TRANSLATE

Mostrando las entradas con la etiqueta Covid-19. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Covid-19. Mostrar todas las entradas

sábado, agosto 15, 2020

Por qué el covid-19 mata a los ricos

 Armando Moreno Sandoval

Hasta no encontrar una vacuna efectiva, por ahora, el que nos está protegiendo del virus es el mismo sistema inmunológico del cuerpo humano. Si no la hubiera, con el tiempo derrotaría al virus y le pondría punto final a la pandemia. El sistema inmunológico es tan maravilloso que tiene la capacidad de enfrentar cualquier patógeno que llegue por muy extraño o nuevo que sea como es el virus Sars-Cov-2.

Mientras tanto para bajarle la velocidad de propagación al virus es necesario el lavado de manos, el tapabocas, la distancia social, evitar montoneras y dejar de estornudar en las calles porque si la persona que lo hace, y si es asintomática, esas gotitas que quedan flotando en el aire pueden contagiar a otros.

El consenso que existe en los portales científicos es que nunca en la historia de la ciencia se había producido una avalancha de artículos en torno a una enfermedad.

Curioso que, pese a los miles de artículos, poco se sepa del virus. Tan así que los científicos no tienen idea cómo es la guerra entre el sistema inmunológico y el virus. Se sabe que es como un ejército con diferentes frentes de batalla donde células disímiles están interconectadas entre sí. Que algunas atacan directamente la infección, mientras que otras como directores de orquesta guían a otras células encargadas de liberar sustancias para interferir en la infección.

Para entender lo dicho es necesario saber que el sistema inmunológico tiene dos frentes de defensa. El primero es el que se conoce como respuesta inmunitaria innata y que responde a infecciones de forma genérica. Este frente tiene la particularidad de que no genera inmunidad a largo plazo o protección.  Es tan efectivo que aniquila al patógeno en su primer encuentro.

Cuando los científicos dicen que virus del covid-19 no es tan letal, como si sucede con otros coronavirus, es porque para aniquilarlo al sistema inmunológico solo le basta con activar la respuesta inmunitaria innata. Es lo que explica que el 80% de las personas que se contagian no sientan síntomas, o que sean muy leves.

El otro frente de defensa se conoce como respuesta adaptativa. Es el frente encargado de activar de manera rápida la respuesta inmunitaria innata. Es una línea de defensa especializada y en ella hace parte lo que se conoce como los anticuerpos.

No obstante, el lío que han encontrado los científicos con los anticuerpos producidos en respuesta al virus (Sars-Cov-2) es que tienden a disminuir en pocos meses. Aunque parezca un mal chiste esto podría decir que el cuerpo quedaría desprotegido, sin defensas. La científica Margarita del Val ante esta duda, dice: “No hay que asustarse, todo el resto de la inmunidad está activada”. Pues aparte de los anticuerpos, dice ella, hay otras células que han aprendido a reconocer el virus para contenerlo.

Dos investigaciones independientes, la primera de la revista Nature , que vio la luz el pasado 29 de julio, y la segunda publicada en Science el 4 de agosto parecen estar encontrando las respuestas al por qué solo un puñado mueren y otros siguen tan campantes por las calles esparciendo el virus sin sentir ninguna molestia, dolor o malestar.

Habitante en Ibagué. Carrera 3
Ibagué, calle 3
Pero la pregunta del millón es esta: por qué el sistema inmunológico no protege a todos por igual. Es la pregunta por resolver y que tiene desconcertados a los científicos.

Así los anticuerpos bajen de nivel, los estudios efectuados apuntan que los linfocitos, que hacen parte del sistema inmunológico, al parecer son los que nos están protegiendo. Aunque existen dos tipos de linfocitos, las células B y las células T, son las células T las que juegan un papel determinante en la protección por ser células de memoria larga.  Es decir, que estas células por tener memoria al llegar el patógeno que ya ha había invadido con anterioridad al cuerpo, lo que hace es reconocerlo, bloquearlo y destruirlo, generando así inmunidad.

¿Pero por qué sucede esto? Para empezar, es necesario comprender que la fiebre, la influenza, el malestar, la gripa, los gargajos y los mocos de la nariz son producidos por cuatro tipos de coronavirus que causan estos catarros y que han convivido con el ser humano hace muchísimo tiempo.

Han dicho los científicos del Instituto Inmunológico de La Jolla, en California (EE. UU) que el parecido entre estos cuatro coronavirus y el coronavirus causante del covid-19 puede ser ventajoso. Según el estudio que realizaron las células T encargadas de reconocer los coronavirus del catarro también reconocen el virus que causa el covid-19.

Aunque hace falta más investigación todo parece sugerir que los coronavirus de la gripa, los gargajos, el sonarse la nariz para sacar los mocos, tuviera un cierto papel protector contra el covid-19. Y como lo dice Daniela Weiskopf, codirectora de la investigación, es lo que “podría explicar por qué algunas personas al contagiarse de covid-19 muestran síntomas más moderados, mientras que otros se ponen severamente enfermos”.

Así como están las cosas, la conclusión a que se puede llegar es que el virus es selectivo. Pero esa

Ibagué, calle 15 con carrera 5
Ibagué, calle 15 con carrera 5
selectividad la gente de dedo parado y que todo lo coge con la punta de los dedos, a veces, pregunta con sorna qué pasa con la gente de la calle que no se muere.

Las investigaciones alrededor de las células T sugieren que los pordioseros, los que hurgan las canecas en busca de comida, los que duermen en la calle en medio de excrementos, gatos y perros tendrían menos riesgo de que el covid-19 los mate. Es gente que por sus condiciones de vida son los que más han convivido con los cuatro coronavirus del catarro. Por tanto, están inmunizados. Cosa contraria sucedería con los estratos de cuatro para arriba que por tener una vida en completa asepsia estarían más propensos a que el virus los contagie y los mate.

Es lo que vemos también en países ricos como Chile, EE. UU, Alemania, Inglaterra o Francia donde el virus ha hecho de las suyas. La cantidad de gente vieja que se ha muerto en esos países tiene una explicación científica y es que cuando se llega a una edad avanzada las células T comienzan a menguar dejando al cuerpo desprotegido. Y si tiene alguna comorbilidad (cáncer, diabetes, etc.) peor.

Cosa contraria sucedería con la gente joven y adulta. Pues uno se podría preguntar qué pasa en esas sociedades que, si tienen un nivel de vida tan elevado, qué es lo que ha causado que siga muriendo tanta gente. La respuesta estaría en que son sociedades que por ser ricas y vivir en completa asepsia han dejado al cuerpo sin muchas defensas para enfrentar virus nuevos.

La montonera de muertos en Latinoamérica tendría otra explicación. Los estudios científicos (sobre todo la biología molecular y la antropología física) han demostrado que el genocidio de la población aborigen a partir de la emigración europea hace más de 500 años no fue tanto por la hoguera, el puñal, la espada o el arcabuz. Los responsables fueron los virus y bacterias (fiebre, gripa, gonorrea, sífilis, entre otras).  

Es exactamente lo que está sucediendo en este siglo XXI con el covid-19. La mayor mortandad está en los países con un alto porcentaje de ADN amerindio y una población aborigen que aún vive en un ambiente prístino. Lo vemos en México, Ecuador, Perú, Bolivia, Brasil y en los países centroamericanos

Ibagué, carrera 5 con calle 14
No es la pobreza la que está matando la población autóctona y aborigen como sugieren los países imperialistas europeos, sino su sistema inmunológico que al carecer de anticuerpos para reconocer virus nuevos no saben cómo defenderse.

