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domingo, marzo 14, 2021

Estar enamorado

 Armando Moreno Sandoval

 Helen Fisher autora del best-seller El Primer sexo es en la actualidad la que más sabe sobre el amor. Así como lo lee: sobre el amor.

Me hubiese gustado escribir este texto con un lenguaje cursi. Algo así como si fuera la letra de un bolero. Pero la Fisher lo ha echado todo a perder. Ella es antropóloga con un doctorado en neurociencias. Con esta formación ha desestimado un poco el rollo de las humanidades para tratar de entender el amor por la vía de la ciencia.

Si nos volvemos un poco mundanos, la pregunta del millón, y que nos asalta a diario es por qué nos enamoramos. Por qué esa persona y no otra, respuesta difícil dice Fisher.

Hablar sobre el amor es muy cuqui para estos tiempos que nos asecha el coronavirus. Y que mejor que leer a Fisher para encontrar la respuesta.

Ella nos dice que no basta entender la cultura, la infancia, la experiencia, sino que también hay que entender la biología del comportamiento de cada individuo porque cada uno es un caso particular y así entender cómo ha sido construida la personalidad. Estamos determinados por la biología.

Y es que para explicarnos qué pasa con el amor no lo hace a través de los boleros de Armando Manzanero o de la poesía amorosa del chileno Pablo Neruda sino, quien lo creyera, utilizando máquinas muy sofisticadas y costosas como el escáner con resonancia magnética que desmenuza el cerebro.

Gracias a esas máquinas tan frías como un cubo de hielo, descubrió que en el cerebro existen circuitos cerebrales donde se aloja amor romántico, el deseo sexual y el apego.

De los tres sentimientos el amor romántico es el más guay porque es el que más le encanta a la gente. Si el deseo sexual lleva al Homo sapiens a buscar un abanico de compañeros, en el amor romántico se le gasta energía a una sola persona. Es cuando se resigna a quedarse con uno solo porque hay compromisos de pareja. Como ejemplo, educar a un hijo. O cuidar a la suegra así mate a un gato de un solo grito.

El amor romántico es por lo general empalagoso. Cuando se enamora las babas caen por las comisuras de los labios. Pero este amor es peligroso, se centra en lo que gusta. No tiene defectos. Todo es un encanto. Es obsesión pura. Es lo más parecido a tener mariposas en el estómago. Lo que dice la pareja es todo un suspiro.

Con el amor romántico todo marcha bien, todo es euforia. Pero cuando se acaba, vienen los problemas. Saltan los defectos y es cuando viene la bala, la puñalada trapera, la traición, el suicidio. El ya no te quiero.

La fuerza del amor romántico tiene una explicación en la teoría de la evolución de Charles Darwin. Que la búsqueda de pareja tiene como fin el de reproducirse para evitar su extinción. Si no es así, entonces, para qué el amor. Suena paradójico que así sea ya que el 97% de los mamíferos no se emparejan para criar sus hijos. Cosa curiosa que esto suceda en el Homo sapiens.

Para comprender a los enamorados, y aquí viene lo bueno, Fisher los ha venido sometiendo al escáner cerebral. Lo que en lenguaje coloquial llamamos el flechazo, la “química” de pareja. Ella afirma que en el cerebro encontró cuatro sistemas relacionados con los rasgos de la personalidad. Ellos son: la dopamina, la serotonina, la testosterona y los estrógenos.

Para explicar cómo se conectan los rasgos de la personalidad con la dopamina, la serotonina, la testosterona y los estrógenos aplicó una encuesta a más de 14 millones de personas en 40 países. A los que quienes tienen dopamina muy alta los llamó exploradores. Son personas que buscan novedades y corren riesgos, son curiosas, creativas, espontáneas, enérgicas, flexibles y que se sienten atraídas por personas como ellas. Las personas con serotonina alta, las denominó constructoras. Son tradicionales, convencionales, normativos, respetan la autoridad, planifican hasta los horarios y sus rutinas. Son religiosas y les atraen personas como ellas. A la gente con testosterona alta los denominó directores. Suelen ser analíticos, lógicos, directos, decisivos, tenaces, escépticos. Se les dan bien cosas como las matemáticas, la ingeniería o la música. Tienden a buscar a su contrario. A los de estrógenos altos los denominó negociadores. Tienen imaginación, piensan en contexto y a largo plazo. Por lo general se da entre las mujeres y buscan a su contrario.

Dos sentimientos relacionados con estos rasgos de la personalidad es el amor a primera vista y el amor ciego.

El amor a primera vista es muy difícil de explicar. La dopamina la encargada de este amor se activa fácil en el cerebro. Es una ruta muy primitiva que atraviesa el cerebro. La dopamina que da esa sensación está justamente al lado del circuito cerebral que produce el hambre y la sed y que curiosamente son los que lo mantienen a uno vivo. De ahí el por qué el amor alimenta la supervivencia del Homo sapiens. Si nos enamorarnos es porque queremos reproducirnos. Es lo que nos permite existir.

