Armando Moreno Sandoval
Más de treinta años tuvo que espera Fiction in the Archives Pardon Tales and Their Tellers in Sixteenth Century France para que saliera, en la caratula y en español, el nombre Ficción en los archivos de la historiadora norteamericana Natalie Zemon Davis. Como se lee en el prólogo, este libro “cuando salió a la luz en 1987, su título resonaba polémico en medio de las discusiones y los dilemas que recorrían el campo de las humanidades”.Desafortunadamente este debate en la Universidad Nacional donde cursé mi pregrado en antropología en la década de los 80 del siglo XX no se dio. Siempre me he preguntado por qué. Más bien, en vez de aportes metodológicos y teóricos nuevos, lo que recibí fue una formación académica demasiada acartonada y apegada a los clásicos: Durkheim, Weber, Morgan, Malinowsky y, por supuesto, el infaltable Marx, entre otros. Hasta Mao se coló en la consabida libertad de cátedra.
El debate a que se refiere en el prólogo lo vine a descubrir muchos lustros después de una manera autodidacta. A veces la respuesta que me doy es que en estas tierras donde no se corren las fronteras del conocimiento lo que nos llega, si es que llegan, son coletazos del conocimiento demasiados tardíos.
Es por ello que muchos graduados en humanidades, ciencias humanas o sociales salen con su cartón debajo del brazo sin haber escuchado qué es eso del giro cultural, giro lingüístico, la historia cultural y los estudios culturales, ni hablar del debate que se dio si existían fronteras entre historia y literatura. Ahí caben también los estudios de género que, para algunos, tienen la convicción de que son el último grito de la moda.
A Zemon Davis la descubrí siendo aún estudiante cuando llegó a finales de la década de los 80 del siglo XX a las salas de cine en Bogotá El regreso de Martin Guerre. La película contó con la dirección de Daniel Vigne y la asesoría histórica de Zemon Davis. Su experiencia en el rodaje de la película la llevó a escribir posteriormente el libro para profundizar aspectos históricos que la película no contemplaba. Tanto el estreno de la película como la edición del libro fueron en el idioma francés y en el año de 1982.
Años después recorriendo las librerías de Barcelona (España) mis ojos se toparon con la traducción del libro, publicado por primera vez en español por la editorial J. M. Bosch en 1984. La manera de narrar la historia del Martin Guerre me dejó atrapado y desde ese entonces descubrí que existían otras normas y formas para narrar el pasado.
Como profesor en las pocas asignaturas que tuve la oportunidad de impartir en el programa de Historia de la Universidad del Tolima, siempre motivé a los estudiantes a que pensaran en cómo escribir historias más amenas y menos acartonadas. Que no fuesen rígidas. El reto era escribir para un público más amplio y heterogéneo y no para un grupúsculo de académicos que solo se leen y se elogian entre ellos. En ese intento me considero un fracasado. Los estudiantes tenían temor al cambio. Lo rechazaban sin saber de qué se trataba.
Ahora que gozo del tiempo para escudriñar qué de nuevo hay en la vida académica por fuera de estas tierras, me volvió a pasar lo mismo que con el libro El regreso de Martín Guerre. Sumergiéndome en Internet me tope con Ficción en los archivos. Me dije: carajos que es esto! Mi memoria no recordaba haber leído el título. En efecto, era algo nuevo para mí. No hubo mas remedio que hacerme a el. Y vaya que libro!
Ficción en los archivos analiza las cartas de remisión en la Francia del siglo XVI, documentos donde los acusados solicitaban perdón al Rey. Davis propone que estas cartas no son simples relatos judiciales, sino narrativas moldeadas por estrategias retóricas y elementos “ficcionales”. Por “ficcional” no entiende falsificación, sino el proceso creativo de dar forma a una historia para persuadir, aportar verosimilitud o incluso verdad moral. Este planteamiento desafía la idea de que la ficción es opuesta a la verdad histórica, mostrando cómo la narrativa influye en la construcción de memoria y justicia.
Aunque algunos reseñistas elogian la claridad con que Davis explica que la “ficción” no implica mentira, sino modelado narrativo, otros advierten que esta postura puede generar ambigüedad: ¿hasta qué punto la historiografía puede aceptar elementos ficcionales sin comprometer la objetividad? Enriquecido por el debate el libro se ha convertido en el ambiente académico anglosajon en referencia obligada para reflexionar sobre los límites entre historia y literatura, como también el riesgo de diluir la frontera entre verdad histórica y construcción narrativa.
En todo caso historiadores como Roger Chartier y Carlo Ginzburg han destacado la originalidad del enfoque Ficción en los archivos, ya que combina análisis histórico con teoría literaria. Consideran una aportación clave a la microhistoria y la historia cultural, por su capacidad para recuperar voces marginales y mostrar cómo los individuos negociaban poder y justicia mediante la escritura.
Reseñas en revistas como The American Historical Review y Annales elogian la manera en que Davis conecta historia social, retórica y estudios narrativos, abriendo camino para investigaciones sobre género, justicia y subjetividad en la Europa moderna.
Aunque otras reseñas sugieren que el método podría enriquecerse con análisis comparativos para validar su universalidad. Cierto es que en el mundo académico norteamericano y europeo el libro ya es considerado un clásico en estudios de historia cultural y retórica judicial, influyente en investigaciones sobre justicia, género y narrativas en la Europa moderna.
Como dije al comienzo hubo que esperar más de treinta años para que saliera a la luz en español. Aunque nunca es demasiado tarde para conocer lo nuevo viejo, toca esperar cómo los medios académicos de habla hispana recibe Ficción en los archivos de (Prometeo Editorial: 2024).
Aun sus páginas huelen a tinta fresca!





