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miércoles, junio 29, 2016

Milciades Garavito Wheeler: compositor prolífico

Armando Moreno Sandoval

Creador de la Rumba Criolla y autor de la Mariqutieña
Fresno (Tolima), julio 25 de 1901 - Bogotá, abril 23 de 1953

Ha llegado la hora que en el norte del Tolima, bien sea en el Fresno, Mariquita u Honda, erijan una estatua a uno de los más grandes compositores que ha dado Colombia y el Tolima: Milciades Garavito Wheeler.

Los datos biográficos sobre la familia Garavito es confusa. La mayoría de los escritos se reproducen sin aportar nada nuevo y, como si no bastara con lo anterior, también se contradicen.  Una corroboración a lo mencionado son los textos de Helio Fabio González Pacheco y la reseña  que se encuentra en el libro Músicos del Tolima Siglo XX editado por el escritor Carlos Orlando Pardo.

No obstante, de la familia de Milciades Garavito Wheeler se sabe que sus progenitores Milciades Garavito Sierra y doña Inés Wheeler vivieron en Fresno y Mariquita. En 1906 Garavito Sierra siendo personero en Mariquita es, junto con Carlos Arturo Hutchings —Superintendente de los trabajos del ferrocarril de La Dorada—, los gestores del actual ordenamiento urbano en Mariquita.

La otra familia Garavito Wheeler que vivió en Mariquita fueron Luis D. Garavito y su esposa Lila Wheeler, quienes en la década del 30 del siglo XX fundarían y dirigirían el Instituto Comercial ubicado en el barrio La Estación.

Milciades Garavito Wheeler
Milciades Garavito Wheeler nació en Fresno (Tolima) el 25 de julio de 1901. A los 19 años fue nombrado Director de La Banda de La Palma, (Cundinamarca). La agrupación más buscada, contratada y apetecida por la ejecución brillante de los aires más alegres de la época, como el bambuco y e1 pasillo.

En 1921 la familia Garavito, en cabeza de su padre,  se traslada a Honda con motivo de su nombramiento como Director de la Banda de esa municipalidad. En Honda conforman el Cuarteto de Los Garavito. Con el padre en el piano, Milciades en la flauta, Alfonso en el violín y Julio en el contrabajo al poco tiempo darían paso a la afamada, por ese entonces, Orquesta Garavito.

Milciades Garavito Wheeler fue un compositor prolífico. Con la Mariquiteña acuñó el ritmo  la Rumba Criolla quien fue su inventor. Estando la Rumba Criolla en su máximo esplendor, en 1934 se trasladan a Bogotá.

La Mariquiteña por un Acuerdo del concejo municipal de Mariquita —el 014 de 1997 de junio 16— le dieron estatus de himno.

Respecto al origen de la Mariquiteña cada quien quiere dar su versión generando alguna confusión. Aunque sus críticos musicales no señalan las fuentes de dónde provienen sus afirmaciones, existe, eso sí, la versión de Henry Patiño Pulido mucho más creíble que lo que dicen sus biógrafos de tinta y papel.

La Rumba Criolla la Mariquiteña tiene que ver con Demetrio Viana llamado algunas veces, a consecuencia de una inyección mal aplicada, “El Cojo” y en otras ocasiones “Chispa”, seguramente por su forma de ser y por tener una lengua versátil en apuntes y de buen humor. Tal fue la amistad de Demetrio con Milciades Garavito Wheeler  que en honor a ese afecto le compuso “Chispa”.

Los lectores se preguntaran a qué viene el nombre de Demetrio Viana. La
Facsímil de La Mariquiteña
historia es esta: “El Cojo” Viana le relató a Henry Patiño,  su amigo íntimo de tragos y parrandas que, por los años de 1964-1965, en una tarde de esas obscuras que se dan en Ibagué, tomando tinto en un café de los alrededores del parque Murillo Toro, el entonces diputado Patiño le preguntó al “Cojo” Viana si él sabía algo sobre el origen de la Mariquiteña.

Relata Henry Patiño que la amistad del “Cojo” Viana con Milciades Garavito era tal que, una noche de esas que presagian aguacero, Milciades le dijo al “Cojo”: acompáñame  a darle una serenata a mi “traga maluca”. Compraron el aguardiente llamado “tapetusa” y juntos caminaron a la morada de la “traga maluca”. El “Cojo” Viana no tenía idea de lo que momentos después habría de suceder.

La vía hacia Armero, en vez de la actual carretera, salía por los sitios de Pantanogrande y La Puerquera. Era un callejón bordeado a ambos lados por árboles de matarratón. Caminando bajo goterones y entre trago y trago llegaron a donde la “traga maluca” en La Puerquera.  Milciades Garavito, en medio de un torrencial aguacero y con los tragos ya subidos a la cabeza, y mientras sus dedos rasgaban las cuerdas de su guitarra  iba entonando los versos de la canción que dice así:

“Eres mi princesita linda Mariquiteña
con hermosos ojos y garboso andar,
resaltan tus gracias como si fuera limeña
y eres tan picante, ardiente cual rayo solar.

No podré dejar de quererte con ardor
tu no sabes cómo despierta mi pasión
y si tu no quieres mirarme con amor
tus divinos ojos serán mi perdición

Eres mi princesita linda… (bis)!

Mientras tanto, la muchacha, al ritmo de la Rumba Criolla iba abriendo lentamente una de las hojas de la ventana.

