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domingo, julio 12, 2020

Luis Arturo Castaño Ocampo: La vida de un médico en 60 historias

Armando Moreno Sandoval

Publicado en El Puente, marzo de 2015, p. 6

Un hijo de Casabianca, municipio al norte el Tolima, hace muchos años se radica en Mariquita para ejercer con vocación su profesión de médico. Recientemente hizo  el lanzamiento de su libro  “La vida de un médico en 60 historias” 

No recuerdo cómo surgió la amistad con el médico Luis Arturo Castaño Ocampo. De eso ya bastantes años. Lo que si recuerdo fue una amistad de esas que surgen alrededor del intercambio de libros, del comentario del libro, del dialogo, pero, sobre todo, de expresar ideas diferentes, así se esté en desacuerdo.

Más allá de los libros, en una sociedad como la nuestra donde el pan de cada día es la intolerancia, es difícil encontrar a alguien con valores y, lo más difícil, que haya cultivado la moral y la ética. Estos dos rasgos tan difíciles hoy en día, y sin temor a equivocarme, están en este hombre maravilloso y humano.

No basta que yo exprese estas ideas. La inmensa solidaridad que ha expresado el pueblo de Mariquita por estos días hacia el médico Castaño es una demostración fehaciente que a él se le quiere por lo que en sí representa como persona. Los adjetivos cargados de cariño para con él han sido  infinitos y, ni hablar del dolor y la tristeza, que han sentido las mismísimas personas.

Aunque su faceta más conocida es la del médico, pues la ha ejercido en su vida diaria como un apostolado, el lado humano que él ha cultivado en esa profesión se puede apreciar también en su reciente libro: “La vida de un médico en 60 historias”.  Seguramente lo que más entusiasma a la gente es el de haberle ido descubriendo poco a poco otras facetas que, para algunos, seguramente habían pasado desapercibidas. Y lo que la gente ha descubierto es a un ser polifacético que, con el mismo esmero que cultivó su profesión, también lo tuvo para con la música, la poesía, la prosa y, por qué no, como él mismo lo reconoce, su gusto por el aguardiente cuando podía saborearlo.

De su prosa están sus textos que, a manera de relatos, dan cuenta de  lo que es  la mentalidad rural o urbana de una sociedad. Son textos con una gran factura antropológica. Aunque inéditos, he tenido la oportunidad de leerlos y, ojalá, en una mañana no tan lejano, otros ojos tenga la oportunidad de reflexionarlos, ya que en ellos está más que reflejado lo complejo que son los entresijos de la condición humana.

Tampoco podríamos pasar por alto, como él mismo lo reitera, su pasión por la música y el labrar de los versos con la paciencia del escultor. Sin olvidar, por supuesto, el oficio de hortelano, que no es más que un regreso a las raíces de su niñez y juventud.

Alguna vez hablando del tiempo antropológico en los seres humanos, le comentaba que cuando se es niño las distancias generacionales son abismales. Para un niño de 10 años alguien de 15 o 20 años es demasiada distancia. Pero con el correr de los tiempos, a medida que ese niño va envejeciendo, esa distancia generacional se van acortando. E inclusive llega un momento es que las fronteras generacionales prácticamente desaparecen.

Sin embargo, ello tiene una paradoja. Por mucho que las distancias se acorten o desaparezcan, el choque generacional ha de persistir. No basta el peso de los años para posesionarse frente al otro. El choque de edades solo se puede superar si las generaciones anteriores logran trasmitir experiencia, sabiduría, y si enseñan la tolerancia a las ideas,  la diferencia y el respeto al otro.

Todas estas cualidades que son propias de la modernidad  y de un pensamiento libre de ataduras y de imposiciones las he encontrado en el médico Castaño. Cuando habló con él dejó a un lado  mí experiencia y  formación académica y me convierto en su discípulo. Hace rato que vi en él no a la persona a quien le puedo “robar” una idea, si no que he encontrado en él a un maestro.

Con él me siento a gusto por lo que trasmite. Una catarata de conocimiento, de aprendizaje y de experiencia que sale a flote no solo cuando habla sino que están también en sus textos escritos publicados e inéditos.

Comparto con él la idea de que el paso por este mundo es efímero y partimos de el, el día menos pensado. “Esa es la realidad”, me lo ha dicho varias veces. Estoy seguro que, además de sus amigos, de su familia, de los muchísimos conocidos que tiene, o, para aquel que sabe quién es pero que aún no ha tenido la oportunidad de compartir un saludo, anhelan con mucho cariño tenerlo, como ayer, recorriendo de nuevo las calles, sonriendo, visitando a sus enfermos y amigos, pero, sobre todo, compartiendo un nuevo día con todos aquellos que lo quieren  y lo aman.

Fuerza… maestro! Aun no  es hora de partir..!


sábado, julio 04, 2020

Aporofobia, la otra pandemia que azota a la humanidad

 Armando Moreno Sandoval

Muchas generaciones crecieron, y siguen creciendo, alrededor de Cantinflas, El Chavo y Chespirito. Lo bueno de estas producciones por capítulos es que muestran un lado amable de la pobreza. Curioso que, tanto Mario Moreno Cantinflas como Roberto Gómez Bolaños El Chavo, hayan sido quienes escribieron los guiones. El mensaje que daban era recordarle a la sociedad que había pobres.

El lío está en que no todas las culturas con sus idiomas tienen palabras para referirse a los pobres. Hay culturas que ni siquiera tienen un equivalente. Si bien es cierto que pobre viene del latín pauperis que significaba el “que produce poco”, su significado fue cambiando a través del tiempo hasta llegar a la connotación que le damos hoy día: un ser despreciable, desagradable, asquiento, al que toca hacerle el quite, etc., etc.

