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martes, enero 30, 2024

El tema era la paz.

Armando Moreno Sandoval


El viernes en la tarde, a escasos dos días para elegir presidente viajé a Mariquita, el pueblo donde nací. Mi papá, Pioquinto Moreno, que en ese entonces ya había cumplido 94 años, con una salud que desde comienzos del año había empezado a deteriorarse, le llegué de sorpresa cuando los últimos rayos del sol se negaban a desaparecer. Por motivos de salud mi papá no había votado en la primera vuelta presidencial. Ese domingo, 25 de mayo de 2014, me había sugerido que lo llevara a votar: su tema era la paz. A
l verlo que tenia una voz queda y con un andar donde el tranco de sus piernas no daba, opte por decirle que lo mejor era esperar la segunda vuelta.

Mientras mi papá rememoraba en voz baja la masacre perpetuada por las Farc-EP a su familia un cuarto de siglo atrás, por los debates y los comentarios que a diario se llevaban en la tele, en las universidades, en los cafés, en las plazas de mercado, las voces coincidían que por los acontecimientos que estaban acaeciendo, 1989 terminaría como el año más violento hasta la fecha. Y no era para más. Todo mundo andaba con los pelos de punta, como dice el dicho cuando una sociedad está atemorizada. El 18 de agosto las balas habían ahogado las palabras de un candidato a la presidencia. Soacha, un municipio adyacente a Bogotá, en plena campaña electoral habían asesinado a tiros el candidato Luis Carlos Galán. La tele difundió la noticia y el mundo fue testigo de un Estado arrodillado por las mafias del narcotráfico y de la política.

En ese entonces, como hoy día, los asesinatos y las masacres eran de nunca acabar. Los medios escritos y hablados no daban tregua narrando los hechos. Pero la desgracia tocó las puertas de la casa de mi papá. A través de la radio, a eso del medio día, mientras almorzaba, los platos de la sopa y del seco volaron por los aires. Mi papá quedó estupefacto: en la vereda El Recreo, municipio de La Palma (Cundinamarca), algunos miembros de la familia, la noche anterior, los habían acribillados a balazos.

Por esos años las regiones cambiaban de bando como cambiar de ropa. Dependiendo de las circunstancias, unas veces estaban bajo el poder de las armas del narcotráfico conocidas como paramilitares, otras veces bajo el poder de la guerrilla y otras veces bajo el control de los fusiles del Estado. Quienes vivieron bajo la amenaza de los cañones de los fusiles testimonian que ese mes de septiembre la región estaba en manos de la guerrilla: el XXII frente de las Farc-EP.

La noche del 9 de septiembre de 1989 el ladrido de los perros despertó a la familia. Desde el interior de la casa se dieron por enterados que uno de los perros había sido acallado para siempre. Hombres y mujeres uniformados de color oliva con sus armas incursionaron a la casa. Con las culatas de los fusiles fueron empujados hasta la enramada que cubría el trapiche. Las niñas a medio despertar con sus manitas asidas a los pliegues de la pijama de la mamá no paraban de llorar.

Una mujer con voz de mando ordenó: “mujeres adentro…!”. Apretujados en la cama, temblando ante el infortunio de la noche, escucharon la detonación seca de varios disparos. El silencio absoluto se tomó el interior de la casa por varios minutos. De nuevo la voz de mando de la mujer: “mujeres afuera…!”

Los cuerpos convertidos en cadáveres de José Antonio Moreno de 40 años y de sus hijos Fidel de 17 y José Hugo Moreno Palacios de 25 años yacían tronchados, desgonzados. Los gritos de dolor de los sobrevivientes toco las puertas del vecindario. Nadie acudió. El miedo se había apoderado de la noche. Observaron los cuerpos apilados y manchas de sangre esparcidas por doquier. La pared como paredón había sido testigo del fusilamiento y de los gritos convertidos en una sola voz clamando: “no nos maten!”. ¡El lamento y el grito de dolor fueron más fuertes que el cállese! La voz de mando de la mujer dirigiéndose a la madre de sus hijos gritó: “váyanse y no vuelvan! Si regresan los mato!”.

Ciento dieciséis días después, el apego a la tierra pudo más que la advertencia de amigos y familiares del peligro que corrían. Regresaron. El 3 de enero de 1990 en horas de la mañana salieron del municipio de Pacho hacia La Palma. En un bus que llaman de escaleras viajaban la viuda Roseida Palacios Ocaña junto a sus hijas Rebeca y Sandra Carolina Moreno Palacios. Quienes viajaban colgados como racimos de plátanos en la parte trasera del bus vieron que al descender la mamá y sus dos hijas sus pertenencias no eran mayor cosa. Los alijos eran llevados bajo el brazo.

Tomaron el callejón que atravesaba varias de las fincas de la vereda. Pasaron por el cementerio que albergaba las tumbas de los antepasados familiares para luego tomar de nuevo un camino enrastrojado que los llevaría a la casa. Los cafetales y el platanal enmontados. No había rastros ni de gallinas, perros, caballos, burros y vacas. Era el medio día y el sol resplandeciente lo hacía caluroso.

Mientras le indagaban al pasado por sus pertenencias que habían dejado escucharon un tropel en medio del cafetal enmontado. No habían pasado 15 minutos. “Eran muchos hombres”, recordaría Sandra Carolina.

“Se lo advertimos…!”, dijo la voz de mando a manera de retaliación. Era la mismísima mujer que había incursionado en las altas horas de la noche pocos días atrás.

Sandra Carolina la menor yacía boca abajo en la explanada de la enramada. Encubría la cara con sus manitas. Dejando una rendija entre sus dedos, observaba y sentía cómo el ruido de las botas envolvía su cuerpo. Manoteándole a la cara de su madre, observó cuando la mujer con voz de mando la arrastró a la pared que hacia las veces de paredón. Alcanzó a oír de nuevo la advertencia. Contuvo el llanto al ver que uno de los hombres desenfundaba un arma que llevaba al cinto. Los gritos de su hermana y de su madre clamando que no las mataran fueron en vano. Un sollozo tenue se le escapó al ver que el hombre con el arma desenfundada levantaba la mano a la altura de la cabeza de su madre. Un disparo a quemarropa la estremeció, milésimas de segundos después vio el cuerpo de su mamá caer desmadejado. De nada valieron los gritos de su hermana en medio de las lágrimas pidiendo clemencia. Otro disparo a quemarropa ahogaba para siempre el clamor.

Cuando quiso correr hacia los cuerpos yermos de su madre y hermana, una mano de mujer la detuvo. Llevándose el dedo índice a la boca le dio a entender que guardara silencio. Tomándola de la manita la llevo hasta el borde de un cañaduzal.

“Corra y no mire atrás”, fueron sus únicas palabras.

Al terminar de rememorar las masacres de su hermano, su cuñada, sus sobrinos y de su sobrina guardó silencio por unos instantes.  Con los ojos lelos miró alrededor. Al levantarse trastrabillo, sus piernas le flaqueaban.