Así fue naciendo la Mariquiteña, diría Henry Patiño. Y agregándole otro dato, señaló:

—“Él estaba enamorado de la muchacha, y la inspiración fue esa misma noche”.

Dice Patiño  que así fue como se lo relató el “Cojo” Viana.

Milciades Garavito Wheeler murió el 23 de abril de 1953 en Bogotá. Un aniversario más de su muerte que pasó desapercibido y qué bueno sería no volver a olvidar.

miércoles, junio 01, 2016

El moribundo bosque del sabio José Celestino Mutis

Armando Moreno Sandoval

Transcurría el año de 1925 cuando la alcaldía de Mariquita tomó la iniciativa de adquirir las fincas Constanza y El Horizonte. El propósito preservar los nacimientos de las quebradas El Peñón y San Juan —el acueducto municipal dependía de esas quebradas—

Décadas después, el 19 de diciembre de 1960, el entonces Ministerio de Agricultura sacaría la resolución 1240, cuyo título “…reserva forestal protectora de las quebradas El Peñón y San Juan” pareciera que hubiese sido pensado para otros tiempos.

La resolución tenía como fin conservar las especies y proteger el territorio que a finales del siglo XVIII había tenido como laboratorio vivo en Mariquita (Tolima) el naturalista José Celestino Mutis. La intención terminaría siendo loable en el papel. Pues con el correr de los tiempos de las 637 hectáreas que habían sido demarcadas a punta de compas y regla, serían lentamente cercenadas hasta llegar a la cifra de 90 hectáreas.

José Orlando Velásquez
José Orlando Velásquez, autodidacta en Ciencias Naturales, y conocedor de lo que ha pasado con la reserva y lo que está pasando con el bosque, sin tapujos en la lengua, afirma que la tala de árboles, la invasión humana a causa de la violencia y los desplazamientos forzados, la pobreza, el deseo de tener rancho propio y los políticos que quieren obtener votos, han hecho del bosque una piñata con un costo muy alto para su sobrevivencia.

Quebradas como la Ínsula, Cristogalopes, La Figueroa, El Peñón y San Juan, que nacen dentro de la reserva, prácticamente son un recuerdo. Son hilillos que arrastran aguas muertas nauseabundas. El ave Corocola que buscaba caracoles y cangrejos no ha vuelto. La mojarra, la sardina, el jacho, el tuso y el cucho solo existen en los informes de antaño. Al igual que la fauna ictiológica también han desaparecido el oso hormiguero, el cuerpo espín, las culebras, las lagartijas, ranas y sapos; solo se resisten a desaparecer las hormigas y uno que otro pájaro que de vez en cuando le da por posarse en la copa de algún árbol también moribundo.

“El futuro del Bosque Húmedo Tropical (Bh-t) es incierto”, dice con su voz cansada el naturalista Velásquez. Y no es para menos. El mico tití y el mico de noche con sus gestos, expresiones y señales sonoras son cosas del ayer. El almendrón, el arrayán colorado y blanco, al igual que el gualanday, árboles nativos del bosque, están siendo derribados por el machete y el hacha del invasor

Pasiflora mariquitensis

Aunque los quebrantos de salud al naturalista Velásquez lo están alejando poco a poco del bosque, entre los  recuerdos más gratos como cazador de especies en extinción está la mañana del mes de abril de 2004 cuando científicos del Centro Interamericano  de Agricultura Tropical, que andaban haciendo estudios cromosomáticos de especies vegetales para elaborar una nueva taxonomía mundial, llegaban a Mariquita en busca de la Pasiflora mariquitensis.

Para los hombres de ciencia las referencias de la Pasiflora mariquitensis eran históricas. Se remontan a finales de septiembre de 1783 cuando un herbolario bajo las órdenes de Eloy Valenzuela se le apareció con un bejuco que sus ojos nunca antes había visto. En el Diario personal de Valenzuela se lee que la descripción que hizo del bejuco el 1 de octubre de 1783 fue un poco despectiva, pues se refirió como un “varejón reclinado en el suelo”.

Casi un año después, en septiembre de 1784, nuevos bejucos llegarían a las manos del sabio y naturalista José Celestino Mutis. La primera impresión que tuvo fue que se parecía a la “planta de caprafayle” que había conocido y estudiado años antes cuando había estado en las minas del Real del Sapo, cerca de Ibagué.

Mutis al estudiar cuidadosamente los bejucos que le había recogido su herbolario y, después de una confrontación minuciosa con los caracteres de las demás pasifloras que hasta entonces habían descrito, el 11 de octubre de 1784 llega a la conclusión de que se trataba de una nueva especie, la llamó Pasiflora mariquitensis.

La llegada de los botánicos y científicos, al naturalista empírico Velásquez  le llenó de alegría. Pues él, como muchos otros, había estado a la caza de la mariquitensis sin ningún éxito.

En primer lugar, porque la única referencia de su existencia eran los dibujos que había hecho Francisco Javier Matiz el 5 de octubre de 1784 y que solo fueron dados a conocer al público en 1955 cuando se publicó el tomo XXVII correspondiente a las pasiflora y begoniaceas. En segundo lugar, siendo la planta endógena de los alrededores de Mariquita, era muy posible que la tala desaforada de bosques la hubiesen llevado a su extinción. Por último, a diferencia de otras pasifloras cuyo fruto tienen nombre vulgar, como la badea o la gulupa, el fruto de la mariquitensis aún no tiene. Situación ésta que, seguramente, la llevó a ser vista como una maleza a desyerbar y sin ningún valor nutritivo para el consumo humano.

