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martes, noviembre 15, 2011

La provincia de Mariquita y su población aborigen en el siglo XVI


Esta importante obra “La provincia de Mariquita y su población aborigen en el Siglo XVI” escrita por Armando Moreno fue presentada el pasado jueves 10 de noviembre en un acto especial en el Centro de Convenciones Alfonso Lopez Pumarejo de Ibagué. También se lanzaron otras obras de reconocidos escritores tolimenses que hacen parte de una colección de 15 libros de la Academia de Historia del Tolima, Colección Pensamiento Tolimense.

En lo que respeta al libro de Armando moreno según nota de Luis Fernando Herrán Mendez: “esta investigación, "La Provincia de Mariquita y su población aborigen en el siglo XVI", da cuenta de los pueblos indígenas que habitaron aquel extenso territorio a la llegada de los españoles. Se hizo a partir de fuentes primarias al utilizar de manera directa los archivos, documentos originales que datan del siglo XVI y que se encuentran en el Archivo General de la Nación en Bogotá (Colombia), lo que permite, con el correr del tiempo, sea consultada y citada por investigadores de diversas profesiones: arqueólogos, antropólogos, urbanistas, arquitectos e historiadores.

Toda aquella región que comprendió el valle del río Magdalena desde San Bartolomé en Antioquia hasta el río Sabandija en Venadillo, Tolima, es mirada aquí sin que se olviden los territorios al lado y lado de las cordilleras central y oriental.

Armando Moreno Sandoval. Doctor en Antropología Social y Cultural de la Universidad Autónoma de Barcelona. Estudió Antropología en la Universidad Nacional de Colombia y Maestría en Historia Andina en la Universidad del Valle. También cursó Paleografía Hispanoamericana en la Academia Colombiana de Historia. Actualmente es Profesor de la Facultad de Ciencias Humanas y Artes de la Universidad del Tolima. Su campo investigativo está relacionado con la antropología, la historia y la etnohistoria. Actualmente investiga sobre el 9 de abril de 1948 en Armero (Tolima). Dentro de sus publicaciones encontramos Honda: una historia urbana singular y El “Palomo” Aguirre: un caso de bandolerismo social en Colombia”.

sábado, marzo 26, 2011

Armero, un cuarto de siglo después

Armando Moreno

El pasado 13 de noviembre 2012 estuve en la celebración de un cuarto de siglo de la desaparecida Armero. Desde que estoy investigando lo que ocurrió el 9 y el 10 de abril de 1948 con el asesinato del sacerdote Pedro María Ramírez Ramos, me dije que para los 25 años de la erupción del volcán nevado del Ruiz estaría allí. Y así fue.

Me sorprendió que un cuarto de siglo después, ríos humanos llegaran allí para recordar sus familiares, sus amigos. Lo que fueron sus calles, su cementerio. O por qué no, las caras anónimas con las que me tropecé, y que simplemente estaban allí porque querían compartir y recordar aquel suceso que la memoria jamás de los jamases podrá olvidar.

O como yo, que quería encontrar una generación que bordeando o cruzando el umbral de los 80 años me contaran —si recordaban claro está— como había sido aquella tarde del sábado en que una muchedumbre enardecida por el asesinato del caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán querían dar muerte el párroco de Armero.

A medida que avanzaba por entre el gentío pude percatarme que la generación que buscaba estaba esquiva a las retinas de mis ojos. Una sensación nostálgica me embargó mi existencia. Pues sin la memoria de esa generación octogenaria difícilmente podría dar fe, o por lo menos, tener una mirada diferente de lo que me dicen las fuentes escritas acerca de lo que le había pasado el párroco Ramírez.

Después de ese 13 de abril me he preguntado dónde está esa generación octogenaria que tiene mucho que contarnos. Y es una lástima que de los diversos festejos que se organizaron se hubiese omitido a esa generación en particular, y aquellas otras posteriores a ella. Porque si bien Armero no existe, aun persiste una cultura inmaterial y es la que se conserva en la memoria de los miles de armeritas que sobrevivieron a la avalancha del Ruiz.

No obstante, pude comprobar cómo esa fuerza humana se resiste a olvidar lo que antaño fue suyo. Incluso, la memoria de mi niñez se cruzó como un acto de magia con mi memoria del presente.