La ironía es que esta vez no fueron los europeos con sus virus y bacterias que menguaron a la población aborigen desde que llegaron hace más de 500 años. En este siglo XXI fueron los chinos que con su irresponsabilidad fueron incapaces de alertar al mundo de pensamiento liberal y democrático que un virus nuevo se les había salido de las manos.

A este régimen dictatorial y autárquico es que la izquierda antidemocrática y reaccionaria latinoamericana le hace loa. Si hay que buscar un culpable es al gobierno chino. Y no como piensa el despistado de Evo Morales (expresidente de Bolivia), que el virus es una conspiración del imperialismo estadounidense para acabar con la gente pobre.

domingo, junio 21, 2020

Arrancaplumas (Honda): disparate humano y covid-19

Armando Moreno Sandoval ©

Una escena de cine muy común es cuando el indeseado llega y la multitud quiere ¡lincharlo! ¡quemarlo! o ¡matarlo! Se ven en las películas de reyes y vasallos de la Edad Media o en películas de vaqueros del viejo Oeste gringo.

Fue exactamente lo que aconteció en Arrancaplumas, un barrio de Honda, el pasado 17 de junio.

La diferencia es que los actores son una comunidad del siglo XXI que vive a orillas del río Magdalena que, en un acto de insensatez, de crueldad y de violencia verbal quiso imponer su ley.

Desde que la antropología descubrió a los otros; —esos otros que a veces la izquierda con el populismo defiende, o, que la derecha reaccionaria les soba la barriga con jotos de comida y el bolsillo con ayudas económicas— llegó a la conclusión que las historias que contaban esos otros que llaman pueblo, cultura popular, estaban cargadas de crímenes, de injusticias, desatinos y desgracias.

Querer linchar, matar o quemar al indeseado es propio de eso que llamamos homo sapiens. Cuando apareció el covid-19 algunos despistados creyeron que una nueva humanidad iba a surgir. Cuan equivocados estaban.

Si en algo tenemos que agradecerle al covid-19 fue que sacó a la luz la pudrición que lleva adentro el ser humano. Ese sujeto egoísta, bulloso, ruin, insensato, soplón, llenador, aniquilador de vidas, camaján de bares de mala muerte, atracador de sonrisa moribunda, por ¡desgracia!  el covid-19 no lo pudo cambiar.

La escena de querer linchar, matar o quemar, por supuesto, no es solo de la gente de Arrancaplumas. Es del mundo entero. Lo que nos enseña las imagines es que esa gente miserable de Inglaterra, Alemania, Estados Unidos, Italia, España, etc. etc., además de hacerlo con sus propios coterráneos lo hacen con los extraños, con los diferentes.

Fue lo que hicieron con Georges Floyd en Estados Unidos. Aprovechando la pandemia del covid-19 el policía no tuvo más remedio que ahogarlo con la rodilla en la nuca. El llamado de auxilio “Me estoy ahogando” quedó en la indiferencia. Su muerte generó una ola de rebeldía. Los hipócritas, que por lo general se creen de buen corazón, se quejaban de la violencia de quienes reclamaban justicia. Olvidaban los hipócritas que la violencia no había llegado de Floyd, sino de los encargados de proteger la vida.

Pero en Arrancaplumas el que llegaba no era un extraño. Era uno de los mismos. El pecado fue tener contacto con un virus que, por cosas del azar, cualquiera puede contagiarse. Como el viejo cuento ruso: pues esos que hoy señalan con el dedo, mañana pueden ser los señalados. ¡No se les olvide! Pues son los mismos que, como lo dio a entender el Subcomandante de Policía, son los que se la pasan haciéndole la burla el covid-19: en montonera y sin mascarillas.

La antropología además de descubrir las historias miserables de los pueblos también da cuenta que la gente en un acto de soberbia, de estupidez, les da por creerse superior a otros. Fue lo que pasó con el nazismo, el fascismo, el comunismo que, a nombre de esas ideologías, le dieron por matar al otro. Y fue lo que se creyó la gente de Arrancaplumas por un instante: que eran de mejor familia.

Seguramente, a muchos habitantes del barrio de Arrancaplumas, al ver la rodilla de la ley en la nuca de Floyd les pudo haber generado indignación y rabia. Pero cuando les llegó el turno de comprender al otro, a uno de su mismo combo, al “parche”, al de su mismo barrio, la indignación y la rabia que había causado la muerte del morocho Floyd desapareció. ¿Por qué?

Cuando la insensatez de la gente descubrió que la cuarentena podía ser la disculpa lo echaron como perro con rabia de todos lados. No solo lo echaron del espacio físico: de los escombros, de la escuela, del “coso”. También lo echaron las palabras: “Lo ayudamos, pero que se vaya”, “lo ayudamos, pero donde no cause estragos”, “en la casa no lo reciben”, fueron las voces cansadas de una mujer con el peso de los años. “Que lo dejaran en otro sitio”, “que lo trasladen para otro lado” son las voces de alguien también pasado por el peso de los años. “No nos hacemos responsables de lo que pueda pasar”, la voz del alcalde. “El alcalde lo envío al “coso”, la voz del subcomandante de la Estación de Policía.

Como si se tratara de una serpiente que se atraganta comiéndose por la cola, al entrar la noche, las mismas voces que en Arrancaplumas lo habían echado a tropezones, llevaron al hombre sano de covid-19 al mismo sitio donde había partido. A un cuarto del hospital regional de San Juan de Dios

Ahora está a salvo ¿hasta cuándo?

En todo caso, las películas de terror son un bostezo si comparamos con lo que aconteció en Arrancaplumas. El mensaje que dieron es macabro.


domingo, junio 14, 2020

Las gotículas de saliva con covid-19 que ayudan a matar

Armando Moreno Sandoval  ©

El consenso científico es que se puede contagiar de covid-19, así la persona sea excesivamente preventiva. Aunque suene paradójico es cierto.

Hasta hace unos pocos meses el consenso de los epidemiólogos era que para que una persona se contagiara era necesario el contacto próximo con el individuo contagiado. Pero algunos estudios de caso están demostrando que no se necesita el contacto directo, sino que basta que cualquiera entre en contacto con una superficie contagiada así sea de cobre, acero, cartón o plástico. La razón es que el covid-19 es un virus excesivamente sedentario y su periodo de contagio está entre 4 y 72 horas. Pero no todo es alegría, se han encontrado en mascarillas quirúrgicas virus que han podido sobrevivir hasta 7 días.

Que el virus permanezca en superficies fijas hasta 72 horas o 7 días es lo de menos.

Otros estudios de caso han demostrado que el covid-19 se está transmitiendo a través del aire, y que, por su fácil contagio, su nicho predilecto son las montoneras, los sitios cerrados y sin ventilación.

Aunque los científicos se rascan la cabeza, ya que algunos les asalta la duda, los ejemplos los ponen a pensar.

En la población de Cheoan (Corea del Sur) un monitor de baile contagió a 112 de personas. El estudio sugirió que el flujo de aíre del ejercicio pudo haber contagiado a los bailarines. El 24 de enero en la comida de Año Nuevo en un restaurante en Guangzhou (China), quienes estaban cerca comiendo a un individuo con covid-19, terminaron contagiados. Lo preocupante es que algunos comensales que estaban a más de 4 metros también resultaron contagiados. El otro caso fue la señora que contagió en un bus a 23 personas. En Mariquita, un pueblo que queda en el centro de Colombia, celebrando el Día de la Madre, en una fiesta con cerca de 40 invitados, un portador del virus contagió algunos de sus invitados. El portador murió, sobreviven otros que dieron positivo. No se sabe qué puede pasar.