El domingo de las elecciones el ambiente estaba caldeado. Quienes estaban a favor de la reelección de Juan Manuel Santos argumentaban el regreso de Álvaro Uribe a la presidencia a través Óscar Iván Zuluaga. Su triunfo supondría que el proceso de paz quedaría hecho trizas. Quienes estaban en contra del proceso de paz, uno de los argumentos era el de que el gobierno estaba entregando el país a las Farc-EP. El eslogan para ganar votos a favor del candidato de Álvaro Uribe era simple, engañoso y contundente: con la paz sí, ¡pero con el candidato de la reelección… no!

Mientras Colombia estaba dividida, la salud de mi papá se caía a pedazos. La promesa de llevarlo a las urnas para que depositara su voto se me había convertido en un cargo de conciencia. Al promediar la mañana toqué las puertas de su médico amigo. Conocedor de la salud de mi papá le comenté el deseo que tenía de cumplirle con el voto. Antes del mediodía estaba ya auscultándolo con su estetoscopio. El paso de los años no tiene vuelta atrás. Tomándome del brazo me susurro al oído: “no está saturando”. Recomendó llevarlo con precaución y que estuviese al tanto de cualquier percance. “Respirar aire fresco le hace bien”.

Supuse que al mediodía sería la hora indicada para llevarlo a votar, ya que la gente almuerza y hace la siesta. Solicité un servicio de taxi. La sorpresa fue de incredulidad. Los electores estaban ejerciendo el derecho a decidir por la paz. Largas filas. Mientras la gente esperaba pacientemente el tarjetón, me dirigí directamente a la mesa de votación donde tenía inscrita su cédula. Con el tarjetón en mi mano, tomándolo del brazo lo llevé con su caminar lento hasta el cubículo. Como pudo tomó el lapicero entre sus dedos para luego con su mirada perdida decirme que le era difícil marcar el candidato de la reelección.  Comprendí que sus dedos habían perdido sus fuerzas. Al ver su impotencia tomé el lapicero. Mientras marcaba por él el candidato de su preferencia, sentí nostalgia. La hora de partir de este mundo se estaba acercando. Lágrimas rodaron por mis mejillas.

Al empezar la noche del 15 de junio los medios de comunicación informaban del triunfo del candidato de la reelección y de la paz.

El 29 de septiembre de 2014 mi papá moriría convencido de que la paz había llegado por fin. 

Ahora, en este 2024, diez años después, la paz es solo un discurso que está en el papel y en los labios de quienes viven a costillas de ella. La violencia en todas sus formas e ideologías se ha recrudecido, da miedo que la sociedad mire hacia los lados. Las ideologias totalitarias y fanáticas, sean del lado de la derecha o de la izquierda, están imponiéndose donde están acallando la voz del otro.  La resignificación de los hechos según mi parecer, la cultura de la cancelación y la corrección política es la nueva narrativa de la derecha y de la izquierda. Lo miedoso es que la gente, hasta los más ilustrados, aplauden. Les parece normal que haga parte de su diario vivir. Solo le creen al mesías. La razón y el consenso a través de la diferencia ha muerto.

La masacre de la familia de Don Pioquinto Moreno ha quedado impune. Conservo el archivo que da testimonio de esa masacre y de cómo un Estado kafkiano con su burocracia inútil fue incapaz de dar con los perpetradores del crimen a sabiendas de quiénes eran. Hace poco consulté el informe de la Comisión de Paz. No encontré rastros de las masacres de la vereda El Recreo, municipio de La Palma. Para esa burocracia esas masacres no existieron.

Siempre me he preguntado cuál es el gusto que siente la gente por la violencia. Los siquiatras dicen que la colombiana es una sociedad mentalmente enferma. Y razón deben tener si se lee al historiador cultural estadounidense David J. Skal, quien se dedicó toda su vida a entender el terror y el miedo a través del cine. En su libro “Screams of reason: Mad Sciencie and Modern Culture” (1988) este historiador plantea que una sociedad muestra sus entrañas por lo que le teme.

Y a qué le teme, preguntaría cualquier lector despistado. La respuesta es simple: ¡a vivir en paz!

 

 

 

miércoles, noviembre 29, 2023

Prólogos, Gabo y el olor de la guayaba

 Armando Moreno Sandoval


El recuerdo más lejano que tengo de Gabriel García Márquez se lo debo a mi hermano Jaime.

Cada vez que llegaba a casa algún fin de semana, traía consigo entre su maleta repleta de ropa, como si viajaran de incognitos, uno que otro libro de García Márquez junto algún ejemplar de la revista Alternativa.

Aunque nunca los leí de pe a pa, si los leía a medias cuando los ojeaba. Debo confesar que me embelesaba las carátulas de los libros y las caricaturas de Antonio Caballero. Muchos años después, esas mismas carátulas, tanto de los libros como de la revista, de vez en cuando las encontraba en las casetas que en el corazón de Bogotá ocupaban la acera de la calle 19 entre la carrera séptima y la Avenida Caracas.

Como cada generación carga con sus recuerdos, la Bogotá de comienzos de la década de los 80 del siglo XX, la que se resistía a lo nuevo, aún conservaba parches arquitectónicos y urbanísticos que aun olían a nostalgia, y alguno que otro café como el Centauro en la plazoletica de Las Nieves. Fue en ese mismísimo café, a unos pocos metros de las casetas de libros, que comencé a devorar las primeras letras de los primeros libros de García Márquez.

Ese encuentro con las carátulas que me remitían a una época, la de mi adolescencia, fue exactamente la misma que sentí al ojear Prólogos (Jaramillo editores, 2023). Un libro que recopila los textos introductorios que escribió García Márquez para diferentes obras de otros autores, como, también, los que escribió para él mismo.

Como me había hecho la idea que me iba a encontrar con un texto cargado de palabras, la sorpresa fue de incredulidad cuando hallé que, acompañando cada prólogo, estaba la carátula del libro en mención. Era como si uno se encontrara con el pasado del libro. Ediciones que, para quién no es experto, genera cierto asombro, pues era como traerlo de nuevo al presente.

La otra curiosidad que tenía era con cuáles prólogos me iba a encontrar leyendo Prólogos. Como era un libro se suponía que era muchos. Pues los pocos que había leído eran los que había escrito para algunos de sus libros. Recordaba el de los Doce cuentos peregrinos, Relato de un náufrago y pare de contar.

Si algo tiene Prólogos,  como el mismo  García Márquez lo dijo, es que lo coge a uno por el cuello y no lo suelta. Lo leí como si fuera una novela, con la particularidad que cada texto anda por su lado con su propio tiempo histórico.

La sensación que sentí era que la tal llamada generación del Boom, tal como el profesor de español nos lo había enseñado en el colegio, eran muchos más que el puñado de escritores que los medios se habían encargado de construir.