Las primeras horas de la mañana del sábado estuvieron soleadas. Pensé que la vorágine de la efemérides se haría sentir. La que había sido la carrera 18 —la vía hacia Ibagué— era una alegría desbordante. Megáfonos anunciando la historia de Armero, los escapularios con la imagen de la Virgen del Carmen, las fotografías colgadas de las ramas de los árboles que nos decían cómo había sido el Parque de los Fundadores, la iglesia San Lorenzo, la estación del Ferrocarril y una que otra que enseñaba el mar de lodo que había cubierto a Armero.

Tanto los jóvenes como los adultos, los adolescentes, los críos recién nacidos sobre los hombros de sus madres, las mujeres engalanadas con sus atuendos de la región, hacían del lugar la fuerza centrífuga y el sitio de encuentro.

Al dejar llevar la vista hacia el nevado volcán del Ruíz, y al recorrer las calles y manzanas que bordeaban un pequeño brazo del río Lagunilla, el recuerdo llegó para decirme que por aquí había quedado la escuela Jorge Eliécer Gaitán, el Parque Infantil, la Central Eléctrica, el Club Campestre y los barrios El Inglés y El Recreo.

Al cruzar la vía que nos lleva a la vereda de San Pedro, y al caminar más al norte, como queriendo ir hacia el Club de Caza y Pesca, se tropieza con el rastro de lo que fue el Estadio Panamericano. Y más al lado, hacia las estribaciones de la cordillera central, el Club Los Pijaos. Y si quisiéramos ver más allá, seguramente nuestra imaginación nos llevaría hasta las desmontadoras de algodón y el hospital siquiátrico.

Al devolverme, pensé en la calle 12. Pues es la calle que nos lleva en línea recta a la iglesia San Lorenzo. Al cruzar la carrera 18 se deja atrás las ruinas del hospital central para tropezar con los escombros de las casonas que en aquel entonces representaban la pujanza comercial de Armero. Dos cuadras más abajo, siguiendo por la calle 11, y que por la época del político liberal Jorge Eliécer Gaitán se conocía como la Calle Real, se llega al corazón de lo que fue Armero: el Parque de los Fundadores. Fue lo que se conoció como El Centro. Pues en su entorno, además de la iglesia, albergaba la Alcaldía, la Caja Agraria, el Colegio Americano, las heladerías, los hoteles, las droguerías, el supermercado YEP, los cafés y sus billares.

Al caminar hacia el oriente y como quien quiere ir al encuentro del valle del Magdalena, el transeúnte se tropieza con restos de lo que fue el ferrocarril. Un hombre de pelo quieto y piel morena y con caminar pausado me señala donde podía haber quedado la Plazoleta Santander. Estirando el índice hace un semicírculo. Por allí quedaría el campo de futbol, por aquel la escuela José León Armero, por este otro lado el colegio de la Sagrada Familia y más allá el barrio 20 de Julio. Me dijo el hombre con autoridad de conocedor.

Eran las 11 de la mañana y un sol radiante caía sobre nuestras espaldas. Un murmullo llegó a nuestros oídos. Caminé junto al hombre de piel morena. Íbamos en busca de las palabras entrecortadas. Minutos más tarde estábamos frente a la tumba de Omaira. En medio de ramilletes de flores y rosas, un hombre con rosario en mano, en medio de hombres y mujeres, elevaba una plegaria. Otros y otras pedían milagros. También vi caras que dejaban rodar las lágrimas por las mejillas.

Al dejar que la muchedumbre me llevara de vuelta al Parque de los Fundadores, en un cerrar de ojos me encontré frente al sitio donde se había erigido el templo de San Lorenzo. Un pedazo de la cúpula estaba allí como si fuera un testigo viviente que pudiera dar cuenta del pasado. Al mirarla detenidamente regresó en mí los sucesos del 9 de abril de 1948.

Recorrí lo que fuera la nave central e hice el esfuerzo por recordar lo que pasó. Pensé cómo aquel sábado 10 de abril, entre las dos y las tres de la tarde, un día después de haber sido asesinado Jorge Eliécer Gaitán, una turba de hombres con bombas y armas se tomaba la iglesia. Me imagine el cruce de balas entre el templo y el parque, y los policías tendidos en el césped bajo el mando de quién sabe quién disparándole a la cúpula del templo. Entretanto otros hombres armados de machetes, escopetas y revólveres pidiendo a gritos dónde estaba el párroco Ramírez.

