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martes, junio 07, 2022

El petrismo en el diván

 La pequeña burguesía y la izquierda pupí.

Armando Moreno Sandoval

Ohhh quien lo creyera… el viejo Carlos Marx, padre del comunismo, que tanto agradó a la pequeña burguesía está siendo canjeado por la filosofía postmoderna donde las clases explotadas y olvidadas casi no tienen cabida.  

Ver para creer, dijo el ciego.

Cuánta razón tenía Marx al desconfiar de la pequeña burguesía. Esa clase arribista de coctel, caviar y de buen whisky que, habla de la revolución en los cafés y alrededor de los manteles de los restaurantes cinco estrellas.

Si, así como se lee, es la mismísima izquierda pupí, cool, light que incapaz de seguir el proyecto revolucionario de los que dieron su vida en el monte —así estuviesen equivocados— prefirió acomodarse al neoliberalismo y a la repartición del billete que da el Estado.

Esta es la explicación del por qué la pequeña burguesía junto a la izquierda pupí, light prefirió acomodarse sin chistar palabra al proyecto de la Colombia Humana que lidera la Izquierda Progre petrista en Colombia.

La izquierda pupi, light, que tararea del Estado capitalista explotador, pero que viven de el, y que aún no ha leído los Manuscritos de Economía y Filosofía (Alianza Editorial, 1968) del viejo Marx, se sorprenderán que, como si fuera pitonisa, alertó que no se debía de confiar en la pequeña burguesía. La razón es sencilla de explicar: son traidores.

Si bien a Marx se le fue la mano al meter en un mismo costal sectores diferentes al proletariado —lo que él llamó el lumpen proletariado— un conocedor del marxismo, Antonio Gramsci, daría cuenta de una diversidad social que no encajaba en el lumpen proletariado y que él llamo culturas subalternas. Siiiiiii esas mismas que se resisten a que el capitalismo cultural y económico las devore, las destruya…. y que prefieren estar en la periferia que verse consumidas.

¡Pero quien lo creyera! ¡Ohhhh Dios mioooo! Estas culturas subalternas que el capitalismo quiso hacerlas desaparecer, ahora, la Izquierda Progre amangualada con la pequeña burguesía y los movimientos políticos que han brotado como yerba mala a raíz del ocaso de los Partidos Liberal y Conservador en Colombia, les hace el feo por considerarlas jugadoras de tejo, incultas, sucias, mal habladas, oliendo a feo y equivocadas. O sea, el pueblo raso.

Solo basta mirar las redes sociales para constatar cómo esa pequeña burguesía que viven a expensa del Estado se burla…

Esta Izquierda Progre de salón de té ha señalado desde hace rato que lo suyo ya no es la lucha de clases como lo pensara Marx. El clásico estudio de Ronald Inglehart, The Silent Revolution (1977) da cuenta que después del mayo del 68 para la izquierda lo suyo ya no es la clase obrera, los campesinos, ni los explotados de cualquier cuño. Lo suyo ya es otra carreta más sensible y que pulula en este siglo XXI: la libertad individual al extremo, la identidad de cualquier cosa y los estilos de vida libre.

Si bien esta carreta puede encajar para las sociedades europeas, en Latinoamérica la moda de asumir lo individual al extremo como signo de una verdadera libertad choca con una realidad bien distinta: la extrema desigualdad social.

Si leemos la sociedad colombiana a la luz de los planteamientos de Inglehart, vemos que quienes están en la Izquierda Progre alrededor del proyecto de la Colombia Humana son sectores sociales de estratos que van del cuatro al seis. Son profesionales con diversas titulaciones, artistas de lenguaje light, intelectuales, trabajadores de la cultura, profesores universitarios sobre todo de los programas de Humanidades y profesores de formación media. Son sectores sociales que no producen, solo prestan servicios, pero cuyos salarios dependen de los impuestos de los contribuyentes. Pequeña burguesía dada al whisky, al caviar, al sofá de plumas de aves en extinción y al humo de un buen habano.

Retomando a Inglehart, esta pequeña burguesía que representan los llamados valores auto-expresivos de un individualismo al extremo es la que se identifica con el discurso del populismo izquierdoso petrista.

Aunque la izquierda llamada progresista ha sido incapaz de enchufarse con los 20 millones de pobres, no obstante, le sigue hablando de salarios, de la lucha por la tierra, explotación, expropiación, reparto de riquezas, etc. Es decir, un lenguaje que recuerda a la vieja izquierda de la década del 60 del siglo XX. El lio es que no se ha dado cuenta que la sociedad cambió y que estos sectores sociales por estar atrapados en la pobreza andan en otro cuento.

Si la clase obrera, los desposeídos, los desarraigados, el populacho, la guacherna ya no miran a la izquierda es porque esta hace rato les dio la espalda. Se olvidó de ellos. Ahora estos sectores son atraídos por otros movimientos como la Liga de Gobernantes Anticorrupción de Rodolfo Hernández.  

Este desencanto es lo que explica por qué el candidato Rodolfo Hernández, de 78 años, contra todo pronóstico, con un lenguaje claro y conciso, logró enchufarse con los sectores populares que le hace el feo el petrismo.

El petrismo y la Izquierda Progre aún no ha entendido que el candidato Rodolfo Hernández es lo que se llama un outsider, y no el fascista y dictador que quieren colgarle la pequeña burguesía para confundir a la gente. Sobre todo los jóvenes, que despistados con las teorías de las filosofías postmodernas, son usados y tirados a la caneca de la basura como estropajos viejos.

