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miércoles, julio 05, 2006

Luis Arturo Castaño Ocampo: hacedor de palabras

Armando Moreno Sandoval 
Hace un buen rato que Arturo Castaño, me abrió las puertas de su corazón. Alrededor de no sé cuántas largas charlas mañaneras y matinales, bebiendo café, fui descubriendo ese espíritu humano que hoy en día muchos han dejado de cultivar. No obstante, este espíritu humano tiene su explicación: Varias veces me han preguntado: ¿cómo es la manera de pensar del médico Castaño?, respondo: tiene un pensamiento moderno. 

Y si esta noche, me hiciera la misma pregunta no dudaría en dar la misma respuesta: es un hombre moderno. La pregunta no la respondo por capricho. Frank Safford el historiador norteamericano en su libro El Ideal de lo Práctico. El desafío de formar una élite técnica y empresarial en Colombia, describe en ese libro el arquetipo del hombre moderno. 

En el libro citado se describe cómo en una sociedad predominantemente premoderna y preindustrial, como lo fue la sociedad colombiana durante el siglo XIX y parte del siglo XX (aunque algunos sectores lo siguen siendo), hubo una élite económica, social y política que abogó por los cambios sociales y económicos. Esto es, una élite que abrió escuelas, modernizó la infraestructura del Estado, difundió los cambios y que orientó la educación hacia áreas técnicas y prácticas con el fin de abrirle espacio al desarrollo económico y estimular de este modo un espíritu empresarial. El fin era que la élite social y económica abandonara formas sociales hidalgas heredadas de la época colonial española. En sí lo que se perseguía era formar hacia el futuro una clase empresarial y dirigente digna de ser moderna tanto social como ideológicamente. 

Si hay alguien en Mariquita que encarna ese arquetipo de hombre moderno que nos habla Frank Safford es el médico Arturo Castaño. Les explicaré por qué: Sé de antemano que algunos presentes mejor que yo, saben y conocen, su vocación social y humana. De las largas charlas que he tenido con el médico Castaño, y como antropólogo que soy, de él puedo decir que encarna, como dije, una visión modernizadora de la vida social y económica. 

Combinando su profesión de médico con el de activista social al frente del movimiento caficultor que cuestionaba al Comité de Cafeteros del Norte del Tolima, indujo a llevar a cabo muchas tareas que hoy día están presentes y que aún siguen vigentes. Solo citaré dos: la primera, el de haber sido a finales de la década del 70 siglo XX el gestor e impulsor de las vías de comunicación en las veredas de los municipios cafeteros del norte del Tolima y, segunda, el de haber impulsado los programas de planificación familiar y que hoy en día casi el mundo entero tienen a Colombia como modelo. 

Existe un consenso que sin éstas dos estrategias, Colombia, pese a la Violencia que la agobia desde finales de la década de los 40 del siglo XX hasta nuestros días, difícilmente podría haber alcanzado –con todos los problemas que existen hoy día- los niveles de desarrollo que hoy tenemos. Estrategias que han sido y siguen siendo claves para el desarrollo económico y social: vías de comunicación y control de natalidad. 

Si el norte del Tolima, y en particular los mariquiteños, nos podemos jactar, para usar un verbo un poco vanidoso, de éste hombre que tanto aporte le ha hecho, y le sigue haciendo a su tierra, hay en él una faceta que recrea ese espíritu social y humano: la del hacedor de poemas y testimonios. 

Si como dije antes, como médico y como gestor social, su mirada ha sido modernizadora, su poesía y sus testimonios que he leído tampoco han escapado a las tendencias actuales que reclama la escritura. Todos ustedes saben que el mundo que empezó a pensarse a finales de las dos últimas décadas del siglo XX y que se está construyendo en este siglo XXI, así ustedes no lo perciban, es un mundo alejado de teorías ideologizantes y totalizadoras. 

Ese mundo a que estoy aludiendo está siendo expresando de múltiples formas: lo vemos en el arte (con las instalaciones, el performance); lo vemos en la moda con las tendencias que reclaman expresiones locales, bien sea en el vestir, en el hablar, en el peinado; en la religión y sus múltiples iglesias desafiando cualquier patrón de autoridad pero reconociendo a su Dios; lo vemos en la literatura con la poesía que se inicia con Pablo Neruda que al romper con las cadenas de la métrica dejan un verso suelto, libre de cualquier atadura. 

Sí el llamado de los filósofos postmodernos es el de construir un mundo más tolerante y abierto a las diferentes formas de pensar, este llamado, sin lugar a dudas, donde mejor se expresa es en la literatura. Esta mirada es la que uno encuentra en la obra poética y en la escritura testimonial de Arturo Castaño. La manera como recrea arquetipos universales a partir de vivencias personales es lo que hace que su literatura esté inscrita en los tiempos actuales. Quien lea el relato testimonial El Alcalde o El Puente puede apreciar en ellos un arquetipo que, si bien está presente en todas las culturas, en nuestra sociedad colombiana ha sido endémica: me refiero a la Violencia. En el relato El Alcalde lo que está allí expresado es el poder de Dios a través del sacerdote y el poder del Estado a través del alcalde para negar justicia. En el relato El Puente lo que se perciben son metáforas que entremezclándose a la manera de un collage emite múltiple voces clamando justicia. Lo que hace interesante la literatura de Arturo Castaño es precisamente ese universalismo de lo local a través de un arquetipo. En los dos ejemplos anteriores, en El Alcalde y en El Puente, como lo dije, el arquetipo es la Violencia. Ni que decir del relato La Barbera