Otra cosa es el amor ciego. Está localizado detrás de la frente. Cuando se está en ese modo esa parte del cerebro se desactiva. Es cuando el enamorado no escucha a nadie y la gente dice: está perdido. O cuando la mamá le dice a la hija que el hijo del vecino no es un buen partido y calla como una tumba. La historia del morocho trompetista y la rubia en Ligia Elena del salsero Rubén Blades es un buen ejemplo. Es cuando toca darle tiempo al enamorado.

Cosa contraria sucede con los circuitos cerebrales del apego que tardan mucho más tiempo en asentarse. Es necesario conocer a la persona. Por algo será que la región cerebral relacionada con la sensación de apego no se activa en absoluto. Es lo que explica el rompimiento y el olvido fácil cuando al estar enamorado, él o ella, miente o engaña. Se puede estar loco por alguien y no sentir ningún apego.  El olvido es fácil y es cuando el vecindario se pregunta: acaso no estaban enamorados.

A pesar de que el amor es biología pura, quien mejor lo describió, según Fisher, fue el escritor Stendhal quien dijo: el amor es como la fiebre, va y viene.

martes, febrero 09, 2021

La granja de ratas del señor Wei Shangzheng

 Armando Moreno Sandoval

El libro de David Quammen llegó a las librerías en el 2012 sin mucho escándalo. Traducido al español en el 2020 con el sugestivo título Contagio. La evolución de las pandemias, y con la invasión del virus del coronavirus por todos los rincones del planeta, se ha hecho best-seller.

Este siglo XXI que ha hecho del Homo sapiens un lector de solapas de libros, de titulares o, a lo sumo, leer los 280 caracteres que nos permite Twitter, recorrer sus 520 páginas es todo un postre para los buenos lectores.

¿Qué es lo que contiene dicho libro que se ha convertido en best-seller? Sin lugar a duda lo que dice en sus páginas. Leerlo es lo más parecido a una película de suspenso. Pues de lo que trata el libro es cómo los virus que siempre nos han acompañado desde que la vida apareció sobre el planeta tierra hoy día se están tomando su revancha.

En el libro hay una palabra que ha pasado casi que desapercibida para el común de la gente: zoonosis, que en lenguaje callejero quiere decir el virus que salta del animal al humano. Que salte, es lo de menos. ¡El lío es que mata!

Y como lo recuerda el autor, las enfermedades que últimamente han azotado la humanidad como el ébola, la gripe aviar, la peste bubónica, la viruela símica, la tuberculosis bovina, la enfermedad de Lyme, la fiebre de Nilo Occidental, la fiebre hemorrágica de Marburgo, la rabia, el ántrax, la fiebre de Lassa, la fiebre del valle de Rift, el virus de Nipah, el Sida, la fiebre de los matorrales, etc, etc, e incluyendo todas las gripes humanas son zoonosis.

El otro problemón es que después de saltar del animal al humano, salte del humano al humano. ¡Y ahí fue troya! como dicen en la calle. Es exactamente lo que está pasando con algunos de los virus más conocidos como el del Sida y el que causa el covid-19.

Cuando se llega a la última página la conclusión a la que se llega es que todo este desmadre —quien lo creyera— no lo han causado los virus. El artífice de todo ha sido una especie que hasta hace pocos meses se creía el todopoderoso sobre la tierra: el Homo sapiens.

Para entender que el Homo sapiens ha sido el causante de todo tenemos que tratar de explicar por qué en la naturaleza, de vez en cuando, algunas especies se salen de lo normal proliferándose más de la cuenta.

Estos desequilibrios ecológicos la misma naturaleza los controla. No obstante, cuando sucede dejan una estela de estragos dejando atónito al Homo sapiens. Un ejemplo para entender es cuando las hormigas arrieras se tragan en un dos por tres un árbol entero.

Este descuadre de que una especie en particular ya sea insecto (o mamífero o microbio) tenga un incremento explosivo en un tiempo relativamente corto es lo que los ecólogos llaman proliferación anormal. Sin embargo, la pregunta del por qué, aun no tiene por parte de los expertos una respuesta.

No obstante, hay que señalar que solo unas poquísimas especies son dadas a la proliferación anormal. Aunque la naturaleza ayuda a controlarlas, hay una especie que en particular se ha salido de madre y, así nos duela, es la que está representada por el Homo sapiens.