Pero si en estos casos fueron unos pocos los muertos, algunos investigadores sostienen que la alta mortandad que se dio en España, Italia, Francia y New York obedeció a que el virus se transmitió por el aire al quedar encerrado en los ascensores. Esos países como la ciudad de New York, conocida como “la ciudad de los rascacielos”, se caracterizan por poseer el mayor numero de ascensores por individuos.

Esta tesis la contrastan con otros países, donde casi no hubo muertos. Es el ejemplo de Alemania donde sus habitantes viven dispersos en edificios bajos y sin ascensor. O Corea del Sur y China que a pesar de que sus habitantes viven en edificios con ascensores el uso de la mascarilla fue decisivo para contener los contagios. Algo que no hicieron los españoles, italianos, franceses y neoyorquinos.  

Aunque se sabe que el virus se transmite en espacios confinados y cerrados, las recomendaciones para minimizar el riesgo de contagio no son suficientes. El lío está en que la gente no las acata, sobre todo en los países pobres donde la pandemia del covid-19 está haciendo de las suyas.  Añádasele que pocos saben que el medio más eficaz para transmitir el virus son las gotículas de saliva.

Un individuo asintomático o sintomático al hablar exhala entre 100 y 600 gotículas dependiendo de su vocalización. Hablar en voz alta o a gritos el triple de gotículas. El toser está entre 1.000 y 3.000 gotículas y un estornudo está en 40 mil gotículas de todos los tamaños.

Aunque la Organización Mundial de la Salud recomienda una distancia mínima de 2 metros para hacerle el quite a las gotículas, en la práctica no es suficiente. Pues el contacto con la gotícula portadora del covid-19 podría darse a mayores distancias. Para sustentar lo dicho los investigadores han clasificado las gotículas en grandes y ligeras.

Aunque la mayoría de las gotículas que exhala la gente son gordas, estas en su mayoría caen como arena en el suelo entre cero centímetros y 2 metros. Son las que arrastran las suelas de los zapatos, las chancletas, el pie descalzo o la cotiza. Las arrastra el rico, el pobre y el miserable. No sucede lo mismo con las gotículas livianas que por su tamaño de menos de 5 micras pueden extenderse hasta 6 u 8 metros de distancia. Lo feo no es la distancia, sino que pueden permanecer en el aire entre una y tres horas. Son las que se respiran y las que llegan derechito a los pulmones. Son las más peligrosas. Sin embargo, se disuelven con rapidez en el aire. De inmediato. De ahí la importancia que las casas y los apartamentos de los edificios estén con las ventanas y las puertas abiertas. Que estén aireadas.

La ventilación y el viento ayuda a disolver el virus.

Lidia Morawska, directora del Laboratorio Internacional de Calidad del Aire y Salud (de referencia para la OMS) de la Universidad de Tecnología de Queensland, en Brisbane (Australia), y  una de las primeras defensoras de la transmisión de la covid-19 por vía aérea, al referirse a un conocido caso supercontagiador, el de un ensayo de un coro en EE UU a comienzos de marzo, señala que aunque se tomaron todas las precauciones higiénicas y de distancia, sin saludos ni abrazos, después de dos horas y media cantando en un recinto cerrado, el 87% del coro se contagió. Dos de ellos murieron.

Desconocer la aireación y la ventilación tiene sus riesgos. Fue lo que pasó en Cheoan (Corea del Sur), en el restaurante en China, en el bus, en España, Italia, Francia y New York.

Los estudios también han demostrado que el contagio al interior de las casas es 19 veces más probable que al aire libre. Una gotícula en un sitio encerrado puede durar entre 25 y 50 minutos. Mientras que en un lugar con ventilación y aireado las gotículas livianas pueden durar hasta 30 segundos.

Fue lo que sucedió en el Día de la Madre en Mariquita —segundo domingo de mayo de 2020—. Un pueblo de escasos 33 mil habitantes y que a mediados de junio se encuentra sitiado por el virus: 14 contagiados y un muerto.


jueves, junio 04, 2020

El covid-19: el deseo de aniquilarlo por nocaut

Armando Moreno Sandoval ©

En la serie Viaje a las estrellas un respiro profundo es cuando el capitán Picard le ordena a la cabina de mando que la nave intergaláctica Enterprise viaje a la Velocidad Warp, que supere la velocidad de la luz. Es decir, superior a 300 mil kilómetros por segundo.

En la escuela nos enseñaron que un cuerpo que viaje a esa velocidad se vuelve añicos. Y es lo que puede pasar con la vacuna del covid-19.

Los científicos son cautos, pero los políticos que saben poco de ciencia todo lo quieren a la ligera. A mediados de mayo, el presidente estadounidense Donad Trump, preocupado por su reelección, pero pensando en los réditos que le podría dar la vacuna para el covid-19, anunció la llamada Operación Velocidad Warp.

Lo que él no ha querido entender es que darle el visto bueno a una vacuna experimental, sacarla a la calle y pincharle el antebrazo a la gente es un camino demasiado culebrero, así la vacuna en las tres primeras fases haya sido todo un éxito.  Veamos:

El virus respiratorio sincitial que es la infección pulmonar más frecuente en los niños, y que mata 60 mil cada año, cuando se hizo el ensayo con la vacuna experimental en 1966 dos niños murieron en EE. UU. La vacuna resultó peor que la enfermedad. A la fecha de hoy no hay vacuna, pero el virus sigue matando niños.

Otro lio con las vacunas experimentales es que algunas generan una mayor susceptibilidad al virus. Fue lo que sucedió con el síndrome respiratorio agudo severo (SARS) provocado por un coronavirus hermano del covid-19 y que en 2002 mató a 800 personas. Cuando la vacuna experimental se les aplicó a los animales estos sufrieron inflamaciones que hasta la fecha no se sabe qué pasó.

El caso más preocupante sucedió con el rotavirus, el causante de la diarrea en los niños. Cuando la farmacéutica Pfizer (la misma del viagra) pinchó en 1998 a más de un millón de niños, un año después tuvo que retirarla del mercado, pues les había originado una obstrucción en el aparato digestivo. Lo curioso fue que la vacuna experimental que se había probado en 10 mil niños había sido todo un éxito. Hubo que rehacerla de nuevo, pero en la segunda vacuna los científicos optaron por probarla en 60 mil niños.

Con lo que se dice alrededor de las vacunas no sabe qué puede pasar. En 1984 cuando apareció el Sida se dijo que en dos años habría vacuna. A la fecha de hoy, han pasado 35 años y vacuna no hay. A la gente le ha tocado convivir con el virus del Sida.

Si bien en la TV se escucha en los noticieros afirmar que la vacuna está ya de un pelo, es engañar a la gente. Pues las vacunas no siempre han tenido una historia alentadora. Solo existen 26 enfermedades con vacunas. Lo que demuestra que hacerlas efectivas es un problemón. La vacuna de la malaria tardó 31 años, la del rotavirus 22 años, la del polio tardó 20 años, el virus del papiloma humano 15 años. Y así por el estilo.

No hay necesidad de poner a correr a la ciencia a la Velocidad Warp. Lo hecho hasta ahora con la ayuda de la Inteligencia Artificial, los Big Data y los modelos matemáticos es monumental. La ciencia ha dado pasos de gigantes.

Tan así que desde que apareció el covid-19, y desde que se dio a conocer su genoma, en estos primeros 5 meses del año 2020 se han desarrollado 125 posibles vacunas y 10 de ellas se están probando en humanos.

Para tener una idea de ese universo científico de las vacunas, hasta ahora solo hay 4 modelos de vacunas: a) las que se hacen a partir del mismo virus ( como las de la gripe, polio, sarampión, etc), b) a partir  de otros virus (como la vacuna del ébola), c) a partir de proteínas (como la de la Hepatitis B y el virus del papiloma humano) y c) las que se hacen a partir del material genético sean a partir del ARN o ADN y son las que van encabezando el pelotón.