En mi vida de asiduo lector de literatura colombiana solo he leído dos escritos que tienen como personaje central la navaja de afeitar, conocida como la barbera. Uno es el cuento de Edgar Téllez titulado Solo Espuma, donde el escenario es una barbería en la época de la violencia donde el barbero por diferencias políticas, afeitando a su contrincante político, tiene la oportunidad de saldar cuentas degollándolo. En el relato de La Barbera no es la mano ajena quien quita la vida, sino es el hombre dueño de su propio destino que, con su propia mano, decide quitarse la vida degollándose. 

Aunque en ambos escritos el protagonista es la barbera, lo que importa en el escrito de Castaño es el arquetipo del suicidio, presente también en todas las culturas. Pero si alguien quiere alejarse de los arquetipos basta con leer El Puma o Ensillemos. En El Puma a manera de un fresco onírico trastoca la realidad para hacérnosla metafóricamente creíble al introducir el brazo por la boca del puma para cogerlo por la cola; y en Ensillemos a la manera de los mejores relatos costumbristas que escribió José Manuel Marroquín, recrea y describe con el sustantivo y el adjetivo preciso ese mundo barroco que encierra el arriero con la bestia. 

Sin lugar a dudas es la fuerza, la precisión del adjetivo, del verbo, del sustantivo, y la manera como moldea la escritura lo que hace que la literatura de Arturo Castaño tenga un sello personal. Para corroborar lo dicho basta con leer Tormentas. Aunque aquí en este poema el arquetipo es la muerte, así la vida sea una metáfora es un llamado a vivirla. Veamos: 

Tormentas 

No se puede arrancar a la muerte ni siquiera una mueca de esperanza? O pasarle a la vida sórdida una cuenta de desilusión? Somos pues tan vanos que no resiste un desamor el corazón? navegamos insomnes sin abrigo sin brújulas, sin rumbos, Sin horizontes fijos somos barco que se hunde a pesar del timonel forjado al unísono en la esperanza del ayer. Ha sido acaso la marea tan bravía que hasta el azar nos ha negado el derecho a guiar la barcarola nuestra así sea hasta el fondo del desconocido mar? Pero no: somos brisa, viento y mar timonel herido, barcarola hundida azar maldito donde todo se nos puede arrebatar menos la ilusión de ser y el propósito de amar. 

Finalmente, lo que hace que alguien sea reconocido como escritor, o poeta, no es la vocación sino la practica del oficio. Una afirmación de su oficio son los 771 poemas que actualmente ha escrito. Estaremos a la espera, ojalá más temprano que tarde, de que salgan a luz pública para que sean leídos por las generaciones presentes y venideras. 

Muchas gracias, 

Mariquita, domingo, 2 de julio de 2006.

miércoles, mayo 03, 2006

Julia (1901) de Juan Esteban Caicedo: una novela que no asume riesgos

Leonardo Monroy Zuluaga (Integrante del Grupo de Investigación en Narrativa del Tolima) 

