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jueves, diciembre 19, 2019

Un enano con barbera

Armando Moreno Sandoval
twitter: @amoreno_s
M
ariquita se ha vuelto tan imprevisible en la gobernabilidad que es lo más parecido a un enano repartiendo barbera en un ascensor.
Entrar a evaluar la gestión del casi exalcalde Alejandro Galindo no tiene sentido. Solo basta decir que fueron 4 años que el municipio de Mariquita se devaluó, 4 años perdidos. Pero pensar que el desmadre solo fue culpa del alcalde Galindo tampoco. Con la crisis de gobernabilidad que se presentó se descubrió también que a los mariqueteños poco les importó lo que estaba aconteciendo.
Fue tal la desfachatez de los mariqueteños que la pereza mental los doblegó. Pocos fueron los que se preguntaron qué estaba pasando. Dejaron el municipio al garete. Todos se quedaron de brazos cruzados amasando la idea que el tiempo lo arreglaría todo. Y, efectivamente eso fue lo que pasó.
Una prueba contundente de lo que señalo fueron los innumerables candidatos a la alcaldía y al concejo que surgieron en las elecciones del 27 de octubre de 2019. Que se sepa a nadie de ellos se les vio ejerciendo de líderes sociales para enfrentar los innumerables problemas que se estaban (y que se están) tragando a Mariquita.
Hay que dejar en claro que el único municipio del norte del Tolima que se estancó fue Mariquita.
Basuras, casetas, parqueos indebidos
Decreció en todo. No obstante, como siempre, todos los alcaldes creen que una gran gestión es echarles cemento a unas cuantas calles o solucionarle el desempleo a alguien.
La verdad es que Mariquita como pueblo carece de tejido social. Se ve en el desprecio por ser ciudadanos. Importándoles un bledo la norma es normal ver cómo el habitante se ensaña con el pueblo para hacer de el un pésimo vividero. Comportamientos como botar caca humana en bolsas plásticas en las calles es un buen ejemplo para entender que es eso del desprecio. La gente le chifla a la luna con tal de que la bolsa con excrementos no le llegue al frente de su casa.
Amén de la mierda de perro que se pasea por las calles entre las suelas de los zapatos de la gente encopetada. O de la coreografía que hace mi amigo Orlando Velásquez, que casi parapléjico, arrastrándose a gatas todas las mañanas le tocar recoger los bollos de los perros del vecino.
Invasión de espacio público
Ni hablar de las basuras por doquier. No es que las escobitas de Espumas no hagan la limpieza de las calles. La gente sin ningún empacho las ha convertido en un muladar permanente. Un ejemplo es la carrera 4 transformada en un basurero donde los mendigos junto a los chulos pelean las sobras de las basuras. Amén de los kotex, el papel higiénico cagado, las tripas de gallina, la mierda de cerdo, la cascara de banano o la caja de dientes abandonadas que sonríen al transeúnte. Y éste como si nada mastica la empanada en medio de olores nauseabundos. Fuuuú!
Ohhhh! qué decir de los cinturones de miseria que rodean al pueblo, sin que ningún alcalde (hasta ahora) haya pensado en cómo devolverles la dignidad de vivir con decoro. La cuestión es pensar en la niñez, el futuro de la sociedad.
Lo otro es que el pueblo se ha convertido en una gran cantina a cielo abierto. Todos se quejan y farfullan, pero nadie, empezando por la mismísima administración municipal, se toma la molestia de aplicar las normas de convivencia ciudadana.
El precepto del filósofo Kant de la mayoría de edad heredado del siglo XVIII, base de toda la filosofía liberal y del Estado de Derecho, de que la libertad del individuo termina cuando se vulnera la del otro, parece no tener cabida en Mariquita. Contrasta Mariquita con la convivencia que se respira con los pueblos de colonización antioqueña, los llanos orientales o los del macizo colombiano. Pareciera que los habitantes calentanos mariquiteños fueran amigos de la bullaranga, el desorden, el caos y el despelote.
Como si lo dicho no fuera suficiente para salir corriendo, hay quienes señalan que la alcaldía de Alejandro Galindo fue una bendición de Dios. Afirman que gracias a sus líos judiciales y personales el elector por fin despertó. Jajajajá! Una quimera engaña bobos.
Las estadísticas poco mienten. Una mirada a los votos del 27 de octubre para alcalde se deduce que lo que hubo fue un descalabro electoral. El aburrimiento por el pasado reciente llevo al elector a renegar de la democracia. La mayoría de los candidatos sacaron una votación pírrica.
Un ejemplo es el caso de Carlos Julio Díaz que, tras casi 20 años como concejal, y de haber recogido más de 11 mil firmas, pasó aullando los 500 votos.
Ni hablar de Álvaro Bohórquez que después haber obtenido más de 8 mil votos en las elecciones del 2012, más del 50% de los electores le dieron la espalda.
De Juan Carlos Castaño se puede decir que ganó perdiendo votos. No superó la votación de las elecciones pasadas. La operación avispa lo favoreció.
Quienes afirman que el gran triunfador de las elecciones fue Oscar Javier Segura están equivocados. El elector hastiado optó por votar en contra de, y lo hicieron porque no creían ni en Carlos Julio Díaz, ni en Juan Carlos Castaño, ni en Álvaro Bohórquez.
Tras 4 años perdidos algunos tienen una sonrisa de oreja a oreja. Añoran unas nuevas elecciones. No hay derecho que quienes perdieron la alcaldía en las urnas la quieran ganar en las barandas judiciales. Al alcalde Juan Carlos Castaño los perdedores (o el perdedor) ya le clavaron una demanda. Si ésta prospera Mariquita será un infierno.
A pesar de que el alcalde Castaño ha salido a aclarar y a explicar su situación jurídica, sus enemigos políticos lo ven como un tramposo.
Virgulilla. Algunos están criticando que el alcalde Castaño ya empezó a rodearse mal. Lo dicen por algunas caras que llamó para el empalme. Si prometió cambio no le de miedo, rodéese de caras nuevas que no hayan pelechado de administraciones anteriores.

