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jueves, abril 26, 2012

El San Juan de Dios de Honda entre la espada y la pared

Desde hace varios años el Hospital San Juan de Dios  de Honda viene afrontando dificultades y sobresaltos por culpa de algunos dirigentes que, habiendo tenido la oportunidad de manejar con profesionalismo los destinos del centro hospitalario, prefirieron dejarlo al garete de una manera irresponsable.

También hay que sumarle la apatía, la falta de compromiso y el poco sentido de pertenencia de algunos funcionarios que,  por desgracia, se ve reflejada en la mala calidad de los servicios y, por ende, en el mal desempeño económico del hospital.

Otra situación delicada que se ha venido ventilando son las constantes quejas de los usuarios. Así como a nivel nacional se han venido denunciando fallecimientos de pacientes por negligencia, como el conocidísimo “paseo de la muerte”, en Honda algunos decesos han sido vistos con malos ojos. Aunque es molesto que la gente entre a dudar y a opinar lo grave es que en caso de demandas, y si se llegara a comprobar la negligencia, podría ocasionarle serios perjuicios financieros a la entidad hospitalaria.

Este círculo vicioso que torpedea la buena marcha del Hospital debe romperse con estrategias claras como nombrar en propiedad al gerente. ¿Con qué fin? para que en principio actúe con firmeza ante quienes no pagan a tiempo las deudas.

Pero un gerente en propiedad no tendría sentido si no asume tareas urgentes como la de reestructurar la planta de personal, pues, como dice el adagio popular,  ni son todos los que están ni están todos los que son. Existen casos concretos de personas que habiendo sido liquidadas e indemnizadas han sido de nuevo enganchadas por la vía de prestación de servicios. A ello le agregamos que varios funcionarios  a diario deambulan por los pasillos en actividades ajenas al hospital, o por fuera de él en horas laborales, descuidando sus funciones pertinentes. Amén del chismorreo poco fino, barato y mal documentado.   Esta situación debería ser investigada por las llamadas ías (fiscalías, contralorías, veedurías, etc.)

El otro rumor que corre por las calles de Honda es que en el hospital existe un matriarcado familiar que hace y deshace con su poder dentro de la institución. Aunque somos partidarios de la participación de género en los entes públicos, lo maluco de un poder en la obscuridad es que éste termina agenciando el despotismo, el compadrazgo y el clientelismo, desvirtuando así la misión y la visión de la institución.

Estos grupúsculos con poder oscuros no son sanos en ninguna sociedad puesto que terminan frenando el desarrollo de las instituciones. Se ha sabido, en  el caso del hospital de Honda, que las mismas personas que han querido imponer al gerente del Hospital han llegado también a tratar de torpedear algunas labores. Un ejemplo de lo dañino que son estos poderes ocultos fue lo que sucedió en el año 2011 cuando se dio la evaluación de servicios para su certificación. Pues, de un momento a otro, y de manera extraña, un valioso equipo  de cardiología que se encontraba en optimas condiciones apareció inhabilitado al parecer por acción de manos “criminales” que previamente habían depositado agua en él dejándolo prácticamente fuera de servicio.

Otro ejemplo de desidia es el mamógrafo que llegó al hospital hace más de 5  años y que no ha funcionado debidamente. La gente se pregunta, y con razón, sí es que hay manos oscuras torpedeando su funcionamiento. Pues la falta de operatividad ha obligado a los potenciales usuarios del norte del Tolima a desplazarse hacia Ibagué, La Dorada, Medellín, Manizales o Bogotá gastando de sus propios bolsillos astronómicas sumas de dinero.

¿De igual manera qué sucede con la planta eléctrica que se adquirió hace más de dos años y aun no se ha puesto en funcionamiento?

Lo otro que tendría que hacer el gerente en propiedad es asumir el conocimiento de los casos de demandas e investigaciones en las cuales el Hospital ha estado atrapado hace rato. Algunas demandas han fallado en contra y se habla de que los casos se han perdido porque el Hospital no ha tenido asistencia jurídica idónea y oportuna. Pero la pregunta que surge es por qué  no se han replicado esos fallos judiciales contra los funcionarios que por sus actitudes la institución se ha visto perjudicada. Esto no es un invento nuestro, pues así lo establece la ley. Preguntamos: ¿Dónde está el Comité de Conciliación que es el primero en conocer de estos casos? ¿Dónde está la Junta Directiva para que pida los informes respectivos?