Si es verdad que, como lo afirma Libardo Vargas, Julia de Juan Esteban Caicedo es la primera novela del siglo XX en el Tolima, entonces el género nació en el departamento sin la pretensión de tomar verdaderos riegos estéticos y axiológicos que renovaran las prácticas culturales de la región. Haciendo una relectura de esta obra escrita hacia finales del siglo XIX, es fácilmente perceptible esta hipótesis. Podemos abordar la novela pensando en los niveles literarios y sociales con los que entra en diálogo. En el primero de los casos, Julia recurre a los modelos del romanticismo y los cuadros de costumbres muy en boga en la literatura colombiana de la época. Inicialmente se puede decir que la novela de Juan Esteban Caicedo repite algunos de los motivos recurrentes en el romanticismo alemán y francés. Por un lado existe una constante idealización de la mujer, en tanto su imagen es ligada a la virgen María: las descripciones que Néstor (protagonista de la novela) hace de Julia, profundizan en la construcción de una mujer pura, casta, entregada a sus oficios religiosos tanto como a una formación elemental, así como respetuosa de las normas morales tradicionales. Para no desentonar con esta imagen mariana de la mujer, el narrador de Julia completa el cuadro haciendo énfasis en la inocencia infantil encarnada en la niña Luz - hermana de Julia - y a la vez asociando esa candidez al carácter de Néstor. De esta forma, los personajes comienzan a moverse en una esfera idílica, en la que priman los buenos sentimientos y las mejores intenciones. La familia en esta atmósfera está totalmente unida alrededor de los principios morales provenientes del ideario de la iglesia católica y se vive un ambiente de amores mutuos incondicionales. Como en el romanticismo europeo -adoptado ya por Isaacs en María- la nostalgia del paraíso perdido permanece vigente y se materializa en la exposición de los elementos anteriormente anotados. Por eso no es gratuita la afirmación que Néstor, en un estilo formal le dice a su amada: "un millón de gracias señorita Julia [...] la bondad de usted es mucha: un edén sólo es digno ser habitado por usted y su hermanita, con sus padres". A estos trazos de algunas de las temáticas del romanticismo, se le suma en capítulos interiores de la obra, la adopción de la escritura propia de los cuadros de costumbres. El pintoresquismo se construye a partir de la narración de una corrida de toros y la celebración de las fiestas populares en torno a la época de navidad. Allí se confunden los músicos del pueblo con los compradores de reses que toman las mulas y "le abren la jeta para mirarle las muelas y calcular por el estado de ellas la edad que puede tener cada animal", las rifas, los juegos pirotécnicos, e incluso la impertinencia de un "yankee" (cap. XXVIII) que quiere participar del ambiente carnavalesco de la región. Siguiendo la línea de este tipo de escritura, la novela construye sus diálogos de tal manera que se revelan a través del parlamento de algunos de los personajes, algunas de sus particularidades lingüísticas. Los paisas que van de paso hacia Manizales - y que se detienen en Mariquita, sitio donde se desarrollan los acontecimientos - dicen de Julia: "!hijuel diablo! Es que no hay otra, ...¡por María Santísima!...¡hombre!"; la empleada de servicio, de raigambre campesina, afirma del chocolate: "No, señor. Cuatro maticas que tienen por ahí algunos como mi compadre Alejo y el maestro Ruperto y misia Teresa y puay otros"; y hasta el gringo expresa: "no, sengrite, este no es conmiga, mi es ciudadane inglish, no mariquiteñi, iuste no meterse conmiga, bicos mi quejarse su gobierna". El intento de diferenciación de las capas sociales -que en Julia se hace evidente - a través de los rasgos lingüísticos particulares era, para los cuadros de costumbres, la evidencia de la necesidad de entender, burdamente, dirán muchos, los cruces culturales que existían en la nación. Carlos José Reyes ha dicho que la "mezcla de estilos se da mucho entre los autores del siglo pasado (XIX), que buscan su propia identidad en una pugna constante entre su propia inspiración y el medio que los rodea, y las influencias de la literatura extranjera, especialmente la francesa y la española". Al recurrir a las fuentes románticas y de los cuadros de costumbres, Caicedo adopta esta lógica de imitaciones constantes, en la que no se toma ningún tipo de riesgos estilísticos y sistemáticamente se reiteran las mismas fórmulas de escritura que la preceden. En este sentido, en Julia se repiten motivos y formas ya utilizadas hasta la saciedad en la literatura de nuestro país hacia el siglo XIX. Tampoco se toman riesgos en el desarrollo y desenlace de las acciones: en una clara imitación de María, Néstor, el personaje principal de la novela de Juan Esteban Caicedo, debe partir a la guerra luego de recibir las bendiciones de sus suegros y la promesa de matrimonio de Julia; después de una temporada de combates en la Guerra de los Mil Días, Néstor regresa a donde su amada a la que finalmente encuentra muerta. Las vicisitudes de Efraín y María se reproducen casi fielmente en Néstor y Julia. Es evidente que el autor de Julia aprovechaba la popularidad de su antecesor más significativo - Jorge Isaacs - para asegurarse una reacción favorable del público. Pero en esta imitación extrema se cercena una de las grandes posibilidades de la literatura, que ya escritores como Jorge Luis Borges o Moreno Durán han sobredimensionado: la de aventurarse por los caminos de la imaginación y la invención. Enceguecido por la posibilidad de un triunfo inmediato, Caicedo copia casi fielmente la trama general de María y sin temor al señalamiento de la crítica -o incluso a una acusación de plagio- la adopta como suya propia. No se arriesga aquí Caicedo a imaginarse un programa narrativo para Néstor y Julia, diferente al de Efraín y María. Se podría argumentar que las razones por las que el personaje de la novela de Isaacs deja a su amada, son diferentes a las que expone Néstor. En el primero de los casos, Efraín realiza su viaje a Europa para formarse en la ciencia del viejo continente; en el segundo, Néstor debe decir adiós a su amor puro y definitivo, para combatir en la Guerra de los Mil Días. Pero inclusive en esta última razón de retirada se percibe que Juan Esteban Caicedo se está blindando ante el régimen de turno. En una sola página (153), el autor de Julia hace una verdadera apología a las ideas de la Regeneración. Por un lado el narrador afirma que "los hombres de ideas conservadoras se alzaron contra el gobierno para derrocar el orden o el desorden existente" (el subrayado es nuestro), y el personaje principal dice que "hay que servir a la buena causa, debe uno formar en las filas cuya bandera es Dios, Patria, Libertad y Orden". Las dos expresiones tan solo buscan reconciliar al autor y su obra con el régimen conservador que dominó desde entonces y por varias décadas en las visiones de mundo del país. Adhiriéndose a las voces que otorgaban las credenciales sociales, Caicedo no toma el riesgo de ser expulsado de los círculos literarios e intelectuales, e inclusive de ser perseguido políticamente. De esta forma Julia no plantea retos a las tradiciones literarias establecidas hacia la época, invoca un programa narrativo exitoso y lo copia casi al pie de la letra, y se adscribe incondicionalmente al modelo conservador imperante desde antes de la Guerra de los Mil Días. Para referirse a uno de los espíritus de la modernidad, Octavio Paz ha hablado de la "tradición de la ruptura"; Milán Kundera suma a esta categoría la posibilidad de que la novela sea un discurso en el que no se defienda una verdad - ni conservadora ni liberal - y se crea profundamente en la ambigüedad. A costa de no correr grandes riesgos, Julia de Juan Esteban Caicedo, la primera novela del siglo XX en el Tolima, no se inscribe en la tradición moderna y por lo tanto no pretende renovar los imaginarios propios de su sociedad: mientras en Europa ya despuntaban las vanguardias poéticas, y en Latinoamérica Rubén Darío y Silva le daban un nuevo aire a la poesía, Caicedo se aferraba aún a cánones tradicionales, en los que se revela más los temores que la posibilidad de la aventura estética. El siglo XX de la narrativa del Tolima nació en medio de la premodernidad.