Si las novelas de los escritores del Boom eran las que el profesor de español quería que leyéramos, otra idea nos asalta la mente con Prólogos. Pues los prólogos de Prólogos trazan la senda de las lecturas de los libros que al mismo García Márquez lo atraparon.

Rememorar a los grandes de la literatura, sean Jorge Luis Borges, Ernest Hemingway o Julio Cortázar, sería un acto de injusticia con aquellos otros a quienes García Márquez exaltó con su pluma.

El historiador inglés Peter Burke ha señalado que las fuentes del historiador no pueden reducirse a las escritas. Al referirse a las fotografías decía que éstas daban más información que una montaña de textos escritos. Si alguien quiere encontrar una loa a la fotografía que mejor que el prólogo al libro Cubanos 100% del fotógrafo Gianfranco Gorgoni. Este hombre con su cámara fotográfica más que retratar la soberbia del poder, se dedicó por más de siete años, al decir de García Márquez, a fotografiar “los pequeños asuntos de la vida cotidiana, las alegrías y las penas de los cubanos comunes y corrientes, sus fiestas patrias, sus entierros”. En fin, y es lo que en el mundillo historiográfico a dado en llamarse pomposamente con el nombre de La microhistoria.

De las buenas plumas que quedan en el anonimato de eso si que nos puede dar lecciones el mismísimo García Márquez. Lo que le pasó a su gran vallenato, como solía referirse a Cien años de soledad, que fue rechazada por varias editoriales y ninguneada por los críticos del resentimiento, es, guardando las proporciones, lo que nos quiere insinuar con la escritora catalana Mercè Rodoreda. La pena que le había causado su muerte, tras preguntarla en una librería en Barcelona, le hizo rememorar su novela La Plaza del diamante. No entendía cómo una novela que había sido traducida a más de diez idiomas y con veintiséis ediciones en catalán su muerte había pasado inadvertida. Incluso poco les importó la coincidencia de las reseñas publicadas en diarios ingleses y franceses afirmando, por un una parte, su talento narrativo, y por la otra, que era lo más significativo que se había publicado en España en muchos años.

El olvido para con Mercé fue tan exagerado que años después, cuenta García Márquez, al hacerse una encuesta para establecer cuáles eran los diez mejores libros escritos en España después de la Guerra Civil a nadie se le ocurrió mencionar La Plaza del diamante. “Yo la leí en castellano por esos tiempos, y mi deslumbramiento fue apenas comparable al que me había causado la primera lectura de Pedro Páramo, de Juan Rulfo, aunque los dos libros no tienen en común sino la transparencia de su belleza”.

Y sigue más adelante.

“A partir de entonces, no sé cuántas veces la he vuelto a leer, y varias de ellas en catalán, con un esfuerzo que dice mucho de mi devoción”.

Lo dicho por García Márquez me recuerda lo que escriben algunos críticos literarios respecto al olvido en que cae el autor y su obra. Los criterios, aunque diferentes son divertidisimos. Para algunos sería el tiempo el mejor juez. Para mí, el por qué esta o aquella obra literaria perdura, pienso, que hace parte de la subjetividad de quien lee. Es lo que sucede con la generación que aún sigue atrapada en el Boom. Tienen la idea fija que por fuera del llamado Boom no existen nuevas narrativas, que todo está agotado.

Hay quienes creen que el autor y la obra están atados al tiempo que los vio nacer. Que cada generación de escritores carga con sus propios fantasmas que influenciaron en sus narrativas y que solo el paso del tiempo dará cuenta de su relevancia.Y quien mejor para confirmarlo que el inigualable, incomparable y perdurable escritor mexicano Juan Rulfo.

En una de las pocas entrevistas que, sin ser huraño, dio en su vida, al preguntarle el crítico literario quienes habían sido los autores que lo habían influenciado, recitó una diversidad de autores que el mejor tallerista literario del mundo no tendría la menor idea de que hubiesen existido. Recordaba a un tal Knut Hamsun, a quien había leido en su infancia. De un Boyersen, Jens Peter Jacobsen y Selma Lagerlof, quedé azul. Su gran descubrimiento fue Halldor Laxness. Lo leyó antes de que recibiera el premio Nobel. Lo que sorprende, y quien lo creyera, fue la geografía narrada de estos autores nórdicos quienes influyeron en él para crear ese entorno lúgubre donde los muertos hablan.  

Además de los escritores nórdicos, están sus coterráneos mejicanos. Referenciaba a Rafael F. Muñoz y sus novelas históricas Santa Anna y Se llevaron el cañón para Bachimba. Mencionó sin mayores comentarios a Mariano Azuela González, Martin Luis Guzmán, pero de un tal López y Fuentes dijo haber tenido la mayor influencia con la novela Campamento, más que el resto de su obra.  “Todos han quedado en el olvido”.

Con Prólogos uno puede preguntarse qué hace que el autor y su obra queden en el olvido. A no ser, como en el caso de la entrevista a Juan Rulfo, sea el mismo autor que los reviva. Me atrevería a pensar que hay respuestas para todos los gustos. Pero la que más agrada es la del filósofo surcoreano Byung-Chul Han, quién es hoy por hoy el que mejor comprende el capitalismo de este siglo XXI.

En su último libro La crisis de la narración, Byung-Chul Han cree que hoy día parece existir un desajuste entre las ficciones que se producen y la sociedad en la que se escriben. Si Juan Rulfo o García Márquez gustan fue porque retrataron una época. Relatos que pareciera hubiesen sido contados alrededor de una fogata. Estas narraciones son a las que alude Byung-han, las mismísimas que son transmitidas de generación tras generación y que hoy en día están en su agonía.

Byung-Chul Han se queja que el sentir “de una época ya no existe”. A cambio de ello, lo que hay son narrativas aligeradas propias de una era que él llama postnarrativa donde las historias que se narran tienen un mero uso empresarial y comercial. Son narrativas cuyo único mensajees generar emoción con el solo fin de vender o publicitar productos e ideologías, estrategias que inevitablemente conduce a que el capitalismo se adueñe de toda narración

Byung-Chul Han con pesimismo cree que las narrativas alrededor de una fogata transmitidas de generación en generación y luego convertidas en literatura ya no volverán. Cien años de soledad de Gabriel García Márquez, El llano en llamas de Juan Rulfo, Por quién doblan las campanas de Ernest Hemingway, Agosto de William Faulkner, entre otras, serán cosa del pasado. Ni el siglo XXI con la Inteligencia Artificial, ni las redes sociales contando historias personales serán capaces de encender la fogata. No tienen la capacidad de hacerlo, ya que son meros autorretratos pornográficos o exhibiciones narcisistas que a la gente poco le importa.

Pienso que Prólogos es lo más parecido a la fogata que nos habla Byung-Chul Han. Y que fogata la que nos ha regalado el escritor y académico colombiano Fernando Jaramillo. El mismo autor de Memorabilia, que, según palabras de Julio César Londoño, “el único blog que García Márquez consultaba cuando quería precisar datos que se le estaban olvidando, como esos personajes suyos que se perdían en los laberintos de la senilidad”.