Mientras la muchedumbre enardecida recorría las calles con machetes, pistolas, revólveres, escopetas y palos gritando ¡Abajo el partido Conservador! ¡Muera Mariano Ospina Pérez!; un hombre blanco, de profesión carpintero, llamado Camilo Leal Bocanegra, de 38 años y nacido en Honda, con machete en mano bajaba al párroco Ramírez del techo de la casa cural al solar de la tienda de Salvador Torres.

Mientras buscaban la salida hacia la calle 11, el párroco Ramírez le dijo al carpintero: “Llévame maestro a la cárcel porque allá quedo más seguro que aquí”. Al cruzar el dintel de la puerta de la tienda una muchedumbre enfurecida los esperaba en la calle. Caminaron juntos unos pocos metros en dirección al Parque de los Fundadores. El carpintero llevaba al párroco tomado por el brazo. De un momento a otro y en un cerrar de ojos, voces con el grito al cuello le dijeron: “¡hijodeputa…! si no lo suelta lo matamos…”.

De repente brazos salidos de las entrañas de la tierra le arrebataron al párroco Ramírez. Eran pasadas las cuatro de la tarde. A empellones lo llevaron hasta la esquina del almacén de David Jassir. Una voz fuerte se sobrepuso al griterío y a la algarabía. Esa misma voz pedía que le dieran por el filo del machete.

Un hombre que estaba en diagonal a la esquina de David Jassir vio cómo el filo del machete penetraba un poco más arriba de la nuca y que el médico legista en un lenguaje técnico llamó occipital. Cayó de rodillas. La sangre a borbotones recorrió las mangas de la sotana. El bonete rodó ensangrentado.

Al levantarse con esfuerzo, trastabilló al andar. Otra vez, otra voz, con rencor y odio gritó: “Denle de nuevo por el filo”. Estaba por llegar casi al borde del parque cuando un hombre en medio de la turba blandía de nuevo el filo del machete hacia la nuca. Fue un golpe certero. El cuerpo del párroco caía moribundo en medio de la turba. La muchedumbre se desparpajaría minutos más tarde en medio de la indiferencia.

En la esquina donde yació hace 62 años muerto por varias horas el párroco Ramírez, recordé sus últimos minutos de su vida. Me lo imaginé subiendo la escalera hasta el techo de la casa cural para luego saltar y pasar al de la casa vecina. Me lo imaginé diciéndole al carpintero Leal Bocanegra: “Maestro, favorézcame, que me matan”.

También pude percatarme que las calles y las manzanas de Armero no eran iguales al recuerdo de mi infancia. Las manzanas las vi pequeñas. Las calles no tan largas. Pude recordar cómo hombres y mujeres, jóvenes y ancianos, niños y niñas caminaban por los andenes de las calles. Recordé perfectamente cómo un hombre tocaba una batería al ritmo de un chachachá. Era un hombre moreno. Tocaba medio encorvado en el “jazz”, una especie de tarima al fondo de la sala. Las parejas bailaban. Algunas se tongoneaban. Otros fumaban, bebían, reían y charlaban. Otros y otras hacían el sexo. En Armero había riqueza.

Al regresar a Mariquita, las imágines de mi infancia se fueron desvaneciendo a medida que me alejaba de Armero.

martes, noviembre 30, 2010

Clientelismo político y oposición

Armando Moreno

En Colombia los partidos políticos tradicionales, el Liberal y el Conservador, hace rato están desgastados. Sus electores no creen en ellos. La razón es fácil de explicar: terminaron convirtiéndose en maquinarias burocráticas que lo único que le interesaron fueron el poder y los favores. No obstante, el pecado más grande consiste en que fueron incapaces de modernizasen. Es decir, no hubo quién los renovara y le inyectara ideas nuevas. Carecen de ideólogos.

Sería injusto atacar solo a los partidos Liberal y Conservador. La izquierda democrática ni hablar. Tradicionalmente sus cuadros políticos han sido incapaces de interpretar los anhelos y las necesidades de la sociedad colombiana. Terminaron pareciéndose a las maquinarias vetustas de los partidos tradicionales, así digan que no. Pero la práctica política que ellos implementan dicen otra cosa. Incluso la izquierda democrática mentalmente es rígida e intolerante.

Ante este panorama no falta ser un oráculo de la política para entender que Colombia está cayendo en el unanimismo por el poder sin ideología política. Lo más cruel es que quienes están llamados a construir y hacer oposición política no se les ocurra una frase ingeniosa.

