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viernes, abril 04, 2014

La plaga maldita que la tierra parió

Armando Moreno

Editorial, El Puente, Honda, Año 15, No 159, febrero de 2014

El próximo 9 de marzo los colombianos elegirán un nuevo congreso por cuatro años. Ha sido tanta la desfachatez y la sinvergüencería de estos señores que una buena cantidad de ellos están presos. Los motivos los conoce la gente de sobra: corrupción, parapolítica y un largo etc.

Decir que este congreso que expira el próximo 20 de julio ha sido en la historia de Colombia el más desprestigiado es caer en el autoengaño. Acaso, preguntamos, es que ha existido alguno digno. El congreso de Colombia es la marimonda, el embeleco.

La gran mayoría de estos señores del Congreso, que se ganan el sueldo a costa del sudor de la gente que trabaja y paga impuestos, solo saben cobrar, o, en el peor de los casos, llegan allí para jalarle al carrusel de las pensiones. Cuando la mayoría de los colombianos tienen que trabajar más de 20 años para obtener una miserable pensión de menos de dos salarios mínimos, los mal llamados “padres de la patria”, con una "palomita" de unos cuantos meses, obtienen una mega pensión que por lo general ronda los casi 13 millones de pesos.

Ni hablar de su ausentismo rampante y su ineptitud en el trabajo legislativo. Les vale un pito los problemas del país y de la sociedad.

Seguir quejándonos no tiene sentido sí quienes eligen siguen votando por el más inepto, por el más corrupto. La desgracia de esta sociedad colombiana es que el ciudadano del montón el día de las elecciones vota mal y quiere que al día siguiente se gobierne bien. Así no se puede Colombia. No se puede seguir votando pensando en los “favores”.

Este panorama deplorable es el que se ve por estos días en las ciudades grandes y chicas de Colombia.
Otra desgracia de Colombia es que su sociedad aun no le pide cuentas a quien con su voto ayudó a elegirlo. La sociedad no ha entendido que el político es aquel que representa a la sociedad y como tal debe rendir cuentas. Si el ciudadano común y corriente no hace esta pedagogía consigo mismo será poco probable que este país cambie.

Ha sido tan grande la equivocación al votar que un ejercicio simple y llano es preguntarnos qué hicieron quiénes vinieron hace cuatro años a recoger votos y a vender ilusiones. Hace cuatro años se pasearon por estas tierras del Norte del Tolima prometiendo que si llegaban al congreso trabajarían por su tierra.

Vasta consultar las bases de datos de las entidades del gobierno para darnos cuenta que en el norte del Tolima no existen carreteras, sino trochas. Los hospitales públicos están dotados a medias; los centros educativos unos están cayéndose y, otros, están inconclusos. En fin, el departamento se caracteriza por pelear los últimos lugares en salud, educación, infraestructura vial y otras necesidades insatisfechas, amén de la corrupción.

Si esto sucede a nivel departamental y nacional, a nivel internacional Colombia no le va tampoco bien. Siempre ocupa puestos pocos decorosos. No nos preguntemos en qué somos buenos. Nunca salimos bien parados en nada, a no ser que sea en trata de blancas, narcotráfico, secuestro, sicariato, ladronismo y todas las plagas malditas que la tierra ha parido.

Colombia seguirá por las mismas si el ciudadano acolita la corrupción y sigue votando por los mismos. Es una obligación de todo ciudadano que se pregunte qué hizo el senador  o el representante que él ayudó a elegir.

Hay que decirlo...! al Congreso llega gente de baja calaña, maleantes, golfos, rufianes, trúhanes, mangantes. Un congrego compuesto con esta clase de gente es un atentado a la razón, a la civilidad, al decoro. Colombia no tiene por qué seguir siendo presa de los corruptos y ladrones de cuello blanco y perfumado. La herencia politiquera de los Santofimios, Gómez Gallo, Garcías y Pompilios Avendaños aún sigue vivita. Sus compinches ahí están y quieren, o han ocupado, el espacio de ellos.

Es necesario que la gente comience a pensar en el futuro de Colombia.


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