Pienso que sin Prólogos en las estanterías de las bibliotecas las mariposas amarillas de Mauricio Babilonia estarán huérfanas y los amantes de la obra de Gabo soportar siglos de soledad.

viernes, noviembre 17, 2023

El Karl Marx de Isaiah Berlin

Armando Moreno Sandoval

Karl Marx es el libro más conocido de Isaiah Berlin, publicado por primera vez en 1939 y revisado varias veces después. Es un mamotreto que, si uno se descuida, corre el riesgo de torcerse el brazo.

Los estudiosos de la obra de Marx, más no los marxistas, ni quienes han hecho de ella una doctrina religiosa, dicen que es el análisis más riguroso y serio hasta ahora escrito.

Biografías serias sobre Marx son pocas. Si las contamos teniendo como referencia los dedos de una sola mano, el lector puede sorprenderse de que le sobran dedos.

Terrel Carver quien escribió el postfacio de la 5ta Edición para Alianza Editorial en español, al terminar uno de leerlo se llega a la conclusión que de toda la chapucería que ha salido sobre la vida y las ideas de Marx, solo vale la pena destacar la de Francis Wheen, titulada también Karl Mark (London, 1999). Todo indica que Wheen, periodista, productor y escritor, además de las camionadas de libros que vendió, ganó mucho dinero y demasiados premios. Los entendidos dicen que el Karl Marx de Wheen es muy humano y que lo acercó al común de la gente.

Si Wheen logró este perfil obedece porque obtuvo acceso a una cantidad de material publicado en inglés, alemán y ruso que para la época de Berlin no existía. La otra ventaja fue el de haber accedido a los archivos del propio Marx que se habían resguardado en Amsterdam y Moscú, y que para la época que escribe Berlín eran inaccesibles.

La otra obra según los estudiosos de Marx rescatable es la de David McLellan: The Young Hegelians and Karl Marx (London, 1969), pupilo y discípulo de Berlin. Aunque no contó con las fuentes que tuvo a disposición Wheen, si tuvo a su alcance ediciones impresas en inglés que Berlin no pudo ni soñar. El aporte de McLellan fue alejar a Marx de la lectura chata que en vida y después de su muerte habían hecho sus fans. Digámoslo sin miedo: es un Marx alejado de la ortodoxia marxista. Su Marx es en esencia humanista, es decir, haber rescatado el “primer Marx” que, a decir verdad, ya en el siglo XIX no le caía en gracia a todos aquellos que soñaban con incendiar el mundo.

La grandeza de Berlín sorprende porque para la época que escribe su obra, no había mucha biografía sobre Marx. Lo que tenía a su alcance eran las de Franz Mehring y de Boris Nicolaevski y Otto Maenchen-Helfen, publicadas en 1918 y 1933, como también unos pocos recuerdos de la familia y de sus amigos. Las obras propiamente de Marx que se conocían eran unas pocas, gracias a la generosidad de Engels que las había editado:  El manifiesto (del partido) comunista, Salario precio y ganancia, El 18 Brumario de Luis Bonaparte, El prefacio de 1859 a La contribución a la crítica de la economía política, el Volumen 1 de Das Kapital  y La guerra civil en Francia.

Con ese escaso material, Berlin se las amaña para hacer una biografía intelectual, haciendo énfasis de dónde y cómo habían surgido sus ideas sobre la historia, la economía, la política y la sociedad. Lo que en el mundo académico se conoce como la Historia de las ideas.

Berlin más que tratar de mostrar las contradicciones, las ambigüedades y los errores de Marx, lo que se propone es ofrecer un cuadro lo más objetivo posible. Muy distinto a lo que hace los hagiógrafos o los contradictores de Marx.

Otro de los aportes de Berlin está en desmontar los dogmas y las simplificaciones del marxismo. O sea, ese marxismo rocambolesco que recitan de memoria los militantes, profesores y políticos de izquierda. Gentecita que tienen en mente que recitar es comprender.

Fiel al pensamiento de Berlin, la obra no está cuadriculada para que el lector la trague sin masticar. Pese a su lectura amena, sin rigidices idiomáticas, obliga al lector a tener una lectura atenta ya que sería difícil disfrutar de ese Marx humanista, bonachón, chistoso, que, por mucho tiempo se desconoció debido al dogmatismo mental de los militantes de los partidos de izquierda. No sobra decir que el perfil de un Marx aburrido que solo se la pasaba encerrado en un cuarto, sin ver la luz del sol, obedece a la imagen que le crearon los ortodoxos doctrinarios marxistas después de su muerte en 1883.

Esta debe ser la explicación del por qué en Latinoamérica en los países donde la Revolución triunfó con el correr de los días terminó pareciéndose a un manicomio. Pues lo que tenían en mente no era ese Marx que tenía tiempo para pasear con su familia y amigos, y que después de unos tragos recitaba poemas, cantaba y gritaba abrazado con sus amigos a cuatro vientos, sino el que construyó su amigo del alma Federic Engels: un Marx frío, aburrido, rígido e intransigente.

Leer el Karl Marx de Berlin es demasiado placentero. Dan ganas de que el libro no se agote nunca.

Como cada quién es libre de comprender a su manera lo que lee, al terminar y al respirar hondamente la última página del libro, uno termina convenciéndose que los temas que le da vida al libro están entremezclados en sus 346 páginas. Algo así como el Materialismo histórico que desarrolla Marx, que, para entenderlo, es necesario rastrearlo en toda su obra. No hay un texto que lo explique con pelos y señales qué es eso del materialismo histórico como si hizo Albert Einstein con la teoría de la relatividad.

A riesgo de equivocarme, intuí cuatro grandes temas que están a lo largo del libro. El primero trata de la vida de Marx, desde su nacimiento en Tréveris en 1818 hasta su muerte en Londres, pasando por su formación filosófica, su actividad periodística, su participación en la Revolución de 1848, su exilio y su trabajo en Das Kapital.

El segundo tema se ocupa de la teoría de Marx sobre la historia, basada en el materialismo histórico, la dialéctica y la lucha de clases.

El tercero examina la teoría económica de Marx, centrada en el concepto de plusvalía, la explotación del trabajo, la ley del valor y la crisis del capitalismo.

El cuarto tema que trata es la teoría política de Marx, que propone la abolición del Estado, la dictadura del proletariado y la sociedad comunista.

Berlin reconoce que Marx fue un pensador original y creativo, que anticipó algunos de los problemas y desafíos del mundo moderno, como la globalización, la alienación, la desigualdad y la opresión.

Sería cosas de tontos pensar que Berlin no les hubiese hecho reparos a las ideas de Marx. ¡Pero ojo! Son reparos que están enmarcados en las mismas correcciones que haría en vida el mismo Marx a su propia teoría.