Corruptos y ladrones

Armando Moreno Sandoval

E
n Colombia el Estado se ha vuelto un botín. Es el instrumento enmarañado de un concurso de intereses particulares que adulteran el sentido de lo público. La política ya no es la solidaridad, sino la complicidad. La adhesión de la gente ya no es a un partido, a una bandera, a una ideología, ni siquiera a un caudillo o a un movimiento, sino a una componenda, transacción, cuyos beneficiarios son los que quieren asaltar el poder.
Estas ideas no son mías, fueron del político e intelectual conservador Álvaro Gómez Hurtado y están en la biografía: Álvaro. Su vida y su siglo de Juan Esteban Constaín.
La desgracia de los pueblos es que el día de las elecciones algunos electores votan por el maleante, por el corrupto, por el descompuesto, por el inepto.  Así no se puede. Para qué elecciones?

Ha sido tan grande la equivocación al votar que un ejercicio simple y llano es preguntarse qué hicieron quienes hace cuatro años, o más, recogieron votos vendiendo ilusiones, prometiendo el cielo y la tierra.

El próximo 31 de octubre se elegirá concejo y alcaldía.
Siguiendo a Álvaro Gómez Hurtado, en Mariquita, desde un tiempo para acá, y lo dice la gente, ha sido tanta la desfachatez y la sinvergüencería que, desde que se instauró el voto popular, lo único que ha pasado por el Edificio del Mangostino, ha sido puro matoneo al erario público. Embelecos de administraciones.
Vasta consultar las bases de datos de las entidades del gobierno para darnos cuenta que en Mariquita no existen calles decentes, sino trochas, cantinas, bullaranga, desidia, ruidos, basura, olores fétidos, chulos con hambre, gente sin esperanza que deambula por las calles como zombis. Un hospital público a medias e inconcluso donde el usuario y el empleado se hacen los de la vista gorda ante un servicio de muerte. En fin, un municipio que se caracteriza por pelear los últimos lugares en salud, educación, infraestructura vial y otras necesidades insatisfechas, amén de la corrupción.

La estulticia de la gente se ha vuelto tan extrema que han olvidado que en los últimos 25 años los excaldes, en su mayoría, han salido derechito para la cárcel. Algunos le maman gallo a la cárcel. Otros se hacen nombrar en las mismas instituciones del Estado para burlar la justicia. Otros están en un peregrinaje permanente en las salas de los juzgados y contralorías.

Ni hablar de los concejales, ni de los aspirantes. Pueda que se salve alguno. Mejor callar. La desfachatez es total. A un aspirante al concejo, le pregunté cuál era el candidato a la alcaldía de su corazón. Prefirió guardar un silencio parecido a la estupidez. Tembloroso y sudando dio a entender que no había con quién. Sintió pena.

Preguntar en qué ha cambiado Mariquita es como hacer un chiste macabro. Igual al chiste que dice que si uno dura una semana para ir a Mariquita encuentra que todo ha cambiado pero que, si regresa a los 4, 8 o 20 años o más, todo sigue igual.  La misma novela de siempre: trata de blancas, violaciones de todo tipo, narcotráfico, balaceras, ruidos, cantinazos, secuestro, sicariato, ladronismo y todas las plagas malditas que la tierra ha parido.

Volviendo a Álvaro Gómez Hurtado, los municipios seguirán por las mismas si el elector acolita al inútil y eligiendo a los mismos. Si se elige gente de baja calaña, maleantes, golfos, rufianes, trúhanes o mangantes, lo cierto es, que con esta clase de gente, será un atentado a la razón, a la civilidad, al decoro.

Si la podredumbre se elige, la política seguirá presa de los corruptos y ladrones de cuello blanco y perfumado. La herencia politiquera del pasado seguirá vivita. Sus clones, estarán ahí.