Para entender la proliferación anormal que está causando el Homo sapiens como especie solo basta comprender que desde que hizo su aparición sobre la Tierra (de eso hace unos 200.000 mil años) hasta el año 1804 el humano aumentó en mil millones; entre 1804 y 1927 aumentó otros mil millones; llegamos a los 3.000 mil millones en 1960, y desde entonces, más o menos, cada treinta años, a la Tierra toca sumarle la bicoca de mil millones. En octubre de 2001 se llegó a 7000 mil millones; y si se consulta al sabio de Google, a la fecha de hoy, estamos rozando los 8000 millones de terrícolas.

Estamos llegando a esta escalofriante cifra y al Homo sapiens le ha importado un bledo. Dentro de unos pocos años pasaremos dicha cifra como cuando se va de viaje y se pasa por un cartel de esos que dicen: “Regresen pronto, Titiribí os espera”.

Algunos dirán que con las campañas de control demográfico los humanos han disminuido. Es cierto. Pero no se puede olvidar que el crecimiento está por encima del 1%, es decir, que cada año le votamos a la Tierra la pendejada de 70 millones de personas.

Somos un caso único en la historia de los mamíferos y de los vertebrados en general. Ninguna especie ha crecido tanto en tan corto tiempo como el Homo sapiens. Ninguna especie le ha hecho tanto daño a la naturaleza como el Homo sapiens, y eso sí, teniendo en cuenta que no somos un grupo sino tan solo una especie entre los mamíferos. En fin, somos grandes, tanto en el tamaño corporal como en el número y en el peso colectivo (340.000 millones de kilos).

Algunos dirán que ese peso es poco significativo si lo comparamos, por ejemplo, con la vaca doméstica. Cierto es.  Sin embargo, hay una paradoja. Si bien la población de las vacas suma unos 1.300 millones y un peso de 4.5 billones de kilos de vaca (mucho más que el peso del humano), lo cierto es que esas vacas que engordan en los cebaderos y pastan en las praderas en las que una vez merodeaban herbívoros salvajes, son solo una expresión del impacto causado por el humano. La culpa no es de la vaca, es del Homo sapiens que con la destrucción de su naturaleza solo sabe mostrar que tiene apetito y un hambre voraz.

En términos ecológicos el Homo sapiens es una plaga.

Sí, una plaga que la misma naturaleza no puede corregir. Se ha ensañado con ella. Mientras la siga destruyendo, las enfermedades zoonóticas estarán ahí. Los cazadores de virus lo han dicho hasta la saciedad. La humanidad no tiene la capacidad para predecir una gripe venidera o cualquier otro virus emergente. Este es el precio que tiene que pagar la llamada “civilización”, “el progreso”. Que entre más se violente la naturaleza habrá más virus dispuestos a abandonar sus anfitriones tradicionales en la jungla para saltar a los humanos.

Lo que más sorprende en el libro es la predicción de David Quammen. En el capítulo cuarto, “Cena en la granja de ratas”. Quammen cuenta la visita a la granja del señor Wei Shangzheng, ubicada a más de 100 kilometros de la ciudad de Lipu, en la China. Después de saborear lo que para el colombiano sería un guiso de carne de cerdo, de pato, soja, pak, choi y hojas de Ipomoea, los ojos de Quammen verían rodar por la mesa unos pedazos de rata de bambú asada como acompañante del suculento plato.

Degustada la carne de rata, a decir de Quammen, ligera, de sabor sutil y ligeramente dulce, y para entrar a tono con la charla que se departía en la mesa, dijo:

“Hay otra historia terrible por explorar, pero probablemente no concierne al virus del SARS. Es concebible que la próxima Gran Epidemia (la notoria Big One) cuando llegue se ajuste al patrón perverso de la gripe, con una alta infectividad antes del inicio de los síntomas. En este caso, se moverá de una ciudad a otra en las alas de los aviones, como un ángel de la muerte”.

¡Ocho años después la predicción se haría realidad (el virus del covid-19 respiraría en la nuca de los terrícolas)!

¡No se asusten! ¡Otros virus ya vendrán!

 

lunes, diciembre 21, 2020

Cuando se piensa que el pobre es el culpable

 Armando Moreno Sandoval 

Generaciones enteras crecieron, y siguen creciendo, alrededor de Cantinflas, El Chavo y Chespirito. Lo bueno de estas producciones es que muestran un lado amable de la pobreza. El mensaje que daban era recordarle a la sociedad que había pobres.


No todas las culturas con sus idiomas tienen palabras para referirse a los pobres. Algunas ni siquiera tienen un equivalente. Pobre que viene del latín pauperis significa el “que produce poco”. Un significado que a través del tiempo fue cambiando hasta llegar a la connotación que le damos hoy día: un ser despreciable, desagradable, asquiento, al que toca hacerle el quite, etc., etc.