Por fortuna los lingüistas y los filósofos del lenguaje, en la segunda mitad del siglo XX, llegaron a la sabia conclusión que no era la realidad la que construía el lenguaje, sino que era al revés: era el lenguaje el que construía la realidad.

Con este aporte de los filósofos del lenguaje, la filósofa española Adela Cortina durante más de 20 años se dio a la tarea de explicarse el por qué el rechazo hacia los pobres. El otro lío era que no había una palabra en español para explicar ese asco, ese rechazo, ese fastidio que genera la pobreza, que, hoy en día, sienten algunos que se creen “de dedo parado”, “gente de bien”. Encontrar la palabra le valió años de dedicación, hasta que le llegó por el lado del griego aporos que significa el rechazo al pobre, el que no tiene nada. Y que mejor que aporofobia para designar ese rechazo al que está jodido.

Aunque crear la palabra era fundamental para dar cuenta del comportamiento de la sociedad frente al pobre, la cuestión era entender el por qué. Lo que ha demostrado la filósofa Cortina, especialista en Ética y Filosofía política, y profesora en la Universidad de Valencia (España) es que la verdadera fobia o rechazo proviene cuando esos otros son pobres en la acepción más amplia de la palabra (sean drogos, ladronzuelos de carteras, desempleados, destechados, harapientos, hambrientos, etc, etc). Es decir, a los que eufemísticamente, algunos, haciéndole coro a las políticas del Estado neoliberal llaman “habitantes de la calle”. Porque si hay algo cierto es que el Estado neoliberal al ser incapaz de reducir la pobreza quiere acabarla cambiándole de nombre. ¡Vaya ironía!

No obstante, el contraste está, y es lo que sucede en Europa o en Estados Unidos, cuando el extranjero llega con bultos de dinero o es rico, pues lo que se ve es que se le tiende la alfombra roja. Al fin y al cabo, lo que importan son los dólares. Ni siquiera importa su procedencia. Por la biblia sabemos que por el dinero baila el perro, sino que le pregunten a Judas que vendió a Jesucristo por unas cuantas monedas. El dinero, ya lo sabemos, es el vector que altera la escala social. Entonces lo que se rechaza no es al extranjero, sino su condición: el de ser pobre, miserable, y es lo que sucede con el inmigrante, el refugiado.

El ejemplo más grotesco es cuando los europeos le hacen la venía a los jeques árabes musulmanes forrados de dólares. Se pueden instalar con sus yates frente a las costas del mediterráneo y no pasa nada. Pero cuando son los africanos árabes musulmanes lo que intentan en sus pateras tocar las playas del mediterráneo, esos mismos que le hacen la venía a los jeques les importa un rábano dejarlos ahogar en medio del mar.

Otro ejemplo aberrante es del presidente estadounidense Donald Trump. El muro es para los mejicanos que son pobres, no para los canadienses que son ricos.

La aporofobia más desdichada es cuando se rechaza a la gente pobre en su propia casa, en su propio país. Si en algo tenemos que agradecerle al covid-19 fue el de haber desnudado ese comportamiento social aporofóbico que muchos no quieren reconocer pero que lo llevan escondido.

Sin embargo, existe una aporofobia que es hipócrita, de doble moral. Es la reacción de “la gente de bien”, “de dedo parado”, o, de los que se creen “de mejor familia”, cuando la aporofobia se manifiesta en las entrañas de sus propios pueblos.  La odian tanto que terminan queriendo linchar al que la denuncia.

En todo caso las escenas que salen por las redes sociales o la tele señalando comportamientos aporofóbicos son espeluznantes. La llamada “limpieza social”, la más horrible de todas, es una de ellas. O a quienes llaman “desechables”, para referirse a los que deambulan por las calles buscando sobras de comida en los basureros para calmar por un rato el hambre.

Cantinflas, El Chavo o Chespirito encarnan la compasión y la empatía hacia el pobre. El Estado de Bienestar que se construyó después de la II Guerra Mundial en el siglo XX y que tenía como meta reducir la pobreza fue aniquilado por el modelo neoliberal de Ronald Reagan y Margareth Teacher. Hoy día el neoliberalismo está desbocado. Los ricos son más ricos y los pobres más pobres. La pobreza ahora genera miedo, tan así que la empatía y la compasión se perdió.

Escuchar a los que se creen “de dedo parado” da risa. Su cerebro se volvió tan miserable que la caridad ya no cabe en ellos, sin embargo, hipócritamente dicen creer en el Dios cristiano. Les pudo más la ideología del neoliberalismo que explicarse el porqué de la pobreza. Prefieren odiarla. Convencidos que los pobres son los culpables de su pobreza no entienden que esta es el resultado de unas condiciones estructurales que dejan a muchos en el asfalto, en el suelo, en la miseria. Más bien creen que ser pobre es fruto de un error individual o de una culpa personal; y es cuando la gente al anular la empatía comienza a percibirlos como una amenaza. Amén de ignorarlos y por qué no justificar que se les persiga o se les mate.

Solo basta ojear las redes sociales, los medios escritos y televisivos para cerciorarnos que la aparofobia junto con el racismo es más común de lo que la gente cree. Tan así que se tiende a creer que siempre ha sido así.


domingo, junio 21, 2020

Arrancaplumas (Honda): disparate humano y covid-19

Armando Moreno Sandoval ©

Una escena de cine muy común es cuando el indeseado llega y la multitud quiere ¡lincharlo! ¡quemarlo! o ¡matarlo! Se ven en las películas de reyes y vasallos de la Edad Media o en películas de vaqueros del viejo Oeste gringo.

Fue exactamente lo que aconteció en Arrancaplumas, un barrio de Honda, el pasado 17 de junio.

La diferencia es que los actores son una comunidad del siglo XXI que vive a orillas del río Magdalena que, en un acto de insensatez, de crueldad y de violencia verbal quiso imponer su ley.