Vacunas de ADN solo la estadounidense Inovio la está desarrollando. Aunque se probó una en seres humanos contra el SARS no existe ninguna en el mercado. Dicen que es segura y estable. El reto es que requeriría de una tecnología específica para administrar la vacuna.

Vacunas a partir del ARN la están desarrollando varias empresas farmacéuticas como la alemana BioNTech, la china Fosun Pharma, la española Centro Nacional de Biotecnología y las estadounidenses Pfizer y la Moderna Therapeuthis que va liderando el desarrollo de la vacuna. Tiene un grandísimo problema, no se ha creado la primera vacuna.

Las vacunas de ARN o ADN tienen en común que son sencillas de hacer, que su producción es rápida, masiva y de bajo costo. Se desconoce su eficacia.

Sin embargo, entre la comunidad científica hay varios puntos de vista. El científico español Juan Andrés, que trabaja en Moderna Therapeuthis, ha dicho que antes de diciembre la vacuna experimental ya estará. La vacuna en su fase dos fue todo un éxito. Dice que de los 45 voluntarios que le aplicaron dosis de 25, 100 y 200 microgramos, no solo generaron anticuerpos sino también neutralizantes que atacaron directamente al covid-19.

Pero Rafael Vilasanjuán, un analista del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal) afirma tajantemente: “…en diciembre no habrá vacuna. No la habrá. Y en el hipotético caso de que tuviésemos una vacuna, no sería la vacuna”. Aunque él se refiere a la vacuna experimental, no obstante, sus palabras no son tan pesimistas. Pues, a renglón seguido dice que en enero de 2021 si la habrá y que la vacuna real estará en la calle dentro de dos años.

La comunidad científica coincide que producir una vacuna no es nada fácil.

La farmacéutica francesa Sanofi, una de las cuatro empresas en el mundo que monopolizan la fabricación de vacunas, calcula que producirla requiere entre seis meses y tres años. Insisten que la vacuna tiene que quedar bien hecha para garantizar que la vacuna no esté defectuosa o contaminada.

No obstante, los que ponen los bultos de dólares, quieren la vacuna ¡ya!

El mismo gobierno de Trump que le dio 1.200 millones de dólares a la Universidad de Oxford (Reino Unido), y que tiene una vacuna experimental bastante adelantada, quiere para enero de 2021 la bicoca de 300 millones de vacunas. El biólogo David Pulido Gómez que hace parte del equipo científico, dice que la farmacéutica AstraZeneca —la encargada de producirla— tiene la capacidad de sacar entre enero y septiembre 1000 millones de vacunas. Pero el problema real es que “la vacuna puede no funcionar”.

En todo caso, la presión por crear la vacuna reside en que el covid-19 es de fácil contagio, ayuda a matar y mata. Además de la Operación Velocidad Warp de Trump, está también el proyecto El Acelerador ACT compuesto por la Organización Mundial de la Salud, la Alianza Gavi, la CEPI, el mismo Bill Gates, que tienen como meta que la vacuna se desarrolle en tiempo récord.

Algunos críticos sostienen que acortar tiempos, como lo piden la Operación Velocidad Warp y el proyecto El Acelerador ACT trae problemas. La vacuna contra el ébola, la que más rápida se ha desarrollado hasta ahora, tardó cinco años.  Y con el covid-19 la idea es que se tenga antes de los 18 meses.

En fin, lo que dicen lo críticos es que quieren fabricar vacunas experimentales sin saber si funcionan. La pregunta que se hacen es por qué se quieren saltar los procedimientos. Una vez aprobada y fabricada la vacuna es necesario saber si es eficaz. Como lo señala el biólogo Pulido, es necesario que el virus haya contagiado a la comunidad. Se requiere que las personas que hayan sido vacunadas estén protegidas contra el virus. Sin embargo, en contra de la eficacia juega el confinamiento. Si bien el confinamiento es bueno porque detiene la infección, para la vacuna no lo sería, ya que al detenerse la transmisión se haría más difícil saber sobre su efectividad. En fin, como dice el biólogo, para saberlo se necesitaría contar con otros meses de más.

Pero otra cosa es hacerle seguimiento para observar si tiene efectos adversos y, como dicen los expertos puede durar entre 6 y 36 meses.

Mientras todo esto está pasando en los laboratorios y en las oficinas donde están los millones de dólares, Latinoamérica arropada por la miseria, el desempleo y el hambre está convirtiéndose poco a poco en el centro de la pandemia.

Su futuro con el covid-19 es incierto.

 

 


domingo, mayo 17, 2020

Covid-19, ciborg y paranoia

Armando Moreno Sandoval ©

Bill Gates y el historiador Yuval Noah Harari habían dicho que la pandemia del coronavirus a los países que llaman del Tercer Mundo llegaría poco a poco. Por supuesto, que los países que conforman ese exclusivo club de pobres son Latinoamérica, África, países del Medio Oriente y algunos de Asia.

Según ellos, estos países debían ir preparándonos para cuando llegara el peor de los escenarios, cual es el de ver un reguero de muertos al estilo de Guayaquil en el Ecuador o el cuadro dantesco de los cadáveres putrefactos amontonados en New York.

A pesar de las torpezas de los políticos en el mundo entero, la ciencia ha seguido avanzando. Con el conocimiento científico y el desarrollo tecnológico alcanzando de lo que va del siglo XXI la vacuna se logrará, de eso no hay duda. Los soñadores que no han de faltar, y que creían que con el covid-19 la humanidad iba cambiar, ahora, podemos decir, ¡cómo estaban de equivocados!

Con o sin vacuna, y como se ha visto por la TV, el ser humano ha seguido tan campante como si nada hubiese pasado. Los biólogos evolucionistas, etólogos y antropólogos culturales y evolutivos saben que el homo sapiens es un ser que encarna destrucción y muerte. Este comportamiento está en sus genes. Que no se equivoquen quien crea que el covid-19 lo va a volver un bicho buena gente.

El triunfo de la muerte

Aunque el mensaje que nos da el pintor flamenco renacentista Pieter Brueghel, en su obra de arte El triunfo de la muerte de finales del siglo XVI, es la de una humanidad claudicando frente a esta, no obstante, hoy en el siglo XXI podemos decir, sin temor a equivocarnos, que el ser humano esquivará la muerte por otros caminos: ahí están los ciborgs, los cromosomas y genes editados y el hibrido incipiente entre inteligencia artificial y cerebro.

El antropólogo cultural Clifford Geertz ha argumentado persuasivamente que el humano hace rato se distanció de la naturaleza. Desde que apareció sobre la tierra lo único que ha hecho es acomodar la naturaleza a sus fines. Para que el lector no se complique mucho, piense por ejemplo en la palabra transgénico. Esto quiere decir que el humano, en vez de que la naturaleza haga sus propios cambios evolutivos, el ser humano es quien se encarga al modificar genes y cromosomas en un laboratorio. El ejemplo más patético ha sido la oveja Dolly, no hizo falta el ovejo y la oveja.

La discusión si el covid-19 es natural o creado en un laboratorio es una discusión de tontazos. A la humanidad se le olvidó que el gas mostaza fue utilizado en la guerra contra el Irak de Hussein. Y que en el año 2018 el presidente Al Asad de Siria para derrotar a los rebeldes utilizó el gas sarín causando cientos de muertos.