Mientras Gustavo Petro acompaña los ademanes de las manos con frases largas, elaboradas y adornadas, es decir, con excesiva floritura, es un lenguaje que nada tiene que ver con las groserías que utilizan los sectores populares para comunicarse. En cambio, el lenguaje tosco, chabacano, grosero y patán de Rodolfo Hernández le llega directo a la gente. Habla con el mismo lenguaje que caracteriza a los 20 millones de pobres. Y es el mismo lenguaje que utilizan la juventud cuando se dirigen a sus amigos y amigas de “gonorrea”, “marica”, “malparido”, “malparida”, “meka”

Mientras Gustavo Petro tiene las características de un pequeño burgués arribista y que de por sí irrita a los sectores sociales populares, el viejito Rodolfo Hernández cada vez se parece más ellos. Por eso le votan. Porque lo ven como a uno de ellos.

Mientras los fans de Gustavo Petro son “políticamente correctos”, aburridos, fanáticos, antipáticos, ciegos, sordos y carentes de humor; quienes se suman a Rodolfo Hernández lo hacen porque se sienten identificados con él a través de lo que él expresa. La manera como él comunica.

Mientras al petrismo se le suma el establecimiento por el odio al Uribismo en aras de un proyecto de destrucción de la Democracia Liberal y el Estado de Derecho, al viejito le llegan a cambio de nada.

Pero la diferencia más tenaz es quién le habla al oído a los candidatos.

Mientras a Gustavo Petro le habla Alfonso Prada, un individuo del establecimiento burgués que toda la vida ha chupado de los impuestos del Estado y que ha jodido al pueblo vía impuestos; al viejito Rodolfo Hernández lo acompaña William Ospina. Un intelectual de izquierda, sano, sencillo, y para más envidia del petrismo, hijo de campesinos de una vereda del corregimiento de Padua, municipio de Herveo (Tolima).

Esta es la encrucijada en que esta la Izquierda Progre.

lunes, mayo 16, 2022

La rana Coquí

Eleutherodactylus johnstonei 

Armando Moreno Sandoval

El naturalista Orlando Velásquez Molina no tiene idea qué día llegó el tío Tito a Mariquita. Recuerda que era el año 1983 y que había llegado con una tracalada de familiares. Venían de Barranquilla. Desde hacía 30 años que no tenían contacto con la parentela que vivía en el interior del país. Venían a visitar a María Isabel Molina González, su mamá.

Al año siguiente, María Isabel, empacó maletas y se largó para Barranquilla. Quería devolverle la visita que le habían hecho sus parientes. Tras varias noches barranquilleras pudo percatarse que en el antejardín de la casa de sus parientes un largo cooooooquiiiiiiiií irrumpía los tímpanos del oído.

Supo por boca de sus familiares que se trataba de la rana Coquí, con tilde en la i.  Los escuchó decir que la ranita carga con el mito de morir lejos de su tierra. Que el Coooooo es para espantar a los machos y el quiiiiiiiií para atraer a las hembras. Y ahí el por qué de su sonoro Coooooquiiiiiií.

Los naturalistas han señalado que de la rana Coquí se desprenden dos ramas, una de ellas endémica de la isla de Puerto Rico y que ha sido clasificada como Eleutherodactylus coquí. La otra que fue registrada con el nombre de Eleutherodactylus johnstonei ha vagabundeado por las islas del caribe hasta llegar a las costas de Centroamérica, Venezuela, las Guayanas y a un pueblo del interior de Colombia llamado Mariquita (Tolima).

Como ambas especies a simple ojo no se distinguen la una de la otra, el sentido común de la gente para no enredase con tanta cientificidad ha terminado por llamarlas Coquí.

En Mariquita es muy común escuchar su sinfonía en los solares y antejardines de las casas, y en las calles en medio de los matorrales. También se le escucha cantando hasta en las últimas cuadras del pueblo. La ocupación del territorio se lo han venido ganando con paciencia. En épocas de lluvia es muy común verlas navegando por las acequias agarradas a cualquier hoja o a un pedazo de madera, o simplemente se dejan arrastrar por la corriente del agua hasta encontrar puerto seguro.

A la pata del cerro Lumbí llegó la rana Coquí porque cuando hicieron el centro comercial Los Panches, viajaron como turistas entre las volquetadas de tierra y grama. Allá, al igual que en los jardines y solares, se reprodujeron en un cerrar y abrir de ojos. Y es que la ranita, a diferencia de sus otros parientes, nunca es renacuajo. No necesitan un pozo de agua. Sus huevos los ponen en cualquier hoja o hueco húmedo. Y cuando salen del huevo, es como la mamá. La diferencia está en que al nacer es del tamaño de la uña meñique del pie.

Con solo tocar tierra la ranita desarrolla sus destrezas de insectívora. Con su lengua pegajosa comienza a cazar zancudos y a comerse cuanto bicho se le cruce por delante. A quienes dicen que la ranita cumple un control biológico. En la casa del naturalista Orlando zancudos no hay. Él dice que mejor insecticida como la rana no hay.

Como el sol la quema, el refugio preferido para pasar el día es un hueco con buena oscuridad. Eso sí, al empezar la noche la sinfonía se hace sentir hasta llegar el alba. Cualquier oído pompo puede captar que las ranitas se van turnando con su silbido unas tras otras. Pero cuando su piel detecta cierta humedad su silbido cambia, es continuo, unísono. Están avisando que va a llover.  El agua les estimula el canto, así que cualquier gota de agua les basta para emprender su silbido.

Esta ranita de dedos largos algunos las han llevado a sus cultivos de aguacate para que devoren los bichos que están en los árboles.