Esta situación a nivel nacional se refleja también a nivel local. Un ejemplo patético de lo que está pasando con la oposición política es Mariquita. También está sucediendo en Honda pero en menor proporción.

En Mariquita en las pasadas elecciones el actual alcalde Juan Carlos Acero le ganó al candidato Álvaro Bohórquez por un pelo. Desde ese entonces para acá el aspirante Bohórquez en vez de claudicar en sus aspiraciones siguió trabajando como si nada hubiese sucedido.

Aunque algunos que lo acompañaron terminaron marginándose porque también aspiran a la alcaldía —como es el caso de Álvaro Galindo— lo interesante de la estrategia política de Bohórquez es que ha logrado mantener y sostener una sede política. Desde allí en estos tres años ha desplegado una serie de actividades con el único propósito de llegar a la alcaldía. Con sus escuderos fieles no ha claudicado un solo día del año.

Esta estrategia política debería haberla emulado los demás movimientos o partidos que habían aspirado a la alcaldía. Pero no. Al otro día marcharon a esconderse con el rabo entre las piernas.

Y cuando les da por hacer oposición lo hacen tomando tinto desde un café que a, decir verdad, es la sede política de quienes piensan beneficiarse del presupuesto público. O desdibujándose desde la cárcel como lo hizo el ex alcalde Hernán Cuartas quien en las elecciones para el congreso, olvidándose de que su triunfo a la alcaldía de Mariquita se le debía al Partido Liberal, terminó aullándole al Partido de la U. Postura camaleónica que muchos no le aplaudieron.

Algunos “politólogos” de café consideran que lo que hace Bohórquez no es oposición sino clientelismo político. Falso. La oposición también se hace trabajando en causas sociales que es lo que el común de la gente aprecia cuando se acerca a la sede.

Este trabajo de hormiga silencioso, a un año de las elecciones, los mismos que hace unos pocos días lo tildaban de mente enana, incapaz, farandulero, sin ideas, terminaron arrodillándosele.

Están tan felices que lo dan como el seguro ganador. Su felicidad tiene una explicación: llegaron a pelechar del trabajo ajeno.

El problema con estas clases de adhesiones pegadas con babas es que se le están sumando “lideres” que carecen de organización social y política. Incluso son individuos que en política actúan como un péndulo. Anochecen siendo de un partido y amanecen en otro. Son “lideres” que al carecer de ideas y de trabajo con la comunidad lo que pretenden es acomodarse. Y en el peor de los casos, en caso de triunfo, exigir una cuota de poder.

Ante este escenario político la idea que surge es que Bohórquez no va a tener problemas para ganar la alcaldía de Mariquita. Sin embargo, hay un peso pesado que demostró en el pasado saber explotar las necesidades de la gente. Que sabe llegarle a una sociedad ahogada por los cinturones de miseria, el hambre, el desempleo y la falta de oportunidades como es la mariquiteña. Aunque no puede participar en política sí puede involucrarse en ella. Se llama William Rubio Galeano y su hermana, según parece, aspira a ser candidata a la alcaldía.

La lucha por el poder de las alcaldías genera toda clase de zancadillas. Bohórquez no la va a tener fácil. Las próximas elecciones van a carecer de ideas y seguramente va a ganar quien pegue duro y más bajo. Los adversarios políticos de Bohórquez ya están dejando entrever que le tienen preparado un memorial de agravios para cuando les llegue la hora de atacar.

Así es la política. Todo se puede desmoronar a última hora y en quien menos se creía gane las elecciones. Lo único cierto es que la carrera por la alcaldía ya arrancó.

Alcaldías: gravitando entre la desidia y el abandono

Editorial

El pasado 31 de octubre se cumplió el tiempo para que los funcionarios públicos que han de aspirar a cargos de elección popular renuncien. Pero también esta fecha señala el pistoletazo que da inicio a la campaña electoral que terminará en octubre del 2011 con la elección de los nuevos gobernadores, diputados, alcaldes y concejales.

Estas elecciones tienen un tinte que las hacen especiales debido a que son regionales. La elección que genera más pasión y odio es la de alcaldes. La razón es muy sencilla de explicar: quien salga elegido tiene un podercito que gira alrededor del presupuesto. Desgraciadamente en Colombia este podercito que genera controlar el presupuesto ha llevado a un mar de corrupción y a un desangre en las finanzas.

