Armando Moreno Sandoval
Según las encuestas, el candidato del Pacto Histórico, Iván Cepeda, estaba imbatible. Pero la verdadera encuesta, que es indiscutible, es la que se realiza el día de las elecciones. Esta encuesta dijo otra cosa. Y esta habló el 31 de mayo. ¡Ayyyyy yayaay!Con el soberano pueblo uno no sabe a qué atenerse y en política lo mejor es no darle consejos. Existe un dicho de la sabiduría popular que dice: que una cosa piensa el burro y otra el que lo está enjalmando.
Y fue lo que sucedió en el año 2002, cuando las encuestas por Álvaro Uribe lo daban como un seguro perdedor. Y en 2022 con Rodolfo Hernández, que, de estar de último en las encuestas, casi le arrebata el triunfo a Petro por un pelo. Pues el haberse metido con la Virgen de Chiquinquirá y las mujeres y de haberse ido para Miami, el electorado no se lo perdonó.
Así las cosas, los votos del triunfo de Petro, son de la Virgen de Chiquinquirá y de la gente muy "chick" que les hizo recordar a la mamita en la cocina sirviendo café.
Ahora, el gobierno del cambio a favor de las identidades y de los naides, que ha dejado a la gran mayoría de colombianos sin beneficiarse del botín del presupuesto del Estado, está llevando a de la Espriella, posiblemente, a la presidencia.
Y es que el colombiano, más que ser un individuo antisistema o antidemocrático, se caracteriza por ser antigobierno cuando está por fuera de la rosca. Hay quienes piensan que lo que genera piquiña Petro y su Pacto Histórico es que quieren la eternidad para quedarse por siempre con la torta del presupuesto.
Otra virtud del colombiano es su manera de pensar a la hora de dar el voto. Quienes votan suelen decir que lo hacen para que se arregle o se joda esta vaina. Que más vale un desconocido que uno malo por conocer.
Esta manera de entender la política es lo de menos. Pensar que la izquierda “pupi” neoliberal del buen vivir —esa de quisqui que hace berrinches en las redes porque no le copian sus delirios— será la que le dé el triunfo a Cepeda es una ilusión.
Lo que sí es cierto es que existe un amplio sector del electorado, que no son de derecha ni facha, como suelen decirlo los adictos inconformes que posan de izquierda, es la que le está cantando rancheras de despedida a Petro y al continuismo.
Este electorado que habla con las urnas cada cuatro años le dio el voto a Abelardo de la Espriella contra todo pronóstico. Si no dice chorradas de babas, como suele decirlas Petro cuando se le enreda la lengua, es posible que la presidencia la tenga a la vuelta de la esquina.
Pues estos cuatro años del gobierno de Petro, con su carreta postmoderna que no entendía nadie y sus metidas de patas al dar a conocer su vida privada y los escándalos de la robadera, dieron en el clavo para que un outsider empujado por sectores que ya han estado en el establecimiento se haga de nuevo con las riendas del Estado.
Amén de otras ideas sabias como las de la fórmula vicepresidencial Aida Cuilqué y de Gustavo Bolívar, que han dado a entender que es mejor rebuznar en cuatro patas que ser un buen doctor.
Decir estas barrabasadas en tiempos de la postverdad, de la Inteligencia Artificial, de los chismes, los delirios, el fanatismo y las emociones, es dar papaya y creer que la gente es tarada. Y como la derecha en el mundo está de moda y en ascenso, qué mejor que estar en la onda de los ganadores. Si no creen, pregúntenles a los ultracivilizados europeos.
Y para ayudar al cuento, en las redes sociales los anticapitalistas y enemigos de la democracia, pero sobre todo los fans y la izquierda fanática y reaccionaria del Pacto Histórico, gritan a todo pulmón que hubo fraude con las elecciones de la primera vuelta presidencial. No entienden que estos tiempos son de rebeldia individual extremosa y que los votos no se endosan. Y que con la muerte de las ideologías los votos no son de nadie. Son votos pendulares sin que tengan dueño.
El cirilí del fraude fastidia porque nadie se traga ese cuento. No entienden que el electorado tiene una cualidad: su rebeldía al dar el voto. Todo indica que fue lo que sucedió el pasado 31 de mayo y puede suceder este 21 de junio.
¿Qué va a pasar?
De los votos válidos para la presidencia, el Pacto Histórico con Iván Cepeda le correspondió 9.614.016 y Defensores de la Patria de Aberlardo de la Espriella 10.270.049. La suma de los votos de Paloma Valencia, 1.625.563 + Sergio Fajardo, 1.000.974 + Claudia López, 223.546 + Raúl Santiago, 204.883 + Oscar Mauricio, 53.440, en total suman 3.108.175, ¿para dónde va a echar el elector?
Aquí mi hipótesis:
Los 3.108.175 de votos son más anti-cepedistas que anti-abelardistas. ¿Por qué:
1. El poder desgasta.
2. Todo poder se vuelve reaccionario.
3. El Progresismo sigue con los discursos enlatados de la segunda mitad del siglo XX: (ricos contra pobres, el otro es fascista, repartición de tierras cuando los jóvenes no quieren el campo, etc.).
4. Se quedaron en las identidades (negros, indígenas, lumpen, diversidad sexual LGTBQ+, etc.) que carecen de ideología y son una minoría electoral.
5. Siguieron con el discurso de género que ya está desgastado y la gran mayoría de los vaciados no entiende. Un discurso que solo es de los intelectuales de cóctel, caviar, guisqui y salmón ahumado.
6. Olvidaron a los vaciados de los centros urbanos. Ellos son la supermayoría porque carecen de empleo y en este gobierno no les llegó un peso al bolsillo.
7. La supermayoría de los vaciados entienden que el billete solo les llegó a los que tienen empleo. Un ejemplo: la mesada 14 para los del magisterio (FECODE). ¿Y los demás, qué?
8. A lo anterior hay que agregarle que la diferencia de votos entre Gustavo Petro, que ganó la presidencia en el 2022 con 11.281.013 votos, y la de Iván Cepeda en la primera vuelta presidencial 2026 con 9.614.016 es un hueco grandecito: 1.666.957 votos.
Sin ánimos de aguarle la fiesta a quienes creen que Cepeda podría ganar la Presidencia, los números dicen otra cosa.
Aunque sus votos parecerían tener un techo, eso no es cierto. Tienen que sumar. La pelea por la presidencia es otro cuento. Nadie sabe cómo se va a comportar el elector, pues este es como el viento, cambia de parecer al momento de marcar el targetón.
Pero hay otro peligro mucho mayor que va en contra de Cepeda. Y son sus fans recalcitrantes que creen que todo lo demás les huele a podrido y ellos son los puros, los perfumados.

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