Agosto, 17 de 2019

Elecciones entre el cansancio y el hastío

Armando Moreno Sandoval

S
i hay algo que está generando cansancio, hastío, son las elecciones del próximo 27 de octubre. Aspirantes a alcaldes asesinados, independiente de su manera de pensar, empañan la democracia. Asquiento que suceda.

Otra cosa es el malestar que le genera los malos gobernantes a la democracia. En Mariquita, después de más de 12 mil votos por Alejandro Galindo en las pasadas elecciones, y el balance de estos cuatro años, ha llevado a la gente a no creer en la democracia como si los errores de los gobernantes fuesen de ella.

No obstante, pese al desgano frente a estas elecciones, no hay candidato a la alcaldía con un discurso populista que hubiese capitalizado el descontento de los electores.

Al elector le importa un rábano la democracia. No obstante, gústeles o no, el 27 de octubre con los votos que se depositen en las urnas tendrá que salir un ganador. ¿La pregunta es quién?

Ha escaso un mes de elegir nuevo alcalde, algunos me han dicho que qué pienso. Qué diga algo.

Solo puedo decir a quien lea los siguientes renglones que, de todos los candidatos para la alcaldía de Mariquita, solo tres de ellos los electores saben quiénes son. Los demás tendrán una votación pingue.

Uno de ellos, el que se llama Carlos Julio —más conocido como “Caremamita”—, y si es cierto que recogió más de 11 mil firmas, tenía la posibilidad de haber conformado una alternativa diferente. Pero su ausencia de liderazgo lo llevo a desperdiciar semejante oportunidad y a malgastar las miles de firmas. Tenía que haber armado chipa, pero para eso tenía que convencer a los candidatos cuasi desconocidos para que lo acompañaran en la aventura de llegar a la alcaldía con la promesa, sencilla, por cierto, de repartirse el pastel de la alcaldía. No lo intentó y a estas alturas de la campaña armar chipa parece demasiado tarde ya que todos quieren ser cabeza de león y no cola de ratón. Es posible que un milagro lo salve.

El otro candidato y que es conocido por persistir en ser alcalde es Juan Carlos Castaño. Contra él juega la mala leche de los electores de los otros candidatos. Desde elitista hasta cobrarle su condición de ser el yerno de un exalcalde por haber prologando el servicio de agua a Espumas, hasta decir que es asquiento porque le niega un beso a un leproso. O, aquella otra, que dice, que si saluda de mano a un pobre la limpia con desinfectante y pañuelo. Campaña que juega en su contra. Si no es capaz de romperle el espinazo a semejantes habladurías seguramente que llegar al despacho del Mangostino le va a quedar difícil. El tiempo juega en su contra, la pregunta es cómo.

El tercer candidato es Álvaro Bohórquez. Ladra casi que echado. El que mejor entiende la idiosincrasia popular. Malicia que no la tiene ni “Caremamita”, ni Juan Carlos Castaño. En su contra juega el de haber sido ya alcalde y los que no dejó contentos a su paso por la administración. Tiene a su favor una parte de electorado que se clasifica entre los estratos cero y tres. Que es la mayoría de la población. Como también que al populacho y a los analfabetas con títulos académicos que poco les importa sí hizo buena o mala administración. Su baja comprensión de la democracia no les da para entender esa cosa que se llama “poder”.

Alguien preguntó que si había candidatos malos o buenos. Le dije que no los había, puesto que cada quien con su almohada decide quién es bueno y quién es malo. La explicación es simple: las ideas están muertas y no hay quién las resucite.  El pesimismo por la ausencia de ideas es tal que el elector cree que gane quien gane, todo seguirá igual.

Septiembre 30/ 2019

martes, octubre 29, 2019

La bagatela de la democracia en Colombia

Armando Moreno Sandoval
@amoreno_s

La democracia es un péndulo. El triunfo es engañoso y más en un país como Colombia que la tradición de adorar caudillos y jefes es de siglos. Amamos y odiamos. Es lo que explica por qué se sigue adorando a Simón Bolívar, a Francisco de Paula Santander, Jorge Eliecer Gaitán, Laureano Gómez o a Álvaro Uribe, sin conocer la procedencia de sus ideas.

Algunos están convencidos de que con la derrota del Centro Democrático que representa la extrema derecha, o, la de Colombia Humana que representa la extrema izquierda, la sociedad cambió. ¡Falso!

Una lectura a las elecciones del 27 de octubre, así se hayan dado palos electorales como los ganadores de las alcaldías de Medellín y Cartagena, lo cierto es que algunas castas caudillescas volvieron. Un ejemplo es el departamento del Valle o el mismísimo departamento del Atlántico.

No obstante, hay que hacer una advertencia. En Colombia pese a que se sigue imponiendo las maquinarias, a veces también se vota por caras ajenas a todo proyecto político o ideológico. Con la desideologización de la sociedad a veces poco importa las ideas, sino el deseo de votar por alguien porque me cae bien, o, en el peor de los casos porque me cae mal.