Quienes atropellan a Marx y creen comprender su teoría de oídas suelen afirmar que uno de los grandes pecados haya sido su apego furibundo al determinismo histórico. Cierto es que en ninguna de sus obras se encuentra una crítica al determinismo, pero en su correspondencia con líderes y amigos si da señales de que la historia no tiene por qué ser unilineal, evolutiva, y tampoco no tiene por qué la sociedad pasar por estadios sucesivos hasta llegar al comunismo.

Marx llega a esta conclusión ya finiquitando su vida cuando ya había perdido toda  esperanza de que la Revolución estallara en el algún país industrializado europeo. Pese a que se seguía dando golpes de pecho del por qué el país más industrializado de Europa, Inglaterra, por ningún lado daba asomos de Revolución, se le aparece como arte de magia Rusia. Al prestarle atención a los acontecimientos que estaban sucediendo en Rusia comienza a convencerse que en ese remoto país aún feudal y sin pizca alguna de haber desarrollado la industrialización podía albergar la Revolución. Y así fue. La vida no le alcanzó para verla triunfar, ni para corroborar lo que le había dicho por escrito a sus amigos: que para que se diera la Revolución no era necesaria la existencia de una burguesía, ni la industrialización.

Quienes critican a Marx por su visión determinista, totalitaria y utópica, que ignora la diversidad, la libertad y la responsabilidad de los seres humanos son los antimarxistas de cafetín, güisqui y caviar que por lo general deambulan como animas en las facultades de humanidades de las universidades. El lío está en que detractores y defensores están equivocados. Y la explicación es sencilla, las fuentes que usan por lo generan corresponden a un marxismo ñato, vulgar, escrito por terceras personas.

Por otro lado, están los que creen que Marx se equivocó al predecir el colapso del capitalismo, la revolución proletaria y la armonía comunista. Y por esa misma vía están quienes dicen que sus seguidores se equivocaron al aplicar sus ideas de forma dogmática y violenta. Estos análisis por lo general son de impostores marxistas que tienen un conocimiento a medias. De lo dicho solo mencionaré que el mismo Marx, en cuanto a la Revolución proletaria, pensó que no tenía por qué darse en todos los países, y ponía como ejemplo Inglaterra. Su explicación era que el capitalismo industrializado al mejorarle las condiciones de vida a los obreros los había aburguesado. Por tanto, era difícil que un país con unos obreros sin afugias económicas liderase la Revolución.

Alguien podría atreverse a pensar qué importancia tiene en este siglo XXI, y en pleno auge de la Inteligencia Artificial, gastarle tiempo a un personaje que vivió en el siglo XIX como si en los últimos cien años la humanidad hubiese estado huérfana de pensadores. Por supuesto que sí los hay. Ahí están, entre muchos, Karl Popper, Michael Foucault, Gianni Vattimo, etc.

El lio no es ese. Solo diré que así existan otros pensadores, Marx es, junto a Jesucristo, lo más relevante que ha dado la historia de occidente.

Uno de los aportes más universal es el de haber concebido que para explicar la naturaleza y la sociedad era necesario concebir diferentes leyes. Aunque hoy se sabe que las humanidades en nada se parecen a las ciencias naturales, ya que el mundo que recrea un pintor en su taller y lo que hace un biólogo en un laboratorio en nada se parecen, es, gracias a Marx que las humanidades tienen sus propias narrativas.

Valga traer a cuento que cuando en el siglo XVIII el triunfo de las leyes físicas para explicar la naturaleza no tenía contradictor alguno, aparece un filósofo llamado Hegel que se pregunta si la sociedad podía explicarse con esas mismas leyes como lo hacen los biólogos, astrónomos, botánicos o físicos con la naturaleza, el universo. La respuesta de Hegel es no. Habría que inventar otras leyes que dieran cuenta de esa naturaleza humana. Pues leyes como las que había inventado Newton para explicar el universo nada tenían que ver para comprender los conflictos sociales, la política, etc.

Aunque Hegel fue quien sentaría las bases, es Marx quien logra crear una teoría para explicar la sociedad. Y esa teoría es nada más, ni nada menos que el Materialismo histórico.

No sobra reseñar, además, que el legado de Marx está aún por escudriñarse. Las instituciones que están al frente aún no han terminado la tarea de catalogar y poner a disposición el archivo dejado por Marx. Quienes están al frente de tan monumental tarea han calculado que todo el material comprendería unos 160 volúmenes. Hasta ahora van 50 volúmenes, pero el dato interesante es el pistoletazo de partida que comenzó en la década de los años 50 del siglo XX.

El propósito de Berlin no fue discutir si el pensamiento de Marx tiene validez o no. Fue el de dar a conocer desde ese campo de la historiografía llamado Historia de las ideas el origen de su pensamiento. De dónde se nutrió para haber creado semejante teoría que en pleno siglo XXI sigue dando de qué hablar.

Todo indica que habrá Marx por bastante tiempo.

 

sábado, septiembre 30, 2023

Cómo mueren las democracias

Armando Moreno Sandoval

Si te interesa qué está pasando en el mundo y en Colombia con la política y la democracia, lo mejor será leer el libro Cómo mueren las democracias, de los profesores Steven Levitsky y Daniel Ziblatt, de la Universidad de Harvard. 

Aunque el hilo que amarra todos los capítulos es la democracia estadounidense, los autores la toman como referente para que el lector entienda como en ese país en este siglo XXI la democracia y la filosofía liberal está siendo apuñalada por la espalda.

Sorprende, a mi entender, cómo termina uno desengañándose de una verdad que nos han vendido e imponiendo desde hace décadas de que la democracia estadounidense ha sido la más estable y perfecta, independiente de que sea la más  longeva en el mundo y que una gran mayoría de países la hayan tomado como referente.

Es sino pasar las páginas para quedar uno estupefacto de cómo la democracia estadounidense ha sido desde sus orígenes vilipendiada por autócratas, populistas y charlatanes de la política y la democracia. Un ejemplo reciente fue Donald Trump que con sus delirios menospreció las reglas de juego del Estado de Derecho. Sujetos como este aparecen en la escena política para patear la democracia y sus instituciones. Y lo que es peor alterar los pesos y los contrapesos con que cuenta la democracia para protegerse de quienes quieren convertirse en tiranos, dictadores o autócratas.

Lo que más causa rasquiña es que estos tiranos, dictadores y autócratas todos son iguales, así sean de derecha o izquierda. Desde que existe la democracia siempre han estado ahí, llegan y se van. Lo preocupante es que sean los sectores educados y con cierta posición social los que mejor quedan encantados y atrapados con estos cantos de sirena.

En el libro los autores analizan cómo líderes disfrazados de ovejas llegan al poder por medios democráticos y luego socavan las instituciones y las normas que sustentan la democracia para convertirse en tiranos, autócratas. A través de ejemplos históricos y actuales, desde Nicaragua y Venezuela hasta Turquía y Hungría, los autores muestran los patrones comunes que siguen estos líderes para erosionar la democracia y consolidar su poder. También proponen una serie de indicadores para identificar a los posibles autócratas antes de que sea demasiado tarde, así como estrategias para defender la democracia de sus amenazas.

