismo, educación y economía.

Otro indicio del inconformismo por parte de la gente que cree en Hernán Cuartas, es la insistencia por parte de algunos funcionarios de que el municipio por estar quebrado financieramente no se puede hacer nada. Compartir esa miserableza e inutilidad mental es darle razón a los detractores de que el eslogan de la campaña: “el reto, mejorar lo nuestro” nos está quedando grande.

En definitiva necesitamos gente en la administración que sea proactiva. Que sea capaz de liderar proyectos donde la inversión privada y pública juegue un rol decisivo en el desarrollo del municipio. Tenemos que hacerle ver a ese grueso de la población que nosotros éramos la alternativa. Es una obligación y deber cumplirles.