La gente a pesar del desencanto de la democracia aún guarda la esperanza de que el elegido trabaje para resolver los problemas de la gente. Otros hartos de que la democracia es una bagatela optan por el voto en blanco, algunos devuelven el tarjetón tal como se lo entregaron y otros a rabiar estropean el tarjetón con madrazos y tachones. Pero hay otros más radicales, quienes piensan que la democracia es una burla prefieren ver pasar el día de las elecciones frente a un televisor o comentando los chismes del día.

Así la gente celebre el triunfo o la derrota, el verdadero ganador es la rabia, es el desencanto, es la frustración, es el pesimismo. La gente cree que quien triunfó nunca, poco o nada se va a preocupar por los problemas de la gente. La gente del común ya sea en Chile, Estados Unidos, España, Hong Kong, Ecuador, Alemania, Francia o cualquier otro país, está pidiendo a gritos que la Democracia y el llamado Estado de Derecho ya no es representativo de los ciudadanos. Toca inventar algo nuevo.

Todo este desmadre se refleja de algún modo a nivel local. En Mariquita, un pueblo en el centro de Colombia es un buen ejemplo. En las elecciones del 27 de octubre de 2019 la votación fue exigua. Solo participó el 58.24% de un censo de 29.172 votantes. Tan así que el alcalde triunfador solo lo hizo con tan solo 4.696 votos, o sea el 28.82%.

Lo mismo puede decirse de la elección del concejo, que en Colombia es un órgano coadministrador. Solo participó el 58.25% de un censo de 29.172 votantes y el partido más votado solo obtuvo 2.423 votos, equivalente al 15.90% del censo electoral. Pero si se contrasta estas cifras con el voto en blanco, no marcado y nulo la sorpresa es que este elector rebelde fue el verdadero ganador, pues fueron 2.361 electores, equivalente al 17.57% del censo electoral, que no se inclinó por ninguno aspirante.  

La conclusión a que se llega es que quienes administrarán los dineros de los contribuyentes deben pensar en cómo resolver los problemas de la gente. ¡Lo demás es un pajazo mental!

martes, junio 11, 2019

La vez que el biólogo evolucionista Edward O. Wilson visitó a Mariquita (Tolima)

Armando Moreno Sandoval
Edward Wilson
Una correspondencia de José Celestino Mutis dando cuenta de una hormiga legionaria entusiasmó al biólogo y profesor emérito de la Universidad de Harvard, Edward O. Wilson,  a escribir sobre Mutis. Ese dato seguramente lo llevó a pensar en viajar a Colombia, pero sobre todo a Mariquita, el sitio donde había vivido y trabajado José Celestino Mutis a finales del siglo XVIII.
Años después, cuando algunas entidades colombianas optaron por crear la catedra medioambiental, y al escoger el científico que daría  la primera cátedra, el consenso sobre el nombre fue unánime: esa persona sería el estadounidense Edward O. Wilson, el biólogo evolucionista más importante que ha dado la humanidad después de Charles Darwin.
El profesor Wilson el inventor de la palabra biodiversidad, y que gracias a él luchamos por salvar el planeta tierra,  en su último libro La conquista social de la tierra (2012: Debate) nos da a conocer la palabra eusocial para explicarnos a través de ella que la organización social y la división del trabajo, que creíamos era del Homo sapiens, ya otros seres vivos habían evolucionado hacia la eusocialidad. Entre esos seres vivos eusociales están las abejas, las avispas, pero sobre todo, las hormigas que viven en la tierra desde hace 160 millones de años.
El profesor Wilson tiene en su haber  27 doctorados Honoris Causa, 90 premios internacionales por sus contribuciones a la ciencia y a la humanidad, junto a Bert Hölldobler obtuvo dos premios Pulitzer por sus ensayos sobre la naturaleza humana y sobre las hormigas, la Medalla Nacional de Ciencia de Estados Unidos y el premio Crafoord, equivalente a un Nobel de Biología. Al preguntársele que pedía para venir a Colombia la única condición que puso  era que lo llevaran a conocer a Mariquita.
El lunes 27 de agosto de 2007, además de la cátedra medioambiental que dio, se le vio en la Universidad Nacional visitando el Instituto de Ciencias Naturales. Pero el 28 de agosto cogería, con sus acompañantes, camino a Mariquita.
En esta casa se dibujaban las plantas que traía Mutis
El paso del profesor Wilson por Colombia, lo mismo que el viaje  a Mariquita, tuvo poco despliegue en los medios escritos y hablados. Y quienes dieron cuenta del viaje no fue mucho lo que informaron.
Alejandro Gaviria quien viajó con el profesor Wilson a Mariquita  relató que “a la altura de Sasaima, la caravana de peregrinos se encontró con un trancón kilométrico. Inexplicablemente la policía de carreteras había detenido el tráfico en ambos sentidos para facilitar la demarcación de la vía. Wilson salió del vehículo para estirar sus piernas. Y después de caminar 50 metros, encontró un hormiguero al borde de la carretera. Inmediatamente se arrodilló con devoción religiosa. Y permaneció así por unos minutos, como si estuviera rezando, con los ojos a pocos centímetros de la superficie y la lupa en su mano como si fuera un ícono sagrado. La sinceridad de su credo (de la defensa de la biodiversidad sustentada en la pasión por la ciencia) no dejaba dudas.