Desde que la antropología descubrió a los otros; —esos otros que a veces la izquierda con el populismo defiende, o, que la derecha reaccionaria les soba la barriga con jotos de comida y el bolsillo con ayudas económicas— llegó a la conclusión que las historias que contaban esos otros que llaman pueblo, cultura popular, estaban cargadas de crímenes, de injusticias, desatinos y desgracias.

Querer linchar, matar o quemar al indeseado es propio de eso que llamamos homo sapiens. Cuando apareció el covid-19 algunos despistados creyeron que una nueva humanidad iba a surgir. Cuan equivocados estaban.

Si en algo tenemos que agradecerle al covid-19 fue que sacó a la luz la pudrición que lleva adentro el ser humano. Ese sujeto egoísta, bulloso, ruin, insensato, soplón, llenador, aniquilador de vidas, camaján de bares de mala muerte, atracador de sonrisa moribunda, por ¡desgracia!  el covid-19 no lo pudo cambiar.

La escena de querer linchar, matar o quemar, por supuesto, no es solo de la gente de Arrancaplumas. Es del mundo entero. Lo que nos enseña las imagines es que esa gente miserable de Inglaterra, Alemania, Estados Unidos, Italia, España, etc. etc., además de hacerlo con sus propios coterráneos lo hacen con los extraños, con los diferentes.

Fue lo que hicieron con Georges Floyd en Estados Unidos. Aprovechando la pandemia del covid-19 el policía no tuvo más remedio que ahogarlo con la rodilla en la nuca. El llamado de auxilio “Me estoy ahogando” quedó en la indiferencia. Su muerte generó una ola de rebeldía. Los hipócritas, que por lo general se creen de buen corazón, se quejaban de la violencia de quienes reclamaban justicia. Olvidaban los hipócritas que la violencia no había llegado de Floyd, sino de los encargados de proteger la vida.

Pero en Arrancaplumas el que llegaba no era un extraño. Era uno de los mismos. El pecado fue tener contacto con un virus que, por cosas del azar, cualquiera puede contagiarse. Como el viejo cuento ruso: pues esos que hoy señalan con el dedo, mañana pueden ser los señalados. ¡No se les olvide! Pues son los mismos que, como lo dio a entender el Subcomandante de Policía, son los que se la pasan haciéndole la burla el covid-19: en montonera y sin mascarillas.

La antropología además de descubrir las historias miserables de los pueblos también da cuenta que la gente en un acto de soberbia, de estupidez, les da por creerse superior a otros. Fue lo que pasó con el nazismo, el fascismo, el comunismo que, a nombre de esas ideologías, le dieron por matar al otro. Y fue lo que se creyó la gente de Arrancaplumas por un instante: que eran de mejor familia.

Seguramente, a muchos habitantes del barrio de Arrancaplumas, al ver la rodilla de la ley en la nuca de Floyd les pudo haber generado indignación y rabia. Pero cuando les llegó el turno de comprender al otro, a uno de su mismo combo, al “parche”, al de su mismo barrio, la indignación y la rabia que había causado la muerte del morocho Floyd desapareció. ¿Por qué?

Cuando la insensatez de la gente descubrió que la cuarentena podía ser la disculpa lo echaron como perro con rabia de todos lados. No solo lo echaron del espacio físico: de los escombros, de la escuela, del “coso”. También lo echaron las palabras: “Lo ayudamos, pero que se vaya”, “lo ayudamos, pero donde no cause estragos”, “en la casa no lo reciben”, fueron las voces cansadas de una mujer con el peso de los años. “Que lo dejaran en otro sitio”, “que lo trasladen para otro lado” son las voces de alguien también pasado por el peso de los años. “No nos hacemos responsables de lo que pueda pasar”, la voz del alcalde. “El alcalde lo envío al “coso”, la voz del subcomandante de la Estación de Policía.

Como si se tratara de una serpiente que se atraganta comiéndose por la cola, al entrar la noche, las mismas voces que en Arrancaplumas lo habían echado a tropezones, llevaron al hombre sano de covid-19 al mismo sitio donde había partido. A un cuarto del hospital regional de San Juan de Dios

Ahora está a salvo ¿hasta cuándo?

En todo caso, las películas de terror son un bostezo si comparamos con lo que aconteció en Arrancaplumas. El mensaje que dieron es macabro.


domingo, junio 14, 2020

Las gotículas de saliva con covid-19 que ayudan a matar

Armando Moreno Sandoval  ©

El consenso científico es que se puede contagiar de covid-19, así la persona sea excesivamente preventiva. Aunque suene paradójico es cierto.

Hasta hace unos pocos meses el consenso de los epidemiólogos era que para que una persona se contagiara era necesario el contacto próximo con el individuo contagiado. Pero algunos estudios de caso están demostrando que no se necesita el contacto directo, sino que basta que cualquiera entre en contacto con una superficie contagiada así sea de cobre, acero, cartón o plástico. La razón es que el covid-19 es un virus excesivamente sedentario y su periodo de contagio está entre 4 y 72 horas. Pero no todo es alegría, se han encontrado en mascarillas quirúrgicas virus que han podido sobrevivir hasta 7 días.

Que el virus permanezca en superficies fijas hasta 72 horas o 7 días es lo de menos.

Otros estudios de caso han demostrado que el covid-19 se está transmitiendo a través del aire, y que, por su fácil contagio, su nicho predilecto son las montoneras, los sitios cerrados y sin ventilación.

Aunque los científicos se rascan la cabeza, ya que algunos les asalta la duda, los ejemplos los ponen a pensar.