No obstante, ese abril de 2004 la suerte estaría a su lado. Después de varios días de exhaustiva búsqueda por los bosques que rodean las riberas del río Magdalena, desde Ambalema hasta Honda, y de rastrear el bosque de Mariquita y las vegas del río Gualí por fin se toparía con la Pasiflora mariquitensis.

Su redescubrimiento no fue del todo visto con buenos ojos. Entre consternación y alegría,  la mariquitensis era una especie en vía de extinción, solo habían hallado cuatro bejucos. No obstante, la ciencia y la tecnología están a favor de la Pasiflora mariquitensis. Sus cromosomas fueron conservados en los laboratorios del Centro Interamericano de Agricultura Tropical. Si algún día llegara a desaparecer estaría la posibilidad de una reproducción in vitro.

Existe la esperanza que algún día el fruto de la mariquitensis comparta vitrina en los supermercados y tiendas con otras frutas. Aún queda el reto de darle nombre vulgar al fruto que, por cosas de la vida, aún no tiene.

Meses después, el 6 de agosto de 2004, rayando el alba, el botánico Velásquez salió de su casa rumbo a la serranía de Lumbí. Caminando por la margen derecha de la quebrada Caimital tuvo la suerte de toparse con una flor blanca. Al observarla lelamente pudo percatarse que tenía un morado suave en su cáliz en forma de encaje. Sintió que su corazón se llenaba nuevamente de alegría. Había redescubierto, sin quererlo, dos ejemplares de la Pasiflora foetida que Mutis había descubierto en suelo mariquiteño en 1790, es decir, unos pocos meses antes de partir para Bogotá,  y que en Colombia se creía que había desaparecido porque nadie había vuelto hablar de ella.

Con semejante hallazgo tomó uno de los bejucos, lo desenterró y cargó con el desde la pata del cerro de Lumbí hasta el solar de su  casa, en el centro de Mariquita, donde lo trasplantó. Con tan mala suerte que al cabo de pocos días la planta moriría.

Cuando le preguntan por la Pasiflora foetida, recuerda que  está resguardada con otras 32 especies de foetidas. Cree él que, a lo mejor, los científicos colombianos que en ese entonces se ocupaban en clasificarlas taxonómicamente a través de la química y de la biología molecular se les haya ocurrido una reproducción in vitro y la tengan viva y florecida.

Bosque sin dolientes

El tiempo pasa y el bosque ya no tiene dolientes como ayer. El botánico Velásquez, Anita Machado y Esther Julia Cárdenas, quienes lucharon por su conservación por décadas, sus fuerzas con el paso de los años han empezado a  menguarse. Por ahora, no hay quién los reemplace.

Seguramente las generaciones del futuro tendrán que contentarse con el Herbario Fotográfico que compiló con paciencia el botánico Velásquez. Pero sí alguien quiere enterarse que en el siglo XX hubo un bosque en los alrededores de Mariquita tendrá que recurrir al archivo que celosamente conserva Esther Julia Cárdenas o las notas de auxilio que reseñaba Anita Machado en su periódico La Caldera del Diablo.

Así a lo mariquiteños  le retumbe todo a Mutis: plaza Mutis, escuela Mutis, panadería Mutis o parque Mutis, es una evocación de profunda hipocresía.

A las instituciones del gobierno nacional y las alcaldías municipales, el bosque les ha importado un bledo. Y qué mejor que el siglo XX como testigo de los vejámenes cometidos contra el bosque.

Bosque Municipal de Mariquita
La tradición oral recuerda que en la década del 70, un individuo chiquito y regordete con lentes de “culo” de botella llamado Alfredo Fernández, y por ese entonces personero, le da la primera estocada al bosque. A una fulana apodada María la Brava, el personero, en un gesto de gratitud por los favores prestados le concede el permiso de instalación de una caseta de baratijas al lado de una ceiba centenaria. El futuro del bosque empezaría a estar en entredicho. María la Brava se convertiría en una especie de matrona de los posteriores devastadores del bosque.

Se dice que como homenaje a tan semejante atentado ecológico, el tugurio en ciernes llevaría el apellido de su promotor: Barrio Fernández. Aunque años después sus pobladores fueron reubicados en la zona  plana del municipio, los mismos beneficiados venderían sus tugurios a otros necesitados, frustrándose así la preservación del bosque.

Con este ejemplo a seguir las invasiones proseguirían. La desgracia para el bosque no solo vendría de quienes viendo la oportunidad de hacerse a un pedazo de tierra lo tomaban, sino de la misma administración municipal.

En 1976 la alcaldía, con la venía del concejo y de los gamonales de la época, haría del bosque un botín político al otorgar permisos para  talar el bosque e instalar de nuevos tugurios.

No contento con lo hecho, la  mismísima alcaldía en el año de 1977 cede casi que la mitad de la reserva a una familia —304 hectáreas para ser exactos—, el pretexto impulsar una industria apícola. Ayer como hoy, la corrupción hace figurar cuatro hectáreas y tras esa triquiñuela administrativa, la familia vende y los terrenos cambian de dueño con sentido comercial.

Como sucede siempre en Colombia, que los gobernantes se creen dueño de lo público, en un acto carnavalesco y macondiano, el concejo municipal para no quedarse atrás, eleva a ejido la reserva forestal y de este modo legalizar su venta.