Otros al quedar encantados con su silbido las llevan como si fueran sus mascotas. Fue lo que le pasó al médico Arturo Castaño (q.e.p.d) que al llegar de visita a la casa de Orlando al escuchar las ranas en un dos por tres se enamoró de ellas. Sin pensarlo dos veces le dijo, empáqueme unas cuantas que me las llevo para la finca. Media hora después seis ranitas en un frasco de vidrio salían rumbo a la casa del médico. A la mañana siguiente, muy de temprano, como si fueron trofeos, salieron hacia su finca en la vereda de Palenque.

Varias semanas después al preguntársele qué había pasado con las ranas Coquí, el médico atinó a responder que habían desaparecido. No supo cómo. Meses después supo por boca de un vecino que un fulano fastidiado con el silbido de las ranitas había jugado al tiro al blanco con una escopeta de dos cañones. El vecino afirmaba haber escuchado seis disparos. El cooooooquiiiiiiiiiií de las ranitas jamás se volvió a escuchar.  

Pero no todo son disparos. En 1984, el tío Tito, convirtiendo en realidad el deseo de su sobrina María Isabel Molina González le empacaba en un frasco diez ranitas Coquí. Llegaron a Mariquita sin ningún rasguño. Al caer la noche un silbido agudo se esparció por el solar. Las ranitas de escasos dos centímetros de largo tenían un nuevo hogar.

María Isabel Molina G
Las ranitas traídas a Mariquita, quien lo creyera, eran las descendientes de otras ranitas que habían llevado en otro frasco a Barranquilla quince años atrás por Deyanira y Hermelinda, las hijas del tío Tito, en un paseo por Centroamérica.  

Deyanira y Hermelinda, tras varios días escuchando en el antejardín del hotel el silbido, preguntaron al conserje: qué es eso. Señalándole una ranita con el índice vieron que al silbar una bolsa se esponjaba. Enamoradas del silbido y de su tamaño le dijeron al conserje que al regreso a Barranquilla llevarían algunas como recuerdo. El conserje les empacó ocho. 

Dicen que es venenosa, pero nadie lo ha comprobado. Algunas gallinas al confundir las ranitas recién nacidas con granos de maíz salen espantadas y cacareando al verlas saltar. Lo mejor, dejarlas quietas. Aunque su silbido en un comienzo molesta, con el pasar de los días se convierte en somnífero.  

El naturalista Orlando Velásquez Molina dice que en el solar de su casa puede haber unas doscientas Coquí, sino más. Su fácil reproducción ha hecho que se multipliquen por miles. Su silbido agudo se le escucha por doquier.

En un trabajo de campo que se llevó a comienzos del siglo XXI en Mariquita sobre batracios descubrieron que habían cerca de 28 especies, incluyendo la rana Canguro que hasta la fecha no hay noticias de ella. La tala, los insecticidas, la sequía de las quebradas y pantanos, pero sobre todo el ser humano, las han extinguido.  Solo quedan unas pocas especies al borde de la extinción.  

 En un país como Colombia donde la naturaleza es un estorbo, por ahora se salva la rana Coquí que ha hecho de Mariquita su hábitat.

Raro que no le hayan salido enemigos. Ver para creer.

domingo, mayo 01, 2022

El imbatible Petro y la ultraderecha ahí

 Armando Moreno Sandoval

Por ahora, según las encuestas, Gustavo Petro es imbatible.

No obstante, con el soberano pueblo uno no sabe a qué atenerse. Existe un dicho de la sabiduría popular que dice que una cosa piensa el burro y otra el que lo está enjalmando. Este dicho refleja lo que, por un lado, dicen las cifras del 13 de marzo para el Congreso y, por otra, las de las encuestas que dan como archiganador al candidato Petro.

En estos tiempos de la postverdad la gente ya ni siquiera creen en las matemáticas. Hacer sumas y sacar porcentajes pareciera que fuera una perdedera de tiempo ya que el individuo al convertirse en rebaño tiene como verdad lo que le imponen y lo que cree. Pues en este siglo XXI más que el argumento o la razón son las emociones, el delirio, el fanatismo.

Sin ánimos de aguarle las creencias a los fanáticos de la derecha o de la izquierda tengo un montonón de dudas respecto al futuro de este circo llamado Colombia.

En el año del 2002 las torpezas de las Farc y de la izquierda reaccionaria y ortodoxa llevaron a la presidencia a Álvaro Uribe. Fue esa izquierda la que empujó a la gente a virar hacia gobiernos de derecha (incluyendo el de Juan Manuel Santos). Ahora, veinte años después, en este 2022, las encuestas, los medios y la derecha misma parecería que estuvieran empujando a Petro al triunfo.

Nadie sabe qué hay detrás de las encuestas. Solo quienes las diseñan saben por dónde va el veneno y cuáles sus intenciones.

La verdadera encuesta, y que es indiscutible, es la que se realiza el día de las elecciones.

Si tomamos los votos válidos del 13 de marzo para el Senado (15.222.291) y sustraemos los 2.302.847 del Pacto Histórico, más lo del Centro Esperanza (2.159.465) y Equipo por Colombia (3.989.642), la resta es una votación de electores rebeldes (3.488.426) que, seguramente, al no haber votado en las consultas presidenciales, lo estarían pensando para la primera vuelta presidencial.

La duda que asalta es cómo se van a comportar esos 3.488.426 electores en la primera vuelta presidencial del 29 de mayo, o, si las encuestadoras de tanto equivocarse van a salirse con la suya: que Petro arrasaría en primera vuelta.

Los votos de la consulta presidencial por el Centro Esperanza (2.159.465) y del Equipo por Colombia (3.989.642), que sumados arrojan 6.149.107 votos válidos, sugiere que mientras los candidatos ganadores de estas consultas tienen que hacer maromas para llevar electores a sus toldas, el único con votos asegurados es Gustavo Petro, candidato del Pacto Histórico, con 5.584.758 votos válidos.