En la población de Cheoan (Corea del Sur) un monitor de baile contagió a 112 de personas. El estudio sugirió que el flujo de aíre del ejercicio pudo haber contagiado a los bailarines. El 24 de enero en la comida de Año Nuevo en un restaurante en Guangzhou (China), quienes estaban cerca comiendo a un individuo con covid-19, terminaron contagiados. Lo preocupante es que algunos comensales que estaban a más de 4 metros también resultaron contagiados. El otro caso fue la señora que contagió en un bus a 23 personas. En Mariquita, un pueblo que queda en el centro de Colombia, celebrando el Día de la Madre, en una fiesta con cerca de 40 invitados, un portador del virus contagió algunos de sus invitados. El portador murió, sobreviven otros que dieron positivo. No se sabe qué puede pasar.

Pero si en estos casos fueron unos pocos los muertos, algunos investigadores sostienen que la alta mortandad que se dio en España, Italia, Francia y New York obedeció a que el virus se transmitió por el aire al quedar encerrado en los ascensores. Esos países como la ciudad de New York, conocida como “la ciudad de los rascacielos”, se caracterizan por poseer el mayor numero de ascensores por individuos.

Esta tesis la contrastan con otros países, donde casi no hubo muertos. Es el ejemplo de Alemania donde sus habitantes viven dispersos en edificios bajos y sin ascensor. O Corea del Sur y China que a pesar de que sus habitantes viven en edificios con ascensores el uso de la mascarilla fue decisivo para contener los contagios. Algo que no hicieron los españoles, italianos, franceses y neoyorquinos.  

Aunque se sabe que el virus se transmite en espacios confinados y cerrados, las recomendaciones para minimizar el riesgo de contagio no son suficientes. El lío está en que la gente no las acata, sobre todo en los países pobres donde la pandemia del covid-19 está haciendo de las suyas.  Añádasele que pocos saben que el medio más eficaz para transmitir el virus son las gotículas de saliva.

Un individuo asintomático o sintomático al hablar exhala entre 100 y 600 gotículas dependiendo de su vocalización. Hablar en voz alta o a gritos el triple de gotículas. El toser está entre 1.000 y 3.000 gotículas y un estornudo está en 40 mil gotículas de todos los tamaños.

Aunque la Organización Mundial de la Salud recomienda una distancia mínima de 2 metros para hacerle el quite a las gotículas, en la práctica no es suficiente. Pues el contacto con la gotícula portadora del covid-19 podría darse a mayores distancias. Para sustentar lo dicho los investigadores han clasificado las gotículas en grandes y ligeras.

Aunque la mayoría de las gotículas que exhala la gente son gordas, estas en su mayoría caen como arena en el suelo entre cero centímetros y 2 metros. Son las que arrastran las suelas de los zapatos, las chancletas, el pie descalzo o la cotiza. Las arrastra el rico, el pobre y el miserable. No sucede lo mismo con las gotículas livianas que por su tamaño de menos de 5 micras pueden extenderse hasta 6 u 8 metros de distancia. Lo feo no es la distancia, sino que pueden permanecer en el aire entre una y tres horas. Son las que se respiran y las que llegan derechito a los pulmones. Son las más peligrosas. Sin embargo, se disuelven con rapidez en el aire. De inmediato. De ahí la importancia que las casas y los apartamentos de los edificios estén con las ventanas y las puertas abiertas. Que estén aireadas.

La ventilación y el viento ayuda a disolver el virus.

Lidia Morawska, directora del Laboratorio Internacional de Calidad del Aire y Salud (de referencia para la OMS) de la Universidad de Tecnología de Queensland, en Brisbane (Australia), y  una de las primeras defensoras de la transmisión de la covid-19 por vía aérea, al referirse a un conocido caso supercontagiador, el de un ensayo de un coro en EE UU a comienzos de marzo, señala que aunque se tomaron todas las precauciones higiénicas y de distancia, sin saludos ni abrazos, después de dos horas y media cantando en un recinto cerrado, el 87% del coro se contagió. Dos de ellos murieron.

Desconocer la aireación y la ventilación tiene sus riesgos. Fue lo que pasó en Cheoan (Corea del Sur), en el restaurante en China, en el bus, en España, Italia, Francia y New York.

Los estudios también han demostrado que el contagio al interior de las casas es 19 veces más probable que al aire libre. Una gotícula en un sitio encerrado puede durar entre 25 y 50 minutos. Mientras que en un lugar con ventilación y aireado las gotículas livianas pueden durar hasta 30 segundos.

Fue lo que sucedió en el Día de la Madre en Mariquita —segundo domingo de mayo de 2020—. Un pueblo de escasos 33 mil habitantes y que a mediados de junio se encuentra sitiado por el virus: 14 contagiados y un muerto.


jueves, junio 04, 2020

El covid-19: el deseo de aniquilarlo por nocaut

Armando Moreno Sandoval ©

En la serie Viaje a las estrellas un respiro profundo es cuando el capitán Picard le ordena a la cabina de mando que la nave intergaláctica Enterprise viaje a la Velocidad Warp, que supere la velocidad de la luz. Es decir, superior a 300 mil kilómetros por segundo.

En la escuela nos enseñaron que un cuerpo que viaje a esa velocidad se vuelve añicos. Y es lo que puede pasar con la vacuna del covid-19.

Los científicos son cautos, pero los políticos que saben poco de ciencia todo lo quieren a la ligera. A mediados de mayo, el presidente estadounidense Donad Trump, preocupado por su reelección, pero pensando en los réditos que le podría dar la vacuna para el covid-19, anunció la llamada Operación Velocidad Warp.

Lo que él no ha querido entender es que darle el visto bueno a una vacuna experimental, sacarla a la calle y pincharle el antebrazo a la gente es un camino demasiado culebrero, así la vacuna en las tres primeras fases haya sido todo un éxito.  Veamos:

El virus respiratorio sincitial que es la infección pulmonar más frecuente en los niños, y que mata 60 mil cada año, cuando se hizo el ensayo con la vacuna experimental en 1966 dos niños murieron en EE. UU. La vacuna resultó peor que la enfermedad. A la fecha de hoy no hay vacuna, pero el virus sigue matando niños.