La mayoría de los municipios que han pasado, están o van a llegar a la ley 550 obedece porque los funcionarios que administraron el presupuesto público lo manejaron como si la plata fuera de ellos. Si hay un municipio para mostrar como ejemplo ese es Mariquita. Para nadie es un secreto que cuando llegó a la alcaldía de Mariquita un señor llamado William Rubio Galeano, en complicidad con el concejo de la época, se dio el lujo de endeudar al municipio por más de 10 mil millones de pesos. Años después el municipio entraría en la ley 550 y los contribuyentes mansamente sin decir ni pio pagaron dicha deuda. Incluso fue reelegido.

Otro municipio que no se queda atrás y que está punto de entrar en la ley 550 es Honda. Los hondanos podrían preguntarse en dónde están invertidos los empréstitos que hicieron los entonces alcaldes Hernán Naranjo y Fabio Torres. O para volvernos más serios, qué ha pasado con los dineros del acueducto regional que desde la época de ex-alcalde Alonso Montero se empezó la obra y todavía no se ha terminado.

Lo que molesta del despilfarro de miles de millones de pesos es que el Estado colombiano fue incapaz de averiguar quiénes podrían haber sido los responsables de tan abultado abuso y desgreño administrativo. No ha habido culpables. Pero lo que sí es cierto es que tanto Mariquita como Honda desde hace unos años para acá han estado gravitando entre la desidia y el abandono.

Ya es hora que quienes ejercen el derecho al voto se concienticen por elegir alcaldes idóneos y con hojas de vida intachables. Es hora de que se deje de votar con el corazón. Es hora que se deje de decir que se va a votar por el “supuesto” amigo. Más bien, ha llegado la hora que se vote con el peso que da la razón. Pues en este ejercicio sano el ciudadano habría de votar por aquel que ha de representar los verdaderos intereses del municipio.

Y no como ha sucedido hasta ahora, que el ciudadano sin valorar lo que significa el voto, termina por elegir a quien fue segundo en las pasadas elecciones. O en el peor de los casos al charlatán, al payaso de la democracia, al lenguaraz, al ladrón de cuello blanco y perfumado, al timador de la palabra, o, para decirlo sin pelos en la lengua: eligen al quien quiere enriquecerse con el dinero de los contribuyentes. Por desgracia este es el retrato de la gran mayoría de los municipios de Colombia.

En Honda como en Mariquita hay quienes insisten en querer volver a la alcaldía. La pregunta es para qué. En Honda el señor Alonso Montero demostró que como alcalde pocón, pocón. En Mariquita una señora que la tuvo el actual alcalde Juan Carlos Acero en su administración, y para más señas hermana del exalcalde William Rubio Galeano, quiere aspirar a la alcaldía. Ellos están en todo el derecho de ser candidatos. Pero con el prontuario de estos dos ex alcaldes —uno apoyando y el otro aspirando— es poco halagador el panorama de estos dos municipios.

No obstante, en Honda hay un aspirante a la alcaldía que demostró cuando fue funcionario en la gobernación del Tolima que tiene todas las credenciales para ser un buen alcalde. Se llama Edilberto Pava Cevallos y ojalá los hondanos valoren la hoja de vida de este joven hondano que podría enderezar la ya bastante alicaída Honda.

miércoles, noviembre 03, 2010

La vieja maña de hacer política

Editorial para El Puente, Honda,año 12,No 132, septiembre 2010

¿Qué tan comprometidos han sido los parlamentarios con el norte del Tolima? Es una pregunta que a diario se hace el ciudadano del común. Y se la hace por una sencilla razón: pasadas las elecciones es muy raro ver un congresista visitando la región que le dio los votos. Y si se le ve es repartiendo favores y baratijas como si el progreso de una región se resolviera solucionando los problemas individuales de los votantes.

Por ejemplo, los Jaramillos que siempre se han amamantado de los impuestos de los contribuyentes lo único que han hecho es prestarse para el jueguito del carrusel en el Congreso. ¿Cuánto les cuesta a los contribuyentes las pensiones de ciertos individuos que sin hacer una carrera política en el Congreso gozan de una pensión?

Así son los políticos nuestros que en vez de pensar en cómo resolver los problemas estructurales de una región se la pasan haciendo favores individuales. Desgraciadamente el ciudadano que vota sigue sin exigirles a estos políticos el compromiso que deben tener con la región. Y los estamos viendo con lo qué está pasando con los votos que la región le ha dado al Partido de la U.