La imagen de Edward O. Wilson arrodillado en una carretera colombiana resume, en mi opinión, la importancia de su visita a Colombia. Wilson nos permitió, así fuese por unos días, mirar a nuestro país a través de sus ojos. Y apreciar, entonces, nuestro pasado, la valiosa (y olvidada) obra de Mutis. Y nuestro futuro, la preciosa (y amenazada) biodiversidad”.
Casa donde vivió Mutis
Por los registros de prensa presumo que llegó, seguramente poco  antes del mediodía. Quienes lo acompañaban no sabían que por esos días Mariquita celebra, cada 28 de agosto, las efemérides de su fundación. Como ha sucedido siempre, si la fecha cae entre semana, el bullicio y la algarabía de tragos, rumbas y gritos lo aplazan para los fines de semana. Esta es la explicación del por qué el profesor Wilson encontró un pueblo vivible, apacible y amable.
Si para quienes nacimos y nos criamos en Mariquita, el viaje entre Bogotá  y Mariquita, es feo y aburrido; mirar el valle del Magdalena a la altura del Alto de la Mona tampoco lo hace placentero. Seguramente para el profesor Wilson ese mundo nuevo que se estrellaba ante sus ojos le hizo olvidar el sopor que genera el calor y el cansancio del viaje.
La alegría de estar en Mariquita lo llevó a decir: “Venir acá y ver donde él vivió le da vida a lo que estoy escribiendo sobre José Celestino Mutis”. Y agregó que además de haber sido un personaje en la historia de la ciencia lo admiraba por haber sido el primero en haber estudiado las hormigas.
En el restaurante, antes del almuerzo, pidió un trozo de panela y se la puso de carnada a las hormigas. Mientras comía un pernil de pollo con ensalada y papas chorreadas, veía cómo las hormigas llegaban. No  llegó la legionaria que había descrito Mutis.
Quienes estaban con él vieron como de su chaleco sacó unas pinzas, atrapó una y la metió en un frasquito con alcohol de los que siempre lleva consigo para guardar  sus muestras.
Tras el almuerzo, y con los bolsillos llenos de insectos, hizo un periplo urbano por los protositios que la tradición oral considera que vivió y trabajó Mutis. Tras ver la casa esquinera con techo de paja que desde niño en la escuela nos enseñaban que ahí en ese sitio había vivido José Celestino y el inmueble colonial ubicado dentro del perímetro del Colegio Francisco Núñez Pedroso, y que escuchábamos decir, que ahí en esa casona dibujaban las plantas, salió el profesor Wilson con sus acompañantes hacia el bosque municipal.
Gabriel Romero Campos nos cuenta que “en medio de sus preguntas fue sorprendido por el sabor de la papaya, los patacones y la arepa de huevo. Y en cuestión de horas, los pedía en su escaso español, y en inglés rogaba “No me digan doctor, no me digan Don. Don suena como a mafioso”. Y finalmente pedía que no le dijeran Edward, sino Eduardo.
Quienes estuvieron con él dan cuenta que camino al bosque municipal se vio rodeado de chiquillos que sin decirle doctor, al enterasen que buscaba hormigas, recibió de ellos tal cantidad que en un dos por tres no le quedaba libre un frasco más.
Lo que los mariquiteños y la comunidad académica no sabe, y sin tanta alharaca cuando un académico de pacotilla de alguna universidad pública o privada  halla una especie sin clasificar, en medio de los improvisados recolectores de hormigas y quienes estaban con él, dijo: “He visto dos mil tipos de hormigas y hoy recogí tres tipos diferentes”. El profesor Wilson en un ratico había dado cuenta de nuevas especies de hormigas.
En el bosque de Mariquita recogiendo hormigas
Su única noche de campo  en Colombia la pasó en Mariquita. A la mañana siguiente, agosto 29 de 2007, el segundo lugar visitado fue un bosque cercano a la finca Jabirú. Acompañado por su séquito observa y nombra algunas de las hormigas. Una vez más emprende la búsqueda de la hormiga registrada por Mutis que  no pudo encontrar: “De haberla hallado, hubiera cumplido completamente mi misión de venir a Colombia, pero estoy feliz. A pesar de que estuve aquí menos de 24 horas, es un lugar que nunca se me va a olvidar”.
Fernando Fernández, el profesor de la Universidad Nacional, cuenta que el profesor Wilson explora el suelo, las ramas, los troncos caídos. Surgen nombres científicos. Una Pheidole por aquí, una Pachycondyla por allá. En algunas ramas unas Camponotus; en otras merodean las agresivas Aztecas. En el suelo las "autopistas" de las cortadoras de hojas, Atta, hormigas que sin duda observó Mutis.
El buen ojo del profesor Wilson capta una rama con nódulos de una planta, la varasanta (o palosanto). Alguien  baja la rama y el nódulo arroja otras hormigas, las Pseudomyrmex de dolorosa picada
El regresó a Bogotá le trae otras sorpresas al profesor Wilson. Entre Honda y el Alto de la Mona el profesor observa a su derecha la cordillera central, el valle del río Magdalena y los parches de bosques. Una vez más queda maravillado.
Con la nostalgia que genera la partida el profesor Wilson hace la promesa de volver a Colombia, y por supuesto a Mariquita, para el bicentenario de la muerte de José Celestino Mutis. Seguramente sus compromisos le impidieron venir, o, a lo mejor no lo invitaron. Así como no invitaron a José Orlando Velásquez, biólogo y botánico autodidacta, y que hoy por hoy, es de los pocos que mejor conocen el bosque.
Al otro día de su partida, Juan Lozano, el entonces ministro de Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial, firma la Declaración Cuenta Atrás 2010, que compromete a Colombia a incrementar sus esfuerzos para proteger la biodiversidad, especialmente en el piedemonte amazónico, los páramos del nororiente, el Eje Cafetero, el Macizo Colombiano, el Pacífico y el Valle del Cauca. Como le dijeron en Mariquita: Ojalá vuelva.
La Declaración es un saludo a la bandera. El bosque municipal donde trabajó Mutis por varios años, y que 200 años después visitó el profesor Edward O. Wilson está muriendo ante la desidia de las autoridades municipales, departamentales y del Estado colombiano.
La visita del profesor Edward O. Wilson a Mariquita bien podía haberse llamado parodiando el título de una columna que hace años escribí: Viaje al moribundo bosque del sabio José Celestino  Mutis