Otro lio con las vacunas experimentales es que algunas generan una mayor susceptibilidad al virus. Fue lo que sucedió con el síndrome respiratorio agudo severo (SARS) provocado por un coronavirus hermano del covid-19 y que en 2002 mató a 800 personas. Cuando la vacuna experimental se les aplicó a los animales estos sufrieron inflamaciones que hasta la fecha no se sabe qué pasó.

El caso más preocupante sucedió con el rotavirus, el causante de la diarrea en los niños. Cuando la farmacéutica Pfizer (la misma del viagra) pinchó en 1998 a más de un millón de niños, un año después tuvo que retirarla del mercado, pues les había originado una obstrucción en el aparato digestivo. Lo curioso fue que la vacuna experimental que se había probado en 10 mil niños había sido todo un éxito. Hubo que rehacerla de nuevo, pero en la segunda vacuna los científicos optaron por probarla en 60 mil niños.

Con lo que se dice alrededor de las vacunas no sabe qué puede pasar. En 1984 cuando apareció el Sida se dijo que en dos años habría vacuna. A la fecha de hoy, han pasado 35 años y vacuna no hay. A la gente le ha tocado convivir con el virus del Sida.

Si bien en la TV se escucha en los noticieros afirmar que la vacuna está ya de un pelo, es engañar a la gente. Pues las vacunas no siempre han tenido una historia alentadora. Solo existen 26 enfermedades con vacunas. Lo que demuestra que hacerlas efectivas es un problemón. La vacuna de la malaria tardó 31 años, la del rotavirus 22 años, la del polio tardó 20 años, el virus del papiloma humano 15 años. Y así por el estilo.

No hay necesidad de poner a correr a la ciencia a la Velocidad Warp. Lo hecho hasta ahora con la ayuda de la Inteligencia Artificial, los Big Data y los modelos matemáticos es monumental. La ciencia ha dado pasos de gigantes.

Tan así que desde que apareció el covid-19, y desde que se dio a conocer su genoma, en estos primeros 5 meses del año 2020 se han desarrollado 125 posibles vacunas y 10 de ellas se están probando en humanos.

Para tener una idea de ese universo científico de las vacunas, hasta ahora solo hay 4 modelos de vacunas: a) las que se hacen a partir del mismo virus ( como las de la gripe, polio, sarampión, etc), b) a partir  de otros virus (como la vacuna del ébola), c) a partir de proteínas (como la de la Hepatitis B y el virus del papiloma humano) y c) las que se hacen a partir del material genético sean a partir del ARN o ADN y son las que van encabezando el pelotón.

Vacunas de ADN solo la estadounidense Inovio la está desarrollando. Aunque se probó una en seres humanos contra el SARS no existe ninguna en el mercado. Dicen que es segura y estable. El reto es que requeriría de una tecnología específica para administrar la vacuna.

Vacunas a partir del ARN la están desarrollando varias empresas farmacéuticas como la alemana BioNTech, la china Fosun Pharma, la española Centro Nacional de Biotecnología y las estadounidenses Pfizer y la Moderna Therapeuthis que va liderando el desarrollo de la vacuna. Tiene un grandísimo problema, no se ha creado la primera vacuna.

Las vacunas de ARN o ADN tienen en común que son sencillas de hacer, que su producción es rápida, masiva y de bajo costo. Se desconoce su eficacia.

Sin embargo, entre la comunidad científica hay varios puntos de vista. El científico español Juan Andrés, que trabaja en Moderna Therapeuthis, ha dicho que antes de diciembre la vacuna experimental ya estará. La vacuna en su fase dos fue todo un éxito. Dice que de los 45 voluntarios que le aplicaron dosis de 25, 100 y 200 microgramos, no solo generaron anticuerpos sino también neutralizantes que atacaron directamente al covid-19.

Pero Rafael Vilasanjuán, un analista del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal) afirma tajantemente: “…en diciembre no habrá vacuna. No la habrá. Y en el hipotético caso de que tuviésemos una vacuna, no sería la vacuna”. Aunque él se refiere a la vacuna experimental, no obstante, sus palabras no son tan pesimistas. Pues, a renglón seguido dice que en enero de 2021 si la habrá y que la vacuna real estará en la calle dentro de dos años.

La comunidad científica coincide que producir una vacuna no es nada fácil.

La farmacéutica francesa Sanofi, una de las cuatro empresas en el mundo que monopolizan la fabricación de vacunas, calcula que producirla requiere entre seis meses y tres años. Insisten que la vacuna tiene que quedar bien hecha para garantizar que la vacuna no esté defectuosa o contaminada.

No obstante, los que ponen los bultos de dólares, quieren la vacuna ¡ya!

El mismo gobierno de Trump que le dio 1.200 millones de dólares a la Universidad de Oxford (Reino Unido), y que tiene una vacuna experimental bastante adelantada, quiere para enero de 2021 la bicoca de 300 millones de vacunas. El biólogo David Pulido Gómez que hace parte del equipo científico, dice que la farmacéutica AstraZeneca —la encargada de producirla— tiene la capacidad de sacar entre enero y septiembre 1000 millones de vacunas. Pero el problema real es que “la vacuna puede no funcionar”.

En todo caso, la presión por crear la vacuna reside en que el covid-19 es de fácil contagio, ayuda a matar y mata. Además de la Operación Velocidad Warp de Trump, está también el proyecto El Acelerador ACT compuesto por la Organización Mundial de la Salud, la Alianza Gavi, la CEPI, el mismo Bill Gates, que tienen como meta que la vacuna se desarrolle en tiempo récord.