Bueno también preguntar qué ha pasado con las denuncias instauradas por los presuntos delitos de peculado y prevaricato, ya sea por acción u omisión, contra funcionarios de la institución que han estado, o estuvieron, involucrados en la modalidad de robos continuados, desfalcos e incumplimientos de funciones inherentes a la atención  médica y administrativa.

Ante este panorama poco halagador es perentorio que el nuevo gerente en propiedad se apersone de todas estas anomalías. Hacemos un llamado a los directivos empezando por el señor gobernador y su Secretario Departamental de Salud  para que retomen las riendas y mejoren la situación del Hospital. Que quede claro que la población del norte del Tolima debe tener, como es el caso del San Juan de Dios  de Honda que es una entidad de Segundo Nivel, un hospital digno que preste servicios no solo al norte del Tolima, sino también al Oriente de Caldas y Sur-occidente de Cundinamarca.

No obstante, no todo es malo en el centro asistencial. Es bueno señalar que así como hay funcionarios pésimos, también existen algunos pocos funcionarios administrativos y científicos  comprometidos con la institución.

Aunque un hospital bien manejado puede dar réditos suficientes para su funcionamiento es necesario, ante que todo, reordenar la casa en todos sus aspectos.  Sería genial pensar en la reestructuración de los diferentes comités y en una Junta Directiva del Hospital que esté conformada por miembros idóneos despojados de intereses politiqueros,  mezquinos y personalizados. Que no suceda como en el pasado, que algunos sujetos haciéndose nombrar como directivos llegaban con el único fin de presionar al gerente de turno para ubicar dentro de la entidad a sus familiares y amigos.  E, incluso, llegando al descaro de manipular la  votación para elegir miembros de sus simpatías con el fin de que acolitaran sus intereses personales.

A lo anterior es necesario sumarle la torpeza de algún  alcalde de turno cuando de dar órdenes se trata. Es el caso particular del exalcalde Arce Camacho quien en  una de sus alcaldadas politiqueras determinó que más de 8 mil afiliados del  régimen subsidiado fueran inscritos en la nefasta E.P.S. Caprecom.

Necesario advertir que estas mal llamadas “empresas promotoras de salud” son el origen de todas las desgracias que les suceden a los colombianos en materia de salud. Entidades estas que recibiendo la plata de los usuarios de antemano tiene la desfachatez de no pagarle a las entidades los servicios que le prestan. El hospital de Honda no escapa a estas maniobras de la muerte porque por culpa de estas E. P. S. es que los hospitales languidecen.

Es bueno hacerle saber al norte del Tolima y a Colombia entera que la E. P. S Caprecom le adeuda al San Juan de Dios de Honda más de mil millones de pesos. Situación esta que ha impedido pagarles a los empleados salarios hasta de tres meses vencidos, además de las sumas adeudadas a proveedores y contratistas.

Ante esta situación tan aberrante de la E. P. S. Caprecom es urgente que el actual alcalde Montero tome la decisión de democratizar la afiliación del Régimen Subsidiado. Que haga un ejercicio  buscando qué E. P. S debidamente certificadas son las más cumplidas en el pago de las obligaciones. Lo anterior con el fin de abrir de nuevo la oferta y distribuir en otras E.P.S a los usuarios que actualmente están en la E.P.S. Caprecom.

miércoles, abril 18, 2012

Una multa por desacato a exalcalde de Mariquita

Armando Moreno

El 2 de febrero de 2012 la sala del Contencioso Administrativo del Consejo de Estado profirió una providencia donde señala que la alcaldía de Mariquita incumplió los esfuerzos que tenía que hacer para mejorar el servicio de agua.

Aunque en la providencia deja en firme el desacato en que incurrió el exalcalde Gustavo Acero, es decir, el de haberse hecho el de la vista gorda con las sentencias del 4 de junio de 2004 y el 14 de abril de 2005, interesa que la providencia da elementos de juicio para pensar por qué aun a estas alturas del siglo XXI Mariquita no tiene un suministro de agua constante y decente.