jueves, noviembre 15, 2018

Colombia, las ilusiones, los sueños y la culebra que se traga así misma

Armando Moreno Sandoval
Virginia Wolf la escritora inglesa, dijo: “Cada uno tenía su pasado encerrado dentro de sí mismo, como las hojas de un libro aprendido por ellos de memoria; y sus amigos podían sólo leer el título”, fueron las frases que me saltaron a la mente al terminar de leer el libro del hondano Jaime Cedano Roldan: Paz en Colombia. Crónicas de ilusiones, desencantos y viceversas.
A medida que fui pasando las yemas de los dedos por la pantalla de mi tablet me fui construyendo una versión de un pasado muy parecido al de los individuos en estado de coma. Eran filminas que mi cerebro fue desempolvando, pues a medida que avanzaba en zigzag, era la misma historia pero narrada a través de otra voz.
En efecto comprendí que el pasado es poliédrico  y que los hechos como tales están amarrados a las interpretaciones; y que dar cuenta del pasado desde el presente nos puede llevar por otros caminos así se haya vivido, sentido y conocido los hechos de ese pasado. Fue exactamente lo que aprendí al leer los textos de Cedano.
Lo que quiero afirmar es que los hechos están en el recuerdo, la memoria, la imagen, el texto. Lo que se discute es su interpretación que, en últimas están mediados por la ideología, los sentimientos y por qué no esa mirada que se hace desde el presente. Porque si ello no es así, entonces qué sentido tendría escribir sobre el pasado, pues lo estaríamos pensando como un axioma ya que las preguntas sobre ese pasado sobrarían.
Pienso que la generación que nació a mediados del siglo XX fue una generación atrapada por los fanatismos de los metarrelatos de la primera mitad del siglo XX (fascismo, nazismo, falangismo, estalinismo, maoísmo, sovietismo). Metarrelatos que luego hicieron tránsito a la segunda mitad del siglo XX para asaltar las mentes de una generación que más que brindarle rebeldías oníricas, les ofreció fueron pócimas de odio y muerte.
La generación que creció en la segunda mitad del siglo XX, y que empezó a envejecer con el siglo XXI, además de ser la del estado de sitio, es la misma que escuchó hablar de los cortes “franelas” de  liberales y conservadores en la años de la violencia bipartidista, la que luego años más tarde cabalgaría junto al humo de los cañones de los comunistas, paracos, narcos y ohhhhhh que vergüenza la misma de  la de los corruptos. Es la generación que solo vivió el amor en los versos de los poemas, pero que si hizo mucho para odiar. Es la generación que niega al otro, porque ese otro solo es posible si piensa y es igual a mí.
Si la generación que nació a mediados del siglo XX le hubiese hecho el quite a los metarrelatos del fanatismo ideológico (llámese nazismo, fascismo o comunismo en todas sus vertientes) quizás hubiésemos construido otros caminos con menos cruces, con menos filos de machetes, con menos casquillos regados por doquier, con menos fosas, con menos muecas, con menos gritos de dolor al enfrentar las diversas máscaras que tiene la muerte.
Pero no. Esos otros caminos fueron imposibles. En los metarrelatos —esas grandes construcciones teóricas que le trazaron y aún le trazan el camino a la humanidad (desde el cristianismo hasta el marxismo, pasando por los grandes sistemas filosóficos herméticos y cerrados) — no hay espacio para los débiles. Solo así podemos entender los horrores de Auschwitz o los Gulag de las estepas rusas.
El filósofo de la ciencia, Karl Popper, en su libro La sociedad abierta y sus enemigos, publicada en 1945 poco después de culminada la Segunda Guerra Mundial, escribió, que era ignominioso que ideología alguna a nombre de ella justificara la muerte. Sin embargo, no se entiende cómo una buena proporción de intelectuales, académicos, escritores y poetas condenaran las atrocidades ignominiosas de los totalitarismos de derecha e hicieran caso omiso de las atrocidades de los totalitarismos del “socialismo real”. Hechos indefendibles que solo ahora aún siguen siendo alimentadas desde la izquierda o de la derecha desde las posturas de la post verdad.
La obra de Popper, ninguneada tanto por la derecha como por la izquierda, pasó desapercibida. Aunque solo es leída en seminarios universitarios especializados, el legado de este filósofo para reinventar la democracia liberal ha sido arrojado al cuarto de San Alejo. Es una obra inconmensurable para comprender la democracia liberal. Solo los demócratas se atreven a leerla y a consultarla. No es sino recordar la respuesta a aquella entrevista cuando le preguntaron al viejo Popper qué era la democracia. Como todo un sabio respondió. La democracia no tiene definición, pues ella en sí misma es una construcción permanente. Será la misma sociedad quien la proteja cuando lleguen los totalitarismos de cualquier cuño ideológico  a torcerle el cuello para ponerla a su servicio bien sea por la vía de las leyes o de los cañones.