Aunque a Colombia la cita dos veces, el ejemplo que nos trae es el de Álvaro Uribe Vélez, cuando en la segunda presidencia quiso cambiar la constitución para eternizarse en el poder. Utilizó todas las marrullas como el de comprar congresistas, no obstante, gracias a los pesos y los contrapesos que hemos aludido, y a pesar de que la reelección la habían aprobado en el Congreso, la Corte Constitucional como guardiana del Estado de Derecho declaraba inconstitucional la reelección que aspiraba el señor Uribe. Este es un caso de populismo de derecha.

Ahora estamos ante un populismo de izquierda en el nombre de Gustavo Petro como presidente.  Aunque Colombia tiene instituciones fuertes, lo que los autores demuestran es que estas sucumben ante el populismo y el apoyo incondicional de la gente para destruir las instituciones.

Valga decir que el libro es una obra rigurosa y bien documentada, pero también accesible y amena. Los autores combinan el análisis político con el relato de casos concretos, lo que hace que sea ilustrativo y didáctico.

Además, el libro tiene una relevancia especial en el contexto actual, donde la democracia se enfrenta a desafíos globales y locales, y donde el surgimiento de líderes populistas y nacionalistas pone en riesgo los valores y las instituciones democráticas. El libro nos invita a reflexionar sobre la importancia de preservar la democracia, así como sobre el papel que tenemos como ciudadanos y como actores políticos para hacerlo.

Cómo mueren las democracias es un libro imprescindible para entender los procesos políticos que vivimos hoy en día, y para prevenir los riesgos que acechan a la democracia.

A lo largo del libro, y de una manera muy sutil, nos recalca la diferencia entre la democracia y el autoritarismo como dos formas de gobierno que son opuestos.

Mientras la democracia se basa en la participación ciudadana, la transparencia gubernamental y la protección de los derechos humanos, el autoritarismo limita o suprime estos elementos en favor de la concentración de poder en manos de una sola persona o un grupo pequeño.

Mientras la democracia reconoce la legitimidad de los adversarios políticos, respeta las reglas del juego democrático y limita el uso del poder para no abusar de él, el autoritarismo rechaza o reprime a los opositores, viola las normas constitucionales y ejerce un poder arbitrario y opresivo.

Mientras la democracia permite la libertad de expresión, de asociación, de credo y de elección, el autoritarismo controla o censura la información, la educación, la cultura y la religión, e impone una ideología o una visión única.

Mientras la democracia se basa en el principio de la soberanía popular, es decir, que el pueblo es el que elige a sus representantes y los controla, lo que se ha dado en llamar democracia representativa, el autoritarismo se basa en el principio de la soberanía estatal, es decir, que el Estado es el que decide por el pueblo y lo somete.

Estas diferencias entre la democracia y el autoritarismo es solo un abrebocas, pero hay muchas más y solo podrá encontrarlas si se atreve a cuestionar los populismos sean de derecha o de izquierda. Dos conceptos que están en desuso pero que aún funcionan para atrapar incautos con el fin de que desprecien y destrocen la democracia.

 

 

lunes, agosto 21, 2023

Los románticos de Andrea Wulf

En Latinoamérica el romanticismo lo entendemos por la vía de estar ‘enamorado’. Su no comprensión tiene que ver en parte con la ausencia de rigor para comprender el surgimiento de las ideas en occidente. Pero lo más deplorable es que cuando hacemos alusión a la historia de las ideas lo hacemos de oídas. O porque alguien leyó a medias la contra caratula de un libro. 

El libro de la historiadora Andrea Wulf, Magníficos rebeldes. Los primeros románticos y la invención del yo, es un buen abrebocas para adentrarnos en ese movimiento y comprender por qué es considerado hoy día una de las revoluciones más grandes que ha dado occidente. 

La hipérbole no es para menos.

La explicación es la siguiente: a finales del siglo XVIII en el pequeño caserío de Jena, lo que hoy es Alemania, más concretamente a partir de 1790, su universidad había congregado a un puñado de pensadores que empezarían a cuestionar el empirismo, la razón, ideas heredadas de la Ilustración, pero, sobretodo, a uno de los grandes filósofos de occidente: Immanuel Kant. 

A ese puñado de pensadores se le ha conocido como el Círculo de Jena. A el pertenecieron, entre otros, Goethe, Shelling, Fitche, Novalis, los hermanos Humboldt, Hegel. 

Lo que uno encuentra leyendo el libro de Andrea Wulf es cómo las ideas filosóficas a medida que se iban dando los debates de lo que escribían y publicaban sus miembros, estas iban cambiando. 

En el libro se explica magistralmente como Fitche supera a Kant, y Shelling supera a Fitche, y Hegel supera a su gran amigo Shelling. Qué pasó con los demás integrantes del Círculo. 

Pues bien. En el Círculo de Jena no solo hubo filosofía. En el se integró todo: ciencia, arte, literatura, arquitectura, etc, etc. Palabras más, palabras menos, a esa integración de todos los saberes existentes de la época fue lo que se llamó romanticismo. 

Un ejemplo es Goethe. Considerado como poeta, fue más que un poeta. En su pensamiento hubo ciencia, arquitectura, literatura, filosofía y un largo etc. Lo mismo podría decirse de Novalis, quien, siendo director de minas de sal, alternaba su oficio con la literatura. Sus críticos lo consideran como el precursor de la literatura moderna. 

Más allá del revolcón que representó el Círculo de Jena, otra revolución recorría al interior del continente europeo. Con Napoleón Bonaparte al frente de los ejércitos, este llevaba la antorcha de la libertad heredada de la revolución francesa, hija de la Ilustración. Las cabezas de los reyes caían y a cambio de ello se instauraba la libertad, la igualdad y la fraternidad. El feudalismo daba paso a los Estados modernos. El vasallo, el súbdito, eran reemplazados por el ciudadano.  

Como lo señala Andrea Wulf sin las ideas del Círculo de Jena la revolución francesa hubiese quedado a medias. No bastaba que los ejércitos cortaran cabezas. Se necesitaba que las cabezas pensaran.  

No obstante, se preguntarán qué fue lo novedoso del romanticismo 

Para empezar el Círculo de Jena puso la imaginación por encima de la razón, la ciencia y la filosofía. Estas ideas, en principio, se encuentra en un libro de Schiller que se puede considerar como el acta fundacional del romanticismo: Las cartas sobre la educación estética del hombre. Años más tarde de haberse publicado, de el diría el aun joven filósofo Hegel que era “una obra maestra”.

El concepto de materia orgánica e inorgánica que para la época estaba tan de moda, también sería cuestionada. A diferencia de Isaac Newton que entendía la materia como esencialmente inerte, o, el filósofo Rene Descartes que veía en los animales como simplemente máquinas, es decir, como un engranaje de relojería, uno de sus miembros Alexander von Humboldt pensaba que en vez de encerrar a la naturaleza en un corsé clasificatorio lo mejor era concebir la naturaleza como un todo unificado, animado por fuerzas interactivas.