Si el gobierno municipal ha sido promotor de la destrucción del bosque, las iniciativas por parte del gobierno nacional han sido frustrantes. El embeleco de la II Expedición Botánica en 1983, patrocinada por el gobierno del expresidente Belisario Betancur, solo sirvió para remodelar una casa colonial que hoy día tiene una misión diferente al legado de Mutis.

Otro engaño ha sido la Ruta Mutis, se gastaron millones de pesos por camionadas y de eso solo queda vallas desteñidas.

Los canelos de Mutis

Hasta los esfuerzos individuales dejados desde los tiempos de Mutis también han sido en vano. Los 12 canelos que plantó  antes de partir para Bogotá, y que llegaron a vivir más de 100 años, de ellos no existe ningún vestigio.

Ricardo Galvis y el árbol de Canelo
Otro grupo de canelos que fueron plantados a comienzos del siglo XX por un tal Moisés Pacheco en 1934 fueron destruidos por el alcalde de la época. De no ser porque Ricardo Galvis a comienzos del siglo XX le pico el bicho de recoger cuanta semilla de canelo encontrara, la estirpe de los arbolitos de Mutis hubiese desaparecido.

De esas semillas de canelo que protegió Galvis, son las que don Francisco Ávila sembró en su casa. Y son de la misma estirpe que plantó Hernando, su hijo, en la Granja Municipal para conmemorar los 200 años de la muerte de Mutis, pero que las hormigas arrieras  arrasarían ante la mirada cómplice del alcalde de turno.

Ante tanta desidia y un pasado que se parece más a la sombra de la muerte, el forastero o transeúnte desprevenido que esté en el atrio del Señor de la Ermita, al mirar hacia el poniente podrá toparse con un cerro aun verde en forma de cono y un camino sinuoso que se estira bordeado de casuchas, casas a medio hacer, casaquintas, peladeros, motos, carros, ciclas o cualesquier transeúnte arrastrando un par de chancletas. Ese es el cerro de Santa Catalina coronado por una cruz y que la tradición oral lo llama  a secas el Bosque Municipal.

A pesar de que  la tradición cuenta que, por ese cerro que va de un relieve ondulado a uno  quebrado, y con una altitud que va de los 600 a 950 msnm caminó el naturalista José Celestino Mutis, quienes conocieron y anduvieron por el bosque  hace 40 años coinciden en afirmar que el frío y la obscuridad desaparecieron.

Esther Julia Cárdenas
El bosque de hoy día es desvencijado y caliente. La tala desaforada ha secado las quebradas y consigo la humedad de los suelos, acabando de un tajo con el hábitat del higuerón,  las piñuelas, el yarumo y los bejucos donde pende la Aristolochia mariquitensis

Pues al Museo viviente del sabio Mutis como lo llaman algunos, o, quienes dicen que es un Patrimonio Cultural, Histórico y Ambiental, seguramente, si no se hace algo, en un futuro no muy lejano solo se hablará del Bosque Municipal a través del recuerdo de quienes fueron sus dolientes y custodios más cercanos: José Orlando Velásquez, Anita Machado y Esther Julia Cárdenas.

A pesar de que el bosque tiene camionadas de investigaciones e informes, la realidad es que el bosque se está muriendo. Solo se salva si lo dejan quieto y sacan al ser humano de sus predios.

miércoles, mayo 11, 2016

La Plaza Mayor de Mariquita

Armando Moreno Sandoval

En Mariquita coinciden en afirmar que fue en la administración de Juan Carlos Acero (2008-2011) que se consiguieron los recursos para remodelar la Plaza Mayor, hoy Plaza de Armas José Celestino Mutis y que nadie sabe cuáles fueron las razones para cambiarle de nombre.

No obstante, fue necesario que funcionarios del Ministerio de Cultura vinieran a Mariquita, hicieran reuniones con la comunidad y les preguntaran cómo querían que  quedara su Plaza Mayor.

Plaza Mayor de Mariquita. Iglesia San Sebastián
Y así fue, que, después de varias reuniones y con los apuntes que hicieron en sus libretas, y después de varios meses de trabajo en Bogotá, llegarían con una maqueta cuyo diseño gustó a unos y disgustó a otros. La maqueta fue socializada y con el correr del tiempo y sin ninguna objeción el diseño fue aceptado.

Con más de 1.000 millones de pesos guardados en alguna cuenta oficial solo faltaba que llegaran los obreros, las volquetas, los taladros, las palas, las picas y cuanta herramienta se necesitara para que arrancara la obra.

Los rumores sobre el inicio de la obra iban y venían. La población estaba contenta y dichosa, pues por fin le iban a dar una nueva cara a la entonces Plaza Mayor, y que años atrás había sido un muladar hediendo adornada por la caca de mariquiteños, forasteros y transeúntes.

El exalcalde Bohórquez

Como en Colombia la gestión de lo público es lento y engorroso, tocó esperar hasta el último año de la alcaldía de Álvaro Bohórquez para ver las primeras volquetas atravesar la Plaza Mayor.

El ruido de volquetas, cargadores y motoniveladoras presagiaba que la obra estaría terminada en un dos por tres, como dicen los colombianos cuando tienen afán y quieren que una obra se termine así sea a las patadas.