Los mensajes de las obras de artes esparcidas por el mundo, al igual que los libros que relatan pandemias son por montones. El sustrato en común es el miedo y el deseo de aniquilar al otro. La idea es que así se salvan de la pandemia.

Los historiadores urbanos han investigado que este modelo de vivir en pueblos o ciudades es una herencia medieval y que tenía como fin el aislamiento y el miedo al otro. Las películas y series sobre la Edad Media representan muy bien para qué era el encerramiento. Este legado medieval actualmente se está dando en este siglo XXI con el covid-19.

A los municipios que no les ha llegado el covid-19 sus pobladores están confiados que el virus no llegará, tan así que nadie se atreve a afirmar que llegará. No lo dicen por miedo a que lo linchen. Los ejemplos de linchamientos por sospecha o por bocazas no hace falta enumerarlos. Han sido registrados en la TV y en las redes sociales.

Aunque la paranoia de los habitantes urbanos es comprensible, las autoridades en vez de transmitir confianza lo que han hecho es gobernar con el miedo del otro. Toques de queda, cuarentena, restricciones, horarios restringidos, encerramientos, multas, cárcel, etc. Es un escenario casi que calcado de lo que hacían los lacayos en la Edad Media en nombre del rey.

Aunque la gente quiere volver a la cotidianidad la espada de Damocles sobre la nuca es persistente. No obstante, y aquí está lo contradictorio, el individuo en aras de querer ser dueño de su libertad se vuelve irresponsable de sus propios actos.

Por supuesto que no tenemos por qué parecernos a la ultraliberal Suecia, donde el Estado dejó al ciudadano a su libre albedrio para enfrentar al covid-19.

En Colombia a ningún gobernante se le ocurrió hacer pedagogía ciudadanía. Haber impulsado el buen comportamiento frente al covid-19 hubiese sido un buen ejercicio de aprendizaje. El individuo tiene que entender que vacuna no hay y que la responsabilidad de un contagio recae exclusivamente en él. Es más, es un azar por su fácil contagio.  Haberles hecho entender que solo toca esperar a que los científicos hagan la vacuna. Que las únicas armas son:

a) Decirle al ciudadano que aplique el distanciamiento social, b) que use la mascarilla y c) que sea excesivamente higiénico (sobre todo con las manos).

La gran prueba de fuego para el gobernante es cuando aparezca el primer contagio o muerto por covid-19.

Tiene dos alternativas: a) regresar a la Edad Media con medidas draconianas, o, b) tener la serenidad y la inteligencia de entender que mientras no exista vacuna tocará que convivir con el virus. La pregunta es cómo, si aún los gobernantes no se han atrevido a pensar en ese cómo.

Lo que se aprecia son gobernantes aferrados al pasado. ¡Les cuesta pensar el futuro!

 

 

 

 


viernes, mayo 01, 2020

El coronavirus: entre la ciencia, la paciencia y la vacuna


Armando Moreno Sandoval ©
La científica británica Melaine Saville dirige la CEPI (Coalición para las Innovaciones en Preparación para Epidemias), la entidad que está al tanto de las ocho posibles vacunas para erradicar el coronavirus. Son vacunas que prometen resultados alentadores.

La carrera contra el tiempo para conseguir la vacuna es descomunal. Hace rato a los laboratorios le dieron el pistoletazo de salida. Tres laboratorios picaron en punta por haber comenzado la fase de pruebas en humanos —las de Moderna, Inovio y la Universidad de Oxford —. El laboratorio que sobresale es la de Moderna Therapeutics por su método científico innovador.

Por mucho que se corra, como está sucediendo ahora con el virus que está amenazando al homo sapiens como especie, la humanidad a los científicos va a tener que darles espera. Tendrán que confiar en ellos

Cuando en la tele sale la noticia que hay una vacuna que promete, la gente sonríe. Es bueno que así sea, por fin la gente está empezando a creer en la ciencia. No obstante, la realidad es otra.

El primer escollo que debe librar la gente es el cultural. La gente debe entender que no solo basta con crear la vacuna, se necesita saber si es eficaz o no. Lo hermoso de la ciencia es que no promete nada, porque esta se basa en el ensayo y en el error. Y cuando la ciencia crea un nuevo paradigma que revela nuevas verdades, es necesario someter esa nueva verdad al ensayo y al error. Toca que refutar esa verdad, hasta que surja una nueva verdad y volver a comenzar de nuevo.  Este es el principio del por qué la ciencia no se detiene. Solo le está permitido avanzar. Por eso se diferencia de la religión que está basada en la fe, es decir, en la verdad absoluta.

Otro lío es el económico. Además de crear la vacuna, toca producirla y distribuirla, amén de la planificación.

Crear la vacuna no es, como creen muchos, frotarse las manos con jabón y hacer espuma. Se necesita miles de millones de dólares. Sin financiación no hay vacuna. La CEPI que está al frente de las vacunas del Covid-19, en su etapa inicial necesitó algo así como 2.000 millones de dólares. Hace poco la India y Suiza donaron 7 mil millones de dólares. Causa curiosidad que sea una cifra aproximada, pues se necesitará mucho más dinero.

El camino para frenar al Covid-19 no solo está por el lado de las vacunas. También están los fármacos como el Remdesivir que es un antiviral y que promete mucho mientras está la vacuna. También está la hidroxicloroquina, aprobada recientemente en Colombia; no obstante, su eficacia no está comprobada, pero se está investigando si puede servir.

Lo que si no debe hacer la gente es creer en los políticos. A Donald Trump presidente de EU, la gente le creyó cuando les dijo que tomaran un desinfectante para salvarse, muchos que le hicieron caso murieron.

Mientras los políticos y gobernantes en el mundo ordenan torpezas, desarrollar una vacuna, como dice Melaine Saville, lleva normalmente entre 10 o 20 años. Pero lo que se está haciendo en Moderna es de ficción, pues, como ella mismo dice, es un método que nunca se había probado.

Pero el director general de Moderna, el científico Stephane Bancel confía en los 100 científicos que trabajan en el laboratorio que queda en el pequeño pueblo de Norwood, Massachusetts. Es un convencido que si todo sigue como va entre 12 y 18 meses ya estará la vacuna.

Comprender los atajos de lo que hacen los científicos en Moderna Therapeutics es toda una novela.
Para empezar, es necesario saber que el cuerpo humano está compuesto de agua, carbohidratos, grasa y proteínas. Lo que interesa aquí entender es que existe una molécula que llaman ARN mensajero, que lo único que sabe hacer es producir proteínas como la Spike.

El coronavirus es una cadena de material genético recubierto de una membrana de proteínas que, para infectar al ser humano, utiliza la proteína Spike. Es necesario entender que las células tienen puntos débiles, uno de ellos es el receptor ACE2, que es por donde el coronavirus, utilizando la proteína Spike, se acopla a la célula para poderla penetrar. Algo así como si alguien (el coronavirus) usara una llave (proteína Spike) para abrir la puerta (Receptor ACE2).

Los científicos han descrito en sus informes que cuando el coronavirus está dentro de la célula lo que hace es desplegar un ARN que, la célula en su inocencia entiende que el ARN que se encuentra dentro de ella es propio procediendo a usarlo como una guía. El primer encuentro del ARN dentro de la célula es con los ribosomas, que siguiendo sus instrucciones comienza a fabricar proteínas virales. La primera proteína viral que crea el ARN es la replicasa que se divide en 16 partes formando un complejo de replicación y transcripción, creando así millones de copias igual al ARN viral.

Una vez creadas las réplicas del virus, salen de la célula y la destruyen, comenzando de nuevo la tarea de infectar otras células.

El cuerpo humano ante la infección tiene dos alternativas: morir o quedar vivo. Todo dependerá de su sistema inmunológico. Nada que hacer. Ni la cuarentena lo salva. No hay vacuna.