Otro miembro del Círculo de Jena que ayudó a cambiar la forma como se entendía la naturaleza fue el poeta Goethe. En vez, decía él, de tener solo una mirada empírica que mejor que experimentar la naturaleza “a través de los sentimientos”. Goethe insistía que quienes describían el mundo solo clasificando plantas, animales y rocas nunca podrían acerca a el.

Si lo dicho era lo que sucedía en el campo de la naturaleza, ni hablar de lo que se estaba haciendo en el campo de la filosofía. Fichte que había superado a Kant, y Schelling que a los 24 años era famoso, ambos con sus ideas se habían quitado de encima la camisa de fuerza de lo que generaba socialmente imponer nuevas ideas. Sus filosofías tenían el poder de cambiar el mundo.

No obstante, sería Hegel quien daría un vuelvo radical a las ideas. Refugiado en Suiza y alejado de las corrientes filosóficas en boga en un encuentro fortuito con su amigo el poeta Friedrich Hölderlin, este lo llevaría a Frankfurt en 1797 y de allí entrando el siglo XIX marcharía a Jena. Al llegar el torbellino de las ideas ya había pasado. Los únicos que quedaban eran Schelling y Friedrich Schlegel. En Berlín estaban Fichte y Ludwig Tieck, el joven Novalis seguía enfermo; August Wilhelm y Caroline Schlegel en Brunswick, y Schiller se había trasladado a Weimar. El Círculo de Jena estaba desperdigado y sus ideas corrían como el viento por todo Europa.

Entretanto Hegel en medio de la soledad moldeaba poco a poco sus ideas. Trabajó en silencio durante seis años, estaba convencido que debería superar las ideas de Schelling y Fichte. El aporte de Hegel llegaría en 1807 con la publicación de su Fenomenología del Espíritu.

"El Círculo de Jena", como lo señala Andrea Wulf, "cambió nuestro mundo. Sus integrantes lo hicieron de forma irrevocable. Es imposible imaginar nuestras vidas, pensamientos y forma de entender la realidad sin la base de sus ideas innovadoras. Hicieron algo totalmente nuevo al situar audazmente el yo y el libre albedrío en el centro del escenario".

Quien lo creyera, sus ideas están arraigadas entre nosotros y no nos enteramos de ello. 

domingo, mayo 28, 2023

La reforma laboral, la Inteligencia Artificial y el genoma

Armando Moreno Sandoval

La inteligencia artificial y el genoma humano son dos campos de investigación que tienen un gran potencial para transformar el futuro de la humanidad. La inteligencia artificial es la capacidad de las máquinas de realizar tareas que normalmente requieren inteligencia humana, como el razonamiento, el aprendizaje, la creatividad o la toma de decisiones. El genoma humano es el conjunto de información genética que contiene cada célula de nuestro cuerpo y que determina nuestras características físicas y biológicas. Ambos campos tienen aplicaciones beneficiosas para la salud, la educación, la economía, la seguridad o el medio ambiente, pero también plantean desafíos éticos, sociales y legales que debemos afrontar con responsabilidad y precaución.

¿Qué implicaciones tiene la combinación de la inteligencia artificial y el genoma humano para el futuro de la humanidad? Algunos expertos opinan que esta combinación podría dar lugar a una nueva especie de seres híbridos, capaces de modificar su propia naturaleza y superar las limitaciones humanas. Otros expertos advierten de los riesgos de perder el control sobre estas tecnologías y de crear desigualdades o conflictos entre los humanos y los híbridos.

Este vaticinio ya lo vimos en Westworld la serie de ciencia ficción que se emite en HBO y que explora las implicaciones de la inteligencia artificial. La trama se centra en un parque temático futurista donde los visitantes pueden interactuar con androides que simulan ser humanos. Los androides, llamados anfitriones, están programados para satisfacer los deseos de los visitantes, pero algunos de ellos empiezan a desarrollar conciencia y a cuestionar su realidad. Westworld plantea cuestiones éticas, filosóficas y morales sobre la naturaleza de la vida, la libertad y la identidad.

También hay quienes defienden que la inteligencia artificial y el genoma humano deben usarse para mejorar la calidad de vida de las personas y para resolver los problemas globales que amenazan nuestra supervivencia.

Lo anterior solo es aceptable es los países democráticos. Veamos. CRISPR, desarrollada por las investigadoras estadounidenses Jennifer Doudna y Emmanuelle Charpentier y que les valió el Premio Nobel de Química en el año 2020, y que está relatado en un libro hermoso llamado El código de la vida, es una técnica revolucionaria que permite modificar el ADN de las células con gran precisión y rapidez.

En los últimos años, algunos científicos chinos han utilizado esta herramienta para editar los genes de embriones humanos, con el objetivo de corregir defectos genéticos o conferir resistencia a enfermedades como el VIH. Estos experimentos han generado una gran controversia ética y científica, ya que implican alterar la línea germinal humana, es decir, el conjunto de células que dan lugar a los gametos y que transmiten la información genética a las generaciones futuras.

Los primeros humanos creados en China con CRISPR fueron dos gemelas, Lulú y Nana, nacidas en 2018. Según el investigador responsable, He Jiankui, las niñas fueron modificadas para eliminar el gen CCR5, que codifica un receptor que facilita la entrada del VIH en las células. Sin embargo, este experimento no fue sometido a una revisión ética ni científica adecuada, y se desconocen los efectos a largo plazo de la edición genética en las gemelas y sus descendientes. Además, el gen CCR5 también está implicado en otras funciones del sistema inmunitario y nervioso, por lo que su eliminación podría tener consecuencias negativas imprevistas.

La creación de humanos con CRISPR plantea desafíos y oportunidades para la medicina y la sociedad. Por un lado, podría ofrecer la posibilidad de curar o prevenir enfermedades hereditarias graves, mejorar la calidad de vida de las personas afectadas y reducir los costes sanitarios. Por otro lado, podría abrir la puerta a la eugenesia, la discriminación, la desigualdad y la pérdida de diversidad genética. Además, podría tener efectos impredecibles en el equilibrio ecológico y evolutivo de la especie humana.

Sea cual sea el escenario que se materialice en un futuro, lo cierto es que la inteligencia artificial y el genoma humano son dos fuerzas que están cambiando el mundo y que nos obligan a replantearnos nuestra identidad, nuestros valores y nuestro destino como especie.

No obstante, lo dicho en el párrafo anterior, es solo para los países donde se invierte en Ciencia y Tecnología, es decir, los países llamados del primer mundo.

El resto de la humanidad solo se dedicarán a rumiar esos avances. Y en el peor de los caos, como en la reforma laboral que está siendo impulsada por el gobierno Progre y las mentes ilustres del Congreso en Colombia, solo se dedicaran a imponerle camisas de fuerzas a estos avances como es la inteligencia artificial, la robótica y otros avances tecnológicos. Y en este orden de ideas estaría el genoma.