Ahhhh…! que frases tan sabias y qué desgracia la de Latinoamérica cuando las ideologías que venden ilusiones y sueños amañados llegan para perpetuarse en el poder. Esa es la desgracia de Latinoamérica desde la frontera de Méjico con Estados Unidos hasta la frontera de la Patagonia con la Antártida.
Ayer fueron las dictaduras militares de derecha, ahora en este siglo XXI son las dictaduras constitucionales de izquierda. En esta borrachera de ideas que solo saben hacerle loa a los cadáveres, está Colombia. Pero quien lo creyera! Aún hay generaciones, algunas jóvenes otras ya muriéndose, que todavía creen que la democracia hay que construirla a la manera de los versos del poeta Vladimir Maiakovski: “¡Enderecen la marcha! Para palabrerías no hay sitio. ¡Silencio, oradores! Es suya la palabra, camarada máuser. Basta de vivir con leyes dadas por Adán y Eva”.
La tragedia de Latinoamérica no es la metáfora del coronel Aureliano Buendía de García Márquez. Ni tampoco es el lloriqueo que retrata Eduardo Galeano en su obra Las venas abiertas de América Latina, ni tampoco es el volar del cóndor en los labios de la canta autora Mercedes Sosa. Es más simple: es una culebra que permanentemente se traga así misma por la cola. La culebra son esas ideologías tanáticas y fanáticas que deciden por otros en medio de la indiferencia, es la culebra que hace oídos sordos a los llantos de los niños y de las niñas huérfanos de padre y madre.
Los símiles para describir a Colombia son variadísimos, podría uno pensar que nuestro país es un palimpsesto de odio y muerte que repite el mismo guion con diferentes actores dependiendo la época que les tocó vivir. Así ha sido desde Bolívar y Santander. Y este siglo XXI cuando creíamos que las ideologías de la muerte habían dado paso al respeto por la diferencia nos vemos de nuevo atrapados por el odio que emana de las fauces de los señores de la muerte.
De lo que tal vez no nos podemos quejar es que Colombia es una construcción hecha con metáforas, ya sea  por aquellos que dicen pensar el país —al estilo de William Ospina con su Franja Amarilla—, o por quienes tomándose el ultimo cuncho de la cerveza en una cantina de mala muerte, al ver flotar cadáveres río abajo se jactan y alardean —como cualesquier político— de tener la fórmula de salvación de este país.
En este siglo XXI cuando se pensaba que la democracia liberal y sus diversas formas de gobierno estaban libres de los fanatismos ideológicos, es cuando menos lo está. El surgimiento de los nacionalismos y los populismos tanto de derecha como de izquierda están lanzando dardos envenenados contra la democracia liberal y el legado heredado a partir de la Ilustración. Pues mientras la culebra de los fanatismos ideológicos se siga engullendo así misma, la democracia liberal correrá el peligro de estar herida de muerte.
Mientras estaba finiquitando el libro de Jaime Cedano llegó a mi mente los recuerdos de mis viejos amigos, quienes convencidos por una causa no pudieron terminar el ciclo de sus vidas como corresponde: morir de viejos. Pienso en Honorio Moreno y en mi viejo amigo de pupitre y de colegio Fabio Pescador. El recuerdo de ellos volvieron a vivir en mí.
A Honorio Moreno, sindicalista y militante del Partido Comunista, el Estatuto de Seguridad le arrebató de la manera más vil su vida. Torturado hasta decir no más! fue hallado a la vera del camino entre Mariquita y el río Guarinó. En Mariquita un barrio lleva su nombre en memoria del aguerrido luchador sindicalista. En vano he buscado su tumba, nadie da razón de él.
Fabio Pescador después de estar preso varios años en la base de Palanqueros en Puerto Salgar terminó orate y deambulando por las calles de Mariquita. Como si su hogar fuera uno de los círculos del infierno de la Divina Comedia de Dante, solía hablar y comentar los encuentros en el purgatorio con sus viejos camaradas de lucha. En medio de sus delirios solía relatar que con el camarada Honorio Moreno hablaban mucho de esto y de aquello, y que a la tertulia llegaban esos otros que también había sido desaparecidos. Poco hablaban de la revolución, hablaban de lo bonito que era la vida. Y así murió.
Hoy están en el olvido.
Me alegro sí por el viejo Cedano que en entre sevillanas y los olés siga sonriéndole a la vida por muchos años más.