jueves, marzo 30, 2006

Manuel Doroteo Carvajal: acuarelista y miniaturista

Manuel José Joaquín Rafael Doroteo Carvajal Marulanda, conocido como Manuel Doroteo Carvajal. Considerado por la critica como uno de los acuarelistas y miniaturistas más importantes del siglo XIX colombiano.

Esta acuarela que presentamos a nuestros lectores virtuales de Letrasenelojo sobre las minas de Santa Ana (Falán) es, entre otras, el legado que nos dejó Manuel Doroteo a su paso por Mariquita en enero de 1859.

Con la colaboración de Cristina LLeras Figueroa, curadora de Arte e Historia, presentamos esta sucinta biografía.


1819, 6 de febrero, nace en La Ceja, Antioquia.

1822 Se traslada con su familia a Bogotá.

1830 Realiza el primer dibujo de una rosa. "Sin corrección".

1831 Estudia con José Manuel Groot.

1835 El 12 de noviembre Timotea Carvajal Marulanda se casa con el General José María Obando.

1838 Pinta a la acuarela el retrato del General Obando en caza de venados. En mayo, Pedro Francisco Carvajal, su padre, es nombrado director de la Casa de Moneda de Popayán.

1840 7 de mayo. Mientras el General Obando está en prisión, Ramón y Manuel D. parten para las minas de Barbacoas (Nariño) a tratar de vender unos esclavos.

1841 El 25 de julio es destituído Pedro Francisco Carvajal de la dirección de la Casa de Moneda de Popayán. El 5 de septiembre José María Obando inicia su exilio por el Amazonas. Llegará a Trujillo en el Perú en 1° de febrero de 1842.

1842 Marzo: Pedro Francisco, Timotea y Manuel D. llegan a Callao.

1843 Febrero: La familia Carvajal llega a Quillota en Chile. 9 de marzo: muere en Bogotá Lucía Marulanda Londoño. 14 de octubre: muere en Quito Vicente Antonio Carvajal Marulanda. Manuel D. pinta los "Mártires del Escaño de Cartago".

1844 Marzo. Vive en La Serena, Chile. En compañía de la familia alquila una granja y abren un colegio de niñas donde Timotea y Manuel D. dictan clases.

1845 Viven en Coquimbo.

1846 En enero se trasladan a Lima. En esa ciudad muere Pedro Francisco Carvajal, el 23 de septiembre.

1847 Obando alquila la granja Vicentelo a donde se trasladan. Fundan un colegio de niñas en Lima.

1848 Julio: Manuel D. inicia su álbum.

1849 Obando regresa a Bogotá. Manuel D. quiere viajar a California atraído por la fiebre del oro.

1850 Obando regresa a Lima. El gobierno del Perú no lo acepta como
Encargado de Negocios de Colombia y la familia decide regresar a Colombia. En octubre se embarcan en el Callao, el 21 arriban a Buenaventura y el 12 de noviembre llegan a Cali.

1851 A principios de año, Timotea y Manuel llegan a Bogotá. Viven en el barrio Las Aguas. Manuel D. conoce a su sobrina Margarita Quijano con quien contraerá matrimonio. En marzo ingresa a trabajar como Fiel en la Casa de Moneda de Bogotá en reemplazo de su cuñado y futuro suegro Francisco Quijano.

1852 Realiza el retrato de Manuel María Quijano Carvajal. Serie de
litografías para el periódico El Eco de los Andes. Contrae matrimonio con su sobrina Margarita Quijano Carvajal.

1853 1° de abril. José María Obando toma posesión de la Presidencia de la República. Coloca en su despacho "La Virgen de La Paz" pintada por Manuel D.

1854 Realiza el retrato de Timotea Carvajal de Obando.

1855 Grabado de Luis Rubio.

1856 Da inicio a un nuevo cuaderno de apuntes, destruido por la guerrilla de Guasca en 1862.

1857 Serie de litografías sobre "Costumbres Neogranadinas". Es uno de los fundadores de la Sociedad San Vicente de Paúl.

1859 En enero viaja hasta las minas de Santa Ana en Mariquita. Publica Elementos de Jeometría aplicados al dibujo, obra dedicada a los jóvenes educandos de ambos sexos, a los aficionados del dibujo y a los artesanos.