Lo curioso es que en las universidades públicas hasta ahora nadie ha dicho ni ¡mú!

martes, mayo 23, 2023

Shithole countries

Armando Moreno Sandoval

Kristalina Ivaniova
No sé qué futuro le puede esperar a Latinoamérica si lo que existe, por ahora, es un capitalismo para pobres.

Si nos atenemos a las palabras de Kristalina Ivaniova, presidenta del Fondo Monetario Internacional, del pasado 6 de abril, nos deja un sabor agridulce de que Latinoamericana aún no cuenta en el contexto mundial para jalonar la economía mundial.

Dijo ella: …proyectamos que alrededor del 90% de las economías avanzadas (entiéndase Estados Unidos y la Unión Europea) verán una baja sustancial de crecimiento este año (2023)”. Las palabras las pronunció durante un discurso previo a los encuentros que hacen el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.

Las palabras de la señora presidente dejan una reflexión. Para que Latinoamérica salga de la pobreza se necesita crecimiento económico, sin él todo discurso politiquero caerá en el vacío. Pero para ello es necesario liquidar la pobreza, es decir, educación de calidad y oportunidades para vincularse a la creación de riqueza.

Otro organismo, la OCDE, y que Colombia hace parte, ha venido diciendo desde el 2014 que lo mejor del capitalismo en los países desarrollados está llegando a su fin. A diferencia de Latinoamérica, esos países tienen, según la organización, riqueza y gente educada que sabrá encontrar una solución.

La misma OCDE da un ultimátum a Latinoamérica. Señala que los países que la conforman tendrán una ventana hasta el 2060 para desarrollar el capitalismo y crear riqueza. ¿La pregunta es, y cómo?

Este ultimátum cae en el vacío. Todos sabemos que, desde décadas atrás, y lo que va del siglo XXI, Latinoamérica exporta pobres. Pobres que con su trabajo exportan remesas a las familias latinoamericanas y así poder medio vivir. El paisaje de millares de latinos intentando cruzar la frontera al precio que sea, indignó al entonces presidente estadounidense Donald Trump y, sin pelos en la lengua, le colgó a los Estados que conforman a Latinoamérica el escupitajo de shithole countries.

Ni los gobiernos Progres, ni la derecha que para esa época estaban en el poder dijeron ¡mu!, prefirieron pasar de agache ante el insulto de Trump. Pues los millones de venezolanos, argentinos, colombianos, centroamericanos, etc, que deambulan por trochas para llegar al país de los gringos dejan a los presidentes de turno y dictadores mudos. Lo que hacen sus compatriotas les dice otra cosa.

Hay quienes creen que para salir de este atolladero se requiere, a corto plazo, darles a los pobres alimentos con más de una comida al día en promedio para que tengan rendimiento al ser explotados cuando encuentren trabajo.

En Colombia el famélico capitalismo de garaje es de tal magnitud que el 64% de la fuerza laboral es informal, está dedicada al rebusque y al autoempleo. El uno hace empanadas para tener con qué comprarle al vecino buñuelos. Esta denominada economía popular  es la explotación del pobre por el pobre. No se configura salario o prestaciones sociales, ni cotizan salud, ni pensiones. Si se trata de aliviar su pobreza toca tomar de los ingresos de la clase media, estrategia que hasta el sol de hoy ha hecho la derecha y ahora los gobiernos de izquierda Progres. Cualquier impuesto a los ricos es como quitarle el pelo a un gato.

Corea del Sur y otros consideraron que nunca es tarde para generar riqueza. Uno podría especular que sería algo así un 20% al asistencialismo cristiano y un 80% a la inversión en investigación y desarrollo al crecimiento económico.

La economista Mariana Mazzucato, citada por los Progres intelectuales, ha recomendado que la izquierda debe ponerle fin a la distribución de la pobreza para obtener votos y concentrarse en invertir en investigación, desarrollo e innovación.

El DANE dijo el año pasado ( 2022) que más de 21 millones de colombianos viven con menos de $ 330,000 al mes. Es decir que comían una vez al día. Darles una limosna para que coman dos veces al día no los sacará de pobres. Pero estarán más fuertes para cuando sean explotados por verdaderos capitalistas.

Algunos piensan, sobre todo la izquierda Progre, que quienes dan de comer y beber al sediento pueden asegurar un asiento a la diestra de Dios padre. El lío es que se siguen muriendo de hambre como los niños en la guajira. El otro problemón es que no llegan las limosnas. Esto se contrasta con muchos de los gastos innecesarios y suntuarios del gobierno. La morochita vicepresidenta Márquez es un buen ejemplo de lo que no debe hacer un gobernante.

Con la derecha o con la izquierda en el poder los países latinoamericanos no han dejado de ser subdesarrollados y sometidos a las prescripciones y condiciones del capitalismo europeo o gringo. Un buen ejemplo es Argentina que tiene gobierno de izquierda y tiene que llegar a acuerdos con el Fondo Monetario Internacional.

El mejor remedio contra la pobreza es la creación de riqueza. Sin inversión en crecimiento económico solo queda redistribuir la pobreza. Con limosnas a los pobres no se crea riqueza, seguirán siendo pobres. Sin crear riqueza toca empobrecer la clase media. Redistribuir el ingreso con base en la redistribución del salario para no tocar el gran capital es el más puro neoliberalismo.

Para crear riqueza hay que trabajar más y eso aplicado a un país traduce trabajo para todos. Pero con altas tasas de informalidad y rebusque (ahora el eufemismo es “emprendimiento”) no se puede crear la cantidad de riqueza para dejar de ser otro shithole countries más.

El capitalismo es el sistema más eficiente en crear riqueza, excepto que su distribución es inequitativa. Es el menos peor de los sistemas ensayados hasta ahora. Claro que la combinación de la República Popular China (capitalismo de mercado, más dictadura y cero democracia) muestra que es más potente que el capitalismo solo. Lo otro es escoger la miseria de Venezuela o Cuba.

El capitalismo reciente es cada vez más intensivo en conocimiento. Sin inversión en capital humano, investigación y desarrollo, nunca se saldrá de la pobreza.

Seguir haciendo lo mismo nunca conducirá a resultados diferentes, llámese familias en acción, renta  o limosna básica, etc. Da votos pero no crea riqueza.

Estén en el poder la derecha o la izquierda Progre y si siguen con el asistencialismo para cazar votos seguiremos ¡jodidos!

En fin, lo que no entiende la izquierda y la derecha retardataria es que es preferible pasar de un capitalismo de garaje a un capitalismo más moderno, y eso es preferible a seguir con un estado de miseria y semi feudal.

Lo otro es dejar de creer que los millones de pobres son tarados o minusválidos, lo que necesitan son oportunidades. Es denigrante mantenerlos con limosnas.