A Colombia y a los mariquiteños les debe interesar que en la sentencia del 4 de junio de 2004,  emitida por el Tribunal Administrativo del Tolima, le ordenaba a las empresas ESPUMA y a URBES “como un paso previo a la instalación de micromedidores”, realizar en forma gradual en un plazo que no excediera a un (1) año la “implementación de los dispositivos tales como un adecuado sistema de macromedidores, ventosas y válvulas de control para verificar y sectorizar las pérdidas y consumos y equipos requeridos para el control y medición del agua por sectores y con cubrimiento de toda la red”.
Mariquita desde el cerro de Santa Catalina

No obstante, el 14 de abril de 2005, la Sección Primera del Consejo de Estado modificaba la sentencia del Tribunal Administrativo del Tolima reformando y confirmando algunos numerales. Entre los numerales reformados hay uno en particular donde le ordena al alcalde de Mariquita, “a más tardar dentro de los dos (2) meses siguientes a la ejecutoria del fallo”, adoptar un plan de acción con su respectivo cronograma para que, en un plazo que no exceda al del periodo del alcalde, ejecute un “proyecto de ampliación y adecuación de las redes de suministro de agua  potable y de la planta de tratamiento del acueducto municipal”. Lo anterior, con el fin de asegurar la continuidad en el suministro del servicio de acueducto a la población.

Las dos sentencias fueron pasadas de agache por la alcaldía de Hernán Cuartas. Tal vez porque nadie se apersonó de ellas o porque el municipio en ese entonces estaba en ley 550.

Como en materia de derecho administrativo la responsabilidad es de quien ejerce el cargo, estando Gustavo Acero en la alcaldía quiso pasarse de listo con las sentencias que obligaban al municipio a ejecutar lo ordenado por el Tribunal Administrativo del Tolima y el Consejo de Estado.

En efecto, durante el primer semestre del 2011 se promovieron dos incidentes de desacato contra el alcalde de Mariquita por incumplimiento de los fallos del 4 de junio de 2004 y 14 de abril de 2005. Uno de ellos lo puso el representante legal de la empresa ESPUMA el 23 de febrero de 2011. El otro la Asociación de Usuarios de Servicios Públicos de Mariquita el 18 de julio de 2011.

Multa por desacato al exalcalde Acero

Pero lo que no se esperaba el exalcalde Acero era que el Tribunal Administrativo del Tolima en un auto del 25 de julio de 2011 admitía los incidentes de desacato dándole  tres días para que explicara qué había pasado con las ordenes de las sentencias emitidas.

Si bien el 25 de febrero de 2011 la alcaldía de Mariquita rendía un informe al Tribunal Administrativo del Tolima de lo que había hecho y había dejado de hacer, un auto del mismo Tribunal del 23 de septiembre de 2011 declaraba probado el desacato del entonces alcalde Acero imponiéndole una multa de cinco (5) días de salario, conmutables en arresto.

Las razones que exponía el Tribunal Administrativo del Tolima para imponerle el desacato era de que a pesar que había construido un tanque de almacenamiento de agua no lo había puesto en funcionamiento por negligencia. Y como si fuera poco le señalaba que este se hallaba en abandono. El Tribunal deja entrever que pese a los esfuerzos estos no fueron suficientes ya que, efectivamente, el alcalde había incumplido las sentencias del 4 de junio de 2004 y 14 de abril de 2005.

En fin, lo que el ciudadano del común debe entender es que la providencia emitida por el Consejo de Estado el 2 de febrero de 2012 deja en firme la sentencia por desacato contra el exalcalde Acero y que el problema del agua continúa.

En más, en la susodicha providencia se señala que no es justo que después de cinco (5) años  de haberse dictado el fallo de segunda instancia, es decir, desde el 14 de abril de 2005, la alcaldía “no haya formulado alternativas eficaces y eficientes para que se supere la problemática que causa la deficiente prestación del servicio del acueducto”.

Lo que está señalando el Consejo de Estado es que las sentencias de los años 2004 y 2005 hay que acatarlas y ahora le toca al actual alcalde Álvaro Bohórquez pensar cómo llevar a cabo lo ordenado. Porque si no lo hace es muy posible que a mediano plazo replique contra él algún fallo judicial. Es decir, verse enredado en algún pleito jurídico.

El tanque de almacenamiento

Sobre el asunto del tanque de almacenamiento que costó más de 1.400 millones de pesos, recién posesionado el alcalde Álvaro Bohórquez llegaron a su despacho una comisión de los llamados “indignados del agua”. Le exigían no poner en funcionamiento el tanque.