1860 Ilustra una serie de fábulas de Samaniego.

1861 El 29 de abril muere el General José María Obando en cercanías de Subachoque.

1862 El 4 de febrero la guerrilla de Guasca se toma la Casa de Moneda y destruye el estudio de Manuel D. El 25 de febrero pinta desde el tejado de su casa en el barrio Las Aguas el incendio del Convento de San Agustín como consecuencia del ataque del General Leonardo Canal. En agosto es nombrado Presidente de la Sociedad San Vicente de Paul. En diciembre viaja hasta Honda.

1866 Toma de nuevo posesión como Fiel en la Casa de Moneda. Litografías para el periódico El Iris. Colabora con La Alianza, periódico de los artesanos. Fue nombrado Vicepresidente de la Sociedad de Artes y Oficios.

1868 Participa en el Bazar de los Pobres organizado por la Sociedad San Vicente.

1870 Es nombrado uno de los administradores de la Caja de Ahorros de Bogotá.

1871 El 16 de julio muere su hermano Ramón Carvajal Marulanda. Obtiene medalla de plata en la Exposición de Pintura donde participa con un cuadro de costumbres y tres obras religiosas.

1872 El 23 de julio fallece en Bogotá de muerte natural.

jueves, febrero 16, 2006

"Se trata de una provocación consciente y planificada de un periódico danés de derechas": Günter Grass

Günter Grass (Gdansk, 1927), que ganó el premio Nobel de Literatura en 1999, conoció muy pronto el poder de la intolerancia, cuando apareció El tambor de hojalata, que pronto cumplirá el medio siglo. Entre sus últimos libros, Un largo cuento y Mi siglo

Juan Cruz El Pais ¿Le sorprendió que la aparición de los dibujos desatara esta polémica? 
Sí y no. Todos sabemos que hay una ley, escrita y no escrita, en virtud de la cual no se puede representar en el mundo islámico ni a Alá ni a su profeta Mahoma. Se trata de una provocación consciente y planificada de un periódico danés de derechas. Convocaron un concurso de caricaturistas; algunos se negaron a participar alegando que la representación gráfica de Mahoma es tabú. Consultaron a un especialista danés en islamismo y éste les puso en guardia. Siguieron porque son radicales de la derecha y xenófobos. 

¿Y le sorprendieron las reacciones violentas? 
Vivimos en una época en la que una reacción violenta sigue a la otra. La primera ha sido una acción de Occidente, que ha invadido Irak. Hoy sabemos que esa invasión violó el derecho internacional; la guerra se alimentó con argumentos fundamentalistas por parte de Bush, que ha dicho que en esta contienda luchaban el Mal y el Bien. De lo que se trata es de una respuesta fundamentalista a una acción fundamentalista. Y no se trata aquí de una controversia entre dos culturas, sino de una controversia entre una no cultura contra una no cultura.

¿Qué hacer? ¿Autocensurarse? 
Occidente lleva esta discusión con autocomplacencia sobre la base de que gozamos de libertad de prensa. Pero él que no se engaña sabe que los periódicos viven de los anuncios, y que para hacerlos se toman en consideración lo que mandan ciertos poderes económicos. La prensa forma parte de enormes grupos que monopolizan la opinión pública. Hemos perdido el derecho de escudarnos en el derecho de libertad de opinión: no ha pasado mucho tiempo desde que hubo el delito de lesa majestad, y no debemos olvidar que hay sitios donde aún no hay separación entre Iglesia y Estado. ¿De dónde saca Occidente esa arrogancia para imponer lo que se debe hacer y lo que no se debe hacer? Recomiendo a todo el mundo que eche un vistazo a los dibujos: recuerdan los de un famoso periódico alemán de los tiempos nazis, Der Strümer. Publicó caricaturas antisemitas del mismo estilo... No se puede invocar la libertad de expresión sin analizar cómo está ésta en Occidente. 

¿Es esta una expresión del choque de civilizaciones? 
Eso es lo que quieren los fundamentalistas de ambos lados. Deberíamos empezar a matizar. Hemos tenido la suerte de pasar el Renacimiento, el Siglo de las Luces, atravesando un proceso doloroso que nos ha dado una serie de libertades, que siguen estando amenazadas. El mundo islámico no ha pasado ese proceso, se encuentra en una etapa diferente de desarrollo. Y hay que respetarlo. 

¿El futuro será igual de explosivo? 
Me temo que sí. Las heridas son muy profundas ya, y no me refiero sólo a los países árabes, sino a los países pobres en general. Occidente no parece capaz de encontrar un camino para aceptar como socios en igualdad a esos países. Ha sido imposible crear para ellos las mismas condiciones que nos arrogamos para nosotros. En los setenta, Willy Brandt redactó, por encargo de la ONU, un informe sobre los problemas Norte/Sur y pronosticó los problemas que tenemos hoy. Este informe sigue teniendo validez.  
¿Ha vivido alguna experiencia de intolerancia? 
Yo he vivido cierta intolerancia como autor. Cuando publiqué El tambor de hojalata se iniciaron procesos contra el libro, acusado de blasfemia y pornografía, tanto en los países comunistas como en España y Portugal, donde estuvo prohibido. En Yemen, hace dos años, nos juntamos escritores occidentales y árabes para hablar de temas literarios, el erotismo entre ellos. Para los árabes era inusual, pero al fin se consiguió que debatiéramos. Se puede hablar de todo, incluso de temas muy conflictivos, siempre que uno aporte la tolerancia que espera el otro, a pesar de que el otro tenga una noción de la cultura dictada por sus propios tabúes.