El hoy exalcalde Bohórquez con su caminar campechano se frotaba las manos y con una sonrisa de oreja a oreja mandó a colgar un pendón en el mismísimo ventanal del despacho de la alcaldía. Quería demostrarle a sus contradictores, principalmente al periodista Iván Vega, que con él las cosas no era echando paja, sino haciendo. Quería callarles la boca a sus críticos, a quienes decían que su gestión había sido de una ineptitud e incapacidad descomunal.

Plaza Mayor, un día domingo
Lo escrito en el pendón tendría un efecto bumerán. En las calles se comentaba que ese no era el lenguaje que debía utilizar un alcalde. Si la oposición, o sus enemigos como él los llamaba, se habían equivocado en las críticas, esa no era la manera de responderles.  

Pasaron los días y el ruido de las volquetas y excavadoras seguían con su ritmo veloz y desaforado. Cuanto antes había que terminar la obra, o, si por cosas del destino no se podía entregar, por lo menos que estuviese bien avanzada pues había un motivo mayor: se avecinaba las elecciones del 25 de octubre. Había que ganarlas fuera como fuera, necesitaba tener un fortín político, pues, el exalcalde Bohórquez se distanciaba políticamente del representante a la cámara Jaime Yepes.

Hecho el divorcio con el representante Yepes, y al quedarse solo ladrándole a la luna se ve en la obligación de apoyar a Juan Carlos Castaño, y que en círculos cerrados y en palabras de él lo llama el “candidato prestado”.

No confiando en el triunfo del “candidato prestado” lo único que le quedaba para mostrar en el futuro era la nueva cara de la Plaza Mayor.

Arqueología preventiva

Mientras tanto el rumor se apodera de las calles dando cuenta de las mil versiones que se tiene sobre la obra. El ruido del parque automotor y los gritos de los trabajadores se escuchan sin cesar. No obstante los  mariquiteños desconocían la existencia de una ley que ordena que cuando se hacen obras civiles, el Estado, y si ello lo amerita, debe hacerse arqueología preventiva y que por principio debe hacerse antes de emprender la obra.

Preocupados los ingenieros corren a la Universidad del Tolima y preguntan quién puede ayudarles. Se les olvida que en Colombia quienes hacen arqueología son los antropólogos, y que en Mariquita uno está muerto y el otro vivo, y terminan contratando a Daniel Ramírez, un Magister en Conflicto, Territorio y Cultura.

Contratado por los ingenieros de la obra y pagado con dineros del proyecto, y tras unos días de espera, el señor Ramírez llega a la Plaza de Mariquita. Entre el 20 y 28 de septiembre de 2015 los transeúntes ven trabajadores ajenos a la obra. Los ven con el rabo levantado sacando tierra de unos huecos que llaman pozos de sondeos. Los ven recogiendo pedazos  de vidrios, de botellas, y de tejas, etc, etc, y que en el lenguaje de la gente llaman chucherías pero que, para el  arqueólogo, seguramente son muy importantes.

Pero lo que los mariquiteños y los ingenieros encargados de la obra  no saben es que el encargado de llevar a cabo la arqueología preventiva, mientras recoge los vestigios materiales, puede paralizar la obra. Y así sucedió.

Plaza con toldos
Las volquetas, las retros y excavadoras se silencian. Los obreros no vuelven a la obra. La Plaza Mayor se torna en un cementerio, las campanas de la iglesia San Sebastián dejan de tañer, y la voz del párroco de vez en cuando se escucha. Solo los funcionarios de la alcaldía de cuando en cuando salen y miran. Atónitos se preguntan qué ha pasado.

Cuando la gente se pregunta qué pasa, la respuesta de los medios entendidos en el asunto es simple: están esperando la respuesta del Instituto Colombiano de Antropología e Historia, conocido como el Icanh.

Aunque vieron al señor Ramírez hablando con transeúntes de la Plaza, nadie sabe qué escribió en el informe que envió al Icanh. Algunos afirman que ese informe que tenía que haberse socializado con la comunidad es pasado de agache; y que solo el Icanh y los ingenieros saben qué fue lo que  encontró y qué fue lo que escribió. En todo caso, la socialización con la comunidad no se dio.

Los meses pasan y la gente entretanto comienza hacerle rotos al enmallado verde que bordea los cuatro costados de la Plaza. Miran hacia adentro y ven que está hecha un revoltijo, la han patasarribiado. Lo único que ven es la frondosa ceiba y el obelisco hecho con las piedras de la casa donde murió Gonzalo Jiménez de Quesada.

La sabiduría popular comienza a murmurar que la obra se paralizó porque los responsables de la obra, comenzado por el exalcalde, posiblemente se guardaron las morrocotas de oro halladas en una excavación.

Lo que no sabían los mariquiteños y los ingenieros encargados de la obra era que el arqueólogo podía alargar el “chico” de las excavaciones. Pues tiene la potestad de sugerir al ente que valora el informe —en este caso la sección de arqueología del Icanh—, una excavación más exhaustiva que llaman de salvamento.

Informes aislados y parcializados

Algunos insisten que la escritura de esos informes debería  haber salido de un consenso con la comunidad, tal como hoy en día sugiere algunas corrientes de las Ciencias Sociales como la Antropología Dialógica, que pone en entredicho el escrito y la voz de quien se aboga el derecho de representar la comunidad.

Lo más grave de los informes consiste de que se escribieron sin tener en cuenta el conocimiento que sobre la Plaza tiene la tradición oral y la “sabiduría” popular; es decir pasó de agache las observaciones de la comunidad.