El alcalde fue tajante y les hizo saber que una cosa es el pleito  jurídico que los “indignados del agua” tienen con ESPUMA y, otra cosa es que él,  como alcalde, lo que tiene que hacer es velar porque ESPUMA preste un buen servicio.

Pero la dicha de que el alcalde Bohórquez quiera poner en funcionamiento el tanque puede ser pasajera. Lo feo es que esos 1.400 millones de pesos que están votados, necesita, según palabras del exgerente Edgar Castro Alarcón, otra cantidad de millones de pesos para arreglarlo.

Otra noticia, y está sí que ha pasado desapercibida y que los mariquiteños deben saber, es que la empresa ESPUMA mandó hacer un estudio maestro sobre el acueducto y el alcantarillado que, como se sabe, ya colapsaron. El estudio costó 600 millones de pesos. Ahora falta conseguir el dinero para ejecutar el plan maestro.

Ante tanto problema que se ha presentado con ESPUMA un asunto que debe tener en cuenta esta empresa es lo referente al consumo del agua. Personalmente he sido en varias ocasiones victima de ESPUMA por el bajo consumo de agua. Le sugirió a ESPUMA que en vez de ver al que tenga bajos promedios de metros cúbicos de agua como sospechoso de fraude le dé un premio.

Así como la empresa trata de incentivar el uso del micromedidor, una campaña para que la gente se anime a racionalizar el agua no caería mal. El premio a la racionalización del agua no debe ser una palmadita en el hombro, debe ser un premio material donde la gente se sienta satisfecha por haber hecho un buen uso del consumo del agua.

No caería mal de que se ventile la posibilidad de que los propietarios de los inmuebles se vuelvan socios de la empresa adquiriendo acciones.

Sin ser concejal y sin ser parte de la roscograma que se come los impuestos de los contribuyentes  mariquiteños, propongo que la actual administración municipial, ESPUMA y el concejo municipal elaboren un acuerdo municipal para que debatan cuál debe ser el consumo mínimo vital de agua en Mariquita.

Colombia es uno de los países más inequitativos y de mayor pobreza en América Latina y Mariquita con sus cinturones de miseria y desempleo no escapa a ella.

Es hora de que los estratos 1, 2 y 3 tengan derecho a un mínimo de metros cúbicos regalados y que todo ser humano tiene derecho y que, según los cánones internacionales, varía entre 6 y 10 metros cúbicos mensuales. No es bueno que, si es como dice la gente, que ESPUMA obtiene multimillonarias ganancias, estas vayan a parar al bolsillo de unos pocos. Es hora de que las ganancias de las empresas se socialicen y no, como hacen los bancos, que solo saben socializar las pérdidas.

lunes, abril 09, 2012

Armero y el bogotazo del 9 de abril. Muerte del párroco Pedro María Ramírez

Armando Moreno 

Las ideas masonas, socialistas, del liberalismo inglés y del protestantismo entraron en Armero a comienzos del siglo XX. Uno de los motivos que tuvo el sacerdote Pedro María Ramírez —muerto el 10 de abril de 1948— para irse como párroco para Armero era de que allí había muchas iglesias protestantes. Según él, luteranas.

Un día después del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, en el campamento instalado en La Sierra, los obreros que trabajaban en el canal de irrigación de Lérida seguían sus labores rutinarias como si nada hubiese pasado. No obstante, las diversas versiones sobre el asesinato de Gaitán seguían de boca en boca.

Pedro María Ramírez
Gustavo Barragán, el ebanista de la compañía, había escuchado decir que de los pueblos cercanos al nevado del Ruíz bajaban conservadores. Al comentarle al inspector de la obra lo que posiblemente estaba aconteciendo, solicitó un mulo ensillado con el fin de llevar las noticias a la población de Armero.

Pasadas las dos de la tarde salió para Lérida. Llegó a la plaza del pueblo a todo galope. Quienes estaban al tanto de lo que podía acontecer, salieron al encuentro preguntándole que qué pasaba. Sin titubear respondió con un tono seco: “los conservadores de Santa Isabel ya vienen para Junín”.