Algunos críticos sostienen que acortar tiempos, como lo piden la Operación Velocidad Warp y el proyecto El Acelerador ACT trae problemas. La vacuna contra el ébola, la que más rápida se ha desarrollado hasta ahora, tardó cinco años.  Y con el covid-19 la idea es que se tenga antes de los 18 meses.

En fin, lo que dicen lo críticos es que quieren fabricar vacunas experimentales sin saber si funcionan. La pregunta que se hacen es por qué se quieren saltar los procedimientos. Una vez aprobada y fabricada la vacuna es necesario saber si es eficaz. Como lo señala el biólogo Pulido, es necesario que el virus haya contagiado a la comunidad. Se requiere que las personas que hayan sido vacunadas estén protegidas contra el virus. Sin embargo, en contra de la eficacia juega el confinamiento. Si bien el confinamiento es bueno porque detiene la infección, para la vacuna no lo sería, ya que al detenerse la transmisión se haría más difícil saber sobre su efectividad. En fin, como dice el biólogo, para saberlo se necesitaría contar con otros meses de más.

Pero otra cosa es hacerle seguimiento para observar si tiene efectos adversos y, como dicen los expertos puede durar entre 6 y 36 meses.

Mientras todo esto está pasando en los laboratorios y en las oficinas donde están los millones de dólares, Latinoamérica arropada por la miseria, el desempleo y el hambre está convirtiéndose poco a poco en el centro de la pandemia.

Su futuro con el covid-19 es incierto.

 

 


domingo, mayo 17, 2020

Covid-19, ciborg y paranoia

Armando Moreno Sandoval ©

Bill Gates y el historiador Yuval Noah Harari habían dicho que la pandemia del coronavirus a los países que llaman del Tercer Mundo llegaría poco a poco. Por supuesto, que los países que conforman ese exclusivo club de pobres son Latinoamérica, África, países del Medio Oriente y algunos de Asia.

Según ellos, estos países debían ir preparándonos para cuando llegara el peor de los escenarios, cual es el de ver un reguero de muertos al estilo de Guayaquil en el Ecuador o el cuadro dantesco de los cadáveres putrefactos amontonados en New York.

A pesar de las torpezas de los políticos en el mundo entero, la ciencia ha seguido avanzando. Con el conocimiento científico y el desarrollo tecnológico alcanzando de lo que va del siglo XXI la vacuna se logrará, de eso no hay duda. Los soñadores que no han de faltar, y que creían que con el covid-19 la humanidad iba cambiar, ahora, podemos decir, ¡cómo estaban de equivocados!

Con o sin vacuna, y como se ha visto por la TV, el ser humano ha seguido tan campante como si nada hubiese pasado. Los biólogos evolucionistas, etólogos y antropólogos culturales y evolutivos saben que el homo sapiens es un ser que encarna destrucción y muerte. Este comportamiento está en sus genes. Que no se equivoquen quien crea que el covid-19 lo va a volver un bicho buena gente.

El triunfo de la muerte

Aunque el mensaje que nos da el pintor flamenco renacentista Pieter Brueghel, en su obra de arte El triunfo de la muerte de finales del siglo XVI, es la de una humanidad claudicando frente a esta, no obstante, hoy en el siglo XXI podemos decir, sin temor a equivocarnos, que el ser humano esquivará la muerte por otros caminos: ahí están los ciborgs, los cromosomas y genes editados y el hibrido incipiente entre inteligencia artificial y cerebro.

El antropólogo cultural Clifford Geertz ha argumentado persuasivamente que el humano hace rato se distanció de la naturaleza. Desde que apareció sobre la tierra lo único que ha hecho es acomodar la naturaleza a sus fines. Para que el lector no se complique mucho, piense por ejemplo en la palabra transgénico. Esto quiere decir que el humano, en vez de que la naturaleza haga sus propios cambios evolutivos, el ser humano es quien se encarga al modificar genes y cromosomas en un laboratorio. El ejemplo más patético ha sido la oveja Dolly, no hizo falta el ovejo y la oveja.

La discusión si el covid-19 es natural o creado en un laboratorio es una discusión de tontazos. A la humanidad se le olvidó que el gas mostaza fue utilizado en la guerra contra el Irak de Hussein. Y que en el año 2018 el presidente Al Asad de Siria para derrotar a los rebeldes utilizó el gas sarín causando cientos de muertos.

Los mensajes de las obras de artes esparcidas por el mundo, al igual que los libros que relatan pandemias son por montones. El sustrato en común es el miedo y el deseo de aniquilar al otro. La idea es que así se salvan de la pandemia.

Los historiadores urbanos han investigado que este modelo de vivir en pueblos o ciudades es una herencia medieval y que tenía como fin el aislamiento y el miedo al otro. Las películas y series sobre la Edad Media representan muy bien para qué era el encerramiento. Este legado medieval actualmente se está dando en este siglo XXI con el covid-19.

A los municipios que no les ha llegado el covid-19 sus pobladores están confiados que el virus no llegará, tan así que nadie se atreve a afirmar que llegará. No lo dicen por miedo a que lo linchen. Los ejemplos de linchamientos por sospecha o por bocazas no hace falta enumerarlos. Han sido registrados en la TV y en las redes sociales.

Aunque la paranoia de los habitantes urbanos es comprensible, las autoridades en vez de transmitir confianza lo que han hecho es gobernar con el miedo del otro. Toques de queda, cuarentena, restricciones, horarios restringidos, encerramientos, multas, cárcel, etc. Es un escenario casi que calcado de lo que hacían los lacayos en la Edad Media en nombre del rey.

Aunque la gente quiere volver a la cotidianidad la espada de Damocles sobre la nuca es persistente. No obstante, y aquí está lo contradictorio, el individuo en aras de querer ser dueño de su libertad se vuelve irresponsable de sus propios actos.

Por supuesto que no tenemos por qué parecernos a la ultraliberal Suecia, donde el Estado dejó al ciudadano a su libre albedrio para enfrentar al covid-19.