Tras más de seis meses de parálisis de la obra —desde septiembre de 2015 a abril de 2016— y con la “malicia indígena” que caracteriza a nuestro pueblo, varias preocupaciones han comenzado a surgir. Que si el retraso de la obra implica replantear el presupuesto inicial, y si ello es así, quién lo va a pagar: el Ministerio de Cultura, el municipio de Mariquita, la Gobernación del Tolima, el gobierno del presidente Santos, o quién.

Otra preocupación es sobre el diseño original. Pues una excavación como la gente cree que van a hacer implicaría cambiar el diseño original. Lo que le choca a la gente es que sería una decisión unilateral pues el diseño con que arrancó la obra fue de consenso con la comunidad, por tanto, sería un exabrupto desconocerla.

La obra está paralizada y, hasta el día de hoy, ni el exalcalde Bohórquez, ni el encargado de la obra, ni el que hizo los pozos de sondeo han tenido la entereza de informarle a la comunidad qué fue lo que pasó con la Plaza Mayor. Mucho menos el interventor.

Los concejales que son los representantes de la comunidad no han dicho ni pío. El concejal Carlos Julio Díaz ha dicho con cara de bravo que él si va a actuar. Amparado en la Constitución dice que enviará un derecho de petición a las personas y entidades que, hasta al momento, han hecho mutis de lo que está sucediendo con la Plaza Mayor. Esperemos que pasen los días y que demuestre de  lo que es capaz.

Los mariquiteños creen que a la Plaza Mayor le podrá pasar lo mismo que al Panóptico de Ibagué, pues desde que el entonces presidente Andrés Pastrana  avaló y dio los recursos aun las obras no se han podido terminar. Eso fue en el siglo XX.

En Mariquita, preocupados de que se convierta en un segundo Panóptico, hay quienes señalan como el responsable del atraso de las obras al señor Daniel Ramírez; pues creen que la demora está asociada a los informes que presentó ante el Icanh; pero lo que más les preocupa es que no saben qué hizo, qué encontró y qué escribió.


Ahora la gente tiene guardadas las esperanzas en su nuevo alcalde: el señor Alejandro Galindo. Esperemos…

sábado, octubre 10, 2015

María Isabel Rubio Trujillo, la "Chava" Rubio Caracol Radio. Mariquita (Tolima) Junio 8 de 1915 - Bogotá, Mayo 23 de 1995

viernes, agosto 28, 2015

Nicolás Tanco Armero y el "El equipaje amarillo" de la escritora cubana Marta Rojas

Armando Moreno Sandoval

De nuevo, la novela "El equipaje Amarillo" de la escritora cubana Marta Rojas, ha sido publicada en mandarín. Es su cuarta edición. La novela gira alrededor de Nicolás Tanco Armero. Un colombiano con raíces tolimenses hondanas, quien, a sus 21 años viaja a Cuba después de pagar tres meses de condena en una cárcel bogotana. Por supuesto, que son los tiempos del Nuevo Reino de Granada.

Tras una estadía de tres años en la isla —desde el 6 de enero de 1852 hasta el 25 de febrero de 1855— Tanco Armero sale para Europa para luego embarcarse a la China. Viaja como agente comercial con el único propósito de importar chinos como esclavos y, así, suplir la recién liberada mano de obra esclava africana en las plantaciones de azúcar y café.

Si los chinos acaban de hacer otra edición, pienso que, Marta Rojas, se ha ganado un sitial en la Ciudad Prohibida junto a su primo y hondano Félix Manuel Tanco y Bosmeniel, Zheng He, Brunilda, el sabio señor Lu, María Cristina Luango, Rosa Laguna, Fan Ni y Carlos Ascona, personajes estos que recorren casi las 300 páginas de su novela.

Orquestar voces con sus respectivas mentalidades es lo que hace que Marta Rojas, a mi entender, atrape al lector desde el comienzo. Pues dichas mentalidades no solo están atrapadas en su propio tiempo histórico sino, que, también lo están en su propio tiempo antropológico.

Estos dos tiempos es lo que hace que la novela sea a la vez un palimpsesto y caleidoscopio de culturas que dialogan desde su propia mentalidad o a lo largo de sus singulares tiempos históricos. Es el retrato que hace magistralmente de Nicolás Tanco, pues, a través de él, apreciamos una mentalidad que en algunas pasajes de su vida se vuelve comprensivo, huraño e impositivo hacia el otro. Aunque el personaje cobra relevancia a lo largo de la novela por su posición y oficio dentro de la sociedad de la época, una voz subalterna, como la de su sirviente chino Fan Ni, emerge con fuerza generando un equilibro intercultural.

Es más, lo que se percibe también es un dialogo intercultural representado a través de estos dos personajes.


El Equipaje Amarillo en mandarín
Dialogo y equilibro intercultural que es complementado, aunque con poca fuerza, con otras expresiones culturales como las que recrean el mito del Moján, el hechizo, los tambores y las flautas. Que en otras palabras no es más que la expresión y el aporte de las culturas caribeñas y africanas al palimpsesto y caleidoscopio que señale pero que, al final de cuentas, son estas culturas las que terminan tomando relevancia.

Si el lector es acucioso, no es la cultura de Nicolás Tanco la que se impone (blanca, educada, de comportamientos refinados, de buenas maneras en la mesa y en el vestir, etc.), pues, su cultura prácticamente termina en el exilio y en una pequeña nota de periódico que, por cosas del azar, es rescatado del olvido. Sin lugar a dudas son las culturas subalternas (sobre todo la africana negra, y en menor proporción la china) las que terminan imponiéndose.