 Mientras el ebanista Barragán seguía su camino, en el parque de Los Fundadores de Armero, desde el mediodía del sábado, algunos decían que los conservadores ya estaban en el caserío de La Sierrita. Otros que ya estaban por los lados de Junín. Pero lo que si causó furia fue la noticia de que un tal Benjamín Espinosa al frente de un pelotón, armado hasta los dientes, venía dispuesto a atacar a Armero.

El otro rumor era que en Lérida había un telegrama donde se informaba que los conservadores ya habían cruzado Río Recio y para evitar que se la tomaran esperaban la presencia y la ayuda de los liberales de Armero.

Ante semejantes rumores, el médico Luis Alejandro Parra Bonilla congregó a varios hombres en el parque de Los Fundadores y les preguntó quiénes estaban dispuestos a seguirlo. Al conformar el grupo salió para Lérida. Pero al llegar al reten cerca del río Lagunilla se topó con un camión medio destartalado. En él llegaba el ebanista Barragán. Al enterarse por su propia boca que los conservadores ya venían más acá de Lérida, prosiguió la marcha después de un apretón de manos y un hasta luego.

Iglesia San Lorenzo y casa cural
Un kilómetro después del puente sobre el río Lagunilla pudo percatarse que algunos que lo habían estado acompañando habían optado por abandonarlo. Se detuvo y consultó con sus cuatros amigos que quedaban qué hacer. Acordaron esperar.

Aunque la mañana del sábado había estado nublada, después del mediodía Armero fue abrazada por un sol canicular. Pero, al comenzar el crepúsculo de la tarde, quienes estaban en el parque lanzando arengas contra los asesinos de Gaitán, fueron alertados de que algo raro estaba pasando. Nicolás Izquierdo Cortés, casi que setentón, encorvado por el peso del trabajo como jornalero y cosechero de legumbres, y muy querido por el pueblo, pues era de los pocos que podían de decir, nací en Armero, al llegar al parque vio y escuchó cuando un tumulto de gente dijo: “vamos a registrar la iglesia porque el cura ha echado unos vivas”. Otro testigo ocular fue el albañil José Guillermo Sarmiento. Escuchó cuando algunos dijeron que había que ir a la iglesia porque habían sentido ruidos raros.

El boticario Luis Aguirre que había estado en su casa, al oír que la algarabía en el parque subía cada vez de tono, se salió para trasladarse a la casa de la esquina de Raimundo Melo. Se unió a quienes estaban en la esquina y desde allí alcanzó a divisar cómo un grupo de hombres encabezado por Mario Duran Calle, alias “El Corcho” se acercaron a la iglesia y miraron por debajo de la puerta. Estaban armados de cuchillos, machetes, palas, palos y piedras; y uno que otro fusil terciado a las espaldas.

El boticario Aguirre, aun sin entender qué podría estar ocurriendo, preguntó por si alguien respondía:

—Qué sucede.

—El cura está adentro de la iglesia y tiene bombas para tirarle al pueblo

El boticario Aguirre al mirar nuevamente hacia la iglesia, observó que el pelotón que estaba al frente de la puerta había desaparecido.

—Dónde están— preguntó.

—Están adentro— le dijeron.

Cinco minutos después se escuchó la detonación de dos bombas, una tras otra. Quienes estaban adentro de la iglesia salieron en estampida hacia el parque. “El Corcho” quien comandaba el pelotón ordenó la huída. Algunos corrieron despavoridos, otros se resguardaron tras las bancas y los árboles del parque, otros desenvainaron sus machetes de hoja ancha de sus fundas y quienes estaban con sus armas de fuego buscaron o hicieron sus trincheras. La seguidilla de bombas y el tiroteo de fuego cruzado habían empezado. Pese al torbellino de la gente inmensos grupos se apostaron frente a la iglesia y la casa cural. El comentario generalizado era de que el párroco Ramírez los había recibido con una bomba de dinamita tan pronto habían entrado.

El médico Parra Bonilla, aun seguía en el sitio de espera. Estaba decepcionado de la noticia que le habían dado. Media hora antes había pasado Luis Carlos Calderón, el diputado del Tolima nacido en Fresno, y al preguntarle si era cierto que las huestes conservadoras venían más acá de Lérida, éste le había respondido que nada había notado y que de eso nada se sabía. Al tomar la decisión de regresar comenzó a escuchar las detonaciones. Pensó él que sería por los lados de Armero y menos aun que fuera en el parque.