Crear una vacuna es toda una odisea de alta tecnología y de profundo conocimiento científico. Para empezar el covid-19 para manipularlo es necesario resguardarlo a una temperatura de 200 °C bajo cero.

Leer como se crea una vacuna parece sencillo ya que se puede resumir en pocos renglones. En principio es usar el mismo cuerpo humano como un biorreactor. Es necesario que el lector entienda que la vacuna de Moderna está basada en un ARN mensajero que produce la proteína Spike del virus, pero no el resto del patógeno. Lo que hicieron los científicos fue crear un ARN mensajero e introducirlo en la célula con el fin de que produzca proteínas Spike.

¿Para qué, preguntará el lector? Creadas las Spike dentro de la célula, lo que hará el sistema inmunológico es identificarla y recordarla para que, en caso de que llegue el coronavirus al cuerpo humano, el sistema inmunológico active los anticuerpos, identifiquen la proteína Spike, se unan a ella y comience el proceso para atacar y aniquilar el virus. 

Esta vacuna desarrollada por la empresa estadounidense Moderna, en colaboración con los Institutos Nacionales de Salud (NIH) de EE. UU. ya fue probada en humanos durante este mes de abril. No obstante, aún falta mucho camino por recorrer.

Otra etapa tiene que ver con su eficacia. Para decirlo con otras palabras: ¿cuál es la dosis exacta que necesita el cuerpo humano para que pueda quedar inmunizado? Calcularlo es interesante y es clave para evitar posibles efectos secundarios graves.

Como lo dice Juan Andrés el director técnico de Moderna: “¿cuántas dosis vamos a poder hacer? Pues no lo sé, porque todavía no sé la dosis. La capacidad será cinco veces mayor o cinco veces menor si esto funciona con dosis de 50 microgramos o si se necesitan 250 microgramos. Esto va a dictar cuándo estará disponible la vacuna. Nosotros estamos haciendo esfuerzos más allá de lo sobrehumano, para estar lo antes posible”.

Si se da con la dosis exacta vendrá la etapa de los ensayos que deben involucrar a miles de personas. Para entender lo dicho que mejor que el ejemplo del filántropo y matemático informático Bill Gates: “supongamos que la tasa de infección esperada es del 1 % anual y se desea realizar una prueba en la que se esperaría que 50 personas se infecten sin la vacuna. Para obtener un resultado en seis meses, la prueba necesitaría 10.000 personas”.

Si se tiene la certeza que la vacuna inmunizará, la otra etapa es la producción y para ello requerirá de una tecnología específica. Esto quiere decir que habrá que invertir en plantas de producción y esperar a que se produzca en escala. Por tanto, habría de requerir más millones de dólares y planificación. Lo maluco es que distribuirla costará mucho más. Pues para acabar con la enfermedad el único camino es inmunizar a la población.

Mientras esté la vacuna, los terrícolas tendrán que acostumbrarse a ver regueros de muertos por doquier. Es el precio que tiene que pagar por estar destruyendo la naturaleza. El virus le está dando al terrícola de su misma medicina. Enseñado siempre a encerrar  a sus semejantes, igual que a las otras especies, un virus que por su tamaño es insignificante lo tiene acorralado.

El ser humano tiene miedo, aunque científicamente no se entiende por qué. Si bien es cierto que el actual coronavirus es capaz de abrir las cerraduras de las células humanas, pero no de ratones o ratas, los chinos que se dieron a la tarea de crear ratones transgénicos para estudiar el comportamiento del covid-19, pues estos ratones producen la versión humana del receptor ACE2, que es la puerta por donde entra el virus, descubrieron que la virulencia del Covid-19 es moderada, muchos menos que la de las otras enfermedades generadas por otros coronavirus. El estudio que fue  publicado por científicos chinos en Biorxiv, dice que lo moderado es lo que explica que el 80% de los infectados desarrolla síntomas leves. El lio es que el otro 20% es el que se muere.

Mientras los científicos están empeñados en comprender el covid-19 y producir una vacuna, en Colombia los gobernantes no tienen idea qué hacer. La mayoría de las acciones que hacen a través de unos escritos que llaman leyes o decretos son chorradas. Todo es inocuo. Tan así que usan el covid-19 para hacer política y robarse la plata de los contribuyentes.

A los gobernantes no se les ha ocurrido que para controlar la propagación del virus la fundación de Bill Gates desarrolló una prueba facilísima para saber si se tiene Covid-19 o no, y consiste en tomar un hisopo nasal, algo así lo que llaman un copo que venden en droguerías, e introducirlo por la nariz hasta la parte posterior de la garganta. Tomada la muestra solo basta procesarla en una máquina de Reacción en Cadena de Polimerasa (PCR) y ¡listo! Es casera y lo hace la misma persona. Sin embargo, los políticos se niegan a ponerla en práctica masificándola. La prevención en salud no existe. Prefieren que la gente se contagie y se muera.

Como si el párrafo anterior no bastara, hay un pueblo que está prácticamente en el centro de Colombia, y se llama Mariquita. Está ubicado en el departamento del Tolima. Las autoridades de ese municipio pusieron en ridículo la profesión de payaso. Nadie sabe de qué cabeza surgió la idea de que para detener el virus había que esparcir volquetadas de tierra en las principales entradas del pueblo.

¡Macondiano pero cierto!