El Chavo
En el idioma español una palabra para explicar el asco, el rechazo, el fastidio al que no tiene nada no existe. Encontrar la palabra le valió años de dedicación a la filósofa Adela Cortina, especialista en Ética y Filosofía política, y profesora en la Universidad de Valencia (España). La palabra le llegó por el lado del griego aporos que significa el rechazo al pobre, el que no tiene nada. Y que mejor que aporofobia para designar ese rechazo al que está jodido.

La filósofa Adela Cortina, quien inventó aporofobia, cree que la verdadera fobia o rechazo proviene cuando esos otros son pobres en la acepción más amplia de la palabra (sean exdrogos, drogadictos, ladronzuelos de carteras, desempleados, destechados, harapientos, hambrientos, etc, etc). Es decir, a los que eufemísticamente en Colombia llaman “vaciados”.

No obstante, el contraste está, y es lo que sucede en Europa o en Estados Unidos, cuando el extranjero llega con bultos de dinero o es rico, pues lo que se ve es que se le tiende la alfombra roja. Al fin y al cabo, lo que importan son los dólares. Entonces lo que se rechaza no es al extranjero, sino su condición: el de ser pobre, miserable, y es lo que sucede con el inmigrante, el refugiado que sale de su país a jugársela en busca de un empleo que, por lo general, son miserables.

La aporofobia más desdichada es cuando se rechaza a la gente pobre en su propia casa, en su propio barrio. Si en algo tenemos que agradecerle al Covid-19 fue el de haber desnudado ese comportamiento social aporofóbico que muchos no quieren reconocer pero que lo llevan escondido. Y fue lo sucedió en días pasados en el municipio de Honda (Tolima) con Brandon Andredi Rojas alias Dinosaurio.

La música, sobre todo la llamada salsa urbana, nos ha reseñado hasta la saciedad personajes delincuenciales que salen y entran de la cárcel como si fuese un hotel. Fue lo que pasó con Dinosaurio.

Cuando a Dinosaurio se le cambió la prisión domiciliaria por la prisión intramural la reacción de la gente fue de alegría, de plácemes. La típica aporofobia hipócrita y de doble moral. Dinosaurio había encarnado tanto el miedo y el odio que “la gente de bien”, “de dedo parado”, o, de los que se creen “de mejor familia”, terminaron por anhelarle la llamada “limpieza social”.

Cantinflas, El Chavo o Chespirito encarnan la compasión y la empatía hacia el pobre. El Estado de Bienestar que se construyó después de la II Guerra Mundial en el siglo XX para reducir la pobreza fue aniquilado por el modelo neoliberal de Ronald Reagan y Margareth Teacher. Hoy día el neoliberalismo está desbocado. Los ricos son más ricos y los pobres más pobres. La pobreza ahora genera miedo, tan así que la empatía y la compasión se perdió.

Escuchar a los “de dedo parado” da risa. Son tan miserables que la caridad ya no cabe en ellos. No se toman la molestia de pensar el porqué de la pobreza. Prefieren odiarla. Convencidos que los pobres son los culpables de su pobreza no entienden que esta es el resultado de unas condiciones estructurales que dejan a muchos en el asfalto, en el suelo, en la miseria. Más bien creen que ser pobre es fruto de un error individual o de una culpa personal; y es cuando la gente al anular la empatía comienza a percibirlos como una amenaza. Por esta vía terminan justificando que se les persiga o se les mate.

El rechazo al pobre se ha vuelto tan cotidiano que ver regueros de muertos a causa de esta parece normal. Era tan fuerte el rechazo que sentía Dinosaurio de la sociedad que, ya en la cárcel, abandonado y solo, ocho días después, se ató una sábana al pescuezo suplicando el suicidio.

Entre tanto las redes sociales o los medios escritos y televisivos aplauden decisiones como la Dinosaurio.

Uno menos, piensan algunos.

miércoles, diciembre 02, 2020

El embrujo de Villa de Leyva

 Armando Moreno Sandoval

Villa de Leyva 

Toparse con casas de tejas de barro que invitan a dialogar con el recién llegado, caminar con sigilo por sus calles, me llevaron a pensar cuáles serían las ideas que le asaltaron a Venero de Leyva en 1571 para fundar un pueblo en un valle rodeado de montañas escarpadas y frías.

Aunque a primera vista da la sensación de que las ideas que vuelan por sus calles son las mismas de antaño, solo basta observar a sus gentes para empezar a pensar que en Colombia no hay otro pueblo como Villa de Leyva.

En la escuela nos enseñaron que las ideas que cambiaban al mundo primero habían llegado por las costas. Ahí están el Mediterráneo con sus culturas que van desde Grecia hasta Italia; el Japón Imperial y la China milenaria. Estas culturas nos corroboran la tesis que así fue.