jueves, febrero 09, 2006

"Lo que pasó con Salman Rushdie fue una señal", José Saramago


El premio Nobel portugués José Saramago, expresa su opinión acerca del debate generado tras la publicación en Dinamarca de las caricaturas de Mahoma que han desatado una ola de violencia y otras reacciones en el mundo islámico. Saramago fue atacado en su país y en otros países católicos cuando publicó, en 1991, El Evangelio según Jesucristo, (aun no lo ha leído, bueno leerlo) acusado de ser blasfemo con los dogmas católicos.

José Saramago (Azinhaga, 1922) ganó el premio Nobel de Literatura en 1998; reside en Lanzarote, desde donde viaja por todo el mundo. Su novela El Evangelio según Jesucristo causó una enorme polémica en su país y en otros países católicos, e indirectamente causó entonces su marcha de Portugal. Su última novela es Las intermitencias de la muerte.

Juan Cruz
El Pais

1. ¿Le sorprendió que la aparición de los dibujos desatara esta polémica?
Los dibujos se publicaron en septiembre, y estamos en febrero. Ahora surgen de súbito, como si hubieran aparecido ayer. El conflicto lleva mucho tiempo calentándose. Lo que me sorprendió es que algo tan viejo estallara como una bomba ahora por algo que apareció en septiembre. Por otra parte, la reacción tampoco es novedosa. Lo hemos vivido en los siglos XV o XVI, fuimos igual de intolerantes, quemamos a los que pensaban distinto, no hemos sido tan diferentes.

2.¿Y le sorprendieron las reacciones violentas?
En algunos momentos he temido lo peor. Vivimos en Estados laicos, en los que el margen de libertad es amplísimo, y a veces pensamos que todo el mundo se alimenta de lo mismo, y no es así. Pero conociendo lo que es el islam, y sobre todo la situación internacional, las reacciones no me han sorprendido. Que algunas manifestaciones hayan sido organizadas no tiene por qué maravillarnos, porque ya se sabe lo fácil que es. Y tampoco me ha sorprendido la violencia con que se han producido. Lo que sí me pilló desprevenido es la irresponsabilidad del autor o de los autores de esos dibujos. Algunos opinan que la libertad de expresión es un derecho absoluto, el único derecho absoluto que existe, mientras que todos los demás son relativos. La cruda realidad impone límites. Imaginemos que el dibujante danés, en lugar de hacer una viñeta ridiculizando a Mahoma, dibuja una diciendo que el director del periódico es un imbécil. Sería muy valiente, pero al día siguiente probablemente estaría en la calle.


3. ¿Qué hacer? ¿Autocensurarse?
No se trataría de autocensurarse, sino de usar el sentido común. En una situación como la que vivimos, y conociendo la susceptibilidad que hay en torno a estos temas, el sentido común nos dictaría qué hacer. Alguien verdaderamente responsable que tuviera constancia de que una viñeta puede ser como echar gasolina al fuego la guardaría para mejor ocasión.

4. ¿Es esta una expresión del choque de civilizaciones?
El choque está ahí, y siempre ocurre cuando la Verdad se encuentra condensada en un libro. Ocurrió con la Biblia, que ha sido usada como un arma, pasó no hace mucho con el Libro Rojo de Mao, pasó con Mein Kampf de Hitler, pasa con el Corán..., y los uso como ejemplo de lo que ocurre cuando se limitan las verdades plurales, cuando se expresa que hay un Dios y que todo lo contrario niega la existencia de ese Dios... Matar en nombre de Dios es hacer de Dios un asesino... ¿Habrá conciliación? Presupone una enseñanza que eduque en el respeto de las creencias del otro; y aunque esto se hiciera sería obra de una generación, y no tenemos mucho tiempo. Si no se inventa un modo de llegar a un pacto de no agresión entre las religiones, tampoco se podrá llegar a esa alianza de civilizaciones de la que se habla. ¿Quién firmará el pacto? No veo al Papa y a otros representantes de otras confesiones cristianas teniendo delante de la mesa a representantes del islam.

5. ¿El futuro será igual de explosivo?
Ambas civilizaciones han vivido pocos momentos de paz; no veo cómo se remediará ahora la lucha que está latente; acaso cuando la tolerancia se instale como algo casi natural. Ahora sabemos que en Irak los profesores más abiertos han sido expulsados de la Universidad o están en la cárcel... Es urgente educar para la tolerancia. Tenemos un problema ahora.