Pienso que esa voz en tercera persona que recorre toda la novela organizando las vidas y los diálogos de los personajes, al hacer mención del testimonio de Carlos Ascona, el hijo de Fan Ni con Rosa Laguna, nos dice que ese encuentro intercultural es la síntesis antropológica de lo que construyó la sociedad cubana desde mediados del siglo XIX hasta lo que va del siglo XXI. Pues lo que expresan esos personajes más que un choque es un dialogo de culturas que, por supuesto, terminó pariendo novísimos tiempos históricos y antropológicos.


Y todo por un colombiano que prefirió empacar maletas y huir de una sociedad que lo tenía harto y fastidiado.

Orígenes de la Constitución de Mariquita de 1815

Armando Moreno Sandoval


Las efemérides de la Constitución de la Provincia de Mariquita de 1815 han generado simpatías y polémicas. Algunos se han preguntado si vale hacer tanta alharaca por algo que pasó hace 200 años. Por mi parte, me quiero sumar a la polémica, pues, al fin al cabo, lo hermoso de vivir esta vida es pensar diferente sin caer en la bellaquería de callar al otro con la bala, la diatriba y el odio.

Celebrar efemérides con caminatas, discursos, placas, ofrendas florales y lechona es sano y no tiene nada de malo. La cuestión es preguntarnos si nos dice algo; si tiene algún significado.

El significado, palabreja que ha tomado desde el último cuarto del siglo XX demasiada importancia en las Ciencias Humanas con el surgimiento de la filosofía postmoderna, ha hecho de la Historia una narrativa con múltiples interpretaciones. Esto nos lleva por una camino bastante lleno de espinas y trampas, y es el de preguntarnos si el pasado que queremos representar es el más indicado.

Filósofos como Gianni Vattimo creen que es imposible dar cuenta del pasado, pues, el pasado es una construcción que se hace desde el presente. Si la Historia es como nos lo dice Vattimo, el mensaje que nos está dando es que el pasado como algo acabado no existe. Por tanto, lo que se tiene que hacer es crear nuevas Historias.

Las efemérides de la Constitución de la Provincia de Mariquita como la están celebrando están dejando, a mi parecer, un vacío demasiado grande, pues, está huérfana de significado.

Un ejercicio para comprender la Constitución de 1815 es acercarnos al pensamiento de quienes la motivaron y por qué José León Armero es referenciado como el individuo que lideró la rebelión contra el centralismo gobernante de la época.

Los orígenes de la Constitución de 1815 datan desde el año de 1812 cuando el cabildo de Ibagué les propone a los demás cabildos de la Provincia de Mariquita la independencia absoluta del Gobierno de Cundinamarca. La idea fue aplaudida, pero el juego del poder y la diplomacia de la época hicieron fracasar la intentona separatista.

Dos años después, los cabildos de Espinal y de Ibagué, retomarían de nuevo la propuesta de Independencia. Esta vez se la plantean a Armero quien aprovechándose de las desavenencias entre el Gobernador de Cundinamarca (le decían Dictador) y el Congreso de las Provincias Unidas de la Nueva Granada, propone convocar unas elecciones para formar una Convención Electoral de la Provincia de Mariquita, con el fin único de decidir si seguían anexados a Cundinamarca o formar un Estado Independiente.

La Convención, con todos los cabildos de la Provincia de Mariquita, se llevó a cabo un 20 de diciembre de 1814 en Honda. Dos días después la Convención declaraba que la Provincia de Mariquita era independiente de España, de Cundinamarca o de cualquier otro gobierno que no fuera elegido y legitimado por los pueblos. Ese mismo día, José León Armero, era nombrado como gobernador interino del recién creado Estado Independiente.

En el bando, que ese mismo día fue leído y publicado, se lee explícitamente: “declarar el día veinte y dos del corriente, que la Provincia de Mariquita en adelante era un Estado libre e Independiente de la República de Cundinamarca, y como tal no reconocía sobre la tierra otra autoridad que la del Pueblo legal representado”.

El bando y el entrecomillado citado desgraciadamente han pasado desapercibidos en las efemérides a la Constitución de 1815. El bando del 22 de diciembre de 1814, y lo que dice, es mucho más significativo que la firma del 21 de junio de 1815 de todos los Diputados y el acto de promulgación del 4 de agosto del mismo año. Pues ese acto es el que da origen a posteriori a la Constitución de 1815.

Lo que interesa del acto del 22 de diciembre de 1814 es que ese hecho de rebelión contra la autoridad hegemónica sigue gravitando en los pueblos 200 años después. El referéndum en el municipio de Piedras (Tolima) contra la empresa minera Anglogold Ashanti, o, en el 2004 cuando varios municipios del Norte del Tolima pedían un referendo para anexarse a Caldas por el abandono que los tenía sometido el gobierno central del Departamento del Tolima, son ejemplos de cómo las voces subalternas cuando deciden construir nuevas alternativas de representación no hay quien las detenga.

Las voces y las ideas de quienes hicieron posible la independencia de la Provincia de Mariquita han sido invisibilizadas. José León Armero y los cabildantes de la época subvirtieron el poder hegemónico de la época. Algunos de ellos, empezando por el mismo Armero, que en marzo de 1815 hizo fusilar pública y solemnemente el retrato del rey Fernando VII, pagarían con la vida su acto de rebelión.