No obstante, la realidad nos enseña que toda regla tiene su excepción. Desde que se posa el pie sobre las calles empedradas la sensación que da es que, Villa de Leyva no requeriría de un museo porque ella misma es un museo. No es un museo cualquiera. Ya que, en vez de estar atrapada en la añoranza del pasado, sus calles y su gente, a pesar de los avatares del tiempo, son un torbellino de ideas que marchan al ritmo del siglo XXI.

Café Don Velásquez

Escuchar acentos, maneras de pensar, nos permite descubrir emprendimientos que solo pueden darse en un pueblo donde la procedencia de sus gentes también cuenta. Son los ejemplos de la Librería Cervantes y el Café Velásquez.

En un siglo XXI donde lo digital devora el papel, lo de la Librería Cervantes parecería un contrasentido cultural. Y fue lo que vivió Felipe Rojas con el exalcalde Víctor Hugo Forero la vez que le llevó la inquietud de abrir un local con estanterías llenas de libros. Ante la propuesta el exalcalde prefirió echarle candado a las nuevas ideas prefiriendo ver como seres brutos, ignorantes e incultos a quienes lo eligieron.

—Aquí no se lee— fue lo que le dio a entender el exalcalde Forero al librero

Si por los políticos fuera, el mundo sería un permanente fracaso. Este siglo XXI ha enseñado que la democracia liberal tal como hasta ahora se ha conocido hay que reinventarla. Que los políticos con sus ideologías de cualquier cuño son una engañifa. La prosperidad de la gente y la gobernabilidad de los pueblos no se le puede dejar a inútiles con poder. Fue lo que vivió el librero Rojas en su primer intento por instalar una librería en Villa de Leyva.

Librería Cervantes

Se ha dicho que quien persiste, tarde o temprano, tendrá su premio. Solo bastó la pandemia desatada por el covid-19 para que el librero Rojas tuviese una segunda oportunidad. Sin pensarlo dos veces, y cuando se creía que toda iniciativa estaría condenada al fracaso, ni corto ni perezoso tomó su carro y cogió rumbo a Villa Leyva.

Preguntando allí y allá, esa misma cultura cosmopolita que caracteriza al habitante de Villa de Leyva, le abrió sus puertas. El dueño del local al escucharlo hablar de libros no tuvo otra que sonreír y decirle:

—El local es tuyo.

Aunque en proporciones menos quijotescas otra propuesta de emprendimiento, y gracias al covid-19, es el Café Velásquez de Alejo Velásquez, su propietario, que, con su charla, su sonrisa y su bigote ralo hace más grata la estadía.

Tan así que pasar una tarde noche en medio de diferentes ritmos musicales saboreando tortas, pasteles, viendo el tablero de un ajedrez, una partida de dominó o quedar lelo viendo libar una cerveza artesanal es una delicia que solo estaba reservada a los dioses. Pero no. En Villa Leyva los dioses no existen. Han sido reemplazado por hombres y mujeres de carne y hueso que, en su peregrinaje, atravesando la Plaza Mayor, no tienen otra que inclinarse ante la majestuosidad de este pueblo que invita a volver una y otra vez.

Con la Librería Cervantes y el Café Velásquez, dos sitios que emergieron en medio de la pandemia del covid-19, es una forma de decirnos que como Villa de Leyva no hay otra.

 

 

sábado, septiembre 05, 2020

Obituario: José Celestino Bruno Mutis y Bosio

212 años del fallecimiento del sabio: 11/09/1808-11/09/2020

José Orlando Velásquez

Hay que destacar que el mayor regalo que Reino alguno le haya hecho a posesión alguna de ultramar fue el estudio de las Ciencias Naturales en América donde se dejan sentadas las bases del conocimiento científico, las cátedras de matemáticas, filosofía, astronomía, mineralogía y el estudio de la flora de cada Nuevo Reino descubiero para el beneficio de la farmacopea europea.

Sin albergar resentimiento alguno contra los españoles que fueron los que nos conquistaron y colonizaron y, por ende, fueron los primeros en explotar nuestros recursos naturales como el oro y la mano de obra de los indígenas, hay que reconocer que quien haya sido el conquistador o colonizador que fuera vendrían a lo mismo, llámese como se llame!

Para honrar el legado que el sabio Mutis le dejó a las generaciones venideras, que mejor que las siguientes lecturas para honrar su memoria.

Estas son:




sábado, agosto 15, 2020

Por qué el covid-19 mata a los ricos

 Armando Moreno Sandoval

Hasta no encontrar una vacuna efectiva, por ahora, el que nos está protegiendo del virus es el mismo sistema inmunológico del cuerpo humano. Si no la hubiera, con el tiempo derrotaría al virus y le pondría punto final a la pandemia. El sistema inmunológico es tan maravilloso que tiene la capacidad de enfrentar cualquier patógeno que llegue por muy extraño o nuevo que sea como es el virus Sars-Cov-2.