domingo, abril 19, 2020

El coronavirus se ríe de mí


Armando Moreno Sandoval ®
Los científicos que están desarrollando la vacuna han dicho: solo estará entre 12 y 18 meses.
Mientras tanto, los gobernantes pisotean la democracia sacando a relucir el espíritu atrabiliario o chafarote que da el poder. Ahí está Donald Trump. Y como si fuera poco el conocimiento científico para el manejo de la cuarentena y del Covid-19 ni siquiera está en la cabeza.
El desconocimiento de la ciencia no solo está sucediendo en EU, está pasando en otros países. Sea que estén gobernando porque la gente los eligió o por qué se amañaron con el poder, la única verdad es que a nombre de la democracia están practicando abusos que la humanidad conoció a nombre del nazismo, fascismo, comunismo y de gobernantes autócratas.
Colombia un país latinoamericano que tiene los mayores índices de desigualdad social, el confinamiento pésimamente planificado está llevando a la gente al suicidio, a la violencia intrafamiliar y a sentir hambre. Están revelándose, y están saliendo a la calle a desafiar al Covid-19. No les importan las normas, los comparendos, les da lo mismo si los llevan a la cárcel. Al fin al cabo están llenas de presos, no cabe uno más.
Los políticos que se alimentan de la pobreza y de la miseria de sus votantes se escudan en que hay que salvar vidas. Nadie lo niega. El problema es que no tienen idea cómo salvarlas. Los únicos que hacen es distribuir loncheras para que calmen a medias el hambre. Poco saben de lo que dicen los expertos y mucho menos de lo que dicen los científicos.
Es cierto que la muerte es eterna y que el Covid-19 es pasajero, pero, mientras se logre la vacuna dejara un reguero de muertos a su paso. Las pandemias son devastadoras, pero la única realidad es que tanto los gobiernos que dicen llamarse líderes como las organizaciones plagadas de burócratas inútiles como la Organización Mundial de la Salud, hicieron poco. Ahí están el Zika, el Ébola, el SARS y el MERS.
Bill Gates que está informado y conocedor de lo que hacen los científicos asegura que lo más importante son las pruebas y que estás no se están tratando con urgencia. Señaló que el mundo debería aprender de Corea del Sur que no tuvo necesidad de hacer un confinamiento extremo, porque hicieron un buen trabajo a la hora de hacer las pruebas. Son las pruebas las que deben decirle a los gobernantes cómo deben ser los confinamientos, si se extienden o se relajan.
La experiencia de Corea del Sur no ha sido tenida en cuenta por países occidentales. En Colombia, la alcaldesa lesbi de Bogotá cree que la forma más eficaz de aplanar la curva es segregando la gente por sexo. Una medida que generó descontento social y rabia.
En Mariquita un pueblo que queda en el centro de Colombia de escasos 33 mil habitantes, al alcalde se le ocurrió que la mejor forma de prevenir el contagio era, dependiendo del último número de la cédula, dejarlo salir por cuatro horas de lunes a viernes y encalabozarlo en sus casas los sábados y los domingos por 24 horas. Pareciéndole que la medida draconiana era poca cosa, se premió así mismo imponiendo un toque de queda desde las 3:00 de la tarde hasta las 7:00 de la mañana del día siguiente.
El peligro con los gobernantes es que las chorradas que se le pasan por la cabeza las pongan en práctica. Nadie sabe de las consecuencias hasta cuando la gente comienza a padecerlas.
En Bogotá a la alcaldesa lesbi se le olvidó que la mayoría de las familias son monoparentales. Una madre soltera con hija/jo lo piensa dos veces para salir a abastecerse de sus necesidades. Cualquier tontazo sabe que es un riesgo dejar solo a un menor de edad, pues los violadores y abusadores asechan por doquier. Empezando por los curas de las iglesias.
En Mariquita la medida del pico y cédula por cuatro horas en vez de distanciar a la gente generó caos. Filas largas, medianas y cortas se ven por todos lados, pero el espectáculo es una montonera debido a los afanes de la gente porque el tiempo de hacer las vueltas se le va a acabar. En sí lo que se creó fue un nicho de contagio para que el Covid-19 prospere.
En los municipios del norte del Tolima no ha habido contagios, ni muertos. Pero lo que se les olvida a los alcaldes de la región es que, a escasos minutos, pasando la frontera departamental hacia Caldas, está La Dorada, uno los municipios pequeños con más contagiados en Colombia por Covid-19. Hasta el 17 de abril llevaba 26 contagiados.
Ningún alcalde se puede ufanar que en su municipio no haya muertos, ni contagiados. Solamente se sabrá cuando se haya establecido las pruebas que, a decir verdad, en Colombia no son masivas, sino al detal. Es decir, de cómo se sienta el paciente.
El científico Morgan Gaia, investigador sobre la co-evolución de los virus y las células, y que actualmente trabaja en el laboratorio francés Génoscope-CEA manifiesta que el Covid-19 tiene las mismas características que otros virus, el lío está en su facilidad para propagarse y contagiarse.
Agrega el científico Gaia que cuando “se produce la infección, el virus es capaz de crear, además de neumonía, una tormenta de citoquinas, una reacción exagerada del sistema inmunológico capaz de afectar a la mayoría de los órganos. La respuesta inmune del cuerpo es a menudo tan violenta que puede dañar tejidos sanos”.

Curioso que sea la respuesta inmunológica del cuerpo que termine matando al mismo cuerpo, algo así como un suicidio. Situación está que a los mismos científicos los tiene preocupados.

El Covid-19 causa terror porque es letal y mata. Mientras no esté la vacuna que nos haga inmune al virus, la mejor arma contra la propagación es que la persona se cuide y se proteja. Las recomendaciones, aunque parezcan tontas, no lo son: el distanciamiento social, la mascarilla y una excesiva higiene empezando por el permanente lavado de manos.

Estas normas algunas personas las pasan por lo alto. Las alcaldías en vez de estar imponiendo comparendos o “encarcelando” la gente a las malas, deberían junto a las autoridades sanitarias estar haciendo pedagogía acerca del Covid-19.

En mi lánguido trabajo de campo que he llevado, he llegado a una catastrófica conclusión: la gente esta presa de las creencias y poco sabe qué pasa con el virus. Lo que dice la ciencia acerca del virus aún no ha sido procesada por la gente del común.

¡Una desgracia!

martes, marzo 31, 2020

Drones, Big data y coronavirus


Armando Moreno Sandoval

Leer al filósofo surcoreano Byung-Chul Han es reconfortante para entender qué pasa en sociedades diferentes a la europea-estadounidense, es decir, lo que se conoce como occidente.

Así occidente triunfe frente al coronavirus ya de antemano parecería que se estuvieran llevando el trofeo de fracasados. Occidente no ha querido entender que la manera como los asiáticos le ganaron la batalla al virus corresponde a una concepción de ver la vida diferente a la de occidente.

Para entender lo dicho es necesario remontarnos a la Revolución Francesa de finales del siglo XVIII que puso al individuo por encima de todas las cosas. Todo el pensamiento que surgió a raíz de la Revolución Francesa, incluyendo el marxismo, tuvo como referente el respeto a la libertad, la igualdad y la fraternidad.

No obstante, en la segunda mitad del siglo XX, la filosofía occidental acentuó el individualismo, el relativismo cultural e incluso el fin de los metarrelatos que le sirvieron a occidente para imponerse y destruir otras culturas (cristianismo, comunismo, fascismo, nazismo, etc).  Estos filósofos, más el surgimiento de las nuevas tecnológicas en el último cuarto del siglo XX, relativizaron y empoderaron al individuo, al punto que hoy la frontera entre lo falso y lo verdadero pareciera evaporarse. El individuo se ha apoderado de su propia verdad. La autoridad académica, científica o el individuo docto tan apreciado está en entredicho. La mejor expresión son los fake news y deepfakes.

Si occidente está en una carrera maratónica para enfrentar al coronavirus utilizando una vía larga como es la vacuna que estaría entre un año y año y medio, países como Hong Kong, Singapur, Japón, China, Taiwán y Corea del Sur lo hicieron dejando a un lado al individuo y recurriendo a la obediencia colectiva.

En contraste con occidente que entró en paranoia decretando cuarentenas, invocando soberanías, cerrando tiendas, restaurantes y fronteras a los extraños cuando en realidad eran ellos los peligrosos por ser portadores del coronavirus, en Taiwán y Corea del Sur la vida cotidiana seguía como si nada.

Ahora los medios y algunos filósofos al estilo de Zizeck están propiciando, fiel a la tradición cristiana, una paranoia apocalíptica. Que el capitalismo murió, que la vida ya no será como antes, que todo será distinto y que después del coronavirus otra forma de vida social se instalará en el planeta.

Nada de esto sucederá. El capitalismo, y lo ha demostrado en su corta vida, tiene una capacidad de reinventarse. Lo que si es cierto es que si no es occidente, serán los asiáticos que lo sacará avante y más fortalecido.

Lo que sí está en entredicho son las libertades individuales que se empezaron a moldear desde ese periodo europeo conocido como el Renacimiento y que se acentuó con la Ilustración y cuya defensa ha generado muchos horrores. Basta solo recordar la inquisición en nombre de Dios y las luchas que se libraron contra el totalitarismo comunista, fascista y nazista, al igual que los populismos de derecha e izquierda.

Esta es la verdadera prueba de fuego de occidente.

Presos de las narrativas que occidente nos brindan a través de la tele y de los celus, —vía face, twitter, whatsapp— nos hemos olvidado cómo, en la práctica, los asiáticos le hicieron el ole al coronavirus sin tanto aspavientos.

Desconocer el papel de los trabajadores de la salud en occidente es como ocultar el sol con un dedo. Está claro que los asiáticos para enfrentar el coronavirus lo hicieron confiando en sus matemáticos, programadores, inteligencia artificial, la tecnología de internet 5G pero, sobre todo, en los Big data. Esos robustos centros informáticos que pueden capturar, gestionar, procesar y analizar datos, y que no se puede hacer con herramientas convencionales.