Más allá de la votación que obtuvo el Pacto Histórico, lo cierto es que los electores tienen un “pero”.

El colombiano más que ser un individuo antisistema o antidemocrático, se caracteriza es por ser antigobierno cuando está por fuera de la rosca. Si no cómo se explica la corrupción como medio para ascender económicamente. El ejemplo más patético es el departamento del Chocó. Se olvida que en años anteriores con la descentralización administrativa quienes se robaban el presupuesto de los municipios, con la venía del populacho, eran los alcaldes y la burocracia municipal. Ya se olvidó que la famosa ley 550 fue creada por el Estado para intervenir las entidades descentralizadas y sanear sus finanzas.

Otro desmadre del colombiano es su manera de pensar a la hora de dar el voto. Quienes piensan votar por Petro suelen afirmar que lo hacen para que se arregle o se acabe este país. Y quienes piensan votar en contra suelen afirman que más vale malo conocido que bueno por conocer.

Laureano Gómez
Esta manera simplona de entender la política es lo de menos. Pensar que va ser la izquierda pupi neoliberal la que va darle el triunfo a Petro es de ilusos. Lo que si es cierto es que existe una ultraderecha colombiana que le está cantando aleluyas a Petro. Se dice que algunos votos que obtuvo Francia Márquez fueron de esa derecha. Es lo que se conoce como el voto útil. La idea era restarle votos a Petro y a obligarlo a dejarla como su fórmula vicepresidencial.

Esta ultraderecha, que no tiene nada que perder, entiende que, si Petro sale con un chorro de babas, el chance de ser gobierno dentro de cuatro años estaría a la vuelta.

Y no es raro que esto suceda. Así como hace 20 años la Farc y la izquierda reaccionaria llevaron a laderecha al poder, cuatro horribles años del gobierno de Petro sería la tormenta perfecta para que la ultraderecha se haga con el manejo del Estado.

A excepción del ultraconservador ultraderechista Laureano Gómez que fue presidente entre el 7 de agosto de 1950 y el 5 de noviembre de 1951, Colombia casi no ha sido gobernada por esas ideas. Lo cierto es que la ultraderecha en el mundo está de moda y en ascenso.

Si no creen pregúnteles a los civilizados franceses donde la ultraderechista Marie Le Pen perdió ganando el pasado 25 de abril.

viernes, abril 08, 2022

Los vientos triunfalistas del Pacto Histórico

 Armando Moreno Sandoval


Una de las razones en el siglo XIX para que las guerras civiles en Colombia nunca acabaran era que los pactos se hacían entre jefes. Unos cuantos se reunían bajo un toldo, ya fuera de día o de noche, y, en un cerrar de ojos, pactaban el fin de la guerra. Las consecuencias de este estilito propio de quienes se creen dueños de los “rebaños” humanos era que el “populacho” que servía de carne de cañón sintiéndose engañado, frustrado, traicionado, abría en un pestañeo un nuevo frente de combate.

Es lo que explica por qué durante buena parte del siglo XX y de lo que va el siglo XXI los grupos armados siguen tan campantes echando bala y matando a mansalva. Por mucha retórica que echen los políticos, intelectuales y pazólogos, todo parece indicar que existe un gen en el colombiano que se niega a aceptar autoridad alguna.

Lo que ha pasado en los últimos setenta años en Colombia con los grupos armados que vendían la felicidad a punta de secuestros y bala, así lo confirma. De nada han servido los procesos de paz con el EPL, el M-19 y las FARC-EP. Pues, gústenos o no, ahí están las famosas disidencias que, como sucedió en el siglo XIX, desconociendo la autoridad de sus “jefes” prefirieron desconocer los acuerdos para seguir con las mismas.  

Esto que ha pasado con los grupos armados se repite de igual manera con los partidos y movimientos políticos. Desde cuando el requetegodo Álvaro Gómez Hurtado con su Movimiento de Salvación Nacional y décadas más atrás Alfonso López Michelsen con su Movimiento Revolucionario Liberal le dieron por abrirle tronera a los Partidos Conservador y Liberal, las disidencias no han dejado de parar. Hay partidos y movimientos políticos para todos los gustos y disgustos.

Pero lo bueno de este desmadre de grupos políticos es que el “populacho” echa para donde le da la gana. Aunque en estos días hemos visto que, mientras los tales “jefes” por lo alto hablan de alianzas, las llamadas “bases” jalonadas por algunos “subjefes” creyéndose con autoridad migran hacia otros partidos. Es lo que está pasando con el Partido Liberal o la Alianza Verde que, sin que los altos “jefes” aún no han decido con cuál candidato a la presidencia se van a ir, los llamados “subjefes” han decido con quién irse. Fue lo que pasó en el Tolima con los “subjefes” del Partido Liberal que, en rebeldía con el gamonal mayor del liberalismo, hicieron rancho aparte.

Pero lo que no saben estos “subjefes” de pacotilla es que el “rebaño” no es dócil. Estos mismos “subjefes” en su delirio político al alinearse con tal o cual candidato a la presidencia pretenden hacerle creer al “rebaño” cuál es el ganador.

Una mirada a las cifras de las elecciones del pasado 14 de febrero para el Senado en Colombia demuestran que quienes trinan en twitter, whatsapp, facebook, etc, lo hacen siguiendo la alharaca de quienes van a una manifestación. Son pancartas virtuales que están alejadas de toda realidad.

Si bien es cierto que en esta era de la Postverdad el lenguaje al resignificar los hechos engaña y aturde a la gente, otra cosa es cuando se resignifican esos mismos hechos para cuestionar esa misma verdad que ciegamente intentan imponer.