Aunque alguna voz hegemónica podría pensar que rebelarse no vale la pena, lo cierto, es que estos hechos hicieron posible la República de Colombia.

Un amigo al enterarse por mi boca cómo fueron los orígenes de la Constitución de 1815 me preguntó: ¿entonces, qué es lo que han estado celebrando?

jueves, marzo 05, 2015

José León Armero y la Constitución de Mariquita

Armando Moreno Sandoval

El norte del Tolima este 2015 está de efemérides con José León Armero, un prócer de la independencia nacido en Mariquita en 1775. A él se le debe la Constitución que fue promulgada el 4 de agosto de 1815.

León Armero fue un hombre que encarnó ideas antimonárquicas y antiesclavistas, siendo él mismo dueño de esclavos. Solo estas dos ideas son suficientes para que el norte del Tolima dé a conocer, además de la Constitución de Mariquita, su obra y su vida.

Pero más allá de estos encuentros que suelen ser académicos es necesario rendirle un homenaje que quede para la posteridad. Es necesario que su legado sea recordado permanentemente. Porque es muy posible que pasado el Bicentenario de la Constitución de 1815 ya nadie se vuelva a recordar y que solo haya sido un ladrar a la luna.

Y lo digo porque hace varios años cuando reorganizaron los centros educativos la tradicional escuela Carlota Armero fue borrada de un plumazo anexándola al colegio Santa
Ana. Cuando lo ideal debería haber sido dejar el nombre de Carlota Armero, como un legado a las generaciones venideras del papel que esta mujer desempeñó en los años de la Independencia.

Y el pasado no engaña. Igualmente pasó con la llamada Plaza Armero, llamada así como un homenaje a José León Armero, pero que, en años pasados, su nombre fue sustituido por el de Parque el Carmen.

Si las autoridades municipales —llámense Concejo, Alcaldía— u organizaciones civiles como el Centro de Historia o los centros educativos quieren en verdad rendirle un homenaje a León Armero, deben promover un Acuerdo para que le sea restituido al susodicho terreno su verdadero nombre: el de Plaza Armero.

Pienso que hay motivos suficientes para rescatar la Plaza Armero. En primer lugar, Colombia a raíz de la Constitución de 1991 se convirtió en un país laico. Ello quiere decir que todas las religiones e iglesias están en igualdad ante el Estado. Por lo tanto el Parque el Carmen con una virgen en el centro del mismo y de espaldas a la Iglesia Adventista va en contravía de lo que significa un Estado laico.

A la virgen del Carmen no hay necesidad de bajarla a mazazos, ni más faltaba. Simplemente es removerla y ponerla sobre un pedestal en el atrio del templo del Carmen. Y además, porque según dice la  tradición oral y la voz de Carlos “Tita” Hernández,  debajo de la mole de cemento en que está la virgen, hay una “pila” y bien vale el esfuerzo de rescatar ese  legado histórico.

Rescatar el nombre de Plaza de Armero y la “pila”, si es que existe, sería un aporte al legado y a la tradición de Mariquita. Porque a decir verdad su legado y su tradición solo existe en el imaginario de sus habitantes. Tan así que no ha sido ni rescatado, ni estudiado, ni comprendido. Un ejemplo es lo que se vive cada 28 de agosto. Una efeméride de corte moderna donde sus habitantes celebran su fundación como una feria cualquiera.

No solo es Mariquita el municipio que debe rescatar a este prócer de la Independencia, está Honda. Pues fue en Honda, en el Palacio de Gobierno, donde sancionó la Constitución de 1815. Y fue en la mismísima Honda, un 12 de diciembre de 1816, después de imputarle varios cargos, como, entre otros, de haber mandado a fusilar a nueve españoles y de haber ordenado quemar el retrato del rey de España, que lo ahorcan y lo decapitan en presencia de amigos y familiares. Y como escarnio, en la mitad de la Plaza del Alto del Rosario, su cabeza expuesta en una jaula de hierro.

Mariquita y Honda han estado en deuda con José León Armero. En 1930 los habitantes de San Lorenzo, con las autoridades municipales a la cabeza, resuelven cambiarle el nombre a su municipio por el de Armero. Muy contrario a lo que hicieron los mariquiteños con la Plaza Armero. En vez de perdurarla prefirieron borrarla de un tajo, optando por la mojigatería hidalga y confesional colonial heredada de los españoles.

Muchas décadas después,  la catástrofe sobre Armero ocasionada por el volcán Arenas del nevado del Ruiz en 1985 no logró borrar su nombre. Siguiendo el legado y la tradición, los habitantes de Armero-Guayabal, con el Concejo Municipal y el Alcalde a la cabeza, sancionan el Acuerdo 004 de 2013, que da origen a la “Condecoración José León Armero”. Condecoración que debe ser impuesta a personajes que marquen una profunda huella en el desarrollo de los pueblos, principalmente en los sectores de la educación, ciencia, tecnología, deporte, desarrollo socioeconómico y democracia.

Concejales como Esneda Bonilla Garibello que tuvo la iniciativa y alcaldes como Mauricio Cuéllar Arias, y por supuesto el Concejo del municipio, merecen un aplauso histórico. Por lo menos no tuvieron que esperar efeméride alguna para honrar la memoria de José León Armero Racines. Sino que, simplemente, para homenajearlo solo tuvieron en cuenta la herencia de la tradición y el legado.