En Colombia a ningún gobernante se le ocurrió hacer pedagogía ciudadanía. Haber impulsado el buen comportamiento frente al covid-19 hubiese sido un buen ejercicio de aprendizaje. El individuo tiene que entender que vacuna no hay y que la responsabilidad de un contagio recae exclusivamente en él. Es más, es un azar por su fácil contagio.  Haberles hecho entender que solo toca esperar a que los científicos hagan la vacuna. Que las únicas armas son:

a) Decirle al ciudadano que aplique el distanciamiento social, b) que use la mascarilla y c) que sea excesivamente higiénico (sobre todo con las manos).

La gran prueba de fuego para el gobernante es cuando aparezca el primer contagio o muerto por covid-19.

Tiene dos alternativas: a) regresar a la Edad Media con medidas draconianas, o, b) tener la serenidad y la inteligencia de entender que mientras no exista vacuna tocará que convivir con el virus. La pregunta es cómo, si aún los gobernantes no se han atrevido a pensar en ese cómo.

Lo que se aprecia son gobernantes aferrados al pasado. ¡Les cuesta pensar el futuro!

 

 

 

 


viernes, mayo 01, 2020

El coronavirus: entre la ciencia, la paciencia y la vacuna


Armando Moreno Sandoval ©
La científica británica Melaine Saville dirige la CEPI (Coalición para las Innovaciones en Preparación para Epidemias), la entidad que está al tanto de las ocho posibles vacunas para erradicar el coronavirus. Son vacunas que prometen resultados alentadores.

La carrera contra el tiempo para conseguir la vacuna es descomunal. Hace rato a los laboratorios le dieron el pistoletazo de salida. Tres laboratorios picaron en punta por haber comenzado la fase de pruebas en humanos —las de Moderna, Inovio y la Universidad de Oxford —. El laboratorio que sobresale es la de Moderna Therapeutics por su método científico innovador.

Por mucho que se corra, como está sucediendo ahora con el virus que está amenazando al homo sapiens como especie, la humanidad a los científicos va a tener que darles espera. Tendrán que confiar en ellos

Cuando en la tele sale la noticia que hay una vacuna que promete, la gente sonríe. Es bueno que así sea, por fin la gente está empezando a creer en la ciencia. No obstante, la realidad es otra.

El primer escollo que debe librar la gente es el cultural. La gente debe entender que no solo basta con crear la vacuna, se necesita saber si es eficaz o no. Lo hermoso de la ciencia es que no promete nada, porque esta se basa en el ensayo y en el error. Y cuando la ciencia crea un nuevo paradigma que revela nuevas verdades, es necesario someter esa nueva verdad al ensayo y al error. Toca que refutar esa verdad, hasta que surja una nueva verdad y volver a comenzar de nuevo.  Este es el principio del por qué la ciencia no se detiene. Solo le está permitido avanzar. Por eso se diferencia de la religión que está basada en la fe, es decir, en la verdad absoluta.

Otro lío es el económico. Además de crear la vacuna, toca producirla y distribuirla, amén de la planificación.

Crear la vacuna no es, como creen muchos, frotarse las manos con jabón y hacer espuma. Se necesita miles de millones de dólares. Sin financiación no hay vacuna. La CEPI que está al frente de las vacunas del Covid-19, en su etapa inicial necesitó algo así como 2.000 millones de dólares. Hace poco la India y Suiza donaron 7 mil millones de dólares. Causa curiosidad que sea una cifra aproximada, pues se necesitará mucho más dinero.

El camino para frenar al Covid-19 no solo está por el lado de las vacunas. También están los fármacos como el Remdesivir que es un antiviral y que promete mucho mientras está la vacuna. También está la hidroxicloroquina, aprobada recientemente en Colombia; no obstante, su eficacia no está comprobada, pero se está investigando si puede servir.

Lo que si no debe hacer la gente es creer en los políticos. A Donald Trump presidente de EU, la gente le creyó cuando les dijo que tomaran un desinfectante para salvarse, muchos que le hicieron caso murieron.

Mientras los políticos y gobernantes en el mundo ordenan torpezas, desarrollar una vacuna, como dice Melaine Saville, lleva normalmente entre 10 o 20 años. Pero lo que se está haciendo en Moderna es de ficción, pues, como ella mismo dice, es un método que nunca se había probado.

Pero el director general de Moderna, el científico Stephane Bancel confía en los 100 científicos que trabajan en el laboratorio que queda en el pequeño pueblo de Norwood, Massachusetts. Es un convencido que si todo sigue como va entre 12 y 18 meses ya estará la vacuna.

Comprender los atajos de lo que hacen los científicos en Moderna Therapeutics es toda una novela.
Para empezar, es necesario saber que el cuerpo humano está compuesto de agua, carbohidratos, grasa y proteínas. Lo que interesa aquí entender es que existe una molécula que llaman ARN mensajero, que lo único que sabe hacer es producir proteínas como la Spike.

El coronavirus es una cadena de material genético recubierto de una membrana de proteínas que, para infectar al ser humano, utiliza la proteína Spike. Es necesario entender que las células tienen puntos débiles, uno de ellos es el receptor ACE2, que es por donde el coronavirus, utilizando la proteína Spike, se acopla a la célula para poderla penetrar. Algo así como si alguien (el coronavirus) usara una llave (proteína Spike) para abrir la puerta (Receptor ACE2).

Los científicos han descrito en sus informes que cuando el coronavirus está dentro de la célula lo que hace es desplegar un ARN que, la célula en su inocencia entiende que el ARN que se encuentra dentro de ella es propio procediendo a usarlo como una guía. El primer encuentro del ARN dentro de la célula es con los ribosomas, que siguiendo sus instrucciones comienza a fabricar proteínas virales. La primera proteína viral que crea el ARN es la replicasa que se divide en 16 partes formando un complejo de replicación y transcripción, creando así millones de copias igual al ARN viral.