Unos pocos ejemplos nos pueden dar una idea de lo que está pasando en esos países asiáticos.

Ver policías poniendo orden en la calle parecería cosa del pasado. Para eso están los tracker, personal que durante 24 horas mira y analiza los movimientos de la gente las 24 horas del día a partir del material filmado en videos. Estos tracker son los encargados de llevar a cabo la vigilancia social y digital que en occidente sería imposible por invasión a la intimidad o al derecho al desarrollo de la libre personalidad.

El sistema de créditos social por puntos sería impensable en occidente. Cámaras esparcidas por las calles —China tiene 200 millones de ellas— vigilan al individuo y dependiendo de su comportamiento le dan o le quitan puntos. Leer periódicos en internet da o quita puntos dependiendo si, lo que lee, es afín o contrario al gobierno. No ser leal al gobierno con lo que se lee es un lío: el riesgo de ser considerado como un peligro para la sociedad.

No obstante, es en la lucha contra el coronavirus donde mejor se aprecia el uso de la inteligencia artificial con todo su arsenal informático. Las cámaras que están instaladas en las estaciones del metro han ayudado mucho para prevenir el contagio. Detectar una persona con una temperatura alta le permite al gobierno enviarle a quienes están alrededor de la persona sospechosa un mensaje de texto avisando que la persona del lado puede ser portador del virus.

Esa misma labor la hacen los drones en las calles. Los enfermos de coronavirus ya están detectados. Violar la cuarentena podría ser sancionado por el mismo dron o en su defecto, si se rehúsa a aceptar el llamado, a darle aviso a la policía.

Igualmente pasa en los conjuntos residenciales. Una aplicación en tiempo real le informa a los residentes en cuáles apartamentos están los contagiados por coronavirus para prevenir el contacto.

Mientras occidente no sabe qué hacer con el coronavirus, pues se ha quedado en recuentos estadísticos diciéndole al mundo qué país ha superado a China en contagiados, en Corea del Sur crearon una mascarilla utilizando la nanotecnología para aislar el virus filtrando el aire. Las mascarillas les fueron repartidas a todos los habitantes. Lo interesante es que es reutilizable si se lava al cumplirse un mes de su uso.

Los asiáticos ya le ganaron la pelea al coronavirus, y occidente se niega a aceptarlo. El problema está en cómo una cultura construye la realidad con el lenguaje. En occidente existe la tendencia de creer que todo colectivismo es comunismo. Esta falsa idea solo ocurre porque occidente quiere comprender a los asiáticos con sus propias ideas. Se les olvida que la mentalidad autoritaria que, en el caso de China, está ligada a una tradición cultural heredada del confucionismo.

Si en las sociedades asiáticas existe la obediencia colectiva simplemente es, porque allí esa cosa que en occidente llaman privacidad para defender al individuo no existe.

Si, para el caso de occidente, la libertad individual está en riesgo, lo más peligroso es que no se sabe qué poder está detrás del coronavirus. Ya occidente, con EEUU a la cabeza, a través de Netflix y HBO han recreado a través de series para televisión el mundo de la sociedad obediente y controlada por la inteligencia artificial, los matemáticos, los programadores y los Big data.

Solo me resta decir que si quieren entender cómo es eso de la sociedad obediente del futuro controlada por algoritmos con dos ejemplos bastan: Black Mirror en Netflix y Westworld en HBO.

Da miedo!

viernes, marzo 27, 2020

El tsunami del coronavirus y la era digital


Armando Moreno Sandoval 

En pleno tsunami pandémico por el coronavirus, cualquiera creería que serían los entes territoriales del Estado los que darían ejemplo en usar medios digitales. La circular No 14-2020   de la Procuraduría Provincial con sede en Honda (Tolima) insta a los concejos municipales a utilizar, entre otras herramientas, reuniones virtuales.

La propaganda mediática del alcalde de Mariquita (Tolima) Juan Carlos Castaño y del presidente del concejo Guillermo Angarita Gonzáles parecen no concordar con la realidad. Han conminado a concejales a sesiones extraordinarias, y quién con lo creyera, de cuerpo entero.

Mientras el gobierno central insta a los ciudadanos a quedarse en casa y acatar la ley, el alcalde y el presidente del concejo parece estar incumpliéndola al exigirles a los concejales todo lo contrario.

Uno se pregunta qué pasa con las herramientas digitales, pues creería que las reuniones de los entes del Estado podrían llevarse por face live, google meet, entre otras. Todo parece que estas herramientas no están en la cabeza de los funcionarios del Estado.

Parecería que no comprendieran lo que está pasando pues el alcalde los está convocando para sesionar asuntos de poca monta que, por la situación actual de la pandemia, poco sentido común tiene.

Entre los acuerdos a tratar, y supongo que a votar, está la siempre cacareada reestructuración de la planta personal y administrativa que todo alcalde se empeña en implementar para pagarle favores a los suyos. Otro tiene que ver con el auxilio de transporte a los concejales que viven en el campo. El otro, y que es polémico, tiene que ver con el sueldo del gerente del hospital que, al parecer, dobla al del alcalde. La propuesta es bajárselo pero, hay quienes afirman que esos asuntos no son competencia del alcalde, puesto que los hospitales, al tener junta directiva, son entes autónomos. Afirman que es la junta en su sabio saber, o en su desastroso entender, la que decide el sueldo del gerente.

Cualquier colombiano que sepa leer cuatro letras podría concluir que los acuerdos, por ahora, no son prioritarios. Como lo ha dicho el gobierno central, los entes territoriales deberían estar trazando políticas de contingencia para atacar el virus o en su defecto cómo hacer que la cuarentena sea más llevadera.

Ya sea que el coronavirus ceda o no, los alcaldes y los concejos municipales deberían estar pensando en un plan B para después del 13 de abril. El alcalde y el concejo no deben esperar qué les va decir el gobernador de cada departamento o el presidente de la república. Que no se conviertan en convidados de piedra como lo han hecho hasta ahora. Lo más indicado sería que hicieran propuestas.

Hay dos verdades irrefutables:

1) No se sabe cuántos contagiados de coronavirus habrán en Colombia. La razón, los kits para detectar el virus no van a estar en todos los rincones de Colombia. Y lo peor que solo piensan instalarlos en algunas capitales. Un ejemplo es el Tolima que el Instituto Nacional de Salud. Es urgente que los alcaldes y gobernadores en vez de estar como plañideras, le exijan al gobierno de Iván Duque un laboratorio por municipio, pues sería lo más indicado para prevenir el contagio del virus.

2.- Lo otro cierto es que la vacuna solo estaría listadentro de un año o año y medio. Lo que no se le ha contado a la gente del común es que si esta falla en la experimentación con humanos, no queda otro remedio que volver a empezar con una nueva propuesta de vacuna.

Este escenario que deberían estar pensando los alcaldes parece que no les preocupa. Colombia es un país que tiene las desigualdades sociales más altas de Latinoamérica y del mundo, y nadie sabe cómo va a reaccionar la gente. También es cierto que nuestro país el trabajo productivo es precario, somos un país que vivimos de servicios y del rebusque. Ni siquiera somos capaces de impulsar microempresas que son las que generan el mayor empleo en el mundo.

Por tanto, es urgente que las alcaldías se asesoren y piensen en política social y no punitiva. La multa y la cárcel es una mirada reduccionista para solucionar problemas sociales ocasionados por la falta de empleo, la precarización laboral, la indigencia y el hambre.