Mientras tanto para bajarle la velocidad de propagación al virus es necesario el lavado de manos, el tapabocas, la distancia social, evitar montoneras y dejar de estornudar en las calles porque si la persona que lo hace, y si es asintomática, esas gotitas que quedan flotando en el aire pueden contagiar a otros.

El consenso que existe en los portales científicos es que nunca en la historia de la ciencia se había producido una avalancha de artículos en torno a una enfermedad.

Curioso que, pese a los miles de artículos, poco se sepa del virus. Tan así que los científicos no tienen idea cómo es la guerra entre el sistema inmunológico y el virus. Se sabe que es como un ejército con diferentes frentes de batalla donde células disímiles están interconectadas entre sí. Que algunas atacan directamente la infección, mientras que otras como directores de orquesta guían a otras células encargadas de liberar sustancias para interferir en la infección.

Para entender lo dicho es necesario saber que el sistema inmunológico tiene dos frentes de defensa. El primero es el que se conoce como respuesta inmunitaria innata y que responde a infecciones de forma genérica. Este frente tiene la particularidad de que no genera inmunidad a largo plazo o protección.  Es tan efectivo que aniquila al patógeno en su primer encuentro.

Cuando los científicos dicen que virus del covid-19 no es tan letal, como si sucede con otros coronavirus, es porque para aniquilarlo al sistema inmunológico solo le basta con activar la respuesta inmunitaria innata. Es lo que explica que el 80% de las personas que se contagian no sientan síntomas, o que sean muy leves.

El otro frente de defensa se conoce como respuesta adaptativa. Es el frente encargado de activar de manera rápida la respuesta inmunitaria innata. Es una línea de defensa especializada y en ella hace parte lo que se conoce como los anticuerpos.

No obstante, el lío que han encontrado los científicos con los anticuerpos producidos en respuesta al virus (Sars-Cov-2) es que tienden a disminuir en pocos meses. Aunque parezca un mal chiste esto podría decir que el cuerpo quedaría desprotegido, sin defensas. La científica Margarita del Val ante esta duda, dice: “No hay que asustarse, todo el resto de la inmunidad está activada”. Pues aparte de los anticuerpos, dice ella, hay otras células que han aprendido a reconocer el virus para contenerlo.

Dos investigaciones independientes, la primera de la revista Nature , que vio la luz el pasado 29 de julio, y la segunda publicada en Science el 4 de agosto parecen estar encontrando las respuestas al por qué solo un puñado mueren y otros siguen tan campantes por las calles esparciendo el virus sin sentir ninguna molestia, dolor o malestar.

Habitante en Ibagué. Carrera 3
Ibagué, calle 3
Pero la pregunta del millón es esta: por qué el sistema inmunológico no protege a todos por igual. Es la pregunta por resolver y que tiene desconcertados a los científicos.

Así los anticuerpos bajen de nivel, los estudios efectuados apuntan que los linfocitos, que hacen parte del sistema inmunológico, al parecer son los que nos están protegiendo. Aunque existen dos tipos de linfocitos, las células B y las células T, son las células T las que juegan un papel determinante en la protección por ser células de memoria larga.  Es decir, que estas células por tener memoria al llegar el patógeno que ya ha había invadido con anterioridad al cuerpo, lo que hace es reconocerlo, bloquearlo y destruirlo, generando así inmunidad.

¿Pero por qué sucede esto? Para empezar, es necesario comprender que la fiebre, la influenza, el malestar, la gripa, los gargajos y los mocos de la nariz son producidos por cuatro tipos de coronavirus que causan estos catarros y que han convivido con el ser humano hace muchísimo tiempo.

Han dicho los científicos del Instituto Inmunológico de La Jolla, en California (EE. UU) que el parecido entre estos cuatro coronavirus y el coronavirus causante del covid-19 puede ser ventajoso. Según el estudio que realizaron las células T encargadas de reconocer los coronavirus del catarro también reconocen el virus que causa el covid-19.

Aunque hace falta más investigación todo parece sugerir que los coronavirus de la gripa, los gargajos, el sonarse la nariz para sacar los mocos, tuviera un cierto papel protector contra el covid-19. Y como lo dice Daniela Weiskopf, codirectora de la investigación, es lo que “podría explicar por qué algunas personas al contagiarse de covid-19 muestran síntomas más moderados, mientras que otros se ponen severamente enfermos”.

Así como están las cosas, la conclusión a que se puede llegar es que el virus es selectivo. Pero esa

Ibagué, calle 15 con carrera 5
Ibagué, calle 15 con carrera 5
selectividad la gente de dedo parado y que todo lo coge con la punta de los dedos, a veces, pregunta con sorna qué pasa con la gente de la calle que no se muere.