Una vez creadas las réplicas del virus, salen de la célula y la destruyen, comenzando de nuevo la tarea de infectar otras células.

El cuerpo humano ante la infección tiene dos alternativas: morir o quedar vivo. Todo dependerá de su sistema inmunológico. Nada que hacer. Ni la cuarentena lo salva. No hay vacuna.

Crear una vacuna es toda una odisea de alta tecnología y de profundo conocimiento científico. Para empezar el covid-19 para manipularlo es necesario resguardarlo a una temperatura de 200 °C bajo cero.

Leer como se crea una vacuna parece sencillo ya que se puede resumir en pocos renglones. En principio es usar el mismo cuerpo humano como un biorreactor. Es necesario que el lector entienda que la vacuna de Moderna está basada en un ARN mensajero que produce la proteína Spike del virus, pero no el resto del patógeno. Lo que hicieron los científicos fue crear un ARN mensajero e introducirlo en la célula con el fin de que produzca proteínas Spike.

¿Para qué, preguntará el lector? Creadas las Spike dentro de la célula, lo que hará el sistema inmunológico es identificarla y recordarla para que, en caso de que llegue el coronavirus al cuerpo humano, el sistema inmunológico active los anticuerpos, identifiquen la proteína Spike, se unan a ella y comience el proceso para atacar y aniquilar el virus. 

Esta vacuna desarrollada por la empresa estadounidense Moderna, en colaboración con los Institutos Nacionales de Salud (NIH) de EE. UU. ya fue probada en humanos durante este mes de abril. No obstante, aún falta mucho camino por recorrer.

Otra etapa tiene que ver con su eficacia. Para decirlo con otras palabras: ¿cuál es la dosis exacta que necesita el cuerpo humano para que pueda quedar inmunizado? Calcularlo es interesante y es clave para evitar posibles efectos secundarios graves.

Como lo dice Juan Andrés el director técnico de Moderna: “¿cuántas dosis vamos a poder hacer? Pues no lo sé, porque todavía no sé la dosis. La capacidad será cinco veces mayor o cinco veces menor si esto funciona con dosis de 50 microgramos o si se necesitan 250 microgramos. Esto va a dictar cuándo estará disponible la vacuna. Nosotros estamos haciendo esfuerzos más allá de lo sobrehumano, para estar lo antes posible”.

Si se da con la dosis exacta vendrá la etapa de los ensayos que deben involucrar a miles de personas. Para entender lo dicho que mejor que el ejemplo del filántropo y matemático informático Bill Gates: “supongamos que la tasa de infección esperada es del 1 % anual y se desea realizar una prueba en la que se esperaría que 50 personas se infecten sin la vacuna. Para obtener un resultado en seis meses, la prueba necesitaría 10.000 personas”.

Si se tiene la certeza que la vacuna inmunizará, la otra etapa es la producción y para ello requerirá de una tecnología específica. Esto quiere decir que habrá que invertir en plantas de producción y esperar a que se produzca en escala. Por tanto, habría de requerir más millones de dólares y planificación. Lo maluco es que distribuirla costará mucho más. Pues para acabar con la enfermedad el único camino es inmunizar a la población.

Mientras esté la vacuna, los terrícolas tendrán que acostumbrarse a ver regueros de muertos por doquier. Es el precio que tiene que pagar por estar destruyendo la naturaleza. El virus le está dando al terrícola de su misma medicina. Enseñado siempre a encerrar  a sus semejantes, igual que a las otras especies, un virus que por su tamaño es insignificante lo tiene acorralado.

El ser humano tiene miedo, aunque científicamente no se entiende por qué. Si bien es cierto que el actual coronavirus es capaz de abrir las cerraduras de las células humanas, pero no de ratones o ratas, los chinos que se dieron a la tarea de crear ratones transgénicos para estudiar el comportamiento del covid-19, pues estos ratones producen la versión humana del receptor ACE2, que es la puerta por donde entra el virus, descubrieron que la virulencia del Covid-19 es moderada, muchos menos que la de las otras enfermedades generadas por otros coronavirus. El estudio que fue  publicado por científicos chinos en Biorxiv, dice que lo moderado es lo que explica que el 80% de los infectados desarrolla síntomas leves. El lio es que el otro 20% es el que se muere.

Mientras los científicos están empeñados en comprender el covid-19 y producir una vacuna, en Colombia los gobernantes no tienen idea qué hacer. La mayoría de las acciones que hacen a través de unos escritos que llaman leyes o decretos son chorradas. Todo es inocuo. Tan así que usan el covid-19 para hacer política y robarse la plata de los contribuyentes.

A los gobernantes no se les ha ocurrido que para controlar la propagación del virus la fundación de Bill Gates desarrolló una prueba facilísima para saber si se tiene Covid-19 o no, y consiste en tomar un hisopo nasal, algo así lo que llaman un copo que venden en droguerías, e introducirlo por la nariz hasta la parte posterior de la garganta. Tomada la muestra solo basta procesarla en una máquina de Reacción en Cadena de Polimerasa (PCR) y ¡listo! Es casera y lo hace la misma persona. Sin embargo, los políticos se niegan a ponerla en práctica masificándola. La prevención en salud no existe. Prefieren que la gente se contagie y se muera.

Como si el párrafo anterior no bastara, hay un pueblo que está prácticamente en el centro de Colombia, y se llama Mariquita. Está ubicado en el departamento del Tolima. Las autoridades de ese municipio pusieron en ridículo la profesión de payaso. Nadie sabe de qué cabeza surgió la idea de que para detener el virus había que esparcir volquetadas de tierra en las principales entradas del pueblo.

¡Macondiano pero cierto!