En el departamento del Tolima el gran ganador fueron los votos no marcados, nulos y blancos que sumados dan 73.906 votos. Superados por el Partido Conservador con sus 178.300 votos, los demás partidos quedaron en pañales, que, como el Pacto Histórico solo alcanzó la cifra de 48.600 votos.

Una pesquisa aleatoria a tres municipios al norte del departamento del Tolima (Honda, Mariquita y Armero-Guayabal) indica que sus electores tienen otros sueños e ideas que no coinciden con lo que dicen los medios, los analistas convidados de piedra y los fans.

En estos tres municipios de un total de 27.704 electores potenciales los votos no marcados, nulos y blancos alcanzaron la cifra récord de 4.502 votos.

Pero lo que más interesa aquí es como se comportaron sus 24.434 electores con sus votos válidos en dichos municipios. Es curioso cómo solo tres partidos —el Partido Conservador con 5.640, el Centro Democrático con 6.127 y Cambio Radical con 3.988— alcanzaron la suma de 12.755 votos, equivalente al 80.58% de los votos válidos. Si contrastamos esta cifra con la votación del Pacto Histórico en los mismos tres municipios señalados —2.478 votos, equivalente al 19.42%— la pregunta que nos asaltaría es el porqué de la algarabía triunfalista en las toldas del Pacto Histórico cuando las cifras están reflejando otra realidad.

Aunque este comportamiento se refleja casi que, en todo Colombia, entre las muchas conclusiones a que se puede llegar es que, en tiempos en que se ha instalado la Postverdad en la sociedad, es sumamente dañino para la salud mental esos aires triunfalistas. Y, como dice el refrán popular, eso de ensillar la bestia sin haberla comprado no es nada bueno.

Este ejercicio electoral parroquial, pero demasiado importante porque nos muestra una tendencia, nos lleva a pensar en esos fans petristas que, al no razonar con cifras, están convencidos que lo que ellos dicen es la verdad.

Incluso, es muy posible que en el chip mental de los fans petristas no haya espacio para la derrota. ¡Que peligro!

jueves, marzo 17, 2022

El triunfo amargo del Pacto Histórico

 Armando Moreno Sandoval


El queridísimo Alex Rivillas, profesor de la Universidad del Tolima, tiene una máxima que dice, que, sin cifras no se puede hablar. Él sugiere que las cifras por si solas hablan.

En las redes sociales los anticapitalistas y enemigos de la democracia, pero sobre todo los fans y la izquierda fanática y reaccionaria de la Colombia Humana, gritan a todo pulmón que hubo fraude. En la testa que tienen no entienden el por qué los votos para el Congreso no coinciden con los de la consulta para presidencia.

Para empezar, es necesario señalar que para el senado hubo ocho listas abiertas, o preferentes, y ocho listas cerradas. De las listas abiertas, o preferentes, solo Fuerza Ciudadana se quemó. Y de las listas cerradas solo la del Pacto Histórico ganó. Las demás murieron.

Toca decirles a las generaciones actuales que en el siglo XX se luchó para que las listas cerradas desaparecieran porque eran sinónimo de corrupción, gamonalismo y caudillismo. La lista cerrada no corresponde a una sociedad libre, sino al chanchullo, al bolígrafo, al amiguismo y al clientelismo. Molesta que hayan sido los sectores de izquierda las que más berrearon para que se reviviera semejante monstruo paquidérmico.

La lista cerrada corresponde al viejo país. Al país de la corrupción en la política. Pues en ella el caudillo, el gamonal o el llamado líder del partido político le ponen en bandeja al elector una encerrona. La lista cerrada es un gancho ciego donde el elector no tiene idea por quién vota.

Y fue precisamente lo que pasó con la lista del Pacto Histórico al Congreso. Para la lista del Senado, solo para hablar de ella, colocaron gente indeseable que ya no gusta y que el elector rechazó por tránsfugas, corruptos y que ideológicamente dan volteretas como cualquier trapecista de gallera de mala muerte. Es el caso de Roy Barreras, Piedad Córdoba y Mario Benedetti. Molesta que cierta izquierda por estar alineados con sus intereses ideológicos los aplaude con furia y con buenos ojos. Pero eso sí hacen mutis de los procesos judiciales y de los escándalos que llevan a sus espaldas.

Tras el triunfo amargo de la lista del Pacto Histórico al Congreso ahora sus fans quieren hacerle creer al grueso de la sociedad colombiana que hubo fraude cuando, en realidad, ese desface descomunal entre los votos de la consulta presidencial y del congreso, lo que demuestra es la ausencia de organización política. O para decirlo con palabras más elegantes: fueron victimas de su propio invento.

De los 15.292.653 votos válidos para el senado, el Pacto Histórico le correspondió 2.085.937 que, en sí, es una votación bajísima si se compara con la de la consulta presidencial de Gustavo Petro (5.351.676). Este desmadre es lo que explica por qué la lista cerrada, al igual que la tal “cremallera”, es un embeleco que no atrapa votos. A no ser que la encabece el caudillo.


Sin ánimos de aguarle la fiesta a quienes creen que Petro podría ganar la Presidencia sobrado, las cifras como lo dice el profesor Rivillas dicen otra cosa.  El enredo fue su votación tan disímil. Si se comparan los votos que sacó el Pacto Histórico para la consulta (5.351.676) frente a los votos de Equipo por Colombia más los del Centro Esperanza que suman (5.908.511) lo que se aprecia es un empate quizás técnico. En otras palabras: nadie tiene ganada la Presidencia.

Aunque sus votos parecerían tener un techo y que solo tendrían que sumar, la pelea por la presidencia es otro cuento. Nadie sabe cómo se va a comportar el elector pues este es como el viento, cambia de parecer.