Las investigaciones alrededor de las células T sugieren que los pordioseros, los que hurgan las canecas en busca de comida, los que duermen en la calle en medio de excrementos, gatos y perros tendrían menos riesgo de que el covid-19 los mate. Es gente que por sus condiciones de vida son los que más han convivido con los cuatro coronavirus del catarro. Por tanto, están inmunizados. Cosa contraria sucedería con los estratos de cuatro para arriba que por tener una vida en completa asepsia estarían más propensos a que el virus los contagie y los mate.

Es lo que vemos también en países ricos como Chile, EE. UU, Alemania, Inglaterra o Francia donde el virus ha hecho de las suyas. La cantidad de gente vieja que se ha muerto en esos países tiene una explicación científica y es que cuando se llega a una edad avanzada las células T comienzan a menguar dejando al cuerpo desprotegido. Y si tiene alguna comorbilidad (cáncer, diabetes, etc.) peor.

Cosa contraria sucedería con la gente joven y adulta. Pues uno se podría preguntar qué pasa en esas sociedades que, si tienen un nivel de vida tan elevado, qué es lo que ha causado que siga muriendo tanta gente. La respuesta estaría en que son sociedades que por ser ricas y vivir en completa asepsia han dejado al cuerpo sin muchas defensas para enfrentar virus nuevos.

La montonera de muertos en Latinoamérica tendría otra explicación. Los estudios científicos (sobre todo la biología molecular y la antropología física) han demostrado que el genocidio de la población aborigen a partir de la emigración europea hace más de 500 años no fue tanto por la hoguera, el puñal, la espada o el arcabuz. Los responsables fueron los virus y bacterias (fiebre, gripa, gonorrea, sífilis, entre otras).  

Es exactamente lo que está sucediendo en este siglo XXI con el covid-19. La mayor mortandad está en los países con un alto porcentaje de ADN amerindio y una población aborigen que aún vive en un ambiente prístino. Lo vemos en México, Ecuador, Perú, Bolivia, Brasil y en los países centroamericanos

Ibagué, carrera 5 con calle 14
No es la pobreza la que está matando la población autóctona y aborigen como sugieren los países imperialistas europeos, sino su sistema inmunológico que al carecer de anticuerpos para reconocer virus nuevos no saben cómo defenderse.

La ironía es que esta vez no fueron los europeos con sus virus y bacterias que menguaron a la población aborigen desde que llegaron hace más de 500 años. En este siglo XXI fueron los chinos que con su irresponsabilidad fueron incapaces de alertar al mundo de pensamiento liberal y democrático que un virus nuevo se les había salido de las manos.

A este régimen dictatorial y autárquico es que la izquierda antidemocrática y reaccionaria latinoamericana le hace loa. Si hay que buscar un culpable es al gobierno chino. Y no como piensa el despistado de Evo Morales (expresidente de Bolivia), que el virus es una conspiración del imperialismo estadounidense para acabar con la gente pobre.

domingo, agosto 02, 2020

Charles W. Bergquist, historiador estadounidense. Colombianólogo (1942-2020). Obituario

Su partida deja un sabor amargo

Armando Moreno Sandoval

En este siglo XXI donde la post verdad, más las intolerancias de cualquier cuño, que están tomando las riendas de este mundo, la partida del historiador colombianista Charles Bergquist deja un sabor amargo.

Cuando mi amigo, el historiador hondano Tiberio Murcia me informó que Charles Bergquist había muerto me remonté a mis años de estudio en la Universidad de Valle cuando cursaba la Maestría en Historia Andina. Uno de mis profesores era, este otro gran historiador ya olvidado, Germán Colmenares. Gracias a él, que nos puso a leer Café y conflicto en Colombia 1886-1910. La Guerra de los Mil Días sus antecedentes y consecuencias, pude apreciar además de la rigurosidad de su método para escribir historia, que la historia bien investigada y escrita daba luces para entender cómo es que se ha tejido esta sociedad colombiana.

En noviembre de 1992, como ponente en el VII Congreso de Historia que realizó la Universidad Industrial en Santander, pude enterarme de que Charles Bergquist había estado en Ibagué, en noviembre de 1987 en el VI Congreso de Historia celebrado en la Universidad del Tolima. Congreso que, en ese entonces, reunió a un selecto grupo de historiadores que por boca de Germán Colmenares los llamaba colombianólogos. Ellos fueron Catherine Le Grand, Charles Bergquist, Frank Safford y Cristopher Abel.

1987. VI Congreso de Historia. Universidad del Tolima. Ibagué.

El profesor César Fonseca quien en esa época era estudiante, y que estuvo metido de cabeza en la organización del Congreso, el recuerdo que tiene de Bergquist era el de un ser humano humilde, buena gente y despreocupado. Tan así que sintiéndose abrumado de tanta generosidad y atenciones, prefirió optar por una estancia sencilla y sin tantas atenciones.