lunes, agosto 06, 2018

Mariquita: las mismas viejas nuevas noticias


Armando Moreno Sandoval
Aunque la doble moral hace chirriar los dientes de quienes así mismo se hacen llamar “gente de bien”, valga preguntarnos qué pasa cuando una sociedad hace de los niños/as, de la mujer, del sexo y del prójimo un objeto de uso y abuso.
Que Colombia está mal es decir cualesquier babosada para salir del paso. Pero lo que sí se puede afirmar es que no todos los municipios de Colombia, son como Mariquita.
A comienzos del año 2009 una noticia le dio la vuelta al mundo. Arcedio Alvarez Quintero, y que los medios lo apodaron con el alias del “Monstruo de Mariquita”, era denunciado por una de sus dos nietas-hijas que había tenido con Alba Nidia, su propia hija. Lo que causó conmoción era que también abusaba sexualmente de sus dos nietas-hijas.
La aberrante situación salió a la luz pública cuando Alba Nidia advirtió que ninguno de sus hijos estaba registrado ni bautizado y acudió a un comisario de familia, por cuyo conducto fue que trascendió el caso, sino el caso, seguramente hubiese pasado desapercibido.
Hay quienes compararon el caso de Alba Nidia con el de Josef Fritzl, el llamado ‘Monstruo de Austria’, condenado a cadena perpetua porque secuestró a su hija Elisabeth durante 24 años desde 1984, y tuvo con ella 7 hijos. En este caso no hubo secuestro, y como lo dijo la misma hija-esposa, desde los 12 años que su padre-esposo la convirtió como esposa, todo fue visto por el vecindario como un matrimonio común y corriente.
Lo chocante, propio de sociedades mojigatas y camanduleras fue la actitud de un pastor evangélico que conociendo la situación incestuosa a que había sometido Arcedio Álvarez a su hija Alba Nidia, calló como todo un hipócrita .
Ahora, ya no hay un monstruo, sino dos, dicen los medios.
Los últimos  tres días de julio y los tres primeros de agosto de este 2018, cuando todavía los cañones de las pistolas seguían echando humo, al mejor estilo de las balaceras que propinaba Al Capone, o los matones del viejo oeste americano,  Mariquita, de nuevo, era sacudida por las mismas viejas nuevas noticias. 
Walter Matiz Ramírez  un energúmeno que se pavoneaba por las calles de Mariquita con camuflado, además gritón y petulante al mejor estilo de "Ud no sabe quién soy yo", era arrestado el 1 de agosto de 2018 por el CTI colombiano. Entre los diversos cargos que le imputó la fiscal, aunque todos son aberrantes, está el de haber traído desde Santander con engaños a venezolanos y haberlos puesto a trabajar como esclavos en la finca “El Guayabo”, vereda Pueblo Nuevo; como también el de haber retenido a una mujer en una habitación de un hotel, haberla violado y haber hecho con ella, desnuda, sesiones de fotografía, pero, sobre todo, el de haber abusado y violado niñas.
La iglesia católica tampoco escapa a los abusos. El cura Luis Enrique Duque  que había estado de párroco en la iglesia El Carmen en Mariquita, y que luego sería trasladado al Líbano, en un fallo histórico en agosto de 2011 el Tribunal Superior de Ibagué condenaba a la Diócesis Líbano-Honda a pagar 430 millones a dos menores de una familia de desplazados por la violencia, los menores habían sido víctimas de abusos sexuales del cura.
Algo está pasando con los habitantes de un pueblo donde las iglesias, están proliferando por doquier. Pero el afán por salvar el alma ante Dios contrasta con el bajo mundo que todos ven y callan.
Mientras los mayores están rezando y pecando, los/as niños/as y su juventud está sin porvenir y al garete. Todos hacen mutis.