El norte del Tolima desde que surgió la U le ha votado masivamente. El municipio que más le vota es Mariquita. Lo más paradójico, es que esa inmensa cantidad de votos no se ha visto reflejada en progreso y desarrollo. La pregunta sería: ¿para qué votar por candidatos si estos, si llegan a salir elegidos, no van a tener ningún compromiso para con la región que los eligió?

Pero la desgracia no es de ahora. En tiempos pasados cuando el Partido Liberal era el que mandaba, casi nunca sus congresistas miraron hacia esta región del Tolima. Muy por el contrario. Un modelo económico como el neoliberalismo y que fue auspiciado por la gran mayoría de los congresistas de todos los partidos y movimientos ayudó a que muchas regiones, y entre esas el norte del Tolima, empezaran a sentir los rigores de la implantación del modelo económico. Más pobreza, abandono en el campo, cierre de bancos y de empresas y, como si fuera poco, mayores tasas de desempleo y sus consecuencias: robos, ladrones, asaltos, atracos, etc.

Pero volviendo a lo de los votos de la U., y como para que el ciudadano se dé una idea de lo que hacen algunos políticos, fue lo que sucedió en días pasados con el posible nombramiento a un cargo en la fábrica de licores del Tolima. Fue tanta la dicha que muchos daban como un hecho que tal nombramiento se daría. Pero no. Lo que sucedió fue la artimaña típica que usan algunos políticos para engañar bobos.

Al fin de cuentas tal nombramiento no se dio. Y quien quedó mal, e incluso perdiendo credibilidad entre la gente, fue el líder del Partido de la U en Mariquita. Quienes analizan lo sucedido, hay quienes piensan que fue una clásica burla. Otros consideran que lo que hizo el parlamentario que le ofreció el puesto fue amansar a su líder. Pues palabras más o palabras menos, el mensaje que le estaba dando era el de que se diera cuenta de una vez por todas quien era el jefe.

Sabemos que estas tácticas de manipulación y humillación para con los líderes locales es una vieja estrategia gamonalista que corresponde a una vieja maña de hacer política. Pero más allá de que el líder de la U en Mariquita, hoy candidato a la alcaldía de Mariquita, el señor Álvaro Bohórquez, haya quedado en descredito por su jefe mayor, lo que debe pensar es que si esto sucede es porque esta clase de políticos no ven movimientos o partidos locales, sino individualidades.

Desgraciadamente para estos políticos que siguen con las anacrónicas maneras de hacer política, es más fácil manipular a un líder que a un movimiento. Ya es hora de que los partidos o movimientos dejen de pensar en líderes salvavidas y empiecen a estructurar y a construir verdaderos movimientos o partidos locales fuertes. Es la única alternativa que queda. De lo contrario se seguirá con el manoseo bajo, el engaño y la burla.

Con organizaciones políticas fuertes el día de mañana el congresista en vez de que la hoja de vida se la pida al supuesto líder, se la pida al movimiento o partido.

miércoles, septiembre 22, 2010

El túnel de Cocoló, una propuesta vial para el desarrollo regional

Honda-Bogotá: a vuelo de Colibrí

El Puente, Honda, año 12, no 131, agosto 2010

Armando Moreno

La Ruta del Sol que va a unir a Bogotá con la Costa Atlántica será la columna vertebral que irá a desarrollar las regiones que van a quedar al lado y lado de dicha autopista. Tan así que ya está generando muchos proyectos alternativos como la autopista Caparrapí-Dindal. Gestión como esta por parte de sectores políticos y empresariales es la que no se ve en el norte del Tolima.

Por ejemplo, en Honda, algunos politiquillos sin ideas —y ciudadanos que se unen al coro— han visto la Ruta del Sol como si esta la fuera el apocalipsis. Con argumentos miserables se han atrevido a sugerir que si esta autopista se hace Honda se muere. No obstante, estos individuos no se han puesto a pensar que la Ruta del Sol es la oportunidad que tiene el norte del Tolima y el suroriente de Caldas para desarrollar sus regiones.