El alcalde Evencio Martínez Bolívar no estaba en su despacho. Se hallaba en una junta de ciudadanos, según él, con lo “más destacados de la localidad”. Estaban pensando cómo devolverle la tranquilidad a la población. Al llegar al parque se encontró que era un campo de batalla. Vio grupos de gentes portando machetes, cuchillos, palas, palos, fusiles, varillas y revólveres. El alcalde recordaría que había visto “más o menos, mil personas”. También había escuchado “detonaciones de bombas de dinamita y disparos de distintas armas de fuego. Pero por el humo no pude distinguir si contra el grupo de gentes se lanzaban las bombas o se hacían los disparos, o, si los del grupo lanzaban las bombas o hacían los disparos en dirección a la iglesia, o, a otra parte”.

Parque de Los Fundadores
Sitio donde cayó muerto el párroco
El boticario Aguirre marchó hacia la botica que quedaba en su casa. Se hizo detrás del almendrón que quedaba al frente de la botica. Desde allí siguió viendo cómo el gentío se seguía armando. Pensó en su casa, en su vida y en su familia. El alcalde Martínez Bolívar como pudo cruzó el parque en dirección a la alcaldía. Estaba acompañado del odontólogo Ramón Jaramillo. Al llegar a la esquina de la alcaldía se reguardaron tras un árbol. Se limitaron a contemplar el desarrollo de los hechos. “Las balas cruzaban —diría el alcalde— sin darnos cuenta qué personas eran las que atacaban en distintas direcciones”.

El médico Parra Bonilla prefirió dirigirse a su casa. Pensaba también en su familia. Estuvo encerrado hasta que se calmaron los tiros y las bombas. Le pareció que todo estaba aconteciendo en el parque.

Entretanto hombres armados de machetes, escopetas y revólveres seguían pidiendo a gritos dónde estaba el párroco Ramírez.

Mientras la muchedumbre enardecida recorría las calles con machetes, pistolas, revólveres, escopetas y palos gritando ¡Abajo el partido Conservador! ¡Muera Mariano Ospina Pérez!; un hombre blanco, de profesión carpintero, llamado Camilo Leal Bocanegra, de 38 años y nacido en Honda, con machete en mano y al frente de un grupo enfurecido, se dirigió hacia la tienda de Salvador Torres ubicada en la calle 11.

Después de buscarlo por varios minutos por las alcobas y el solar de la tienda lo avistó en el techo de casa cural. Al bajar al párroco Pedro María Ramírez al solar de la tienda empezó a buscar la salida hacia la calle 11.

Caminando hacia la puerta que daba a la calle, el párroco Ramírez le dijo al carpintero:

—“Llévame maestro a la cárcel porque allá quedo más seguro que aquí”.

Al cruzar la puerta una muchedumbre enfurecida los esperaba en la calle. Caminaron juntos unos pocos metros en dirección al Parque de los Fundadores. El carpintero llevaba al párroco tomado por el brazo. De un momento a otro y en un cerrar de ojos, voces con el grito al cuello le dijeron: “¡hijodeputa…! si no lo suelta lo matamos…”.

De repente brazos salidos de las entrañas de la tierra le arrebataron al carpintero Leal Bocanegra el párroco Ramírez. Eran pasadas las cuatro de la tarde. A empellones lo llevaron hasta la esquina del almacén del palestino David Jassir. Una voz fuerte se sobrepuso al griterío y a la algarabía. Esa misma voz pedía que le dieran por el filo del machete.

Un hombre que estaba en diagonal a la esquina de David Jassir vio cómo el filo del machete penetraba un poco más arriba de la nuca y que el médico legista en un lenguaje técnico llamó occipital. Cayó de rodillas. La sangre a borbotones recorrió las mangas de la sotana. El bonete rodó ensangrentado.

Al levantarse con esfuerzo, trastabilló al andar. Otra vez, otra voz, con rencor y odio gritó: “Denle de nuevo por el filo”. Estaba por llegar casi al borde del parque cuando un hombre en medio de la turba blandía de nuevo el filo del machete hacia la nuca. Fue un golpe certero.

El cuerpo del párroco caía moribundo en medio de la turba. La muchedumbre se desparpajaría minutos más tarde en medio de la indiferencia.