Pero hay otro peligro mucho mayor. Y son sus fans recalcitrantes que creen que Petro gana solo. En las redes sociales estos fanáticos ultras gritan sin pelos en la lengua que no necesita alianzas de ningún tipo porque todo lo demás le huele a podrido y ellos son los puros, los perfumados. Estas mentiras que solo ellos se las creen se desmienten si se comparan los votos válidos con los nulos, en blanco y los tarjetones sin marcar.

Si tenemos en cuenta los votos nulos (790.220) mas los blancos (987.137) y los tarjetones sin marcar (332.088), su suma da 2.109.445 votos y que supera la de cualquier lista para el congreso. Amén de la abstención que de un censo electoral de 38.819.901 ciudadanos aptos para votar solo lo hicieron 11.260.187, o sea, el 29.01 %. Quien realmente ganó las elecciones fue el ciudadano que aún no cree en el Congreso. Es este ciudadano el que tal vez va a decidir quién se quedará con la presidencia.

Solo los estúpidos creen que quien no vota, o el que tacha un tarjetón, o vota en blanco o quien entrega un tarjetón tal como lo recibió es un paparote sin oficio. Cuando deliran los enemigos de la libertad y de la democracia es este es el caballito de batalla que invocan para imponer el voto obligatorio.

Este ciudadano que se acerca a la mesa es el más informado, es el verdadero rebelde. Pues tiene en mente que la democracia en Colombia es un circo. Que quienes llegan allá solo se representan a sí mismos y que lo único que les atraen del congreso es el salario que devengaran en los cuatro años: $ 1.652.000.000

Y, por otra parte, las cifras demuestran que así gane probablemente la presidencia Gustavo Petro, carece de un partido organizado. Que lo que hay es una montonera de seres cansados de un Estado y de una derecha reaccionaria y retardataria incapaz de resolverle sus necesidades más elementales. En sí, lo que la gente siente es rabia y frustración.

En fin, la carrera por la presidencia hasta ahora ha empezado.

viernes, enero 14, 2022

Petro y la Izquierda light y cool

 Armando Moreno Sandoval

En Colombia el bipartidismo (liberal-conservador) siempre fue atacado desde sus mismos partidos. En la primera mitad del siglo XX hubo rebeliones sin fracturas como el de Jorge Eliecer Gaitán y de Laureano Gómez. Otras como las de Alfonso López Michelsen y su Movimiento Revolucionario Liberal, y, la de Luis Carlos Galán con su Nuevo Liberalismo que surgieron dentro del Partido Liberal durante la segunda mitad del siglo XX fueron eso: rebeliones sin opciones de poder. En cambio, en el Partido Conservador sí dieron sus frutos. Basta recordar a Andrés Pastrana y a Belisario Bentacourt. El único que no logró llegar al poder fue Álvaro Gómez a pesar de sus intentos.

Con la izquierda pasó algo parecido. Las capillas izquierdistas arrancan con María Cano a comienzos del siglo XX. Con el triunfo de la Revolución Cubana en 1959 las capillas se multiplicaron por mil, situación que llega hasta nuestros días.

Las explicaciones del por qué la izquierda electoral nunca llegó al poder son múltiples. Ni hablar del por qué la izquierda armada nunca logró la revolución.

Ahora en el siglo XXI existe la probabilidad que un heredero de un movimiento armado como fue el M-19 llegue al poder. El M-19 en su esencia ideológica en nada se pareció a los demás grupos guerrilleros que existieron en Colombia. Estos eran matones. El M-19 fue un grupo chabacano que se caracterizó por imprimirle espectacularidad a sus acciones guerrilleras. Esta es la explicación del por qué se ganó la simpatía de millones de colombianos y de ahí el respaldo que tuvieron en la Asamblea Constituyente de 1991.

En caso de ganar Gustavo Petro una pregunta que surgiría es si su triunfo obedeció al empuje de la izquierda o si fue el cansancio de la gente frente a una derecha reaccionaria y retardataria que la obligó a experimentar con algo nuevo.

En torno a la pregunta formulada, y para empezar, es necesario señalar que una constante en la izquierda colombiana es que siempre ha estado en una permanente garrotera. Sus divisiones han sido persistentes y viscerales. Hay quienes afirman que estas peleas impidieron la creación de un partido político con diferentes matices ideológicos para que fuera opción de poder.

Mientras esto pasaba en Colombia, en Europa y Estados Unidos muchos fueron los cambios sociales y culturales que se dieron durante la segunda mitad del siglo XX. Hay quienes plantean que estos cambios llevaron a la izquierda a una muerte anunciada que comenzó en la década del 60 con el mayo del 68 parisino, y que de ahí para adelante no ha sabido enchufarse con la sociedad.

Además del mayo del 68, otros ítems a la hecatombe de la izquierda fueron el modelo neoliberal que no supo como combatirlo, las alianzas con minorías étnicas y el de echarse al hombro las identidades sexuales como el LGTB como si con ellos fueran a lograr la revolución, el abandono del universalismo (la revolución), el abandono a la clase obrera, el haber abrazado el postmodernismo y los estudios culturales y post coloniales y, para rematar, el apego al relativismo cultural.

El otro cambio, fue que algunos que lucharon por la tierra, el pan, el techo, la educación y la salud se murieron y otros abandonaron la causa sin que la izquierda se enterara. Esta generación conocida como la del Estado de Bienestar, o la generación de la postguerra, y que también libró grandes luchas reivindicativas, tuvieron el decoro de dejarles a las generaciones posteriores todo servido en bandeja de plata.

Esta es la razón del por qué la generación de finales del siglo XX y las del siglo XXI están envejeciendo con otros discursos ideológicos más apegados a los cambios culturales heredados del mayo del 68 parisino del siglo XX.

