TRANSLATE

sábado, diciembre 03, 2022

La existencia humana a través de las diferentes épocas o tiempos

José Orlando Velásquez Molina

José Orlando Velásquez
Cada generación tiene sus propios afanes. Hacia finales de la década del 60 del siglo XX era común ver en los zarzos de las casas de las fincas o de los pueblos ataúdes rústicos que daban terror observarlos. Pero uno siendo niño preguntaba a los adultos ¿para qué era? y contestaban: que para cuando él o algún familiar muriera, darle cristiana sepultura. O sea, que se iba preparando para cuando le llegase el día de partir de este mundo terrenal. Pasaron los años y todo fue cambiando y nuestros amigos entrados en años fueron guardando monedas de $50 en baúles para cuando fallecieran tuviese con qué costear el sepelio. Pero como no ha de faltar los hijos sobresalientes cuando el padre fallecía, en esos instantes de dolor el sobresaliente ingresaba a la casa y se alzaba con el botín, digo mal con el baúl y sin el más mínimo escrúpulo.

Laguna del Silencio
Llegamos a finales del siglo XX y comienzos del XXI y la humanidad mucho más organizada tiene servicios exequiales que se encargan de todo lo relacionado con la sepultura del difunto o la difunta, ya sea en bóveda o tierra, o, el servicio de cremación. Hasta aquí todo bien. Pero cuando uno escoge en vida la cremación muy pocos reflexionamos qué hacer con nuestras cenizas y no dejamos un testamento en el que decidimos la suerte de nuestras cenizas: si queremos engrosar las arcas de la curia o que nuestras cenizas tengan otro destino.

Mi testamento:

Cataratas del Medina
Yo, José Orlando Velásquez Molina, deseo que mis cenizas sean esparcidas en el territorio que me vio crecer, así: un puñado de las cenizas en el bosque municipal de Mariquita que hace parte de la reserva nacional protectora quebrada San Juan, El Peñón; un puñado en las cataratas del río Medina por ser el río donde aprendí a nadar y que lo disfrute durante mi existencia. Otro puñado en la hermosa laguna del Silencio, sitio encantador que invita a vivir y a escribir poesía, y por haber disfrutado de la pesca de sus mojarras, caloches, dentones y el introducido tucunaré. Otro puñado en la quebrada la Figueroa sitio al cual el sabio José Celestino Mutis se trasladaba en su mula para ver la quina amarilla de Mariquita (Tierra caliente).

Para los que lean este testamento y conozcan la región comprenderán que los sitios corresponden a los cuatro puntos cardinales y como mensaje a nuestras futuras generaciones: que amen y disfruten su región como yo lo hice”.

Como pueden ver estos cuatro puntos cardinales coinciden con los cuatro elementos, ya que mis cenizas pasarán por fuego, agua, aire y tierra.