Jaime Vanegas Cantor, un ingeniero forestal que conoce con propiedad la región del norte del Tolima, ha señalado que ahora que se tiene a un hombre nacido en Manizales como es el ingeniero civil Germán Cardona —actual ministro de Vías y Transportes— valdría la pena que alcaldes, empresarios y fuerzas sociales, desempolvaran un viejo proyecto de los años 70 del siglo XX que consistía en unir a Cundinamarca con el norte del Tolima y el suroriente de Caldas, incluida Manizales. La propuesta en ese entonces era hacer una carretera con un túnel bajo el cerro de Cocoló —actual vereda de Guaduas (Cundinamarca) —.

Con la Ruta del Sol ya en ejecución, ha llegado la hora que políticos y empresarios en vez de llorar pongan de nuevo sobre el tapete el proyecto del túnel de Cocoló al gobierno nacional. En términos prácticos, si se llegará a concretar el túnel de Cocoló, este tramo uniría el peaje del Bicentenario —que queda entre Honda y Guaduas— con Guaduero que está en la Ruta del Sol. Este tramo que tiene una distancia aproximada de unos 14 kilómetros —y si se llegara a hacer el túnel que tendría aproximadamente 5 kilómetros— los beneficios de desarrollo regional serían inconmensurables. Veamos.

En beneficios de tiempos el trayecto Bogotá-Manizales se haría en 4 horas y media. Y los de Bogotá-Mariquita, o, Bogotá-Honda se haría aproximadamente entre 3 y 2 horas y media. Pero lo interesante de este proyecto es que además de Honda y Mariquita, entrarían a beneficiarse no sólo los municipios del norte del Tolima como Falán, Palocabildo, Villahermosa, Fresno, sino también los del suroriente de Caldas como Victoria, Manzanares, Pensilvania. Estos municipios del suroriente de Caldas se beneficiarían siempre y cuando se comience a jalonar la rectificación y pavimentación de la carretera Victoria-Mariquita. Un viejo proyecto que la pobreza mental de los alcaldes de turno del norte del Tolima han sido incapaces de gestionar. El problema con estos alcaldes de bajo perfil es que no tienen la menor idea qué significa el concepto de desarrollo.

Si el tiempo en recorrer los tramos es un punto a favor para echar a andar el túnel de Cocoló, ni se diga de los beneficios de carácter agroindustrial. Para nadie es un secreto que la región del norte del Tolima hace parte de la despensa agrícola de la capital del país. Pues de aquí se llevan hacia la capital frutas, panela, aguacates, plátanos, hortalizas, huevos, carnes de pollo y res, y un largo etcétera de nunca acabar. Con este proyecto además de repotenciarse el sector agropecuario atacaríamos el desempleo galopante que se está presentando en el sector rural, y de paso estaríamos contribuyendo a bajar los índices de delincuencia y matonería que se están dando porque la gente no encuentra fuentes de empleos.

Aunque la Ruta del Sol va a cumplir un papel estelar en la parte turística, pues muchos empresarios están ya pensando en promover el turismo cachaco y costeño, al norte del Tolima no le queda otra alternativa que pensar en cómo jalonar el turismo regional. Es muy posible que si las autoridades políticas y los empresarios hoteleros no se pellizcan en jalonar proyectos como el túnel de Cocoló el turismo en la región se vaya a pique. Pues sin el túnel de Cocoló, la Ruta del Sol será inalcanzable. La región quedaría aislada y consigo las consecuencias serían irreparables.

Pero con el túnel de Cocoló y la carretera Mariquita-Victoria la industria del turismo se incrementaría. Pues no solo se estaría pensando en el turismo de Bogotá, sino en toda la población del suroriente de Caldas ya que ellos por vivir en climas templados y fríos no piensan en Bogotá, sino en donde encontrar poblaciones con días bochornosos y calurosos. Y por qué no en pensar en traer costeños, pues ellos también sueñan con conocer el interior del país.

Pero las consecuencias de que de pronto la industria hotelera y turística se venga a pique solo podría remediarse si logramos conectar la región a la Ruta del Sol. Y para ello solo hay una alternativa que las fuerzas sociales, políticas y empresariales se unan en una sola voz y comiencen a gestionar la construcción del túnel de Cocoló.

Posdata: muchos hondanos se quejan de que su municipio se está quedando rezagado. Personalmente me niego a creer que ello es así. Honda tiene un potencial que pocos municipios de norte del Tolima lo tienen. El problema es que quienes están al frente de los destinos del municipio no saben cómo darle un agregado comercial y cultural a lo que tienen. Hace rato que los hondanos no eligen gente idónea. Van y votan pero no saben por quién. Claro está que Mariquita no se queda atrás.