Sí me desconcertó que, en las memorias del Congreso realizado en la Universidad del Tolima, y que habiendo sido invitado como conferencista central su ponencia no la hubiesen tenido en cuenta en la publicación. Haberla omitido me lleva a pensar que el editor era un profundo desconocedor de los aportes historiográficos de Charles Bergquist.

Si menciono este hecho escabroso obedece porque dos años después del congreso en Ibagué, es decir, en 1989, la revista de Estudios Sociales de la FAES sorprendería con un ensayo corto de Bergquist titulado La historia laboral latinoamericana desde una perspectiva comparada. Observaciones acerca del carácter insidioso del imperialismo cultural. Este texto que en este 2020 cumple 33 años parece haber sido olvidado en los cursos de los programas de Historia.

Personalmente el ensayo me llama la atención porque para esa época, por lo que concierne a Europa, la Historia estaba presa de nuevas formas narrativas. El renacer de la narrativa de Lawrence Stone que decía que había que reinventar la escritura de la historia parecería ser cosa del pasado.  

Recuerdo que en la venta de libros del viejo Berna a la entrada del edificio de Sociología de la Universidad Nacional los beltseller era El Queso y los gusanos de Carlos Ginzburg, El año mil de Georges Duby, Montaillou de Emmanuel Le Roy Ladurie, entre otros. Ni hablar de El regreso de Martín Guerre de Natalie Z. Davis. La historia narrada de Natalie Z. Davis que fue llevada a la pantalla grande, al ser presentada en las salas de cine de Bogotá, los mismos profesores que me daban clase solían decir, sin una palabra más o una palabra menos, que así era que se debía de contar la Historia. ¡Eso si era Historia! ¡Lo otro era enredijos!

Mientras todo esto pasaba, Charles Bergquist seguía produciendo historia de los obreros, pero, sobre todo, seguía fiel a su método de trabajo. En el ensayo mencionado criticaba que los historiadores al hacer historia cayeran presos de teorías eurocéntricas pues habían sido creadas para otro devenir histórico. Sin embargo, cuando estuvo en boga la “nueva” historia social y cultural que daba cuenta de los estudios laborales de los países europeos, no tuvo reparo en criticar que en nada había servido que los historiadores se hubieran alejado un poco de los paradigmas eurocéntricos ortodoxos si habían caído atrapados en un nuevo embrujo teórico. Se refería, nada más, ni nada menos, que a Edward Thompson y a su monumental obra La clase obrera en Inglaterra.

Aunque Bergquist reconoció el aporte de Thompson para estudiar los obreros, en cuanto se refiere a la cultura, en sí lo que decía era que esta forma de hacer historia debía también estar sometida a la crítica. La razón, que la historia de los obreros de los países subdesarrollados no se podía hacer recurriendo a las mismas herramientas teóricas que los historiadores europeos o norteamericanos utilizaban para leer la clase obrera de sus respectivos países.

Ojalá que en las universidades colombianas y sus programas de Historia les dé por crear la cátedra Charles W. Bergquist. El conjunto de su obra da luces para entender qué nos pasó. Es posible que su historia académica, la que obedece al rigor del método y de sus fuentes, no guste a muchos sectores radicalizados de la política. En estos momentos que Colombia necesita nuevos aires para construir un país diferente que bueno retomar sus ideas.

Si hay algo que tenía Bergquist era su capacidad de síntesis para hablar de lo que ha sido Colombia. Nadie como él, es lo que yo creo. Y que mejor que la entrevista que dio para El Espectador en junio de 2014. Él nos dice que el gran fracaso de no haber construido una republica en el siglo XIX obedeció a que el liberalismo no pudo imponer su visión liberal. De ahí las guerras civiles que azotaron el siglo XIX. Y que solo la visión liberal se aceptó a partir de 1910.

Ojalá la izquierda leyera a los académicos y que dejaran de pensar que la felicidad se puede bajar de los cielos a punta de balas y berrinches.  Su lectura sobre la izquierda es esclarecedora. Hermoso cuando afirma que si ésta no ha prosperado es porque siempre ha estado un poco equivocada en cuanto a la manera de comprender a los obreros. La razón: la izquierda cree en la existencia de una clase obrera parecida a los países del Atlántico norte. Cree en el obrero de Carlos Marx. Si hubiese entendido que el obrero era otro, seguramente hubiese optado por una izquierda democrática y se hubiera evitado el error de haber creído en la lucha armada.

El otro gran error de la izquierda fue creer en la Violencia como una revolución abortada, cuando la realidad era otra. No entendieron que la contienda era entre godos y liberales.

En fin, así se haya ido para siempre, tenemos Charles W. Bergquist para rato. Nos quedan sus libros, sus ensayos, entrevistas, artículos. Y que mejor que leerlos en estos tiempos tan obscuros.