6. ¿Ha vivido alguna experiencia de intolerancia?
En mi caso, mi choque con la intolerancia [el rechazo católico a El Evangelio según Jesucristo] no puso nunca mi vida en riesgo. Fue una decisión estúpida del ministro de Cultura de mi país. Luego ocurrió algo mucho más serio, que fue lo que pasó con Rushdie. Con la distancia que nos da el tiempo podemos decir que aquella fue una señal.

miércoles, septiembre 14, 2005

Palabras del poeta William Ospina en la entrega del doctorado Honoris Causa en Humanidades, Universidad del Tolima. Ibagué, septiembre 12 de 2005

EN BUSCA DE LA PALABRA PERDIDA 
William Ospina 

La única vez que hablé con el poeta Jorge Rojas, hombre ingenioso, le conté que había nacido en el norte del Tolima, en la vecindad del páramo. Él me respondió con una sonrisa: "Ya veo: es usted un hombre de Letras". Yo a veces me he preguntado qué es lo que hizo que me inclinara en la vida por la literatura, pero la red de las causas es tan intrincada que entenderla equivaldría a destejer el arco iris. Dicen en mi casa que cuando yo era niño había para nosotros una palabra prohibida, y era el nombre del pueblo en que nací, quiero decir, el viejo nombre indígena de Guarumo. Es la versión primitiva de la bella palabra Yarumo, que nombra un árbol de color de ceniza o de plata que abunda en la cordillera. El cura que casó a mis padres y que me bautizó en la pila católica había hecho un viaje conmovido y admirativo por Italia, había ido seguramente a ver a Pío XII en la gloria de Bernini, en Roma, y después, por la ruta de Bolonia, una ciudad colmó sus aspiraciones: Padova. Volvió enfermo de prejuicios nominalistas, sintiendo que la mala fama de Guarumo se debía a su nombre, y decidió, como tantos en nuestra historia, que había que civilizar el paisaje cambiándole de nombre. Guarumo, el Guarumo cerril de mi abuelo Benedicto, de mi tío abuelo Pedro Pablo, de mi tío abuelo Luis Enrique, de mi bisabuela Rafaela, de las mulas cargadas de café que se desdibujaban en la niebla, de las vagonetas del cable aéreo moviéndose solas por las lomas fantasmas, el Guarumo tropelero de Julio Gutiérrez y de Juano Betancur, el Guarumo de jinetes que entraban borrachos en las cantinas, debía cambiarse por un civilizadísimo Padua, nombre que prometía en la mente del clérigo esculturas y arquitecturas, humanistas y santos. A mí me gusta decir con cierta injusticia que allí terminó la mala fama de los de Guarumo y empezó la mala fama de los de Padua. Como la gente estaba acostumbrada a Guarumo, silvestre y cotidiano como las guaduas y las guacas, el cura tuvo que llevar más lejos su instinto civilizador, y aliado con el inspector de policía impuso una multa a todo el que pronunciara la palabra prohibida. La gente tardó en acostumbrarse, pero el poder fiscal de los uniformados de verde y de negro fue eficiente sobre un pueblo pobre, y Padua se impuso. Sólo don Alejandro Idárraga, que tartamudeaba al hablar, pero que era un hombre de convicciones firmes, se paraba en la plaza a la hora de más tumulto con la palabra Guarumo temblando en la punta de la lengua y los billetes de la multa ya listos en la mano derecha. Mis comienzos literarios estuvieron marcados por ese tácito deber de creer más en Italia que en Colombia, más en Europa que en América. Yo no acababa de encontrar el enlace entre el fasto de las custodias doradas, de los ritos dorados entre campanas y humaredas, y el silencio de los abismos de la carretera, con nubes que se arrastran en las hondonadas. Mi abuelo rezaba con piedad indudable ante el Cristo de Europa pero después se iba a horadar las montañas buscando guacas de indios. Y yo sentía, yo siento todavía, ese doble llamado de un ayer de rostros castellanos y andaluces y otro de indios bravos del norte del Tolima y del cañon del Cauca. Los secretos son alimentos, decía Novalis. Nada es más estimulante que la incertidumbre. Nada más saludable que la duda. Después de una primera edad llena de Homero y de Dostoievski, llena de Padua, algo en mí empezó a buscar el sentido de los yarumos, de ese Guarumo que ya no era sólo una palabra prohibida sino el símbolo de un mundo borrado. Tendría que añadir, con palabras de Barba Jacob: "Y lo demás de mi vida no es sino aquel amor fatal, con una que otra lámpara encendida, ante el ara del ideal". Ya no pude renunciar a ninguno de los dos nombres, de los dos mundos. Ni a Shakespeare ni a Atahualpa. Ni a los celtas ni a los Koguis, ni a los judíos ni a los Panches, ni a los Árabes ni a los Gualíes. Y para mí el Tolima es sobre todo esa encrucijada del origen donde se cruzaron las sangres, donde se cruzaron los caminos de mis mayores, donde después de viajes y guerras y diásporas, tantas gentes justas durante casi un siglo intentaron construir una patria. Nunca logro ver el Tolima como un todo homogéneo. Lo veo cruzado de Quimbaya y de Panche, industrioso y guerrero, mirando como Colombia, por cada costado a un mundo distinto, paisa y recatado en el norte, calentano y festivo en el sur, levantado hasta el hielo en el oeste, descendido hasta la fiebre en el este. Y si hay otras tierras tan laboriosas ninguna me parece más indómita. Diego Fallon pudo decir, mirando las montañas del cañón del Gualí, que en ellas parecían encerrarse "las cenizas de mundos ya juzgados". Pero esa tierra intemporal es también la tierra elemental dividida como en una ilustración geográfica, entre la llanura y la cordillera, y en su amplio paisaje uno casi puede ver la mula de García Márquez cayendo desde las cumbres nevadas, a través de la colorida vegetación de los pisos térmicos, hasta la llanura encendida.Y como todo lo esencial ocurre para siempre, Bolívar sigue embarcándose en Honda, en su viaje de desengaños hacia el Caribe, Yuldama sigue enamorándose en Mariquita de la hija de su enemigo, Humboldt sigue asombrándose de la vegetación de la Tierra Caliente cerca de las minas de Santa Ana, y Fallon sigue viendo alzarse la luna, indecisa entre la realidad y el mito, sobre las montañas, y Jorge Isaacs sigue agonizando en el aire tibio de Ibagué, después de las hazañas y las derrotas, y Álvaro Mutis sigue oyendo cómo la lluvia, sobre los cafetales, le trae intacta la materia de otros días, "salvada del ajeno trabajo de los años". Yo, que he dedicado mi vida a escribir, no sé convertir en palabras esta gratitud. El amor por la tierra, sus memorias y sus reliquias de calcio y de piedra. Yo, que hago todo lo posible por no ponerle fronteras al corazón, por no circunscribir el territorio del afecto, creo que nuestra necesidad actual es ser colombianos, colombianos dialogando con el mundo. Amar y conocer los litorales, las cordilleras, los llanos, las selvas. Pero eso no es incompatible con la certeza de que hay un lugar que nos marca con especial intensidad, y es el país de la infancia. Ese país para mí tiene un nombre: Tolima. Una palabra cargada de historias, de canciones, de zozobras, de nieve y de abismo. La tierra de los nevados y del Magdalena. Una tierra en la que hay algo que tercamente permanece y algo que huye sin fin. Y ese diálogo necesario entre lo duradero y lo evanescente, entre lo que se queda y lo que huye, ese diálogo entre las piedras y el agua, ese diálogo entre las cuerdas y el viento, es nuestra voz, somos nosotros. Muchas gracias.  Posted by Picasa