Cómo desarrollar la industria hotelera

Editorial
El Puente, Honda.
Hace varios meses decíamos en este mismo espacio, refiriéndonos a la industria cultural, la necesidad de que las alcaldías impulsaran este sector. Lo decíamos con ocasión del Bicentenario de Mutis. De ese entonces acá no ha pasado nada. La conclusión a que se puede llegar es que quienes llegan a la alcaldía, o no entienden de esto, o a quienes colocan en esas oficinas que llaman turismo y cultura no tienen idea para qué es ese cargo.

Los alcaldes no entienden que la industria cultural está amarrada a la industria hotelera y que ambas van cogidas de la mano. Pero en el norte del Tolima estas dos industrias van separadas, no dialogan. Este divorcio sucede porque si bien existe una oferta hotelera no existe una industria cultural. Y lo peor de todo es que las alcaldías se hacen las de la vista gorda.

Tan así que quienes sienten la necesidad de hacer turismo a clima caliente lo único que encuentran es una oferta hotelera solitaria y sin ningún aliciente cultural. Triste recordarle otra vez a los alcaldes y concejales que en vez de estar ladrándole a la luna todo el tiempo con proyectos que solo están en la mente de ellos, porque no se pellizcan y tratan de nombrar en esos cargos administrativos de turismo y cultura gente idónea y capaz para desarrollar este renglón.

No basta que se hagan reuniones con hoteleros para reactivar este sector, como las que se suceden en Honda, sino que es necesario que quien lidere esas reuniones sea gente que conozca del oficio.

Es tan lucrativa la industria hotelera y cultural que países industrializados como Estados Unidos, Inglaterra y Francia más del 50% del Producto Interno Bruto proviene de estas dos industrias que llaman sin chimenea.

Un buen ejemplo de cómo la industria cultural sirve para dinamizar varios sectores de la economía es el evento del Mangostino de Oro que en el mes de agosto se realiza en Mariquita. Lo interesante de este acto cultural es cómo se le ha venido dando un valor agregado. Pues sin este valor agregado sería imposible que alrededor de este evento se beneficien varios sectores de la economía y de la sociedad como son la industria hotelera, el comercio organizado y por qué no el informal.

Este evento del Mangostino de Oro y la manera como dinamiza la economía de la región en tres días, es el referente que deberían tomar los diversos sectores de la sociedad para jalonar una industria cultural y hotelera. El norte del Tolima a lo largo del año tiene varios eventos que permitiría pensar en cómo dinamizar la región como, por ejemplo, las fiestas religiosas.

En el norte del Tolima están las del Señor de la Salud en Guayabal, la del Señor de la Ermita en Mariquita, la de Santa Lucia en Ambalema o la de la Virgen de Coloya en Lérida. Fiestas religiosas que servirían para fortalecer no solo la fe, sino también el renglón turístico y hotelero ya que ambos ayudarían a dinamizar la economía de la región y de sus respectivos municipios.

No basta que los hoteleros se quejen de que les estén yendo mal. El problema radica que solo piensan en los puentes festivos y así no se puede. Lo otro es que los hoteleros ven la industria cultural como algo ajeno a ellos. La cuestión es trabajar mancomunadamente con el fin de tratar y trazar políticas comunes. Pero lo dicho solo será intenciones si desde las alcaldías no se hacen las gestiones pertinentes.

No obstante, existen esfuerzos, como el de la Secretaria de Turismo, Industria y Comercio del Tolima que ha logrado establecer tres rutas turísticas para el norte del Tolima. Ellas son la Mutís, la del Río Magdalena y la del Parque de los Nevados. Son tres rutas que están por explotarse y desarrollarse, e inclusive replantearse porque en una de ellas —la de la Ruta Mutís— deja por fuera a Falán.

Son tres rutas que bien podrían convertirse en tres anillos turísticos como alguna vez las pensó y las diseñó el ya olvidado hondano José Suárez. Si se quiere dinamizar el sector hotelero, turístico y cultural, es necesario que las alcaldías convoquen o gestionen propuestas. Incluso el sector privado va a tener que empezar a comprender que para salir adelante no necesariamente tiene que dar el primer paso el gobierno departamental o municipal, sino que también las iniciativas pueden venir de lo privado.

Y, un buen ejemplo de cómo el sector privado mancomunadamente con el sector público puede hacer grandes eventos es el Mangostino de Oro.