Es por ello que esta generación al tener resueltas las necesidades básicas sus luchas son otras, y que la izquierda tradicional aún no ha entendido. El rollo mental es el rechazo a la guerra, el medio ambiente, la ecología, la crítica al consumo, la realización personal, la libertad, el gusto sexual por volverse gay, trans, lesbiana o bisexual, el derecho de andar abrazado a un perro por la calle, llorar sin motivo alguno, etc. Los remoquetes para referirse a esta generación son diversos: Sociedad liquida, Generación de Cristal, etc., etc.

Esta realidad cultural y social que en Europa surgió después del mayo del 68 llega a Latinoamérica como “moda in" de la mano de sectores sociales de estratos cinco y seis, y de los profesores universitarios de los programas de Humanidades dados al whisky y al caviar. A pesar de que aquí las necesidades básicas aún no han sido satisfechas, las generaciones de los estratos uno, dos y tres las  abrazaron sin reparo alguno. Se las apropiaron como causas propias.

No obstante, pese a estos cambios, en Colombia siguió persistiendo una izquierda reaccionaria, ortodoxa y goda. Entretanto las generaciones más jóvenes apoyadas por los medios de comunicación masivos abrazaban los nuevos cambios culturales dándole la espalda a la izquierda.

Aunque la moda llegó la izquierda tradicional no entendió qué estaba pasando. Entretanto los intelectuales y académicos latinoamericanos seguían despistados, no obstante, de repetir como loros las modas teóricas gringas y europeas.


Pero a los intelectuales y académicos de los países pobres se les pasó por alto el libro pionero de Ronald Inglehart, The Silent Revolution (1977) donde da cuenta de los cambios culturales post mayo del 68 parisino y que seguramente le hubiera servido a la izquierda para salir de la ceguera ideológica.

Inglehart considera que después del mayo del 68 parisino surgió la generación de la “sociedad de los valores post materialistas" (y que luego se llamaría la de los “valores auto-expresivos") empeñada en la defensa de la libertad individual (como la feminización del hombre —léase mariconería en el lenguaje popular—), la identidad étnica, sexual y social, y los estilos de vida libre (como tatuajes, piercing ya sean en el coño, nariz, boca, pezón, ombligo, etc). Valores estos que pululan este siglo XXI.

Estos valores post materialistas o auto-expresivos, dice Inglehart, se contraponen a los valores de la generación de la postguerra que él llamó “materialistas”. Es decir, a la generación del Estado de Bienestar.

Estas dos generaciones están presentes en los países pobres latinoamericanos. Son dos mentalidades diferentes y los choques generacionales continúan sin que las diversas izquierdas sepan qué hacer.

No obstante,  la izquierda goda sigue hablando de salarios, de la lucha por la tierra, explotación, expropiación, reparto de riquezas. Temas que a la generación de los “valores auto-expresivos” poco les importa. Se les olvida que las  nuevas generaciones andan en otro cuento.

Pero lo más triste es que la clase obrera, los desposeídos, los desarraigados, el populacho, la guacherna ya no miran a la izquierda porque esta hace rato les dio la espalda. Hace rato se olvidó de ellos. Ahora estos sectores son atraídos por otros movimientos e incluso se dejan tentar por movimientos ya sean religosos, xenófobos, de ultraderecha o neofacistas como sucede en Europa y en Latinoamérica con Bolsonaro en Brasil y en Colombia con Álvaro Uribe. Amén de la izquierda populista.

En Colombia, algunas décadas de la segunda mitad del siglo XX, la izquierda fue abrazada por sectores populares. Aunque había intelectuales y académicos que se identificaban con ella, lo hacían más por dárselas de modernos. Eran izquierdistas de corazón. Estaban con la clase obrera de lengua, más no al lado de ellos en sus luchas.

En este siglo XXI la militancia y los simpatizantes de la izquierda son otros. Aunque sigue existiendo una izquierda reaccionaria y ortodoxa que sigue suspirando por una clase obrera que ya no existe; la nueva izquierda que dice llamarse progresista es light, cool,  elitista, neoliberal y postmoderna. Viven en una burbuja y tienen el vicio asquiento de pontificar desde una superioridad moral. Esta izquierda no ve la realidad social pues su gran defecto es que se mueve en un plano ideológico.

La composición social de esta izquierda progre no está en las fábricas, ni en las barriadas, ni en las zonas marginales, como tampoco en los analfabetos, etc, pero, quien lo creyera, de ella hace parte son sectores educados sobretodo profesores que viven enjaulados en aulas que van desde el pre kinder hasta la universidad; y los llamados profesionales socioculturales que trabajan en el campo de la cultura: periodismo, educación, televisión, arte, etc. También están los profesionales que se sienten marginados de haber sido relegados, pisoteados. Es decir, los que andan por fuera de la rosca con un titulo bajo el brazo  recorriendo calles como cualquier desocupado.

En resumen, la izquierda progre, es una izquierda cuya característica principal es vivir a costa del sector productivo. Incapaces de producir y vender cualquier chuchería.

Muerto el bipartidismo en Colombia lo que hay es un multipartidismo con varias tendencias ideológicas y que se refleja en la composición del Congreso. Es en el Congreso donde está el verdadero poder y no en la presidencia como cree la gente. Los congresistas son los dueños del poder, no el presidente.

El multipartidismo tiene la particularidad de reflejar como está una sociedad, y la colombiana es una sociedad dividida hasta los tuétanos. Esta es la razón del por qué los congresistas ya electos hacen poco por alinearse con los candidatos a la presidencia. La elección del presidente se la dejan al pueblo, a la montonera, a la guacherna, a los despistados, a los profesores enjaulados, ¡a los que no tienen futuro!

Y, es en este mundillo mediocre de la política donde posiblemente Gustavo Petro tenga el chance de ser presidente.