lunes, septiembre 12, 2005

Reinaldo Aguirre Palomo: Crónica de un bandido legendario

Por: Héctor Ocampo Marín
Crítico y escritor colombiano

Eduardo Santa, obvio será siempre decirlo, es un ensayista y narrador de larga y magistral trayectoria. Numerosos y bien trabajados sus libros. Recordemos por ejemplo, El Pastor y las Estrellas, Las señales de Anteneo, Sin tierra para morir, “El Girasol” “Cuarto Menguante”, etc.

Ahora, nos encontramos de nuevo con el hábil narrador en un singular y muy original libro que ha logrado arrebatar del olvido las proezas y antiproezas de Reinaldo Aguirre “Palomo”, el famoso asaltante del Cable de Mariquita, “Crónica de un bandido legendario". Se trata de un colombiano como han existido tantos, verbi gratia, Efraín González, hace anos recordado en un curioso libro: “Efraín González, Vida, Confesión y Muerte”, escrito y publicado con seudónimo. por un ilustre hombre de letras y exgobemador de Cundinamarca.

Se trata, pues, de ese tipo de delincuentes que, a la manera de Robin Hood, suelen robar a los ricos para ayudar a los más pobres, y no dejan para ellos sino lo estrictamente necesario para la subsistencia.

Muy distinto todo esto a los grandes bandidos de nuestro tiempo que secuestran, roban a los ricos y a los pobres y comercian en el mundo del narcotráfico sólo en busca de personal riqueza y con el fin cobarde de adquirir armas para diezmar poblaciones enteras y atacar las autoridades legítimas.

Anotemos que Reinaldo Aguirre se suicidó antes que entregarse vivo a las autoridades que lo asediaron en una casa..quinta en las afueras de Mariquita. Por su parte Efraín González, antes de caer abaleado, puso en jaque durante todo un día a la fuerza pública de Bogotá defendiéndose como una fiera desde los techos de las casas del barrio Veraguas.

Recordemos aquí la parte final de la “Crónica de un bandido legendario”, obra del maestro Eduardo Santa: “Tan pronto corrió la noticia de su muerte, se produjo algo extraordinario. De todas las veredas y campos aledaños, de todos los pueblos vecinos, desde los más apartados rincones del poblado, de los talleres, tiendas, cantinas, cafeterías, tabernas, hoteles, herrerías, prostíbulos y fábricas, empezaron a llegar y a invadir las calles miles de personas que querían conocerlo, aunque fuera muerto, tacaño, agradecerle sus favores, decirle con el lenguaje de las lágrimas su adiós definitivo. Fue como un huracán, como una corriente magnética que movió las multitudes, que despertó los espíritus, que provocó aquel río desbordado de emociones, que hizo brotar del corazón de todos la inmensa admiración que le tenían. Al día siguiente, a la hora del entierro, ese río de gentes humildes había crecido hasta inundar las calles principales del poblado, y sobre él iba flotando no sólo el cadáver del gran benefactor sino también, como una aureola indestructible, el agradecimiento de una comunidad de campesinos que lo llevó en el corazón, hasta convertirlo en una leyenda que no muere”