De todos los candidatos Petro es el que mejor ha sabido engancharse con la “generación de los valores materialistas” y de los llamados “valores postmaterialistas o auto-expresivos”. Si bien el plebiscito dejó una sociedad dividida en partes iguales, en las próximas elecciones el sector social que le votó a la derecha ya hastiada de las mentiras y de los engaños querrá ver en la presidencia alguien diferente a la tradición.

Si la democracia se entiende como el juego de la alternancia en el poder, lo más seguro es que si en el pasado las izquierdas reaccionarias y armadas treparon a los candidatos de la derecha al poder; esta vez la derecha con su corrupción e inmovilismo ideológico treparan a Gustavo Petro a la presidencia.

Cierto es que la izquierda light y cool ayudará con sus voticos a elegir a Petro; ¡pero la presidencia de Petro, si gana, no obedecerá a ella, sino al pueblo!

Lo triste es que nada va a cambiar.

El congreso seguirá en manos de empresas electorales, empantanando todo lo que huela a cambio. ¡Y un presidente que para que no le hagan la vida imposible tendrá que acomodarse con mucho tino a un Congreso clientelista, corrupto e inmoral!

 

lunes, octubre 25, 2021

El Estado como botín

 Armando Moreno Sandoval

En Colombia el Estado se ha vuelto un botín. Es el instrumento enmarañado de un concurso de intereses particulares que adulteran el sentido de lo público. La política ya no es la solidaridad, sino la complicidad. La adhesión de la gente ya no es a un partido, a una bandera, a una ideología, ni siquiera a un caudillo o a un movimiento, sino a una componenda, transacción, cuyos beneficiarios son los que quieren asaltar el poder y de paso cargarse el erario.

Estas ideas no son mías, fueron del político Álvaro Gómez Hurtado y están en la biografía: Álvaro. Su vida y su siglo de Juan Esteban Constaín.

La desgracia de los pueblos es que el día de las elecciones algunos electores votan por el maleante, por el corrupto, por el descompuesto, por el inepto.  Así no se puede. ¿Para qué elecciones?

Ha sido tan grande la equivocación al votar que un ejercicio simple y llano es preguntarse qué hicieron quienes hace cuatro años, o más, recogieron votos vendiendo quimeras, ilusiones, prometiendo el cielo y la tierra.

El próximo 2022 se elegirá presidente de Colombia.

Siguiendo a Álvaro Gómez Hurtado, en Colombia, desde un tiempo para acá, y lo dice la gente, ha sido tanta la desfachatez y la sinvergüencería que, desde que se instauró el voto popular, lo único que ha habido es el puro matoneo al erario. Embelecos de administraciones.

Vasta consultar las bases de datos de las entidades del gobierno para darnos cuenta de que lo que existe en Colombia son trochas, cantinas, bullaranga, desidia, ruidos, basura, olores fétidos, chulos con hambre, gente sin esperanza que deambula por las calles como zombis. Un servicio de salud a medias donde el usuario y el empleado se hacen los de la vista gorda ante un servicio de muerte. En fin, un país que se caracteriza por pelear los últimos lugares en salud, educación, infraestructura vial y otras necesidades insatisfechas, amén de la corrupción.

La estulticia se ha vuelto tan extrema en la gente que han olvidado que en los últimos 25 años los presidentes, en su mayoría, salen elegidos porque la gente vota en contra de... Algunos le maman gallo a la cárcel. Otros se arropan en las mismas instituciones del Estado para burlar la justicia.

Preguntar en qué ha cambiado Colombia es como hacer un chiste macabro. Igual al chiste que dice que si uno dura un año por ir a Colombia encuentra que todo ha cambiado pero que, si regresa a los 4, 8 o 20 años o más, todo sigue igual.  La misma novela de siempre: marrullerías de todo tipo, narcotráfico, balaceras, ruidos, cantinazos, secuestro, sicariato, ladronismo y todas las plagas malditas que la tierra ha parido.

Volviendo a Álvaro Gómez Hurtado, Colombia seguirá en las mismas si el elector acolita al inútil y eligiendo a los mismos. Si se elige gente de baja calaña, maleantes, golfos, rufianes, trúhanes o mangantes, lo cierto es, que, con esta clase de gente, será un atentado a la razón, a la civilidad, al decoro.

Una columna del profesor y economista SalomónKalmanovitz le augura a Colombia un callejón obscuro, pero sin salida. El dice que el déficit comercial de Colombia en este mes de octubre 2021 alcanzó la bicoca de 12.000 millones de dólares. Que se está exportando solo el 28% y que se importa el 50%. Estas cifras explican el por qué este país vive del rebusque, de los servicios y de hacer “vueltas”. Hasta ahora ninguno de los candidatos que están aspirando a la presidencia de Colombia han dicho cómo resolver este entuerto.

Colombia ha anidado una izquierda reaccionaria y retrograda que le ha hecho daño a la gente. Pero también es cierto que existe una derecha reaccionaria y premoderna que solo le interesa defender sus intereses. Se siente realizada si vomita ante un pueblo que pide como echarle un huevo al caldo del desayuno. La manera como la derecha ha abusado del poder es lo que explica, por ahora, el voto de opinión a favor por Gustavo Petro.

La gente del montón, de los de abajo, de la calle, ya le perdió el miedo al castro-chavismo. Refiriéndose a Petro, por el quien darán el voto, lo dicen sin ningún empacho: “Una de dos: o arregla esto o se lo parrandea”.

Si en el 2022 la gente elige la podredumbre, la política seguirá presa de los corruptos y ladrones de cuello blanco y perfumado. La herencia politiquera del pasado seguirá vivita. Sus clones, estarán ahí.